Annual Report 2012
The state of the world's human rights

Document - Egypt: Human rights abuses by armed groups


EGIPTO

Abusos de derechos humanos cometidos por grupos armados




ÍNDICE


INFORMACIÓN GENERAL 1


LA MATANZA DE LUXOR: CULMINACIÓN DE CINCO AÑOS DE GUERRA CONTRA

LOS TURISTAS Y LA INDUSTRIA TURÍSTICA 3


CRISTIANOS COPTOS 6


INTELECTUALES 9


CIVILES MUERTOS EN ENFRENTAMIENTOS 11


ÚLTIMOS ACONTECIMIENTOS 11



INFORMACIÓN GENERAL


La violencia política ha sido en los últimos años una de las características principales de la vida egipcia. Desde comienzos de 1992, el ciclo de violencia en que se han visto sumidas las fuerzas de seguridad contra los grupos armados islámicos, especialmente en el Alto Nilo, se ha saldado con al menos 1.300 personas muertas. Entre las víctimas ha habido civiles, pero también miembros de los grupos armados e integrantes de las fuerzas de seguridad. Durante ese tiempo, los grupos armados han sido responsables de tres intentos de asesinato contra sendos altos cargos gubernamentales: el ministro de Información, Safwat al-Sharif, en marzo de 1993, el ex ministro de Interior, Hassan al-Alfi, en agosto de 1993, y el primer ministro, doctor ‘Atef Sidqi, en noviembre de 1993, así como el intento de acabar con la vida del presidente Mubarak en Addis Abeba, Etiopía, en junio de 1995. Otras autoridades víctima de estos grupos han sido altos cargos del Departamento de Información y Seguridad del Estado. Entre ellos figura su director adjunto, Ra’uf Khayrat, que fue asesinado en abril de 1994 en El Cairo. En nombre de la lucha contra el «terrorismo» las fuerzas de seguridad, por su parte, han cometido graves violaciones de derechos humanos. Durante muchos años, Amnistía Internacional ha publicado numerosos informes en los que se detallaban estas violaciones y ha instado al gobierno, al que hace responsable de ellas, a que les pusiera fin(1).


En Egipto hay varios grupos y movimientos islámicos que varían considerablemente en sus objetivos, organización y fuerza. Algunos, como la Hermandad Musulmana, fundada en 1928, tienden a recabar sus apoyos de entre las clases medias y profesionales, y en la actualidad propugnan un programa de condena del uso del «terrorismo» o de la «violencia». Otros, por el contrario, radicados fundamentalmente en las áreas rurales y que recaban sus apoyos de entre los jóvenes, recurren claramente a la violencia, con actos como el homicidio de civiles, para lograr sus fines.

Los dos principales grupos islámicos que hacen uso de la violencia en el país, y de los que nos ocupamos en este informe, son Guerra Santa (al-Gihad) y el Grupo Islámico (al-Gama‘a al-Islamiya), que aparecieron en la escena egipcia a fines de los años setenta y principios de los ochenta, respectivamente. El grupo Guerra Santa lo constituyeron a fines de la década de los setenta un grupo de jóvenes activistas islámicos, principalmente estudiantes de la Universidad de Asyut, en el Alto Egipto. Unos años después, en 1981, el mismo grupo se responsabilizó del asesinato del presidente Anwar al-Sadat, según los informes, a causa de su visita a Jerusalén en 1977 y por haber firmado el tratado de paz con Israel. Se detuvo y torturó entonces a centenares de activistas islámicos y, algunos de ellos, entre los que había destacados miembros de Guerra Santa, fueron juzgados y sentenciados a prolongadas penas de presidio. En 1983 empezó a aparecer por primera vez el nombre de Grupo Islámico en declaraciones y publicaciones clandestinas. Según parece, el dirigente espiritual del grupo es ‘Omar ‘Abd al-Rahman, que en la actualidad cumple una condena de cadena perpetua en Estados Unidos(2). Este grupo cuenta con un sector político y una rama militar.

Ambos grupos luchan por la creación de un Estado islámico fundamentado en la Sharía, o ley islámica, y han recurrido para ello a la violencia como medio de conseguir sus fines. Guerra Santa es el menor de los dos y sus actividades se concentran principalmente en la capital, si bien su primera actuación tuvo lugar en Asyut. Sus objetivos han sido altos cargos gubernamentales y autoridades militares, incluidos los tres intentos de asesinato de sendos ministros en 1993 citados anteriormente. El Grupo Islámico lleva a cabo su actividad principalmente en el Alto Egipto, sus seguidores son jóvenes, frecuentemente con educación universitaria, y procedentes en su mayor parte de zonas rurales pobres, especialmente del Alto Egipto y de El Cairo. Sus objetivos han sido cristianos coptos, turistas, policías y agentes del Departamento de Información y Seguridad del Estado. Este grupo ha sido responsable de graves abusos de derechos humanos que han sido motivo de preocupación para Amnistía Internacional con respecto a Egipto durante los últimos años. Se ha dado muerte de forma deliberada a decenas de civiles, entre ellos cristianos coptos y turistas extranjeros, en situaciones en las que las víctimas, desarmadas, fueron aparentemente objetivo de tales actos por sus creencias religiosas, supuestas o reales, o por su país de origen.


El 2 de septiembre de 1990, el doctor ‘Ala’ Mohy al-Din ‘Ashour, portavoz del Grupo Islámico, fue abatido en una calle de El Cairo por unos hombres que, según los informes, viajaban en un automóvil sin identificación alguna. Fueron generalizadas las denuncias de que podría haber sido ejecutado extrajudicialmente por agentes de seguridad que actuaron vestidos de civil. Como represalia, el 12 de octubre de ese mismo año presuntos miembros del Grupo Islámico mataron a tiros en El Cairo al presidente de la Asamblea Popular (Parlamento), el doctor Rif’at al-Mahgoub, y a cinco guardias. Inmediatamente fueron arrestados millares de activistas islámicos. Los arrestos masivos de presuntos miembros o simpatizantes de grupos islámicos armados, y especialmente del Grupo Islámico y de Guerra Santa, se prolongaron a lo largo de 1991 y 1992. Los arrestos se practicaron principalmente en distritos pobres y densamente poblados de El Cairo como ‘Ain al-Shams e Imbaba, y en el Alto Egipto, especialmente en las jurisdicciones gubernamentales de Asyut y Minya. A la mayoría de los arrestados se los puso en libertad a los pocos meses de detención sin que en su contra se hubieran presentado cargos y sin haber sido sometidos a juicio. Los demás siguieron recluidos sin cargos ni juicio en régimen de detención administrativa o fueron juzgados ante el Tribunal Supremo de Seguridad del Estado (para estado de excepción) y, desde fines de 1992, ante tribunales militares, cuyos procedimientos distan mucho de cumplir las normas internacionales sobre justicia procesal. Contra los detenidos que eran activistas islámicos se ha utilizado la tortura de forma sistemática. Algunos de ellos han denunciado públicamente que ha sido el modo «brutal» con que las fuerzas de seguridad han tratado a los miembros de estos grupos lo que ha propiciado la violencia política en el país.


Muchos de los homicidios y otros actos de violencia cometidos por el Grupo Islámico se reivindican en declaraciones que se remiten a periódicos nacionales y agencias internacionales de noticias. En algunos casos, los líderes del grupo radicados en el exterior han declarado que ciertos actos de violencia fueron perpetrados por miembros del Grupo Islámico que actuaban por su cuenta y sin contar con la aprobación de la dirección. Según han explicado, los responsables de esos actos carecían de comunicación con sus dirigentes, que, o estaban encarcelados, o se encontraban en el extranjero. El Grupo Islámico perpetró en 1997 dos de las peores matanzas que se recuerdan en el país. Desde la matanza de Luxor en noviembre de 1997 no se han cometido otras de esa magnitud. Se siguen practicando arrestos de sus miembros; algunos de sus dirigentes siguen encarcelados y otros en el exilio. Millares de miembros y simpatizantes de los dos grupos han sido encarcelados sin que en su contra se presentaran cargos y sin ser sometidos a juicio, algunos por periodos de hasta ocho años. Otros cumplen prolongadas penas de prisión impuestas tras ser sometidos a juicios celebrados sin las debidas garantías ante tribunales de excepción. Desde que el presidente Mubarak empezó a cursar en octubre de 1992 decretos especiales para que se remitiera a civiles, todos ellos presuntos activistas islámicos, ante tribunales militares para que fueran juzgados ante ellos, se han dictado 85 sentencias de muerte y se han ejecutado (hasta agosto de 1998) 64.


En julio de 1997, un tribunal militar juzgaba a un grupo de activistas islámicos. En una de las sesiones de ese juicio(3), uno de los procesados leyó una declaración redactada por cinco dirigentes del Grupo Islámico (Karam Zuhdi, Nagih Ibrahim, ‘Abbud al-Zumr, Hamdi ‘Abd al-Rahman y Fu’ad al-Dawalibi), que por entonces se encontraban cumpliendo penas de cárcel en la Penitenciaría de Tora. En la declaración se pedía que cesaran los actos de violencia por parte del Grupo Islámico. A pesar de que, según parece, el llamamiento suscitó disputas en la dirección del grupo, se respetó en mayor o menor grado hasta el 17 de noviembre de 1997, cuando se tuvo noticia de la peor matanza de turistas extranjeros perpetrada en Egipto.


LA MATANZA DE LUXOR: CULMINACIÓN DE CINCO AÑOS DE GUERRA CONTRA LOS TURISTAS Y LA INDUSTRIA TURÍSTICA


El turismo es una importantísima fuente de ingresos para Egipto. Centenares de miles de egipcios dependen de esta industria para su sustento. A principios de 1992, poco después del comienzo de la violencia política, el Grupo Islámico, reconociendo su importancia para el gobierno, decidió tomarla como objetivo. A lo largo de los cinco años siguientes, el Grupo Islámico emboscó y atacó autobuses, buques de crucero del Nilo y trenes de pasajeros con turistas extranjeros. En esas acciones resultaron muertos decenas de turistas y otros muchos heridos. La mayoría de estos ataques se perpetraron al sur de Egipto, especialmente en El Cairo y en la jurisdicción gubernamental de Qena, donde se encuentran algunos de los templos y tumbas faraónicos más famosos del país. En septiembre de 1992, el Grupo Islámico empezó a hacer declaraciones públicas en las que se advertía a los extranjeros de que no visitaran Egipto y donde se manifestaba que serían el objetivo de sus ataques hasta que el gobierno accediera a liberar a sus miembros detenidos o encarcelados, a poner fin a la tortura de los detenidos y a la práctica de detener a familiares cuando la policía no podía aprehender a los sospechosos.


Poco después de la aparición de esas declaraciones, el Grupo Islámico perpetró el primero de sus ataques contra turistas extranjeros. El 1 de octubre de 1992, unos pistoleros del grupo tirotearon en las proximidades de Asyut a un barco en pleno crucero del Nilo en el que viajaban más de un centenar de turistas alemanes. En el suceso resultaron heridos tres tripulantes y no hubo muertos. El primer extranjero muerto fue un turista británico, Sharon Hill, de 28 años de edad. Otros dos, David Wilson y Michael Smith, resultaron heridos cuando el minibús en que viajaban junto con otros tres turistas británicos fue atacado por unos hombres armados, que se cree que eran miembros del Grupo Islámico. El ataque se produjo en las inmediaciones de la localidad de Dayrut el 21 de octubre de 1992.


Desde octubre de 1992 hasta enero de 1996 se han perpetrado al menos 30 ataques contra autobuses, trenes y cruceros con turistas. Durante ese periodo resultaron muertos en torno a 12 turistas y heridos otros muchos, además de trabajadores egipcios. El primer ataque perpetrado lo fue en El Cairo el 7 de enero de 1993: un hombre armado, según los informes perteneciente al Grupo Islámico, arrojó una bomba a un autobús repleto de turistas. Afortunadamente nadie resultó herido.


En la mayoría de los casos, cuando el Grupo Islámico se ha atribuido la responsabilidad de un homicidio o de otros atentados, ha hecho públicas declaraciones en las que reivindicaba el acto concreto añadiendo que se había perpetrado como represalia por la sentencia de uno de sus miembros por parte de un tribunal militar, o por su ejecución. El 24 de febrero de 1994, por ejemplo, el grupo publicó una declaración en la que se atribuía la responsabilidad de un ataque armado contra un tren de turistas en las proximidades de Abu-Tig, en el territorio de jurisdicción gubernamental de Asyut. En la declaración se especificaba que el ataque era en represalia contra las sentencias de muerte dictadas en un juicio celebrado a puerta cerrada por un tribunal militar en el cuartel del ejército de Sidi Barrani. Las sentencias se habían impuesto a tres miembros del Grupo Islámico que al parecer pertenecían a las fuerzas armadas egipcias(4).La declaración añadía que el ataque era también «parte de la política del Grupo Islámico contra la industria turística del país... por lo que los turistas deben abandonar Egipto...»


Desde abril de 1996 hasta noviembre de 1997 se perpetraron tres matanzas de turistas que dejaron 84 muertos y otros muchos heridos. Las primeras dos matanzas tuvieron lugar en El Cairo y la tercera, la más reciente hasta la fecha, en Luxor. El 18 de abril de 1996, cuatro miembros armados del Grupo Islámico dieron muerte de forma deliberada a 18 turistas griegos a las puertas de un hotel en El Cairo. Otras 14 personas, entre ellas un egipcio, resultaron heridas. Los 18 muertos formaban parte de un grupo de unos 150 turistas griegos que esperaban a las puertas del hotel o en sus inmediaciones en Giza, cerca de las pirámides, a un autobús que los iba a llevar a Alejandría. Los turistas realizaban una visita de Semana Santa a algunas iglesias y otros lugares religiosos del Medio Oriente. Previamente habían visitado Israel y habían llegado a El Cairo el 16 de abril de 1996. Los cuatro hombres armados, según los informes, salieron de una furgoneta y abrieron fuego contra el grupo durante varios minutos. Después, se volvieron a meter en la furgoneta, en la que se dieron a la fuga. Tras la matanza, el Grupo Islámico hizo pública una declaración en la que se hacía responsable de los hechos y añadía que había creído que los turistas eran ciudadanos israelíes y que el ataque se había llevado a cabo como represalia contra los ataques de Israel contra el Sur del Líbano. Según parece, las fuerzas de seguridad dieron muerte con posterioridad en el Alto Egipto a los cuatro hombres armados que habían perpetrado el ataque.


La segunda matanza, que tuvo lugar el 18 de septiembre de 1997 y que se saldó con 10 civiles muertos en El Cairo, parece que fue perpetrada por dos activistas islámicos que, según los informes, no estaban vinculados al Grupo Islámico, si bien se sospechó cómplice de los hechos a este grupo(5).


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El templo de Hatshepsut, lugar de la matanza de turistas el 17 de noviembre de 1997.


La más sangrienta matanza de civiles en Egipto en los últimos años ha sido la perpetrada en Luxor, el 17 de noviembre de 1997. Ese día, en torno a las 9 de la mañana, 58 turistas extranjeros y cuatro egipcios fueron muertos en el transcurso de un ataque armado en un lugar histórico próximo a Luxor. Las fuerzas de seguridad mataron después tras un tiroteo a los seis pistoleros que perpetraron el atentado. Según los informes, habían secuestrado un taxi y obligado a su conductor a llevarlos al templo faraónico de la Reina Hatshepsut. Una vez en la entrada del templo, mataron a dos policías y a dos guardias locales. Testigos presenciales y supervivientes de la matanza informaron que los pistoleros vestían uniformes policiales. Según los informes, los seis entraron en el templo y empezaron a disparar contra la multitud de turistas. Según parece, la matanza se prolongó durante aproximadamente una hora. A los heridos los remataron degollándolos. Entre las víctimas figuraban 35 suizos, seis británicos, cuatro alemanes, un francés, un búlgaro y un colombiano. Los pistoleros obligaron después al conductor del autobús de la gira turística a llevarlos a las colinas próximas, por donde la policía los persiguió y se produjo un intenso tiroteo. Según los informes, uno de los atacantes, que había sido herido por la policía y que perdió el conocimiento, fue muerto por sus propios compañeros. La policía atrapó y mató al resto.


Tras la matanza, el Grupo Islámico hizo público un comunicado (fechado el 18 de noviembre de 1997) en el que se atribuía la responsabilidad de la matanza e instaba a los turistas extranjeros a que no viajasen a Egipto. En la declaración se añadía que los ataques armados del Grupo Islámico se prolongarían hasta que se cumplieran sus exigencias, entre ellas la instauración de la ley islámica, la interrupción total de las relaciones diplomáticas con Israel, el regreso a Egipto del dirigente espiritual del Grupo, Sheikh ‘Omar ‘Abd al-Rahman, la liberación de los detenidos islámicos y el fin de los juicios ante tribunales militares. Pocos días después, en una segunda declaración, se expresaban disculpas por la matanza y se aseguraba que el Grupo Islámico dejaría de tener como objetivo a la industria turística. Esta declaración la hizo pública un miembro del Consejo Consultivo del sector político del Grupo Islámico, que reside en Europa occidental. Sin embargo, el 9 de diciembre de 1997, una tercera declaración del Grupo Islámico negaba que la anterior hubiera sido publicada por ellos. Esto es un claro indicio de que la dirección del grupo fuera de Egipto, varios de cuyos integrantes parecen encontrarse en Europa y otros, según los informes, en Afganistán, se encontraba dividida en lo que respecta al homicidio de turistas y la continuación del recurso de la violencia en general.


CRISTIANOS COPTOS


Miembros del Grupo Islámico han matado deliberada y arbitrariamente entre mayo de 1992 y fines de 1997 a decenas de cristianos coptos. La mayoría de los homicidios se cometieron en las jurisdicciones gubernamentales de Minya, Asyut y Qena, todas ellas en el Alto Egipto. Entre los que fueron víctima de estos homicidio figuran médicos, farmacéuticos, campesinos, tenderos y propietarios de joyerías. En numerosas ocasiones, los activistas islámicos armados atacaron las tiendas de joyería, mataron a los propietarios y robaron el oro. En ciertos casos, hombres armados han llevado a cabo ataques también contra iglesias. Según los informes, entre los muertos había personas que fueron seleccionadas por su religión. Se cree que algunos miembros del Grupo Islámico justifican el homicidio de cristianos, el atacar sus tiendas, robar sus propiedades e incendiar sus iglesias recurriendo al concepto de al-istihlal, es decir, que los tenían por «infieles», por lo que se consideraban legitimados para darles muerte. En algunos casos, miembros del Grupo Islámico han acusado a los cristianos coptos de haber colaborado con las fuerzas de seguridad, por ejemplo mediante la revelación de la identidad y paradero de miembros del Grupo en pueblos del Alto Egipto.


La matanza de 13 cristianos coptos de la misma familia de la localidad de Sanabu, próxima a Dayrut (jurisdicción gubernamental de Asyut), perpetrada el 5 de mayo de 1992 por activistas islámicos armados se considera el suceso clave que desencadenó la oleada de violencia política en el país(6). El 20 de mayo de 1992, el Grupo Islámico hico pública una declaración en la que afirmaba que la matanza de esas 13 personas había sido un acto de venganza del Grupo por el homicidio de dos activistas islámicos, dos meses antes, a manos de miembros de la misma familia de cristianos coptos. En la declaración se incluía una advertencia a las fuerzas de seguridad que, según el Grupo Islámico, habían dado muerte a dos de sus miembros, uno en Dayrut y el otro en al-Qawsiya, también en la jurisdicción gubernamental de Asyut, unos días antes de la matanza de los 13 cristianos coptos. En la declaración también se afirmaba que todo ataque ulterior contra activistas islámicos por parte de las fuerzas de seguridad tendría como consecuencia la violenta reacción del Grupo Islámico «contra la persona que dé la orden y contra su ejecutor».


Fawzi Bishri Mikhael, médico cristiano de 40 años de edad, fue asesinado por unos pistoleros el 22 de julio de 1993 cuando se dirigía a su consulta en el Hospital Central de Manfalout, al sur de El Cairo. El 5 de agosto de 1993, Philip al-Qummus Basilius, farmacéutico de 36 años de edad, fue asesinado por hombres armados en su oficina de farmacia en Dayrut. En ambos casos, el Grupo Islámico se atribuyó la responsabilidad de las muertes.


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Interior de la Iglesia de San Jorge, en la que 10 cristianos coptos fueron muertos el 12 de febrero de 1997.


La matanza más reciente de cristianos coptos tuvo lugar el 12 de febrero de 1997 cuando, en la ciudad de Abu Qerqas, próxima a Minya, en el Alto Egipto, cinco hombres armados y enmascarados que se cree que pertenecían al Grupo Islámico irrumpieron a última hora de la tarde en la Iglesia de San Jorge y abrieron fuego contra 30 jóvenes cristianos coptos que allí asistían a un acto religioso semanal. Nueve murieron en el acto. Los hermanos ‘Adel Mikhael ‘Abd al-Mallak, de 26 años de edad, y Milad Mikhael ‘Abd al-Mallak, de 25, figuraban entre los muertos, junto con Ulfat Boutros Shaker, de 17 años de edad. Ayman Redha Girgis, estudiante de medicina de 21 años de edad, fue la décima persona que murió. El fallecimiento ocurrió en el hospital, donde murió a causa de las heridas de bala. Era la primera vez que se perpetraba un ataque armado en el interior de un templo desde 1992. Según parece, la edad de los cinco asaltantes oscilaría entre los 26 y los 29 años, y procederían de la propia localidad de Abu Qerqas. El 15 de febrero de 1997, la policía egipcia dio a conocer la identidad de los cinco sospechosos y formuló un llamamiento a la población para que proporcionara información sobre su paradero. Dos días después de la matanza, el Grupo Islámico hizo pública una declaración redactada en términos muy ambiguos en la que, por un lado, negaba toda responsabilidad sobre el acto, pero, por el otro, reconocía la posibilidad de que algunos de sus miembros, aislados de la dirección, pudieran haber perpetrado el ataque. En la declaración se decía: «En situaciones como esta es lógico que se produzcan excesos». Al finan se añadía que tampoco se descartaba la participación en el ataque de fuerzas gubernamentales o «elementos sionistas».


En los últimos años, Amnistía Internacional también ha recibido informes según los cuales algunos cristianos coptos, mayormente en los pueblos de las jurisdicciones gubernamentales de Minya y Asyut, han sido objeto de amenazas por parte de activistas islámicos armados que se cree pertenecían al Grupo Islámico. En las amenazas se les decía que si no les proporcionaban dinero los matarían. Según los informes, algunos de los amenazados pagaron el dinero y no se los volvió a molestar. Otros, sin embargo, se negaron y tuvieron que mudarse a otros pueblos o ciudades. En algunos casos, al descubrir las fuerzas de seguridad que unos cuantos cristianos coptos presuntamente estaban pagando sumas de dinero a miembros del Grupo Islámico, los arrestaron y los tuvieron detenidos sin cargos ni juicio durante varios meses, al parecer fundándose en que estaban proporcionando ayuda económica al Grupo. Según parece, la mayoría quedó en libertad a principios de 1998. Uno de los que se negó a pagar, Kenz Sa’eed Kenz, se mudó con su familia en 1995 desde el pueblo de Bani ‘Ubeid, próximo a Abu Qerqas, en la jurisdicción gubernamental de Minya, a El Cairo. Kenz Sa’eed Kenz contó lo siguiente a Amnistía Internacional:


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La tienda y la casa cerradas de Kenz Sa’eed Kenz, quien se vio obligado a abandonar la zona tras las amenazas de que fue objeto por parte de grupos armados.


Las amenazas del Grupo Islámico contra mi familia comenzaron a mediados del mes de junio de 1995. Miembros de ese grupo comenzaron a enviarnos cartas en las que nos pedían dinero, pero nos negamos a pagar. Nos enviaron varias cartas. En un principio, en la primera carta, mencionaban la cantidad de 10.000 libras egipcias; al negarnos a pagar, nos enviaron otra en la que nos aumentaron la cifra a 15.000, pero también nos negamos. Nos pusimos en contacto con las fuerzas de seguridad. Los agentes del Departamento de Información y Seguridad del Estado dijeron al principio que debíamos simular que teníamos la intención de pagar, es decir, preparar el dinero y concertar una cita con el Grupo Islámico, para que luego aparecieran en el lugar del encuentro las fuerzas de seguridad y así arrestar a los responsables. Nosotros nos negamos porque existía el peligro de que se produjera un tiroteo y alguien pudiera resultar muerto. Después nos pusimos en contacto con un sacerdote, quien a su vez habló con el Papa Shenouda. Éste, más tarde, habló con la jefatura del Departamento de Información y Seguridad del Estado en El Cairo, que cursó orden a su sección en Abu Qerqas de que nos fuéramos del pueblo porque estábamos en peligro, concretamente porque nos habíamos negado a pagar. Fueron incapaces de protegernos. Dejamos nuestra casa y nuestra tienda, nos llevamos lo que pudimos y nos marchamos de Bani ‘Ubeid. En un principio estuvimos con unos familiares en Minya. Quisimos vender la casa y la tienda, pero el Grupo Islámico amenazó a los posibles compradores. Las amenazas escritas (las cartas) normalmente las llevaban a la tienda dos hombres y otros dos se quedaban en la puerta para vigilar la situación. Hasta junio de 1995 habían visitado la tienda en tres ocasiones. Tres meses después (en septiembre) regresamos al pueblo al saber que las fuerzas de seguridad habían matado a cuatro de los terroristas que nos habían amenazado. Llegamos a conocer los nombres completos de los cuatro: dos de ellos eran de nuestro pueblo. De todos modos, antes de regresar, nos pusimos en contacto con las fuerzas de seguridad de Bani ‘Ubeid y nos dijeron que ya podíamos volver porque habían matado a los «terroristas». Nos quedamos en Bani ‘Ubeid durante un mes, pero en realidad no llegamos a trabajar, pues la mayor parte del tiempo la pasamos encerrados en casa. Un mes después recibimos otra amenaza por escrito en la que se nos decía que o pagábamos o nos mataban. De nuevo nos pusimos en contacto con las fuerzas de seguridad y nos dijeron que, una vez más, debíamos abandonar el pueblo porque no se responsabilizarían de lo que nos pudiera pasar. Abandonamos de inmediato el pueblo y nos fuimos a El Cairo. Mi hermano Ibrahim enseñaba en Abu Qerqas y teníamos también una joyería en esa localidad. Tanto la tienda como esta joyería han permanecido cerradas desde mediados de 1995. Hubo alguien que quiso comprar la casa, pero el Grupo Islámico lo amenazó y no llegó a adquirirla.


Issam Zaki Milek, natural de Bani ‘Ubeid, se marchó de su pueblo en noviembre de 1996 y se trasladó a El Cairo. Según parece, las amenazas contra él comenzaron en junio de 1995. A fines de diciembre de 1995, presuntos miembros del Grupo Islámico informaron a uno de sus empleados que querían que su patrón les pagara 3.000 libras egipcias. Él se negó y pocos días después agentes del Departamento de Información y Seguridad del Estado se personaron en su domicilio y se lo llevaron, según los informes argumentando que había estado ayudando económicamente a los activistas islámicos. Se lo llevaron a una comisaría de policía de Abu Qerqas y posteriormente a dependencias del Departamento de Información en Minya, donde lo interrogaron sobre sus presuntos vínculos con el Grupo Islámico. Lo tuvieron recluido durante tres días y quedó en libertad el 3 de enero de 1996. Posteriormente, Issam Zaki Milek relató a Amnistía Internacional el motivo por el que sobre él habían recaído sospechas de colaboración: unos días antes del incidente, nueve activistas islámicos armados habían sido abatidos a disparos en un tiroteo con fuerzas del Departamento de Información y Seguridad del Estado en un pequeño pueblo llamado Balansura, a unos seis kilómetros de distancia del suyo. Según parece, en las ropas de uno de ellos encontraron una carta en la que había una relación de unos 50 nombres de personas a las que el Grupo Islámico exigía dinero. En la lista aparecían su nombre y el de su hermano. ‘Issam Zaki Milek vio la carta en las dependencias del Departamento de Información en Minya. Según la información disponible, los nombres citados en la lista eran de personas de las localidades de Bani ‘Ubeid y Abu Qerqas, y todos ellos eran cristianos coptos.


El 12 de enero de 1996, tres hombres armados, presuntos miembros del Grupo Islámico, mataron a ‘Izzet Ishaq Zaki, de 29 años de edad y sobrino de ‘Issam Zaki Milek, en las tierras de su padre. El homicidio parece que fue en represalia por la negativa de su tío a pagar la suma que le requerían. Redha Ishaq Zaki, de 23 años y hermano de ‘Izzet, se encontraba con él y resultó herido.


Unas semanas antes de decidir ‘Issam Zaki Milek mudarse a El Cairo, activistas islámicos armados, presuntos miembros del Grupo Islámico, mataron a dos trabajadores agrícolas de sus tierras en Bani ‘Ubeid, Zakher Youssef Zakher, de 41 años, y su hijo Sa’eed Zakher Youssef, de 22.


Desde que se trasladó a El Cairo, siempre que ‘Issam Zaki Milek desea visitar a alguno de sus familiares en Minya tiene primero que ponerse en contacto con el Departamento de Información y Seguridad del Estado. No va directamente a los pueblos donde residen porque teme por su seguridad. Según los informes, el Departamento de Información le ofreció un arma, pero él la rechazó.


INTELECTUALES


Tanto Guerra Santa como el Grupo Islámico se han fijado como objetivo de sus acciones a escritores, periodistas, profesores universitarios y otras celebridades públicas que han condenado abiertamente la actividad de ambos grupos. Éstos han afirmado que los consideran «ateos» o los han acusado de apoyar al gobierno. El 7 de febrero de 1994, por ejemplo, el Grupo Islámico hizo pública una declaración en la que afirmaba que conocidos comunistas o secularistas de Egipto podrían ser físicamente eliminados puesto que se los consideraba «luchadores contra el Islam» y «simpatizantes de la dictadura».


El 8 de junio de 1992, el conocido escritor Farag Foda, de 47 años de edad, fue abatido a tiros por dos hombres enmascarados que pasaron montados en una motocicleta frente a su oficina en la ciudad de Nasr, a las afueras de El Cairo. Según los informes, los dos hombres habían estado vigilando durante varias semanas los movimientos de Farag Foda y su casa en la zona de al-Nuzha, en Heliópolis. Farag Foda se disponía a abrir la puerta de su automóvil y uno de los atacantes lo ametralló a él, a su hijo Ahmad, de 15 años, y a un amigo, Wahid Ra’fat Zaki. El conductor del escritor trató después de perseguir a los agresores, pero colisionó con otro automóvil y la motocicleta. Los atacantes cayeron de su vehículo y la gente que se congregó en el lugar de los hechos logró capturar a uno de ellos, residente del distrito al-Zawiya al-Hamra, El Cairo, pero el otro logró darse a la fuga. Farag Foda y sus dos acompañantes fueron trasladados al Hospital de al-Mirghani, en El Cairo. Los cirujanos lucharon durante ocho horas por salvar la vida de Farag Foda, pero murió a consecuencia de una hemorragia interna aguda. En su cuerpo se hallaron al menos 10 balas. Su hijo Ahmad y su amigo Wahid sobrevivieron: El primero recibió tres impactos de bala y el segundo una.


En una declaración hecha pública en su Boletín núm. 7, fechado en junio de 1992, el Grupo Islámico se atribuía la responsabilidad del homicidio y acusaba a Farag Foda de apostasía, de propugnar la separación Iglesia-Estado y de favorecer el sistema legal vigente en Egipto en vez de la aplicación de la ley islámica. Es decir, que lo mataron por sus convicciones.


Farag Foda nació en las proximidades de Damietta, en el Delta del Nilo. Era profesor de agricultura y columnista del semanario October. Era conocido por sus escritos sobre política e islam y sobre la libertad de expresión. Con anterioridad había recibido amenazas de muerte de varios grupos armados. Según parece, había informado sobre ello a las autoridades encargadas de la seguridad, quienes designaron a tres agentes para vigilar su domicilio. Parece ser que declinó la oferta de una escolta personal las veinticuatro horas del día.


Tras el homicidio de Farag Foda, las fuerzas de seguridad arrestaron al menos a 200 presuntos activistas islámicos en el distrito de al-Zawiya al-Hamra de El Cairo. Un Tribunal Supremo de Seguridad del Estado (para estado de excepción) juzgó a 12 personas por los cargos de asesinato, pertenencia a una organización secreta y tenencia ilícita de armas. ‘Abd al-Shafi Ahmad Ramadhan, uno de los agresores, fue sentenciado a muerte el 30 de diciembre de 1993 y ejecutado el 26 de febrero de 1994. A otros tres procesados se les impusieron penas de prisión de en torno a 10 años (dos de ellos in absentia) y ocho fueron absueltos. Ashraf al-Sayyid Ibrahim, el segundo atacante, había sido ejecutado el 19 de julio de 1993 en relación con el intento de asesinato del ministro de Información.


El 14 de octubre de 1994, Nagib Mahfouz, el más conocido escritor egipcio y ganador del Premio Nobel de Literatura en 1988, fue agredido cuando salía de su casa en El Cairo y se disponía a entrar en un automóvil: lo apuñalaron en el cuello y pasó siete semanas hospitalizado. El Grupo Islámico se atribuyó la responsabilidad de este intento de asesinato. El 10 de enero de 1995, un tribunal militar sentenció a muerte, por su participación en el intento de asesinato de Nagib Mahfouz, a dos personas: Nagi Mohammad Mostafa, autor material de los hechos, y Mohammad Ghafir Abu al-Farag al-Mahallawi, que fue quien estuvo vigilando el domicilio del escritor antes de la agresión. A otros dos se los sentenció a cadena perpetua, tres resultaron absueltos y a otros nueve se les impusieron penas de prisión que oscilaban entre los tres años y la cadena perpetua. Los dos sentenciados a muerte fueron ejecutados el 29 de marzo de 1995.


Doctor Nasr Hamed Abu Zeid: En una declaración hecha pública fuera de Egipto el 21 de junio de 1995, el grupo Guerra Santa aseguró que el doctor Nasr Hamed Abu Zeid, profesor universitario, era apóstata, y lo amenazó de muerte. El 14 de junio de 1995 un tribunal de apelación de El Cairo resolvió que el doctor Nasr Abu Zeid había insultado la fe islámica en sus escritos y que debía separarse de su esposa porque, como musulmana, no debía permanecer casada con un «apóstata». En agosto de 1996, el Tribunal de Casación de El Cairo confirmó la resolución de junio de 1995. Un mes después, en septiembre de 1996, el Tribunal de Giza para Cuestiones de Urgencia ordenó la «suspensión de la ejecución» de la resolución de junio de 1995 del tribunal de apelación. Un abogado islamista recurrió la nueva resolución, pero en diciembre de 1996 otro tribunal confirmó la de septiembre de 1996. Tras la amenaza de muerte del grupo Guerra Santa, que se publicó en periódicos nacionales y medios internacionales de comunicación, el doctor Nasr Hamed Abu Zeid y su esposa, la doctora Ibtihal Younis, abandonaron Egipto y se fueron a vivir al extranjero.


Otras conocidas celebridades también han sido objeto de amenazas por parte de los dos grupos islámicos, entre ellos el ex juez Sa’eed al-’Ashmawi, la escritora feminista Nawal al-Sa’dawi y el actor y comediógrafo ‘Adel Imam.


CIVILES MUERTOS EN ENFRENTAMIENTOS


En los enfrentamientos a tiros registrados entre las fuerzas de seguridad y el Grupo Islámico han resultado muertos muchos civiles, así como en los atentados con bomba perpetrados por los activistas islámicos contra lugares públicos como cines, hoteles, bancos y trenes, en lo que parece ser una pauta de ataques indiscriminados. Algunos de estos civiles resultaron muertos en concurridas calles de El Cairo al atentar miembros del Grupo Islámico contra altas autoridades gubernamentales en momentos en que era claro el riesgo que suponían tales actuaciones contra la población civil. Por ejemplo, el 18 de julio de 1993, cuatro civiles resultaron muertos y otros cinco heridos en El Cairo. Al día siguiente, el Grupo Islámico se atribuyó la responsabilidad de los homicidios y afirmó que «el objetivo errado había sido el presidente del Tribunal Supremo Militar». Una niña de 15 años resultó muerta y 12 personas más heridas cuando activistas islámicos armados, miembros de Guerra Santa, trataron de matar al entonces primer ministro con un coche bomba que hizo explosión al paso de su vehículo blindado por una calle de Heliópolis el 25 de noviembre de 1993. Durante el juicio ante un tribunal militar de los presuntos autores del intento de asesinato, celebrado a principios de 1994, otros tres miembros de Guerra Santa perpetraron un ataque contra un local de exposición y venta de automóviles en la localidad de Shibin al-Qanater, al norte de El Cairo, y mataron a su propietario, Sayyid Ahmad Yahya, testigo clave del juicio que debía prestar declaración ante el tribunal. También resultaron muertas otras dos personas que se encontraban incidentalmente en aquellos momentos en el lugar del suceso.


ÚLTIMOS ACONTECIMIENTOS


A pesar de las ocasionales escaramuzas registradas entre miembros del Grupo Islámico y de las fuerzas de seguridad en algunos pueblos, la violencia política en el país parece haber disminuido considerablemente a lo largo de los últimos ocho meses. El Grupo Islámico hizo pública una declaración en febrero de 1998 en la que reiteraba su voluntad de poner fin a todos los actos de violencia. Desde enero de 1998, el Ministerio de Interior, según los informes, ha liberado al menos a 2.000 detenidos islámicos que habían estado recluidos sin que en su contra se hubieran presentado cargos y sin ser juzgados y que, de acuerdo con la información facilitada por las autoridades, se habían «arrepentido». Tampoco a lo largo de los últimos meses se han celebrado juicios de civiles ante tribunales militares.


El gobierno egipcio ha reiterado a lo largo de los años que el estado de emergencia, en vigor desde 1981 tras el asesinato de Anwar al-Sadat, es una situación excepcional y que su ampliación continuada pretende servir a la lucha contra el «terrorismo». Sin embargo, las fuerzas de seguridad han cometido graves violaciones de derechos humanos y la legislación de emergencia ha contribuido en gran medida a que se cree una atmósfera conducente a la comisión de esas violaciones. Tanto el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas como el Comité Contra la Tortura, también de la ONU, concluyeron en 1993 que el estado de emergencia constituía un grave impedimento para la aplicación en Egipto del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos en Egipto y la Convención de la ONU Contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, ambos ratificados por Egipto en 1982 y 1986, respectivamente.


Amnistía Internacional insta una vez más al gobierno egipcio a que ponga fin a las graves y sistemáticas violaciones de derechos humanos mediante la adopción de medidas legales y prácticas que garanticen la aplicación efectiva de las disposiciones incluidas en los tratados que ha ratificado. La organización considera responsable al gobierno de la protección de todos los civiles, incluidos los turistas que visitan el país.


Amnistía Internacional reitera también su llamamiento a todos los grupos armados del país para que respeten las normas humanitarias y de derechos humanos mínimas, y específicamente el derecho a la vida. En este respecto, los grupos armados deben cesar inmediatamente de tener como objetivo de sus acciones a la población civil como víctimas de homicidio, secuestro o de amenazas, especialmente las de muerte. Estos grupos deben también revocar públicamente y sin demora todas las amenazas de muerte que han proferido.


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1) Véase: Egipto: Diez años de tortura (Índice AI: MDE 12/18/91/s, publicado en octubre de 1991); Egypt: Security police detentions undermine the rule of law(Índice AI: MDE 12/01/92, enero de 1992); Egypt: Grave human rights abuses amid political violence(Índice AI: MDE 12/03/93, mayo de 1993); Egypt: Military trials of civilians - a catalogue of human rights violations(Índice AI: MDE 12/16/93, octubre de 1993); Egypt: Human Rights defenders under threat(Índice AI: MDE 12/15/94, septiembre de 1994);Egypt: Deaths in custody(Índice AI: MDE 12/18/95, octubre de 1995); Egipto: Detención indefinida y uso sistemático de la tortura. Las víctimas olvidadas (Índice AI: MDE 12/13/96/s, julio de 1996) y Egipto: Mujeres perseguidas por asociación(Índice AI: MDE 12/11/97/s, marzo de 1997).


0 2) En octubre de 1995 fue condenado junto con otras nueve personas por conspiración para perpetrar ataques «terroristas» en Estados Unidos, entre ellos un atentado con bomba contra el edificio de Naciones Unidas, otros lugares destacados de la ciudad de Nueva York y planes para asesinar a dirigentes políticos como el presidente Hosni Mubarak.


3) Se trataba del juicio de 97 personas procesadas ante un tribunal militar. Entre los cargos que se les imputaban figuraban los de poner bombas a las puertas de nueve bancos en 1995, el homicidio del director adjunto del Departamento de Información y Seguridad del Estado, Ra’uf Khayrat, en 1994, tenencia ilícita de explosivos y presunta pertenencia a una organización armada ilegal (Grupo Islámico).


4) Los tres sentenciados, Medhat Tahhawi, Mohammad Ahmad Sa’eed Saleh y Hamada Mohammad Lutfi (este último in absentia), formaban parte de un grupo de seis personas acusadas de planear el asesinato del presidente Mubarak, y fueron juzgados en secreto ante un tribunal militar a principios de 1994. La ejecución de los dos primeros se llevó a cabo el 17 de marzo de 1994 en Alejandría.


5) Los dos hombres armados perpetraron un ataque con bomba y armas de fuego contra un autobús de turistas a las puertas del museo nacional de El Cairo. Mataron a nueve turistas alemanes y al conductor del autobús, de nacionalidad egipcia. En un principio, el gobierno de Egipto dijo que el ataque lo había perpetrado un «perturbado mental», Saber Farhat Abu al-’Ala, y su hermano Mahmoud. Saber Farhat Abu al-’Ala había sido responsable del homicidio de dos hombres de negocios estadounidenses y de un jurista francés que cenaban en un hotel de El Cairo el 27 de octubre de 1993. Tras los homicidios, Saber Farhat Abu al-’Ala ingresó en un hospital psiquiátrico de El Cairo. Los dos hermanos fueron juzgados por un tribunal militar en octubre de 1997 y a fines de ese mes fueron sentenciados a muerte. Fueron ejecutados el 24 de mayo de 1998.


6) A fines de los setenta y en la década de los ochenta, Egipto fue testigo de multitud de actos esporádicos de violencia política, principalmente a manos de activistas islámicos armados. Murieron algunos cristianos coptos y se quemaron iglesias.

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