وثيقة - Haïti. Les mineures privées de protection contre la violence sexuelle
AMNISTÍA INTERNACIONAL
DATOS Y CIFRAS Y CASO
Índice AI: AMR 36/007/2008
Embargado hasta las 16:00 horas GMT del 27 de noviembre de 2008
2008
El Movimiento de Solidaridad de las Mujeres (Solidarity Fanm Ayisyen - SOFA) de Haití recopila información sobre mujeres, niñas y violencia sexual. Entre enero y junio de 2008 registró 105 violaciones, 58 de ellas de niñas menores de 18 años.
2007
En 2007, SOFA documentó 238 violaciones, 140 de ellas contra niñas de entre 19 meses y 18 años.
2006
En 2006, SOFA tuvo constancia de 155 víctimas de violación que pidieron ayuda en alguno de sus 21 centros en todo el país; de ellas, 77 eran niñas menores de 18 años.
Kay Fanm (expresión criolla que significa “casa de las mujeres”) es otra organización que trata de reunir cifras de violencia sexual contra mujeres y niñas. En 2006 registró 133 casos de violación y violencia sexual contra mujeres y niñas. El 55 por ciento de las víctimas de violación eran menores de 18 años.
Dentro del grupo de edad de 15 a 19 años, el 10,8 por ciento de las mujeres que respondieron a un estudio realizado en 2006 por el gobierno dijeron haber sido víctimas de violencia sexual a manos de su pareja.
El estudio se llevó a cabo para el Ministerio de Salud, y 10.757 mujeres de entre 15 y 49 años respondieron al cuestionario. También se seleccionó una submuestra de mujeres para responder a un cuestionario sobre violencia a manos de la pareja.
CASO – “Rose”, de 22 años, entrevistada en marzo de 2008
Tenía 15 años, e iba a la escuela. Era la única de los niños de mi familia que iba a la escuela, porque mi madre no podía permitirse que los demás fueran también.
Un día discutí con mi tía, y esa tarde vino a mi casa con tres hombres. Todos iban armados. Me secuestraron, y me llevaron a otro barrio. Me dieron una paliza y luego me violaron. Después me dijeron que no tenían que haberme violado o golpeado, que tenían que haberme matado. Era un lugar desierto, por donde no pasaba nadie. Tuve que suplicarles que me dejaran marchar, y al final me dejaron ir, y fui a buscar a mi madre.
Cuatro meses después no podía dormir, ni tampoco comer. Cuando salía, mi madre se quedaba preocupada, porque me estaban amenazando. Decían que si se lo contaba a la policía me matarían. Mi madre no podía pagarme un psicólogo, así que tuve que luchar para superar aquello yo sola [...]
Presenté una denuncia. Fue entonces cuando empezaron a amenazarme, diciendo que si los denunciaba me harían esto y lo otro, y, para demostrarme que hablaban en serio, prendieron fuego a mi casa [...]
[En la comisaría de Cafétéria] me dijeron que harían lo necesario, pero nada sucedió. Después, uno de los hombres fue detenido [...] pero no pasó nada más. Unas dos semanas más tarde, ese mismo hombre pasó a mi lado en el barrio y me dijo: “querías que me quedara en prisión, ya verás lo que voy a hacerte”, así que mi madre arregló las cosas para que pudiera marcharme del barrio una temporada.
[La segunda vez] que sucedió fue hace dos años, cuando yo tenía 20 [...] Un ladrón entró en casa [...] me violó. No podía gritar porque estaba sola en casa con los niños [...] Por aquel entonces había mucha violencia en el país, y todo el mundo tenía miedo [...]
A la mañana siguiente vine y les conté todo a las mujeres de aquí [...] Hicieron todo lo necesario para asegurarse de que no me había contagiado. Me dieron medicinas, atención médica. Fui a ver a un psicólogo... Todo aquello me ayudó [...] Aquí recibo ayuda médica y apoyo moral; aquí no tratan con la policía, porque con ella no se consigue nada.
Ahora mi principal problema es el barrio en el que vivo. En Haití, en este momento, si te violan, la sociedad te rechaza: no debes estudiar, no debes ir al hospital, debes quedarte en un rincón. La violación te convierte [...] en una persona sin derechos, una persona rechazada por la sociedad, y ahora, en el barrio en el que vivo, es como si me violaran cada día, porque cada día alguien me recuerda que he sido violada y que no soy nada, que debo quedarme en un rincón y no hablar, no decir nada.
FIN/
Documento público
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