Annual Report 2012
The state of the world's human rights

Document - Myanmar: Ethnic minorities - targets of repression

Índice AI: ASA 16/015/2001/s Servicio de Noticias 98/01

EMBARGADO HASTA LAS 17:00 HORAS GMT DEL 12 DE JUNIO DE 2001 Documento público


Myanmar: las minorías étnicas, blanco de la represión


Mientras la Conferencia Internacional del Trabajo se reúne en Ginebra, Amnistía Internacional ha publicado un nuevo informe que destaca el uso del trabajo forzado contra las minorías étnicas de Myanmar. Éstas siguen siendo blanco de la represión oficial y sufren una amplia gama de violaciones de derechos humanos, pero el abuso más común, dice el informe, es la imposición del trabajo forzado.


«Con frecuencia, las fuerzas armadas obligan a hombres, mujeres y niños pertenecientes a minorías étnicas a acarrear cargas pesadas en terreno difícil durante días o semanas, o a trabajar en proyectos de construcción como vías férreas, carreteras y represas. Centenares de personas han muerto como consecuencia del agotamiento o de las palizas que les han infligido.»


Recientemente, el gobierno myanmaro ha prometido su apoyo a una delegación de la Organización Internacional del Trabajo que se propone visitar el país en septiembre para investigar la cuestión del trabajo forzado en Myanmar. Amnistía Internacional ha instado al órgano de gobierno —el Consejo de Estado para la Paz y el Desarrollo— a que garantice el acceso libre y pleno de los delegados de la Organización Internacional del Trabajo y la protección de todas las personas que se entrevisten con ellos.


En octubre del año pasado, el Consejo de Estado para la Paz y el Desarrollo aprobó una ley que prohíbe el uso del trabajo forzado. Sin embargo, en febrero de 2001, cuando se entrevistó en Tailandia con refugiados pertenecientes a minorías étnicas, Amnistía Internacional comprobó que la práctica no se había abandonado.


«El Consejo de Estado para la Paz y el Desarrollo debe demostrar que posee la voluntad política de aplicar esta ley. Mientras se permita el uso del trabajo forzado, millares de víctimas desesperadas continuarán huyendo a Tailandia.»


Un refugiado de la etnia mon al que obligaron a realizar trabajos forzados en varias ocasiones dijo a Amnistía Internacional: «A mí no me pegaron, pero a mi abuelo, sí. Tenía 68 años. Cayó al suelo, exhausto, y los soldados le dieron patadas con sus botas y le pegaron con culatas de rifle. Se llamaba U Ba Si. Me dio tanta tristeza ver cómo le pegaban. Les rogué a los soldados que me permitieran acarrear parte de su carga, pero me dijeron que no. Murió tres días después de de volver de la expedición».


Las minorías étnicas myanmaras, que representan un tercio de la población del país, están especialmente expuestas en las llamadas zonas «negras» o «grises» donde los grupos armados de oposición combaten contra las fuerzas militares regulares (tatmadaw). La gran mayoría de las víctimas en las zonas de conflicto son agricultores que cultivan arroz en pequeñas parcelas para su propia subsistencia.


«Las patrullas del ejército se llevan a los campesinos para obligarlos a realizar trabajos forzados, les roban el ganado, el arroz, el dinero y las posesiones personales; a veces, incluso, los torturan o hasta los matan por sus supeustos vínculos con la oposición armada», señala el informe.


Una budista de 49 años dijo a Amnistía Internacional que había pasado varios meses en la selva cuando los tatmadaw llegaron a su pueblo y le robaron todas sus pertenencias. A mediados del año 2000, esta mujer presenció la muerte de su sobrina de 15 años, Naw Po, asesinada con un tiro en la cabeza por las tropas que descubrieron su escondite. En septiembre del 2000, las tropas dispararon contra la choza de su sobrino, Maw Tu, viudo y padre de tres hijos, dándole muerte, y secuestraron a los niños.


El informe refiere observaciones y preocupaciones acerca de la situación de las minorías étnicas que residen en algunas zonas de los estados de Mon, Shan y Kayin, así como en las divisiones de Tanintharyi y Bago. La información recogida se basa en entrevistas mantenidas en Tailandia con refugiados que abandonaron sus hogares debido a la imposición de trabajos forzados e impuestos arbitrarios, a las torturas y los malos tratos infligidos durante el trabajo como porteadores y a las ejecuciones extrajudiciales de que han sido víctimas sus amigos y familiares.


Aunque la situación de los derechos humanos en Myanmar sigue siendo grave, algunos acontecimientos recientes resultan alentadores. En especial, Amnistía Internacional acoge con satisfacción la reciente visita al país del enviado especial del secretario general de la ONU, embajador Razali.





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