تقرير منظمة العفو الدولية لعام  2012
حالة حقوق الإنسان في العالم

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AMNISTÍA INTERNACIONAL


Índice AI: AMR 51/001/2005 (Público)

Servicio de Noticias: 002/05

6 de enero de 2005

http://web.amnesty.org/library/Index/ESLAMR510012005




Guantánamo: La lucha por nuestros hijos...

Los informes sobre abusos crónicos traen más angustia, pero también nuevos motivos para abrigar esperanzas

por Khalid Al-Odah, padre de Fawzi Al-Odah, detenido en Guantánamo



Todos los días abro el periódico con una persistente aprensión que últimamente ha demostrado estar justificada. Un titular tras otro informa sobre abusos y torturas sistemáticas en la base naval de Guantánamo o los confirma. Mi hijo, Fawzi Khaled Abdullah Fahad Al-Odah, ha estado detenido sin causa en la base desde finales de 2001.

Nuestro consuelo es que estas continuas revelaciones podrían ser una ayuda poderosa para los esfuerzos que se están desplegando a fin de conseguir el debido proceso para Fawzi y para todos los prisioneros de Estados Unidos en Cuba. Como Fawzi, estos hombres jóvenes están privados de libertad sin disfrutar ni el derecho a juicio que las leyes estadounidenses otorgan a las personas acusadas de delitos ni la protección que acuerdan los Convenios de Ginebra a los prisioneros de guerra.

El Comité de Familias de Kuwait, que fundé en enero de 2002 para pedir el debido proceso para los doce kuwaitíes detenidos en Guantánamo, ha contado con el apoyo de Amnistía Internacional, el Comité Internacional de la Cruz Roja, Human Rights Watch y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Todas estas instituciones nos han brindado su amplio y generoso apoyo. Nuestra postura también cuenta con el apoyo de periodistas de todos los sectores del espectro político. Afortunadamente, la Corte Suprema de Estados Unidos ha afirmado claramente el derecho de estos detenidos al debido proceso en tres fallos emitidos en junio de 2004.

Ahora, los informes diarios sobre abusos contra los derechos humanos podrían ayudarnos a dar otro paso adelante.

A medida que, inquietantemente, Guantánamo se va pareciendo cada vez más a Abu Ghraib a los ojos del público, esperamos poder alcanzar al número más elevado y diverso de personas con un coro de protestas tan universal que el presidente Bush no tendrá más remedio que escucharnos. Rezamos para que, por fin, el presidente encuentre cada vez más apoyo a los detenidos de Guantánamo entre muchos más sectores del público estadounidense.

Incluso las voces de sus propios altos funcionarios, pasados y presentes, deben seguir oyéndose claramente. El propio George Tenet, ex director de la CIA, ha admitido por fin que al menos nueve de los doce, entre ellos Fawzi, no han cometido ningún crimen.

Aunque ya en 2002 se especulaba sobre la posibilidad de que estos nueve hombres fueran puestos en libertad, el público debe entender la estrategia política que sostiene a Guantánamo. Muchos de nosotros, tanto kuwaitíes como estadounidenses, consideramos que se ha mantenido deliberadamente a Guantánamo en el centro de atención, en medio de una controversia que el gobierno de Bush acoge con agrado. Mientras el público siga centrando su atención en Guantánamo, seguirá ignorando la existencia de 24 centros de detención secretos, revelada en un informe de Human Rights First.

De cualquier manera, es imprescindible que nuestros motivos sean absolutamente transparentes. Pedimos el debido proceso o la liberación inmediata, conforme a los fallos de la Corte Suprema. Acogeremos con alegría la liberación inmediata, pero aceptaremos el debido proceso, especialmente a la luz de los expedientes judiciales hechos públicos en diciembre de 2004 en los que se confirmaba que los doce kuwaitíes se hallaban en mal sitio en mala hora cuando fueron atrapados por unos cazadores de recompensas que los vendieron a Estados Unidos.

Nuestras pruebas de que estos jóvenes kuwaitíes eran trabajadores de una organización de beneficencia que cumplían con sus deberes religiosos tendrán validez en cualquier tribunal de justicia imparcial.

Fawzi ha participado en actividades de beneficencia en la región desde 1996. Todos los meses de Ramadán recogía donaciones para la construcción de aulas y aljibes. Solía pedirme dinero prestado porque siempre daba el suyo a los demás. Como era profesor de Corán, tenía derecho a vacaciones estivales y, en el año 2000, decidió usar parte de ellas para enseñar en pueblos de Pakistán. Tras su captura, recibimos una carta reenviada por la Cruz Roja de Kandahar en la que decía: "Papá, mamá, no se preocupen por mí. Estoy bajo la custodia de los estadounidenses, que me interrogarán y descubrirán que soy inocente. Regresaré a casa muy pronto".

Después recibimos nueve cartas más, pero no hemos recibido ninguna desde noviembre de 2002. Afortunadamente, una delegación enviada por el gobierno kuwaití creó un canal de comunicación. Los delegados vieron a Fawzi en enero de 2004. En esa fecha, según los informes, tenía buen ánimo y seguía confiando en que un día lo dejarían en libertad.

Pero cuando regreso a casa del trabajo encuentro a mi mujer llorando en un rincón. No sé qué hacer. Trato de consolarla pero, a veces, me despierto en medio de la noche y la encuentro en la habitación de Fawzi. "No debemos abandonar esta habitación, debemos mantener su calor hasta que él regrese", dice.

Todas las familias están sufriendo grandes padecimientos. Para algunas de ellas, el cabeza de familia está atrapado en Guantánamo. Seis de los doce hombres están casados y tienen hijos. Afortunadamente, el gobierno kuwaití ha proporcionado alguna ayuda económica. Todos nos apoyamos y ayudamos los unos a los otros. Y seguimos luchando, en los tribunales, en los medios de comunicación, a través de canales diplomáticos oficiales, en nuestro sitio web (kuwaitifreedom.org)y en colaboración con organizaciones como Amnistía Internacional.

Nos alienta también el reciente fallo histórico emitido en la causa de Salim Ahmad Hamdan en el que se afirman los derechos que le asisten conforme a los Convenios de Ginebra. La decisión del juez James Robertson representa un clavo en el ataúd de la comisión militar y su terca insistencia en que los detenidos de Guantánamo entran en una categoría única de la humanidad: ni delincuentes acusados ni prisioneros de guerra. El derecho común, que es el régimen jurídico aplicable en Estados Unidos, dice que la decisión del juez Robertson se aplica también a otros detenidos. Se trata, obviamente, de una herramienta útil en nuestro arsenal jurídico.

Parece, pues, que al menos una de las tres ramas del gobierno estadounidense está cumpliendo con sus obligaciones. Pero, como indica la aparente indiferencia del presidente frente a los fallos de la Corte Suprema, un clavo no es suficiente. El ataúd en el que esperamos poder enterrar esta continua distorsión de la justicia estadounidense necesita muchos clavos como éste.

Hoy, mientras escribo, los progenitores de los kuwaitíes tienen una serie de preocupaciones prácticas de carácter urgente. En un fallo emitido en octubre por una corte federal se concedió a mi hijo y a otros dos detenidos el derecho a mantener una entrevista no supervisada con sus abogados. Tememos que nuestros hijos no confíen en ellos, ya que algunos funcionarios de Guantánamo se han hecho pasar por abogados para obtener información. Los funcionarios también se han hecho pasar por representantes de la Cruz Roja.

Hemos escrito a mano cartas introductorias que ayudarán a nuestros abogados a superar este problema, porque en ellas nuestros familiares reconocerán nuestra letra. También hemos preparado un vídeo en el que se muestra a los familiares reunidos con los abogados. Quiero que el pueblo estadounidense sepa que no tuvimos más remedio que recurrir a estos extremos, aunque más no sea como otro indicio más del clima totalitario que reina en Guantánamo.

Como Ana Frank durante los oscuros días de los campos de concentración nazis, sigo creyendo que la mayoría de la gente es buena. Habiendo combatido en la Guerra del Golfo junto a tropas de Estados Unidos, creo que el pueblo estadounidense es especialmente bueno y compasivo. El pueblo estadounidense y el pueblo kuwaití están unidos por estrechos lazos, o por lo menos lo estaban. Mi temor es que los actos políticos del gobierno de Bush destruyan esos lazos, que es exactamente lo que quieren los terroristas.

El Comité de Familias de Kuwait ha hecho todos los esfuerzos posibles para transmitir su mensaje al pueblo estadounidense, pese a que no podemos hacerlo en suelo de Estados Unidos, ya que no nos conceden el visado. Hemos organizado marchas en Londres, donde el apoyo popular a nuestra causa es considerable. Cada vez que marchamos, llevamos cintas amarillas. Confío en que el pueblo estadounidense reconozca en ese símbolo perdurable el vínculo entre nuestra dignidad humana y la suya.

Este artículo ha sido escrito por un colaborador externo y no refleja necesariamente la postura de Amnistía Internacional.

Para más información, sírvanse dirigirse a:

<a href="http://www.kuwaitifreedom.org">Project Kuwaiti Freedom</a>********





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