Document - Russian Federation: Statement by Derek Evans, Deputy Secretary General, Amnesty International, Saint Petersberg, 25 May 98
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Declaración de Derek Evans
Secretario general adjunto de
Amnistía Internacional
San Petersburgo, 25 de mayo de 1998
Es uno de los presos de conciencia más inverosímiles que imaginarse pueda: un capitán de navío jubilado de 46 años. Y sin embargo, Aleksandr Nikitin es el protagonista de uno de los casos penales más polémicos de Rusia desde que se produjo la desintegración de la Unión Soviética. Puede ser condenado hasta a veinte años de cárcel por lo que las autoridades rusas han calificado de acto de traición, y Amnistía Internacional y el movimiento internacional de derechos humanos consideran su derecho a la libertad de expresión.
A Aleksandr Nikitin lo ha convertido en víctima su propia conciencia como ser humano. A través de su actividad profesional de escritor especializado en temas medioambientales, también ha sucumbido víctima de acusaciones no probadas efectuadas por un Servicio de Seguridad Federal que parece más preocupado por encerrarlo en la cárcel que por encontrar la verdad a través de un procedimiento judicial con garantías.
El caso de Nikitin recuerda en muchos aspectos a los tiempos de la Unión Soviética. Al acusarlo sin pruebas ─tanto durante la investigación como en los medios de comunicación públicos─, al impedirle preparar una defensa adecuada, el Servicio de Seguridad Federal ha minado sus derechos, garantizados por la Declaración Universal de Derechos Humanos.
«Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial», reza el artículo 10 de la Declaración. Y el artículo 19 garantiza: «Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión».
Aleksandr Nikitin está siendo procesado con el pretexto de proteger secretos de Estado. No obstante, un examen cuidadoso y exhaustivo de su caso, y de los aspectos pertinentes de la legislación rusa e internacional, ha llevado a Amnistía Internacional a concluir que los textos escritos por él no constituyen ninguna amenaza para la seguridad nacional de Rusia y en ningún caso justifican una restricción de su derecho a la libertad de expresión.
Es más, la Ley Federal Rusa de Secretos de Estado afirma claramente que ninguna información sobre las condiciones del medio ambiente o sobre incidentes extraordinarios que pongan en peligro la vida y la salud humanas puede clasificarse como secreto de Estado. La Ley Federal sobre Información contiene disposiciones similares.
Estas disposiciones reflejan la conciencia de que la falta de apertura durante el periodo soviético fue uno de los principales factores que llevó a la desastrosa degradación del medio ambiente en Rusia, y de que nunca se debe volver a permitir que esto ocurra.
Aunque Amnistía Internacional reconoce el derecho de los Estados a restringir la libertad de expresión cuando así lo requiere la protección de ciertos intereses legítimos de la seguridad nacional, creemos que este derecho está sujeto a limitaciones estrictas. Estas limitaciones aparecen en las leyes internacionales sobre libertad de expresión, pero también en las nacionales.
Al incluir en sus textos sólo los detalles de los submarinos nucleares absolutamente imprescindibles para comprender claramente los peligros para el medio ambiente y la vida humana, Aleksandr Nikitin no ha violado la legislación rusa sobre secretos de Estado. De ser declarado culpable, podría iniciarse una cadena de acciones judiciales arbitrarias contra personas inocentes por parte del Servicio de Seguridad Federal.
Esto es lo que hace del caso de Aleksandr Nikitin un caso crucial, y es una de las razones por las que Amnistía Internacional ha decidido destacarlo como parte de su campaña mundial para aumentar la concienciación sobre la importancia de la Declaración Universal de Derechos Humanos. A Aleksandr Nikitin se le han negado derechos que el mundo ha declarado que nunca deben violarse. Ha pasado once meses en la cárcel por querer alertar a los habitantes de Rusia y a los de Europa sobre los peligros que amenazan su vida.
Si es condenado, Aleksandr Nikitin perderá veinte años de su vida y veinte años de la vida de su hija. En su nombre, y en el de muchos otros que actualmente soportan injusticias en la Federación Rusa, Amnistía Internacional ha solicitado a sus miembros de todo el mundo que escriban al presidente Boris Yeltsin pidiéndole que se retiren todos los cargos penales contra él. Nikitin no ha cometido ningún delito al ejercer pacíficamente su derecho a la libertad de expresión.
Hace cincuenta años, el mundo dijo «nunca más» a las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial y declaró que todos los seres humanos, independientemente de dónde vivan y quiénes sean, tienen derechos que deben ser respetados en todas las circunstancias. Estos derechos quedaron formulados en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Hoy, en nombre de Aleksandr Nikitin y del resto de los defensores de los derechos humanos de la Federación Rusa ─en nombre de la libertad de expresión en Rusia─ Amnistía Internacional pide al pueblo ruso que también diga «nunca más».