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Índice AI: MDE 01/006/2001/s Servicio de Noticias 152/01
29 de agosto de 2001 Documento público
Oriente Medio y el Norte de África
El Día de los «Desaparecidos»: llegó la hora de decir toda la verdad
Centenares de miles de personas han «desaparecido» durante las últimas décadas en Oriente Medio y el Norte de África, en su gran mayoría en Irak, afirma hoy Amnistía Internacional, al conmemorarse el Día Internacional del Detenido-Desaparecido.
«Aunque debe reconocerse que durante los últimos años las autoridades de algunos países han creado mecanismos encargados de investigar la suerte corrida por las personas “desaparecidas”, el destino de muchos miles sigue sin conocerse —dice la organización de derechos humanos—. No se obtendrá justicia para las víctimas y sus familiares mientras no se lleven a cabo investigaciones exhaustivas, independientes e imparciales de cada caso individual de “desaparición” ocurrido en la región.»
∙ El 1 de octubre de 1980, siete hermanos de la familia Al Hashemi fueron detenidos en distintos lugares de Bagdad, capital de Irak. Se cree que se los llevaron como «rehenes» en lugar de otro hermano que había abandonado el país. Ismai’l, el mayor de los hermanos Al Hashemi, fue ejecutado en 1983. Sigue sin conocerse la suerte de los otros seis.
∙ El imán Musa Sadr, destacado clérigo chií del Líbano, nacido en Irán, fue visto por última vez el 31 de agosto de 1978 en Trípoli, Libia. Lo acompañaban Sheikh Muhammad Ya’aqoub y el periodista ‘Abbas Badreddine, que posteriormente «desaparecieron». Según informes, el día en que «desapareció», el imán Musa Sadr, de 50 años de edad, iba a reunirse con el coronel Mu’ammar Al Gaddafi. Las autoridades libias afirmaron que Musa Sadr había viajado a Italia ese mismo día, pero esta información no condice con las investigaciones llevadas a cabo por las autoridades italianas y confirmadas por el fallo de un tribunal de ese país.
∙ El 5 de octubre de 1996, a las nueve y media de la noche, M’hamed Mohammedi, comerciante de 63 años de edad, fue llevado de su domicilio en un pueblo de la provincia de Relizane, en Argelia, por miembros de las guardias comunales locales. Unos vecinos y transeúntes que presenciaron el operativo vieron cómo se llevaban a M’hamed Mohammedi en un vehículo perteneciente a las guardias comunales. Sus familiares se enteraron de que, tras mantenerlo bajo custodia durante una noche en Relizane, lo transfirieron a un cuartel militar de Kaila, pero no han recibido más noticias de él.
En Argelia, millares de hombres y mujeres han «desaparecido» durante la última década tras ser llevados por las fuerzas de seguridad. Los «desaparecidos», de todas las edades, provienen de una gran variedad de condiciones sociales, económicas y políticas, y de casi todas las regiones del país.
Las víctimas «desaparecieron» tras ser llevadas de su domicilio, su lugar de trabajo u otros lugares —a menudo en presencia de familiares, vecinos o compañeros de trabajo— por agentes de policía, gendarmes, miembros de unidades de seguridad de las fuerzas armadas o milicias armadas por el Estado. Se cree que algunos fueron detenidos porque se sospechaba que tenían algún tipo de vínculo con un grupo armado. En otros casos, simplemente se denunció que era así y, en otros, no se puede determinar el motivo de la «desaparición».
Los familiares de los «desaparecidos», y en especial sus madres y esposas, han cargado con el peso de la tragedia, enfrentados a complicaciones burocráticas además de a la angustia, la desesperación y la penuria económica. Las familias no han escatimado esfuerzos para tratar de obtener aunque sea el mínimo de información sobre el paradero de sus seres queridos. En la mayoría de los casos, las averiguaciones que han hecho ante las autoridades han resultado infructuosas, y en las pocas ocasiones en que han recibido alguna respuesta, ésta suele reducirse a que las autoridades no conocen a la persona «desaparecida», o que ésta ha huido para unirse a un grupo armado o ha sido secuestrada y posiblemente asesinada por un grupo armado. Pero tales explicaciones contradicen a menudo los relatos de testigos presenciales que hablan de la detención de la persona «desaparecida» y testimonios recibidos de personas que vieron a la víctima en un centro de detención secreto y posteriormente revelaron el hecho al quedar en libertad.
Hasta el año pasado, las «desapariciones» constituían un tema tabú en Argelia y no fueron objeto de mucha atención en el ámbito internacional. Las familias de los «desaparecidos» se abstuvieron durante años de protestar públicamente, temiendo por su seguridad y la de sus parientes detenidos. No obstante, durante el año 1998 cada vez más familias comenzaron a vencer el miedo, y sus persistentes protestas y captación de apoyos hicieron que la cuestión se debatiera en el Parlamento, en las calles y en las primeras páginas de la prensa nacional.
En Irak, la suerte de los centenares de personas «desaparecidas» durante los primeros años de la década de los ochenta sigue sin conocerse. Por ejemplo, en 1980, al estallar la guerra entre Irán e Irak, las autoridades iraquíes deportaron a Irán a familias enteras de árabes que profesaban la fe musulmana chií y kurdos feilíes, a los que catalogaron de tener «ascendencia iraní». Millares de varones de estas familias fueron detenidos y «desaparecieron». En 1983, unos 8.000 hombres y niños de entre 8 y 70 años pertenecientes al clan Barzani, que residían cerca de la ciudad septentrional de Arbil, fueron detenidos por las fuerzas iraquíes y transferidos a lugares desconocidos. Todos han «desaparecido».
Se cree que en 1988, en un periodo de tres a cuatro meses, más de 100.000 civiles kurdos «desaparecieron» en la llamada «Operación Anfal» cuando el gobierno iraquí emprendió un programa de destrucción de pueblos y ciudades en todo el Kurdistán iraquí. Al final de la Guerra del Golfo, y tras el levantamiento de los musulmanes chiíes en el sur y de los kurdos en el norte en marzo de 1991, las autoridades detuvieron a l06 estudiantes y clérigos chiíes en la ciudad meridional de Al Najaf. Hasta la fecha se desconoce su suerte y paradero. Durante el mismo periodo, cuando las fuerzas iraquíes se retiraron de Kuwait, más de 600 ciudadanos de Kuwait y otros países fueron detenidos y llevados a Irak. Pese a la presión ejercida en el ámbito internacional, no se ha vuelto a saber de ellos. Durante la década de los noventa, las autoridades iraquíes continuaron utilizando la práctica de la «desaparición» y detuvieron e hicieron «desaparecer» a centenares de presuntos miembros de grupos de oposición, como en el caso del periodo posterior al asesinato del ayatolá Sadeq Al Sadr, en febrero de 1999.
En el Líbano, millares de personas «desaparecieron» durante la guerra civil que se libró entre 1975 y 1990. Todas las milicias que actuaban en el Líbano secuestraron a presuntos simpatizantes de otros grupos; a muchas víctimas las mataron, y a algunas las transfirieron a centros de detención dirigidos por las milicias. Muchos otros ciudadanos libaneses fueron capturados por las fuerzas sirias e israelíes que actuaban en el Líbano. Otros fueron transferidos por las milicias a sus aliados sirios o israelíes. Sigue desconociéndose el paradero de la mayoría de las víctimas.
En enero del 2000, tras años de protestas encabezadas por el Comité de Familiares de Secuestrados y Desaparecidos y tras dos investigaciones iniciales, el gobierno libanés finalmente creó una comisión encargada de investigar las «desapariciones». La comisión interrogó a familiares de las víctimas y miembros de las ex milicias y visitó los lugares donde se habían encontrado fosas comunes. Se enviaron al gobierno sirio listas de personas «desaparecidas» que, al parecer, habían sido llevadas por las fuerzas de Siria e Israel y, por conducto del Comité Internacional de la Cruz Roja, las listas también se hicieron llegar al gobierno israelí. Ambos gobiernos niegan todo conocimiento del paradero de las personas cuyos nombres aparecen en las listas.
Las familias de los «desaparecidos» protestaron contra las conclusiones de la Comisión, que había manifestado que ninguno de los «desaparecidos» seguía con vida en el Líbano y que todas las personas «desaparecidas» desde hacía más de cuatro años debían considerarse fallecidas. Una nueva comisión de investigación establecida en 2001 está haciendo indagaciones más exhaustivas sobre la suerte de los «desaparecidos». Unas pocas personas a las que se creía «desaparecidas» han sido encontradas con vida en cárceles sirias, y en Israel al menos una fosa común, que se cree que data de 1982, todavía no ha sido investigada a fondo.
En Marruecos, centenares de marroquíes y saharauis «desaparecieron» a manos de los servicios de seguridad desde principios de la década de los sesenta hasta finales de los ochenta. En junio de 1991, unos 300 saharauis fueron puestos en libertad en los centros de detención secretos de Qalat M’Gouna y El Aaiún cuando llevaban hasta 16 años «desaparecidos». A finales de 1991, unos 30 marroquíes quedaron en libertad en el centro de detención secreto de Tazmamart, tras haber pasado 18 años «desaparecidos». Unos 50 saharauis y unos 30 marroquíes «desaparecidos» murieron entre 1976 y 1991 en los centros de detención secretos de Agdz, Qal’at M’Gouna, El Aaiún y Tazmamart. Otros cientos siguen en paradero desconocido.
Una comisión de arbitraje a la que el rey Muhammed VI encargó en julio del 2000 que decidiera sobre la compensación debida a las víctimas de «desaparición» y sus familiares por los perjuicios materiales y psicológicos sufridos ha otorgado compensación en decenas de casos. Pero centenares de ex «desaparecidos» y familiares de víctimas siguen pidiendo a las autoridades que garanticen que se llevarán a cabo investigaciones exhaustivas.
En Yemen, sigue sin conocerse la suerte de cientos de personas «desaparecidas» desde finales de la década de los sesenta tras ser detenidas por las fuerzas de seguridad o las milicias, especialmente durante periodos de pugna política o con posterioridad a ellos. Tanto durante la guerra civil que estalló en mayo de 1994 como en enero de 1986, cuando distintas facciones del Partido Socialista de Yemen se enzarzaron en una guerra civil que duró diez días, se produjeron «desapariciones» en masa. Al parecer, las promesas del gobierno en el sentido de que se investigarían los casos de las personas «desaparecidas» desde 1994 no se convirtieron en realidad.
En noviembre de 1990, el gobierno yemení declaró que las personas «desaparecidas» antes de 1978 habían sido ejecutadas tras juicios sumarios. Con respecto a los que «desaparecieron» antes de 1986, las autoridades afirmaron que algunas personas habían quedado en libertad, pero que no se disponía de información alguna sobre otros individuos nombrados por Amnistía Internacional. Las autoridades declararon que estudiarían los casos planteados por la organización. En 1992 y 1996, Amnistía Internacional comunicó al gobierno los detalles de 269 casos que debían ser investigados, entre ellos los de presos que habían «desaparecido» en Yemen desde 1970. El entonces fiscal general se comprometió a investigar los casos de las personas que, según los informes, habían «desaparecido» desde 1994, y encontró 27 casos de «desaparición».
En el día de hoy, Amnistía Internacional une su voz a la de las familias de los «desaparecidos» y pide a todos los gobiernos que lleven a cabo investigaciones exhaustivas, conforme a las normas internacionales, sobre todos los casos de «desaparición», que hagan comparecer ante la justicia a los responsables y que aseguren que se proporcionará compensación adecuada tanto a los sobrevivientes de la práctica de la «desaparición» como a los familiares de las personas que siguen «desaparecidas».
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