تقرير منظمة العفو الدولية لعام  2012
حالة حقوق الإنسان في العالم

وثيقة - Democratic Republic of Congo: Surviving rape: Voices from the east

República

Democrática del Congo

Sobrevivir a la violación. Voces desde el este

http://web.amnesty.org/library/Index/ESLAFR620192004


A continuación figura una selección de testimonios proporcionados a Amnistía Internacional (AI) en 2004 por sobrevivientes de violación, activistas de derechos humanos y profesionales de la medicina congoleños. Se presentan aquí como parte de la campaña de AI para obtener mayor asistencia médica, justicia y apoyo social y económico para los sobrevivientes de violación en la República Democrática del Congo. Todas las personas entrevistadas dieron permiso para que se contara su historia. Se han cambiado todos los detalles que puedan identificarlas. En el informe de AI, DRC: Mass rape – time for remedies (Índice AI: AFR 62/018/2004), publicado en octubre de 2004, se proporciona más información sobre violaciones masivas cometidas por todas las fuerzas combatientes en la República Democrática del Congo y las dificultades de decenas de miles de victimas de violación.



LA COMERCIANTE DEL MERCADO


Florence tiene 28 años y se describe como une petite commerçante, una pequeña comerciante. Era una de las personas que en septiembre de 2003 viajaba por la llanura de Rusizi, provincia de Kivu Meridional, en un microbús que fue detenido en un control de carretera de un grupo político armado.


Investigador de AI: ¿Puede decirme qué pasó?

Florence: Ese día veníamos de Bukavu. Cuando llegamos a N., unos soldados detuvieron el vehículo y nos hicieron bajar. Cuando unos soldados detienen un vehículo de esa forma, es para robar a los pasajeros, pero a menudo aprovechan también para violar a las mujeres. Yo estaba con otras cinco mujeres y todas fuimos violadas al lado de la carretera. Después, nos volvieron a reunir y nos dijeron que nos iban a llevar ante su jefe. Así, de esa forma, nos condujeron a su campamento en el bosque. Como éramos seis, cuando se nos presentó ante el jefe, él fue el primero en elegir a una mujer. A continuación, eligieron los demás oficiales: cada uno tomó a una mujer. Cuando el jefe te elige, los demás no pueden tocarte. Pero cuando se cansa de ti, te pasa a los demás para que te violen.

P: ¿Cuánto tiempo estuvo allí?

F: Estuve dos meses.

P: ¿Todos los días igual?

F: Todos los días. Todos los días me violaban dos soldados.

P: ¿Y después, qué pasó?

F: Bueno, cuando los soldados se cansaron de mí, me metieron en una cabaña que utilizaban como una especie de prisión. Allí, los guardias de la prisión nos violaban.

P: ¿Cuánto tiempo estuvo en esa prisión?

F: Estuvimos allí un mes aproximadamente.

P: ¿Le daban comida?

F: Nos daban judías. Teníamos que cocinarlas nosotras. Sólo por la noche; no durante el día.

P: ¿Por qué?

F: Para que no pudiera verse el humo. Les daba miedo que se les descubriera y atacara. Además, algunas noches, algunos soldados salían y, a veces, volvían con ganado. Nos daban la cabeza o las pezuñas. La carne la guardaban para ellos. Así que sólo comíamos una vez al día. También tenían a sus propias mujeres con ellos, podríamos decir mujeres “libres”, que les siguieron al bosque y les preparaban la comida, pero no a nosotras.

P: ¿Esas mujeres intentaron ayudarla de alguna forma?

F: Las mujeres que estaban ahí no podían ayudarnos, porque las habrían matado inmediatamente. Y lo que es más: ellos nos robaron incluso nuestra ropa y se la dieron a sus mujeres. Había algunas mujeres con bebés que habían sido secuestradas como nosotras. Incluso le habían quitado la ropa a los bebés.

P: ¿Hay niños retenidos allí?

F: Sí. También hay niños que han tenido con sus propias mujeres. Hay una auténtica mezcla de personas ahí, de casi todos los países [de la región].


P: ¿Y su salud? ¿Se puso enferma durante ese tiempo?

F: Sí, me puse enferma. Sangraba por la vagina. Y el agua que utilizábamos olía muy mal. Me dijeron que tenía una infección.

P: ¿Qué fue lo más difícil?

F: Para mí, lo más difícil fue que me violaran tantos soldados diferentes cada día. Además, estaba prácticamente desnuda todo el tiempo: sólo llevaba puestas las bragas. Así durante dos meses. Tuve que usar un trozo de tela aquí [sobre el pecho] para cubrirme.

P: Así que la mantenían desnuda… Y las otras mujeres, ¿todas consiguieron escapar?

F: Creo que sí. Creo que fueron liberadas. Pero fue a cambio de un pago. Alguien tenía que traerles dinero o bienes antes de que las dejaran ir.


P: ¿Está casada?

F: Mi marido me echó en cuanto llegué a casa. Se divorció de mí. Por el momento, estoy sola.

P: ¿Cuál fue el motivo? ¿Por qué decidió echarla?

F: Cuando salí del bosque y logré llegar a casa, decidió abandonarme ese mismo día. Ahora tiene otra esposa.

P: ¿Y en la comunidad? ¿Cómo la recibieron sus vecinos?

F: No hay respeto. Todos los vecinos, incluso si la ven a una con buen aspecto, como yo, con buena salud, te dicen “Pero tienes sida, has dormido con los soldados”. Yo también estoy preocupada, me pregunto: quizás tenga sida. Y tengo fuertes dolores aquí, en la parte baja del estomago. No podría soportar dormir con un hombre ahora. Es como si tuviera heridas dentro. Duele muchísimo.


P: Florence, ¿tiene algo más que decirnos?

F: Me gustaría saber cómo pueden ayudarnos; cómo pueden ayudarnos simplemente a seguir viviendo. Porque cuando no se tiene un marido, es como si te hicieran avergonzarte de ti misma, te despreciaran, no te tuvieran en cuenta. Por ejemplo, me ganaba la vida comprando y vendiendo, pero ahora no puedo hacer nada. Mis hijos sufren; tengo problemas. Ni siquiera tenemos una casa donde pasar la noche. Les pido que nos ayuden moralmente, que nos den ánimos, que nos ayuden a volver a tener esperanza en la vida.


LA ESTUDIANTE


Estelle tiene 12 años y procede de la provincia de Kivu Meridional. En el momento de la entrevista estaba siendo atendida por una organización congoleña de derechos humanos de mujeres.


Investigador de AI: ¿Va a la escuela?

Estelle: Antes iba a la escuela, pero ahora he decidido quedarme en casa.

P: ¿Querría contarnos qué ocurrió?

E: Un día fui a los campos a recoger hojas de mandioca. Vi a un hombre vestido con ropa de camuflaje, el uniforme que llevan los soldados. Ese hombre nos persiguió. Escapamos corriendo, pero me caí y me violó.

P: ¿Quién estaba con usted?

E: Había otras dos niñas conmigo.


P: ¿Qué ocurrió? ¿Había personas cerca que pudieran ayudarla?

E: Me caí. Grité y mis amigas se escaparon. Nadie vino a ayudarme.

P: ¿Le hizo daño? ¿Fue violento?

E: Me hizo daño. Fue horrible.

P: ¿Qué hizo usted entonces?

E: Después de violarme me dejó ahí. Me levanté y volví a casa.

P: ¿Tiene familia?

E: Sólo tengo a mi mamá. Mi padre ya no está con nosotras.

P: ¿Dónde está?

E: Mi padre huyó durante la guerra y no ha vuelto a casa.

P: ¿Y qué hizo su madre?

E: Mi madre me preguntó: “¿Por qué no has traído las verduras?” Me eché a llorar y le dije lo que había ocurrido. Después me dijo: “Venga, vamos al médico”.

P: ¿Y qué hizo él?

E: El médico dijo que puesto que ese hombre me había violado, yo ya no era normal, como las otras niñas.

P: ¿Que ya no era normal...?

E: Sí.

P: ¿Qué médico era?

E: Un médico del hospital general.

P: ¿Le puso algún tratamiento?

E: Me examinó y me extendió una receta, pero mientras tanto mi madre había ido a ver a la mujer que ayuda a llevar la organización [de derechos humanos]. Habló con el director del hospital y me enviaron a otra clínica [especializada en el tratamiento de victimas de violación y mantenida por una ONG internacional]. Cuando llegué ahí, el médico me dio tres paquetes de medicinas y me dijo que habían hablado con la Madre G, que trabaja en favor de los derechos humanos.


P: ¿Así que de momento no va al colegio?

E: No me atrevo a ir. Las otras niñas se burlan de mí. Me llaman la niñita que duerme con soldados en el bosque. Yo intento esconderme.

P: ¿Dónde?

E: En cualquier lugar.


P: ¿Tiene miedo?

E: Tengo miedo porque la gente me insulta y ya no puedo salir, ni siquiera a dar un paseo. La gente dice que fui a los campos a dormir con un soldado.

P: ¿Cuándo ocurrió todo esto?

E: A mediados de febrero [2004].

P: ¿Y sabe quién lo hizo?

E: No lo conocía. Un soldado. Quiero que metan en prisión a todos estos soldados. Si los detuvieran tendría un poco de paz.


P: ¿Va a volver aquí, a ver a la Madre G?

Intérprete de la ONG: Viene aquí a esconderse. [A Estelle:] Sabe que puede venir aquí ¿verdad?

E: …Ni siquiera por la noche puedo dormir. No tengo paz.

P: ¿Le duele algo?

E: Me duele el estomago, aquí.

P: ¿Puede dormir?

E: No duermo nada.

P: ¿Por qué no?

E: Ahora siempre tengo el mismo sueño. Es de noche y estoy lavando la ropa. Veo soldados acercarse y corro; entonces me despierto. Todas las noches me despierto gritando en mitad de este sueño. Y siempre que me despierto, tengo hambre. Siempre quiero comer.


[Nadie habla durante un momento]

E: Mi familia es pobre. Yo solía ir a los campos a por comida. Ahora que no puedo salir de casa, ¿cómo vamos a vivir?

P: ¿Tiene hermanos?

E: Tengo dos hermanos pequeños. Yo era la que iba a conseguir la verdura para mis hermanos pequeños.


[Silencio de nuevo. Estelle empieza a llorar en silencio, mirando hacia otro lado].


P: Es bueno llorar…

E: No hay agua limpia para beber en el barrio. Era yo la que iba a buscar agua limpia…

P: ¿Y su madre?

E: …y tengo otras preocupaciones. El agua no es buena aquí. Hay que ir a otro sitio para conseguirla.



P: ¿Y su madre?

E: No dice nada. Siempre está tranquila. No habla. Y yo no he hablado con nadie más. Mamá no dice nada. No habla.

P: ¿Le gustaría hablar con alguien más?

E: Sí, pero no sobre ser violada por soldados. No puedo decírselo a nadie, pero me gustaría encontrar a alguien con quien poder hablar sobre los demás problemas. No tengo a nadie que me ayude con los estudios.

P: ¿Le gustaría volver a la escuela?

E: Si pudieran detener al hombre que me violó, podría ir a la escuela, pero no tengo a nadie que pague la escuela1.

P: ¿Y si detuvieran al soldado, qué haría?

E: Si detuvieran al soldado que me violó, iría y le golpearía. Quizá me sentiría mejor.

P: Estelle, pertenecemos a una organización que trabaja para que las personas dejen de cometer estos delitos. Trabajamos para presionar a los gobiernos para que lleven a estas personas ante la justicia y ayuden a las personas que han sufrido.

E: Que Dios les bendiga por su trabajo.

P: Contaremos a la gente lo que ha sucedido. Puede escribirme. Simplemente, dígaselo a la Madre G y ella podrá enviarnos un mensaje.



LA VENDEDORA DE PASTELES


Antes de la violación, Georgette vendía pasteles.


Investigador de AI: ¿Querría presentarse?

G: Sí, me gustaría, porque estoy contenta de estar aquí. Me alegro mucho de conocerle, porque lo que hizo por mí es inolvidable. En fin, me alegro mucho.

P. ¿Cómo se llama?

G. Me llamo Georgette M.

P. ¿Cuántos años tiene?

G. Tengo 27.


P. ¿Podría decirnos qué le ocurrió?

G: Bueno, es algo que no puede contarse muchas veces, porque lo que me ocurrió me hace sentir… Cuando recuerdo lo que ocurrió, me duele, me duele el corazón. Fue en el año 2000, el 2 de junio de 2000. Entonces tenía 24 años. Iba al funeral de mi cuñada. Cuando iba por la carretera que atraviesa el bosque me encontré a un soldado que me ordenó que mantuviera relaciones sexuales con él.

P. ¿Y qué ocurrió?

G: Bueno, cuando me negué, me violó. Después de eso, me torturó. No sé cuántas balas me disparó, porque fueron muchas, muchas…

P. ¡Cómo! ¿Le disparó?

G: Sí, me disparó muchas veces.

P. ¿Dónde?

G: En los genitales. Después me dejó ahí hasta que… Estuve allí al menos tres horas sin ninguna ayuda.

P. Es decir que ¿este soldado la violó y después le disparó?

G: Después salió corriendo. Cuando se fue, me dejó ahí sin ninguna ayuda al menos durante tres horas… Sí, pasé así unas tres horas. La señora con la que había estado [andando], volvió para buscarme. Cuando me encontró donde me había dejado con el soldado, me recogió y fuimos a buscar a alguien que pudiera ayudarnos. Era alrededor de la una de la tarde cuando me disparó, pero no recibí ninguna ayuda hasta las cuatro o las cinco. Me desperté en el hospital. Ahí, bueno, no tienen ni siquiera vendas, no hay nada, absolutamente nada2. Pero allí me quedé… Es decir, al menos me ayudaron con la sangre, porque ya estaba demasiado…

P. ¿Estaba perdiendo mucha sangre?

G: Sí, había perdido mucha sangre. Ahí al menos me ayudaron con eso y después me trasladaron al hospital general de Uvira. Pero ahí no pudieron hacer mucho por mí. Estuve ahí tres días. Después, me llevaron al hospital Panzi en Bukavu3. Ahí me hicieron al menos cuatro operaciones, pero no tuvieron éxito.

P. ¿Al dispararle, le destruyeron todos los órganos internos?

G: Todos, todos los órganos. Dentro de mí, nada funcionaba bien. Ahí, en Panzi, intentaron arreglarlo, pero me dejaron con un problema de una fístula4, y no se pudo hacer nada. Tenía incontinencia permanentemente. No podía hacer nada para controlarme, para controlar la orina. Por eso… Bueno, el médico del hospital de Panzi intentó hacer todo lo posible, pero no funcionó.

P. ¿Le han tenido que hacer muchas operaciones?

G: Sí, pero al final quedó claro que no podían hacer nada más por mí. Sugirieron que quizás mi familia podría ayudarme. Pero mi familia es muy pobre, especialmente con todos los problemas derivados de la guerra. En todo caso, mi familia no podía hacer nada; ni siquiera tenían 10 dólares para ayudarme. Así que permanecí en Bukavu, esperando ayuda, buscando a alguien que me ayudara. Entonces, por suerte, supe de una organización [de derechos humanos local] que se puso en contacto con Amnistía Internacional. Después supe que habían aceptado ayudarme. Entonces [ustedes juntos me ayudaron a obtener] la atención médica que necesitaba, esto fue en 2002 y, tras eso, volví sin ningún otro problema. Por eso les doy las gracias a usted y a las personas de Amnistía.


P. ¿Qué cree ahora que le gustaría hacer en el futuro?

G: ¿Ahora? Bueno, cuando volví, me pregunté qué podía hacer. No tengo la fortaleza suficiente para llevar un negocio ni para ir a casa y trabajar en los campos.

P. ¿Y tenía miedo de ir a casa, a su pueblo?

G: Sí, tenía mucho miedo, demasiado para volver al sitio donde pasó. Por eso decidí permanecer aquí, en Bukavu. Me preguntaba qué podía hacer, y lo único que realmente quería hacer era estudiar. Hacía tanto tiempo que quería estudiar… Y el año pasado encontré a alguien que pudo ayudarme para reanudar mis estudios.

P. ¿Qué estudia? ¿Qué desea ser?

G: Si puedo conseguir mi diploma estatal, me gustaría practicar la medicina, nada más.

P. ¿Desea ser médica?

G: Sí [se ríe tímidamente].

P. ¿Por qué?

G: ¿Por qué? Porque después de todo lo que he pasado, me siento… Bueno, quiero ayudar a otras personas. He pasado por tantos hospitales…, he encontrado a tantas personas que querían ayudarme...; por eso quiero ayudar a otros también. Debido a los problemas que he tenido, por eso.


P. Le deseamos buena suerte. ¿Y qué desea para las mujeres de la República Democrática del Congo que han sufrido?

G: Deseo que se las ayude, porque he conocido a muchísimas mujeres que han sido violadas y no han tenido ayuda. Ninguna ayuda. En todo caso, cuando las veo me siento incómoda porque, bueno, ya sabe, he tenido la fortuna de tener a alguien que pudo ayudarme, pero cuando voy al hospital y me encuentro con todas esas mujeres que están sufriendo tanto, me siento triste. Por eso, sólo puedo desear que se ayude a las mujeres de este país, porque han sufrido mucho. Sí, ayudarlas, especialmente con atención médica.

En julio de 2004 Georgette aprobó su diploma estatal, el primer paso hacia una cualificación médica.


MADRE E HIJA


Elizabeth tiene 19 años. Viene con su hija de dos meses.


P. ¿Por qué ha venido a vernos hoy?

E. He venido para explicarle los problemas que estoy teniendo con mi bebé.

P. ¿Y cuál es el nombre de su bebé?

E. Clarice.

P. ¿Qué ocurrió?

E. Fue el 27 de mayo del año pasado, 2003. Estaba de camino hacia los campos con otras tres chicas cuando nos topamos con unos soldados que venían del interior.

P. ¿Dónde fue eso?

E. En la meseta que hay sobre la ciudad. Nos retuvieron a todas por la fuerza. No pudimos defendernos; nos violaron. Fueron violentos: tenían pistolas y estaban de camino para ir a luchar. Ahí fue donde me quedé embarazada de este bebé.

P. ¿La amenazaron?

E. Sí. No pudimos hacer nada. Intentamos soltarnos pero algunos de ellos nos pusieron pistolas en la cabeza. Uno de ellos me dijo “Si sigues así, te vuelo la cabeza”.

P. ¿Cuántos hombres había?

E. Eran ocho. Se turnaron para violarme a mí y a las otras chicas.

P. ¿Cuánto tiempo la retuvieron?

E. Mucho tiempo. Cada soldado tardó todo lo que quiso.

P. ¿Los reconoció?

E. No. Eran soldados; es todo lo que sé.

P. Después de violarla, ¿fue alguien en su ayuda?

E. No, no había nadie cerca. Tuvimos que estar ahí hasta que cayó la noche. Entonces vinieron otros soldados, una patrulla de la ciudad, y nos trajeron.

P. ¿Por qué tuvieron que estar ahí tanto tiempo?

E. Estábamos muy débiles después del ataque y teníamos miedo de encontrar más soldados en la carretera.

P. ¿Le duele algo?

E. Me duele el estómago, la espalda, la pierna izquierda. Tomo unas pastillas. Los dolores empeoraron después del parto.


P. ¿Dio a luz en enero? ¿Febrero?

E. Sí, en febrero. En junio me di cuenta de que no tenía el período y supe que estaba embarazada. Los demás me dijeron que abortara5, pero no podía hacerlo.

P. ¿Y cómo está el bebé?

E. Tiene estreñimiento.

P. ¿Está usted casada?

E. No, no estoy casada.

P. ¿Ha vuelto a los campos desde entonces?

E. No, he tenido demasiado miedo.

P. ¿Cómo se las apaña para mantenerse y para mantener a Clarice?

E. Hasta ahora he estado con mi madre y las dos cuidamos de la niña. Mi madre compra mandioca y la muele para hacer harina y venderla en el mercado.

P. ¿Cómo reaccionó la gente respecto al bebé?

E. Mis vecinos, las personas de mi entorno, dijeron: “Vas a dar a luz a un enemigo”. Pero cuando vieron que era una niña, dijeron “Gracias a Dios, porque una niña se casará. Una niña no luchará contra nosotros.” Pero aún sigo oyéndoles decir cosas. No sé qué debo hacer. Si tuviera los medios, quizá me habría ido a otro lugar, pero tuve que quedarme aquí. Estoy asustada por mi futuro, por el mañana. Antes era estudiante, pero ahora no puedo volver a la escuela y no sé cómo voy a sobrevivir. No duermo por las noches. Me quedo tumbada despierta. Cuando oigo al bebé llorar, yo también empiezo a llorar.


P. Aparte de su madre, ¿alguien más la ha ayudado?

E. Una organización de derechos humanos local me dio un dólar y me escuchó, pero aparte de eso, sólo mi madre. Le pedí que les dijera a los vecinos que dejaran de decir esas cosas acerca de mí y del bebé, que les explicara que lo que había ocurrido no era culpa mía.

P. Y las otras chicas, ¿qué les ocurrió? ¿Sigue hablando con ellas?

E. Ellas entienden. No me culpan. No han tenido bebés, pero todas estuvimos enfermas: ellas también tenían dolores y dificultad para mantenerse en pie.


LA ACTIVISTA


Mi nombre es Bernadette. Trabajo aquí en una organización de mujeres local. Estoy encargada de la sección de asesoramiento. Nuestra organización trabaja para proteger y promover los derechos humanos, especialmente los derechos de las mujeres y los niños. Desde que comenzamos, hemos apoyado y escuchado a más de 900 mujeres. Trabajamos en prácticamente todas las zonas de los alrededores, pero nos enfrentamos a muchas dificultades.


Intentamos escuchar a las mujeres y las aconsejamos lo mejor que podemos. No sólo a mujeres que han sido violadas, sino también a mujeres que han sido víctimas de cualquier otra forma de violencia sexual. Tenemos tres centros de recepción o acogida. Hay mujeres que tienen que caminar kilómetros para vernos, que no tienen dinero para el transporte. A veces están muy enfermas, pero siguen viniendo a pie, a veces caminando dos o tres días. Y cuando llegan aquí, a veces nos faltan cosas básicas para darles: jabón, comida, ropa... Algunas permanecen con nosotros, porque cerca de nuestro refugio en B. está el único hospital [administrado por una organización internacional] donde hay ayuda médica decente.


Escuchamos a las mujeres, intentamos ayudarlas psicológicamente, ayudarlas a obtener atención médica, e intentamos darles una pequeña cantidad de dinero, porque normalmente los soldados que violan a las mujeres también les quitan todo lo que tienen, incluso sus ropas y cazuelas para cocinar. Y muchas mujeres han sido rechazadas por sus maridos y se las deja solas para que cuiden a sus hijos y encuentren refugio y comida para ellos. Muchos de los niños están gravemente malnutridos. Por eso intentamos darles algo, cuando lo tenemos, para que puedan volver a empezar por sí mismas: una pequeña cantidad para que puedan comprar y vender comida en los mercados y obtener algún beneficio, o bien alguna semilla o un azadón.


Pero hay muchos problemas. Aunque digan que la guerra ha terminado, puedo decirle que sigue estando ahí. Hay muchos pueblos donde las mujeres no reciben ayuda, se las abandona a su suerte. Y las mujeres tienen miedo. Incluso nuestros propios trabajadores reciben amenazas. Hace dos semanas, cuando iba de camino a K., me amenazaron tres soldados que dijeron que exagerábamos respecto a las violaciones e intentaron quedarse con los documentos que llevaba. Les preocupa que estemos divulgando todos sus secretos. Nos llaman regularmente para interrogarnos. No mantenemos nuestros archivos aquí. Los enviamos a G., por motivos de seguridad.


Y en lo personal, a veces, cuando estoy escuchando a una mujer, siento que es demasiado, cuando la mujer habla de sus problemas, cómo fue violada, cómo su familia la ha rechazado. A veces varias mujeres me hablan a la vez, desahogándose sobre sus problemas, sus necesidades. Yo también me siento traumatizada.


Por eso quiero pedir a la comunidad internacional que venga a ayudarnos. Necesitamos preparación y refuerzos. Necesitamos centros de salud que tengan las medicinas adecuadas. Necesitamos más centros de recepción, porque muchas mujeres tienen que venir desde lejos y, si tuviéramos más, podríamos ayudar a más mujeres en sus comunidades. Aquí, en B, tenemos cinco habitaciones y, a menudo, 15 o 20 mujeres llegan a la vez. No es suficiente. Y también pedimos a nuestro propio gobierno que empiece a castigar a los violadores, porque mientras no les pase nada a los violadores, no podremos reparar el daño moral y psicológico, y las mujeres no tendrán suficiente valor para mirar hacia adelante.



EL ENFERMERO


Gilbert es un enfermero encargado de un centro de salud estatal en un distrito rural de la provincia de Kivu Meridional. Normalmente, el centro da servicio a una población de unas 9.000 personas, pero con el conflicto se ha inundado de pacientes de las zonas vecinas cuyos centros de salud han sido destruidos. En el momento de la visita de AI, la farmacia del centro de salud estaba prácticamente vacía. El centro de salud trata partos y una serie de enfermedades, desde pequeñas dolencias a otras infecciones de transmisión sexual potencialmente más graves, o enfermedades como la malaria. Entre sus pacientes hay muchas victimas de violación. Los casos más graves se transfieren al hospital más próximo, a varios kilómetros de distancia, que también funciona sólo con los recursos mínimos.


P. ¿Qué están construyendo aquí?

G. Nuestro nuevo bloque de maternidad.

P. ¿Para mantener a las madres separadas?

G. Sí, [riendo] para que nadie oiga sus gritos. Es para mantenerlas alejadas de otro tipo de infecciones.

P. ¿Dónde consiguió los ladrillos?

G. Hablé con el maestro de la escuela local y él hizo que los niños hicieran algunos y los trajeran, y otras personas de la comunidad también ayudaron. Pero todavía no tenemos tejas ni puertas. Es posible que dentro de unos meses…

P. ¿Qué ocurrió aquí durante los combates?

G. Tuvimos muchos problemas. El centro fue saqueado muchas veces por los soldados. Había más pacientes aquí durante esa época porque los otros centros de salud de la zona no funcionaban. Cuando los combates estaban muy cerca teníamos que huir. Incluso hubo veces que, cuando oíamos los disparos, los pacientes huían con los goteros de transfusión aún colgando de sus brazos. Los primeros soldados que vinieron saquearon todo lo que pudieron llevarse: colchones, microscopios… Lo único que salvó el centro fue que había mucho material que era demasiado pesado para transportarlo, pero perdimos todo el equipo que pudieron llevarse de alguna forma.

P. ¿Cuántas personas tratan aquí?

G. Como media recibimos a unos 1.000 pacientes al mes, o sea, que tratamos al menos a 30 personas al día.

P. ¿Tienen suficientes medicinas para ellos?

G. No. Recibimos medicinas básicas de una ONG internacional, pero no es suficiente.

Nos dan lo que consideran un suministro mensual, pero sólo dura 20 días. Para los otros 10 días tengo rogar y pedir prestado todo lo que puedo. Después de hablar con usted, tengo que dar a algunos pacientes quinina. Debería hacerlo mediante transfusión, pero tengo que dársela oralmente en pequeñas dosis, que no es una forma tan efectiva. Pero hay que arreglárselas; es una cuestión de “medicina de guerra”.

P. ¿Los pacientes tienen que pagar?

G. Tenemos una sola tarifa: cada persona paga 100 francos6, independientemente del tratamiento que necesite.

P. ¿Recibe usted un sueldo del Estado?

G. No. No desde hace mucho tiempo. Es más, tenemos muy poco personal aquí y puede ver la cantidad de pacientes que nos llegan. Soy el enfermero jefe y hay veces que no puedo abandonar el centro durante cinco días seguidos: como aquí, duermo aquí, debido al número de pacientes. Pero no recibimos nada del gobierno. Trabajamos muy duro para curar a nuestros hermanos y hermanas, pero no tenemos nada. Mientras le hablo, son ya las cuatro de la tarde y no he comido desde primera hora de la mañana. Si hubiera alguna forma de que el gobierno o la comunidad internacional vinieran en nuestra ayuda… deberían venir.

P. ¿Tiene hijos?

G. Yo, sí. Tengo cinco hijos. Tengo que pagar unas cuotas de escuela de 1 dólar al mes por cada hijo, así que puede imaginarse cómo es.

P. ¿Qué le diría al gobierno, a la comunidad internacional?

G. Que vengan y vean cómo es por sí mismos. Que vengan y vean lo que pueden hacer para ayudarnos y cómo empezar a pagarnos, y darnos las medicinas y el equipo que necesitamos. Porque llevamos mucho tiempo así…





1 La desintegración del Estado en el este de la República Democrática del Congo significa que los profesores dependen de los pagos de las familias para sobrevivir. La mayoría de los funcionarios del Estado, incluidos el profesorado y el personal médico y de enfermería, no han recibido el pago de ningún sueldo del Estado durante al menos tres años. Aunque la “cuota” es pequeña, muchas familias no pueden permitírsela.

2 El hospital fue totalmente saqueado durante el conflicto. Ahora está parcialmente reconstruido y reequipado con la ayuda de ONG internacionales, pero al igual que en todas las instalaciones médicas estatales del este, siguen faltando personal, equipo y medicinas esenciales.

3 ONG internacionales mantienen el hospital Panzi, que está especializado en atención médica para víctimas de violación. El hospital puede tratar muchos casos, excepto los casos quirúrgicos más complejos, y sólo tiene capacidad para tratar a una fracción de las mujeres que requieren cirugía después de una violación.

4 Un desgarro interno entre el ano y la vagina. En el caso de Georgette se complicó debido a que su útero y uretra estaban en muy mal estado.

5 El aborto es ilegal en la República Democrática del Congo, incluso en los casos de violación. Muchas mujeres aceptan los riesgos para su vida al intentar abortar poniéndose en manos de sanadores tradicionales, que a menudo utilizan prácticas y equipos antihigiénicos.

6 Aproximadamente 0,25 dólares estadounidenses. La gran mayoría de los congoleños vive con aproximadamente 0,20 dólares al día. El hospital general más cercano cobra aproximadamente 1 dólar por la atención de pacientes externos, algo menos de 2 por la admisión de niños y casi 2,50 por la admisión de adultos. En otros sitios, una consulta con un profesional de la medicina (sin tratamiento) cuesta aproximadamente 1,50 dólares, o con un profesional de enfermería aproximadamente 0,50. Para la mayoría de las personas el acceso a la atención médica no es asequible o requiere tomar decisiones inaceptables, por ejemplo, optar entre la salud y la educación de los niños (ámbito en el que también hay que pagar cuotas) o la venta de bienes familiares esenciales, como el ganado.