Annual Report 2012
The state of the world's human rights

Document - UA in Focus - May 2007: Mightier than the sword: The struggle for press freedom





Acciones UrgentesPúblico

Mayo de 2007

Índice AI: ACT 60/010/2007


En detalle

Una mirada a las historias que hay detrás de las AU





Más poderosa que la espada: la lucha por la libertad de prensa







Ali Farahbaksh y Shi Tao, periodistas detenidos (© Particular / Centro PEN de China)






En las guerras, los periodistas son a menudo "blancos fáciles". Mientras que la mayor parte de la población civil que se encuentra en una situación peligrosa da la vuelta e intenta ponerse a salvo, los periodistas hacen exactamente lo contrario. El trabajo de un periodista consiste en informar, lo que a menudo supone que, cuando la mayoría de las personas huyen del peligro, los periodistas se cruzan con ellas en el camino en dirección a los combates.

Es fácil olvidar que, sin embargo, los periodistas son civiles. Imprudentes, quizás incluso insensatos a veces, pero siguen siendo civiles a los que les corresponde la misma protección que a cualquier otro civil en virtud del derecho internacional.

Cuando a los periodistas deliberadamente se les dispara, se los ataca con explosivos, se los toma como rehenes o se los encarcela por el simple hecho de hacer su trabajo, se está cometiendo un delito. Cuando los periodistas sufren estas violaciones de derechos durante un conflicto armado, constituyen graves infracciones de los Convenios de Ginebra: son crímenes de guerra.

En el año 2006, los homicidios de periodistas y trabajadores de medios de comunicación alcanzaron niveles históricos: según la Federación Internacional de Periodistas se produjeron no menos de 155 asesinatos, homicidios de personalidades del sector y muertes no explicadas. El 23 de diciembre, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó una resolución en la que condenaba los ataques intencionados contra periodistas, profesionales de los medios de comunicación y personal asociado en situaciones de conflicto armado, y exhortó a todas las partes a que pusieran fin a esas prácticas.

Sin embargo, en todo el mundo, estén en guerra o en paz, muy pocos Estados se toman en serio sus obligaciones. En situaciones de conflicto abierto, como en Irak y Afganistán, en vez de ofrecer protección ante los graves peligros a los que se enfrentan los periodistas, las autoridades restringen su capacidad para informar libremente.

El artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos consagra la libertad de expresión. Una prensa libre es un componente fundamental de la libertad de expresión, y es igualmente importante como elemento clave en la protección de todos los derechos humanos. El conjunto de la sociedad sufre las consecuencias cuando se mata a los periodistas con impunidad, y la censura y el miedo reprimen la libertad de expresión. Estas son las condiciones en las que prosperan el abuso de poder y la injusticia.

Situaciones de conflicto

En Irak, según informes recibidos, al menos 64 periodistas y trabajadores de medios de comunicación fueron víctimas de homicidio en 2006, lo que elevó a no menos de 139 el total de muertos desde la invasión en marzo de 2003. A algunos los mataron tropas de Estados Unidos y fuerzas iraquíes mientras cubrían los combates entre estas tropas y los insurgentes, pero a la mayoría los mataron grupos armados opuestos al gobierno y a la presencia de tropas extranjeras, o milicianos pertenecientes a grupos religiosos chiíes.

El 22 de febrero, la periodista Atwar Bahgat, corresponsal del canal de televisión Al ‘Arabiya, y sus compañeros de profesión Khaled Mahmoud al-Falahi y ‘Adnan Khairallah, fueron secuestrados. Al día siguiente se encontraron sus cadáveres cerca de Samarra. El 26 de marzo, un periodista independiente, Kamal Manahi Anbar,murió por disparos de las fuerzas iraquíes durante un enfrentamiento con insurgentes cerca de una mezquita chií en el distrito de Ur, en Bagdad.

Según los informes, las fuerzas iraquíes, apoyadas por el ejército estadounidense, abrieron fuego cuando se efectuaron varios disparos desde un edificio contiguo a la mezquita. Los civiles corrieron para protegerse, incluido Anbar, al que encontraron con varios disparos en la cara y el cuello.

El 12 de octubre, hombres enmascarados mataron a 11 personas e hirieron a otras dos en la sede en Bagdad del canal de televisión por satélite Al Shaâ’abiya, en el distrito de Zayouna, en Bagdad oriental.

En Afganistán, el deterioro de la seguridad ha convertido la intimidación, el hostigamiento y la violencia en una realidad cotidiana para periodistas y defensores de derechos humanos afganos. El periodista afgano Ajmal Naqshbandi fue secuestrado en marzo junto al reportero italiano Daniele Mastrogiacomo y su conductor afgano, Sayed Agha. Mientras que Daniele Mastrogiacomo quedó en libertad en un intercambio de prisioneros, sus captores mataron a Ajmal Naqshbandi y Sayed Agha.

El gobierno y el recién creado Parlamento han llevado a cabo intentos de restringir toda labor informativa que pueda ofrecer una mala imagen sobre ellos. El 18 de junio de 2006, la Dirección de Seguridad Nacional –el servicio de inteligencia afgano– emitió un decreto para tratar de limitar la cobertura informativa sobre el deterioro de la situación en materia de seguridad. El gobierno y el Parlamento afganos llevan debatiendo, desde finales de 2006, reformas de la ley sobre medios de comunicación que socavarían gravemente las libertades de expresión y de prensa.

Impunidad

Pero los periodistas no solo corren peligro en situaciones de conflicto abierto. En México, al menos 11 periodistas han sido asesinados desde el comienzo de 2006 y otros han sido secuestrados. Los periodistas que denuncian la corrupción y las actividades de las de redes de delincuencia organizada corren especial peligro.

El Estado ha reconocido que cada vez se producen más ataques contra periodistas en todo el país y que las autoridades no hacen que los responsables de estos actos rindan cuentas, pero, pese a la creación de laFiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra Periodistas en febrero de 2006, estos delitos se cometen con total impunidad.

La represión del Estado

A menudo se considera que los periodistas son molestos: publican artículos que ponen en evidencia a los gobiernos, informan sobre la oposición y los activistas, dan a conocer violaciones de derechos humanos y otros abusos de poder. Aunque individualmente los periodistas no sean disidentes, el hecho de que escriban sobre la disidencia y sus causas los convierte en objetivos de los gobiernos que quieren reprimir esa misma disidencia.

En Rusia, donde el asesinato de la periodista de derechos humanos Anna Politkovskaya puso de relieve la situación de la libertad de prensa en ese país, informar sobre las violaciones de derechos y la disidencia es, en el mejor de los casos, difícil, y a menudo peligroso. Periodistas que han informado sobre las recientes "marchas de disidentes" han sido detenidos, y varios periódicos han recibido advertencias por publicar información sobre movimientos de oposición y dar voz a opiniones discrepantes. Una organización de derechos humanos ha sido clausurada por publicar declaraciones no violentas de representantes de dirigentes separatistas chechenos.

Los servicios de inteligencia de Nigeria han efectuado redadas en emisoras de radio y televisión interrumpiendo programas, confiscando cintas, intimidando, deteniendo o propinando palizas a periodistas demasiado críticos con el gobierno y el presidente. Al menos dos periodistas perdieron la vida como consecuencia de la violencia política generalizada que se produjo durante el período previo a las elecciones de abril. Según han informado medios locales, en las protestas multitudinarias del Día Internacional del Trabajo de 2007, organizadas como respuesta a las irregularidades cometidas durante las elecciones, un cámara fue golpeado por la policía hasta quedar en estado de coma; los agentes también amenazaron con sus armas a otros periodistas. En otro incidente, los informes recibidos indican que 15 periodistas tuvieron que ser rescatados de un intento de linchamiento por parte de un grupo de simpatizantes de uno de los partidos.

En Cuba, trabajar para una agencia de prensa no autorizada oficialmente también puede causar problemas, como descubrió Pablo Pacheco en marzo de 2003. Tras un período de aparente cambio hacia una situación más abierta y permisiva, ese mes las autoridades llevaron a cabo una campaña de represión sin precedentes contra el movimiento disidente de la isla. Pacheco, que trabaja para una agencia llamadaCooperativa Avileña de Periodistas Independientes, fue una de las 75 personas condenadas durante este período. Fue condenado a 20 años de prisión y sigue en la cárcel. Pablo Pacheco es uno de los 13 periodistas cubanos encarcelados a los que Amnistía Internacional ha reconocido como presos de conciencia.

Los trabajadores de los medios de comunicación de Zimbabue viven con el miedo constante de ser detenidos, torturados o asesinados por informar sobre la crisis de derechos humanos que sigue afectando a este país. El periodista Gift Phiri, detenido en Harare el 1 de abril de 2007, fue brutalmente golpeado durante los cuatro días que permaneció bajo custodia policial. A Edward Chikomba, otro periodista, lo secuestraron en su domicilio el 31 de marzo de 2007 y lo mataron. Su cadáver apareció dos días después con contusiones que indicaban que había sido golpeado brutalmente.

En el pasado se ha recurrido a leyes represivas, como la Ley de Acceso a la Información y Protección de la Intimidad, de 2002, para perseguir a los trabajadores de medios de comunicación que critican medidas del gobierno. El gobierno de Zimbabue utilizó esta ley para cerrar periódicos de propiedad privada y negar a periodistas la inscripción en el registro necesaria para ejercer su profesión.

Es frecuente que a los periodistas se los acuse injustamente de delitos comunes con el fin de perseguirlos por su trabajo. Sakit Zakhidov, conocido periodista de la oposición de Azerbaiyán, fue encarcelado tras ser acusado de posesión de heroína, que al parecer le habían colocado para inculparlo. No fue objeto de un juicio justo, y es posible que haya sido encarcelado únicamente por ejercer de forma pacífica su derecho a la libertad de expresión. (Véase la Acción Urgente 179/06, EUR 53/006/2006, de 27 de junio de 2006.)

Para los periodistas de algunos países, el mero contacto con el mundo exterior puede tener graves consecuencias. El periodista iraní Ali Farahbakhsh fue detenido el 27 de noviembre de 2006 tras regresar de una conferencia patrocinada por una ONG en Bangkok sobre gobiernos y medios de comunicación. Según los informes, en marzo de 2007, un Tribunal Revolucionario de Teherán lo condenó a tres años de prisión y a una multa de aproximadamente 71.000 dólares estadounidenses por espionaje y "recibir dinero de extranjeros" en relación con su participación en la conferencia. (Véase la Acción Urgente 40/07, MDE 13/018/2007, del 16 de febrero de 2007, y sus actualizaciones.)

Posiblemente el caso más conocido del mundo sea el del periodista chino Shi Tao, detenido en 2004 por enviar un mensaje de correo electrónico a un sitio web extranjero y acusado de "divulgar ilegalmente secretos de Estado en el extranjero". El mensaje describía las instrucciones que él y otros periodistas habían recibido del Departamento de Propaganda del Partido Comunista Chino sobre cómo debían informar de los actos de conmemoración del aniversario de la matanza de la Plaza de Tiananmen. En 2005 fue condenado a 10 años de cárcel tras un juicio injusto. Amnistía Internacional lo considera preso de conciencia.

En los últimos meses, las autoridades chinas han intentado endurecer más los controles sobre Internet. A esto le ha seguido una mayor censura sobre determinados sitios web, blogs y artículos en línea. En marzo se cerró www.ccztv.com, un sitio web que retransmitía noticias por Internet.

Periodistas atrapados en el conflicto y el caos

A veces los periodistas se convierten en objetivo sólo por ser quienes son y no por lo que dicen o escriben. El periodista de la BBC Alan Johnston, secuestrado por hombres armados palestinos el 12 de marzo (véase la Acción Urgente 81/07, MDE 21/005/2007, del 5 de abril de 2007, y sus actualizaciones), se ha convertido en símbolo de los peligros a los que se enfrentan los periodistas en las zonas de conflicto. Aunque es apreciado y respetado en Gaza, al parecer Alan fue secuestrado únicamente porque era un extranjero famoso. Desde su secuestro, los periodistas extranjeros ya no van a Gaza y la crisis humanitaria que sufre esta zona ha desaparecido de la agenda informativa internacional.

La resolución del Consejo de Seguridad del 23 de diciembre demuestra que existe un creciente reconocimiento en todo el mundo del grave problema que supone la forma en que se trata a los periodistas en todo el mundo. Lo que se necesita ahora es una acción global para protegerlos y proteger la libertad de prensa.






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