Document - Urgent Action In Focus: June 2005
Acciones UrgentesPúblico
Junio de 2005
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Índice AI: ACT 60/012/2005 |
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Mantener la presión:
La campaña de Farid Tukhbatullin, ex preso de conciencia, para impulsar cambios en Turkmenistán
"Turkmenistán tiene un historial atroz en materia de derechos humanos y no parece existir voluntad política alguna de mejorar fundamentalmente la situación. Por otra parte, Turkmenistán ha reaccionado ante la presión internacional en algunos casos, especialmente en casos relacionados con individuos, como el de la detención de Farid Tukhbatullin. Es por esta razón que las Acciones Urgentes constituyen una forma de acción especialmente efectiva en el caso de Turkmenistán."
Anna Sunder-Plassmann, investigadora de Amnistía Internacional sobre Turkmenistán
En los últimos años, muchos artículos aparecidos en los medios de comunicación mundiales se han centrado en el culto a la personalidad que rodea a la figura del presidente de Turkmenistán, Saparmurat Niyazov, y en una serie de proyectos e ideas extravagantes y a menudo ridículas que ha introducido. En efecto, ha adoptado el título de "Turkmenbashi", es decir, "Padre de todos los turcomanos" y ha cambiado los nombres de los meses del año por el suyo propio, el de su madre y el de su libro Rukhnama(Libro del Alma), que es un elemento fundamental dentro del culto a su personalidad. En agosto de 2004 llegó a ordenar la construcción de un gigantesco palacio de hielo en el desierto turcomano, que aún no se ha construido.
Mucha de la atención que le ha prestado la prensa ha ignorado, sin embargo, el coste que ha tenido el estricto control ejercido sobre el país por Niyazov. La situación de los derechos humanos en Turkmenistán se caracteriza por graves violaciones de los derechos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales. Los activistas de la sociedad civil (entre los que se encuentran defensores de los derechos humanos y activistas del medio ambiente), disidentes políticos, periodistas independientes, miembros de minorías religiosas y sus familias deben hacer frente a acosos y prisión o se los obliga a exilarse. El testimonio de Farid Tukhbatullin, activista de derechos humanos y ecologista de Dashoguz, en el este de Turkmenistán, ilustra los riesgos que entraña la promoción de los derechos humanos en un país en el que las libertades de expresión y asociación están extremadamente limitadas.
Farid Tukhbatullin © AI
Encarcelado por defender los derechos humanos
En noviembre de 2002, Farid Tukhbatullin tomó parte en una conferencia organizada por grupos de defensa de los derechos humanos en las afueras de Moscú. Más tarde ese mismo mes, unos hombres armados desconocidos atacaron la caravana de vehículos del Presidente Niyazov en Asjabad, capital de Turkmenistán. El presidente resultó ileso. Las autoridades consideraron que el atentado fue un asesinato fallido y que los hombres intentaban tomar el poder y derribar el orden constitucional.
En diciembre de 2002 detuvieron a Farid Tukhbatullin en Dashoguz. Lo acusaron de cruzar ilegalmente la frontera de Uzbekistán a Turkmenistán, así como de negarse a revelar información sobre los planes de grupos de oposición en el exilio para llevar a cabo el presunto intento de asesinato que, según las autoridades, se habían discutido en la conferencia. Amnistía Internacional –cuyo delegado estuvo presente en la conferencia– cree que los cargos contra Farid Tukhbatullin fueron presentados con el único propósito de castigarlo por ejercer su derecho internacionalmente reconocido a la libertad de expresión y por su trabajo pacífico como activista de la sociedad civil. El primer cargo está relacionado con un incidente en el cual, por razones que se desconocen, los guardias de fronteras turcomanos no sellaron su pasaporte a su regreso de Uzbekistán.
A Farid Tukhbatullin lo trasladaron en avión de Dashoguz a Asjabad, donde lo retuvieron en dependencias del Ministerio de Seguridad Nacional. "Me detuvieron en una celda de dos metros por tres, con otros tres hombres. Salí de la celda únicamente para ir al baño, dos veces por día. No me permitieron salir de la celda para hacer ejercicio durante un mes y medio después de la detención y sufrí problemas de salud debidos a la falta de movimiento. Mientras estuve detenido no tuve contacto con mi familia y sólo vi a mi abogado dos veces. La tercera vez que lo vi fue durante el juicio", declaró.
Pasó tres meses detenido antes del juicio –que fue sumamente injusto– ante el Tribunal de Distrito de Azadlyk en Asjabad el 4 de marzo de 2003. En el juicio no se presentaron declaraciones de testigos, se negó acceso al tribunal a los observadores locales e internacionales y sólo permitieron presenciar el juicio a la madre de Farid Tukhbatullin y a otros dos familiares. Algunos grupos y organizaciones, incluida Amnistía Internacional, habían entregado al abogado de Farid Tukhbatullin declaraciones de apoyo a su caso, pero el juez las consideró inadmisibles. De acuerdo con lo dicho por Farid Tukhbatullin, la única "prueba" a favor del cargo de no haber revelado información sobre el presunto intento de asesinato contra el presidente Niyasov fue el testimonio de un agente del Servicio Secreto. Luego de sólo cuatro horas de actuaciones lo declararon culpable de los cargos y lo condenaron a tres años de prisión.
Tras su detención, Amnistía Internacional declaró preso de conciencia a Farid Tukhbatullin e hizo un llamamiento pidiendo su rápida e incondicional excarcelación. La Red de AU fue movilizada en su apoyo (véanse la AU 04/03, EUR 61/001/2003, de 7 de enero de 2003, y sus actualizaciones).
Farid Tukhbatullin está convencido de que la campaña de Amnistía Intenacional desempeñó un papel fundamental en su excarcelación. "No cabe duda de que ser reconocido como preso de conciencia me ayudó", dijo.
"El apoyo de Amnistía Internacional y otras organizaciones, así como de los gobiernos de países extranjeros, ayudó a ejercer presión sobre las autoridades para que me dejaran en libertad."
Entre los miles de personas que actuaron en este caso se encontraban 92 jóvenes miembros de la Red de AU de AI Canadá, que enviaron a las autoridades de Turkmenistán llaves viejas junto con sus llamamientos, como un poderoso recordatorio de que la puerta de su celda debía ser abierta.
Sintiendo evidentemente la mirada del mundo vuelta hacia él, el 1 de abril de 2003 el presidente Niyazov anunció la excarcelación de Farid Tukhbatullin en la televisión turcomana. El día siguiente, menos de un mes después de haber sido condenado a tres años de prisión, Farid Tukhbatullin quedó en libertad. Antes de su excarcelación, lo obligaron a firmar una "confesión" en la que reconocía su "culpabilidad" por los delitos de los que se lo había acusado y prometía no dedicarse a ninguna "actividad ilegal" en el futuro. La "confesión" fue publicada por los diarios turcomanos el día en que quedó en libertad.
Una semana antes, el entonces presidente de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), había mencionado el caso durante una visita a Turkmenistán. Dos semanas después de la excarcelación de Farid Tukhbatullin, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU adoptó una resolución sobre el país, expresando su "profunda preocupación" por la situación de los derechos humanos, incluida "la persistencia de una política oficial basada en la represión de todas las actividades políticas", "la represión de los medios de comunicación independientes y la libertad de expresión" y las "restricciones al ejercicio de la libertad de pensamiento, conciencia y religión".
Obligado a exilarse
Cuando quedó en libertad, resultó claro que a Farid Tukhbatullin no le sería posible continuar con su trabajo de activista y ecologista a causa de las restricciones que le habían impuesto. Funcionarios del Ministerio de Seguridad le comunicaron que no le estaba permitido tener contacto con extranjeros ni salir del país. Además, un alto cargo del Ministerio para la Protección del Medio Ambiente se puso en contacto con varios grupos ecologistas y los instó a "excluir a Tukhbatullin de la comunidad ecologista". Farid Tukhbatullin explica: "Fui puesto en régimen de arresto domiciliario durante tres meses, y no pude encontrar trabajo. Finalmente me dieron permiso para visitar a mis familiares en Rusia. Las autoridades de Turkmenistán esperaban que regresase, pero nunca lo hice".
En la actualidad, Farid Tukhbatullin vive en Europa occidental, donde ha formado un grupo de defensa de los derechos humanos, Iniciativa Turcomana por los Derechos Humanos. Los nombres de los miembros del grupo y de otros contactos dentro de Turkmenistán deben mantenerse en secreto para protegerlos de represalias. "Vigilamos el sistema educativo, la libertad de asociación y la opresión de los grupos minoritarios nacionales", añade. Las autoridades llevan adelante una política de "turkmenización", y han cerrado las escuelas para las minorías rusa, uzbeca y kazaja. Los niños deben usar ropaje tradicional turcomano en las escuelas, y se han clausurado los periódicos publicados en las lenguas de otros grupos étnicos. El único que queda es un periódico de propiedad estatal que se publica en ruso."
Farid Tukhbatullin se dirige a los medios de comunicación en Moscú, bajo la mirada de su compañera en la defensa de los derechos humanos Irina Toustsik. ©AI
Acosan al hermano de Farid Tukhbatullin
En marzo de 2005 las autoridades turcomanas obligaron al hermano de Farid Tukhbatullin, Ruslan, a renunciar a su cargo de alto rango en el ejército turcomano a fin de ejercer presión sobre Farid Tukhbatullin para que éste abandonase su trabajo en favor de los derechos humanos. Según los informes recibidos, el Servicio Secreto había pedido la baja de Ruslan Tukhbatullin porque Farid "ataca demasiado a Turkmenistán". Es posible que Ruslan pierda su casa, que pertenece a las fuerzas armadas, y un funcionario del ejército ha dicho a Ruslan que "si lograse conseguir trabajo, sería fuera de esta región, en alguna aldea remota". Amnistía Internacional hace un llamamiento a las autoridades de Turkmenistán para que cesen de acosar a Ruslan Tukhbatullin y a otros familiares de disidentes, creyentes, periodistas y activistas de la sociedad civil (véase el caso de llamamiento EUR 61/004/2005, de mayo de 2005).
"¡Sigan adelante!"
Farid Tukhbatullin pone énfasis en la necesidad de ejercer presión constante sobre Turkmenistán para mejorar su historial en materia de derechos humanos. "Turkmenistán ha tomado formalmente algunas medidas para mejorar los derechos humanos a causa de la presión internacional, pero nada ha cambiado en realidad", dice Farid. Por ejemplo, como parte de un esfuerzo para contrarrestar la crítica internacional a su historial en materia de derechos humanos, las autoridades turcomanas anularon cierta legislación que declaraba ilegales las actividades de organizaciones no gubernamentales no registradas, pero operar abiertamente es todavía imposible para grupos independientes de la sociedad civil. A pesar de que las medidas que se han tomado son muy limitadas, ellas prueban que las autoridades turcomanas no son en absoluto inmunes a la presión internacional.
Farid Tukhbatullin también ha hecho campaña en favor de los cambios al compartir sus experiencias con el público en diferentes países. Recientemente ha finalizado una gira de oradores organizada por Amnistía Internacional como parte de su actual proyecto Defensores de los Derechos Humanos y Libertad de Expresión en Eurasia. Conjuntamente con otros dos defensores de los derechos humanos, Irina Toustsik, de Bielorrusia, y Shakhman Akbulatov, de la Federación Rusa, ha dado su testimonio personal sobre la vida en países donde a menudo los derechos fundamentales a la libertad de expresión y de asociación son ignorados. La gira los llevó a una serie de países, siendo los primeros Rusia y Ucrania. Los tres defensores de los derechos humanos participaron en acciones, reuniones y entrevistas con los medios de comunicación para hacer públicos los abusos contra los derechos humanos en sus países. Farid Tukhbatullin temía que su participación en la gira de oradores pudiera poner en peligro a su hermano Ruslan, pero parece que no ha habido repercusiones para su familia. "Quizás las autoridades tenían demasiado temor para actuar", agrega Farid.
Amnistía Internacional continuará su lucha en favor de los derechos de los defensores de los derechos humanos en la región euroasiática y lanzará una acción en su sitio web (www.amnesty.org) en octubre de 2005.
Farid Tukhballutin está decidido a continuar con su trabajo en favor de los derechos humanos. "No me puedo imaginar no haciendo lo que hago ahora –sostiene–. Arriesgué mucho en Turkmenistán, pero traicionaría mis ideales y a mis amigos que todavía están en el país si dejara de hacer este importante trabajo."
Quedó asombrado cuando supo que la Red de Acción Urgente tiene por lo menos 95.000 activistas. Cuando le preguntaron si quería enviar un mensaje a quienes habían tomado parte en la acción referida a su caso, dijo:
"Gracias por el trabajo que han hecho por mí y mi familia. El trabajo de ustedes ha dado resultado. Es importante en Turkmenistán y en todo el mundo. La AU fue un enorme estímulo para mí y para otros defensores de los derechos humanos de Turkmenistán. ¡Sigan adelante!"
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