Document - Egypt: Unlawful killings in protests and political violence on 5 and 8 July

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SHAPE \* MERGEFORMAT Índice

5Introducción

75 de julio: Violencia en todo Egipto �

7Área metropolitana de El Gran Cairo �

7Club de la Guardia Republicana �

10Plaza Tahrir �

11Enfrentamientos en Al Manial �

12Alejandría �

178 de julio: Violencia ante el Club de la Guardia Republicana �

23Conclusión y Recomendaciones �

25Notas finales �

Introducción

No sabía qué hacer ni a dónde llevar a los niños […]. No podía volver a las tiendas, porque nos asfixiaríamos [a causa del gas lacrimógeno], y no sabía hacia dónde correr debido a los disparos [...].

Manifestante entrevistada por Amnistía Internacional en El Cairo el 8 de julio

El 3 de Julio de 2013, tras multitudinarias y crecientes manifestaciones contra el presidente Mohamed Morsi, el general Abdel Fatah al Sisi, ministro de Defensa, anunció el derrocamiento del presidente Morsi, miembro destacado de la Hermandad Musulmana hasta que asumió el poder después de las elecciones celebradas un año antes. Transcurridos dos días, protestas y manifestaciones a favor y en contra del presidente depuesto desembocaron en actos de violencia generalizada por todo Egipto. Desde el viernes 5 de julio han muerto 88 personas, incluidas algunas que al parecer perdieron la vida a consecuencia de un uso excesivo e innecesario de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad. Durante los enfrentamientos entre partidarios y detractores de Morsi, las fuerzas de seguridad tardaron demasiado en intervenir o se abstuvieron de hacerlo. El equipo de investigación de Amnistía Internacional en El Cairo recopiló indicios sustanciales en el lugar de los hechos y en hospitales y depósitos de cadáveres a medida que iba llegando una marea de víctimas.

Las tensiones continuaron aumentando y el 8 de julio se produjo en El Cairo un estallido de violencia especialmente letal durante una protesta de partidarios de Mohamed Morsi ante el Club de la Guardia Republicana, una división de las fuerzas armadas. Al menos 54 personas murieron, entre ellas tres miembros de las fuerzas de seguridad. La información recopilada por Amnistía Internacional en el lugar de los hechos indica claramente que las fuerzas de seguridad hicieron un uso excesivo de la fuerza contra los manifestantes partidarios de Morsi, incluida la utilización deliberada de medios letales contra personas que no representaban ningún peligro para la vida de los agentes ni de otras personas.

En una iniciativa acogida con agrado, el presidente interino Adli Mansur anunció la creación de un comité judicial para investigar la violencia. Teniendo en cuenta lo ineficaces que han sido las investigaciones anteriores, el comité debe gozar de competencias para citar a testigos, incluidos miembros de la policía y las fuerzas armadas, y tener acceso a documentos oficiales.

Amnistía Internacional hace un llamamiento a las autoridades egipcias para que den a conocer qué cuerpos de seguridad –de las fuerzas armadas y del Ministerio del Interior– se encontraban presentes durante los sucesos documentados en este informe.

La organización también insta a las autoridades a garantizar que todos los familiares de las personas muertas y heridas reciben certificados médicos que indiquen la causa real de la muerte o las lesiones. Además, les pide que lleven a cabo sin demora investigaciones imparciales e independientes sobre los sucesos que causaron muertos y heridos entre los manifestantes.

La preocupación de Amnistía Internacional ante el peligro de que se produzcan nuevos actos de violencia política se ve incrementada por las declaraciones de líderes de la Hermandad Musulmana, que juran seguir con las protestas hasta que se restituya al ex presidente en su puesto y piden a sus seguidores que se “levanten” y “resistan”, a pesar de que sigue habiendo personas muertas y heridas. Autoridades y líderes de los partidos deben condenar la instigación y las agresiones violentas contra sus opositores políticos.

Normas internacionales de derechos humanos

Según las normas internacionales de derechos humanos, las fuerzas de seguridad sólo pueden recurrir al uso de armas de fuego para responder a una amenaza inminente de muerte o lesión grave, y únicamente como último recurso. Sólo se podrá hacer uso intencional de armas letales cuando sea estrictamente inevitable para proteger una vida.

El empleo arbitrario o abusivo de la fuerza por parte de fuerzas de seguridad debe castigarse como delito. Las autoridades están obligadas a realizar sin demora investigaciones exhaustivas, independientes e imparciales sobre los homicidios cometidos por fuerzas de seguridad y procesar a los responsables. Además, deben defender con imparcialidad el derecho a la reunión pacífica y, cuando sea necesario, adoptar medidas como la protección de los manifestantes frente a las agresiones violentas de sus opositores.

5 de julio: VIOLENCIA EN TODO EGIPTO

El viernes 5 de julio, partidarios de Mohamed Morsi organizaron por todo Egipto marchas y protestas contra su destitución. La violencia se desencadenó rápidamente por todo el país, incluidas zonas como El Cairo, Alejandría, Ismailía y Sharqia. Según funcionarios del Ministerio de Salud, al menos 34 personas murieron y más de 1.000 resultaron heridas. Muchas perdieron la vida durante enfrentamientos entre manifestantes favorables y contrarios a Morsi, ya que las fuerzas de seguridad no intervinieron de forma efectiva para poner fin a la violencia. Al menos cuatro personas murieron a consecuencia del uso excesivo e innecesario de medios letales por parte de fuerzas de seguridad en protestas celebradas ante el Club de la Guardia Republicana.

ÁREA METROPOLITANA DE EL GRAN CAIRO

CLUB DE LA GUARDIA REPUBLICANA

Según el Ministerio de Salud, tres días antes de los sangrientos sucesos del 8 de julio, al menos cuatro personas murieron y centenares resultaron heridas a causa de “disparos” durante las protestas ante el Club de la Guardia Republicana. El portavoz de las fuerzas armadas negó que los militares hubieran utilizado fuego real contra los manifestantes, y afirmó que las fuerzas de seguridad sólo habían disparado gas lacrimógeno y munición de fogueo y habían realizado disparos de advertencia al aire. La información recopilada por Amnistía Internacional a partir de testimonios de manifestantes heridos, personal médico y otros testigos, además de los videos grabados durante los actos violentos, arrojan serias dudas sobre estas afirmaciones, sobre todo teniendo en cuenta que en la zona no se estaban celebrando protestas contra Mohamed Morsi.

Después de la oración del viernes, manifestantes partidarios de Morsi se reunieron delante del Club de la Guardia Republicana, en donde creían que estaba recluido el ex presidente. Coreaban lemas contra lo que denominaban “golpe militar” y portaban carteles con textos como “Sisi [por el general Abdel Fatah al Sisi], ¿dónde está mi voto?”.

Testigos presenciales contaron a Amnistía Internacional que había una fuerte presencia de miembros de las fuerzas de seguridad en el exterior del Club de la Guardia Republicana, incluidos soldados vestidos con uniformes verde oscuro o caqui, similares a los de camuflaje. También señalaron que había hombres de negro con pasamontañas que, según creían, eran miembros de las Fuerzas Especiales del Ministerio del Interior. Otros manifestantes también informaron de que habían visto a hombres de negro al otro lado de la entrada al Club. Varios manifestantes afirmaron haber visto a al menos un hombre armado vestido de civil situado cerca de las fuerzas armadas.

Una alambrada de espino separaba a las fuerzas de seguridad de los manifestantes, que se reunieron en la calle Salah Salem, delante del Club de la Guardia Republicana. Al lado de la alambrada se situaron varios vehículos blindados que, en algunos casos, estaban ocupados por soldados armados.

Según testigos presenciales, la violencia comenzó justo antes de las tres de la tarde, cuando un hombre que al parecer llevaba barba se acercó a la alambrada para colgar una fotografía del presidente Morsi. Un testigo que se encontraba cerca contó a Amnistía Internacional lo que ocurrió a continuación:

Uno de los soldados quitó la foto […]. El hombre, que tenía barba y llevaba un bolso, se ofendió y se acercó a la alambrada con actitud desafiante. Lo siguiente que vi fue que le disparaban, y luego empezaron a volar balas sobre nuestras cabezas y a nuestros pies, en el suelo […]. Retrocedimos, y unos minutos después empezó a llegar gas lacrimógeno de todos lados.

Otro testigo dijo a Amnistía Internacional que había contado cómo lanzaban 16 botes de gas lacrimógeno. En un video subido a YouTube se puede ver a un hombre sin vida tendido a unos metros de la alambrada.�

Mohamed Abdin, de la ciudad de Biba (gobernación de Bani Suef), contó a Amnistía Internacional que una gran manifestación procedente de la mezquita de Rahman al Rahim llegó al Club de la Guardia Republicana a eso de las 2.15 de la tarde. Su testimonio sobre el comienzo de la violencia coincidía con el de otros testigos. Según explicó, las tropas dispararon cuando un manifestante se dirigió a la alambrada para colgar una foto de Mohamed Morsi, al tiempo que otros manifestantes se acercaban al Club de la Guardia Republicana. Según dijo, el primer disparo lo realizó un hombre vestido de civil que se encontraba al lado de miembros de las fuerzas de seguridad uniformados. Añadió:

Mi amigo Mahmoud Mohamed Rabi , de mi misma ciudad, fue uno de los primeros en caer [al suelo]. Estaba en la cuarta fila, pero, cuando abrieron fuego, no se agachó como hicimos nosotros. La bala lo alcanzó en la cabeza. Estaba a punto de marcharse a trabajar a Kuwait, su familia llevaba meses reuniendo dinero para darle un futuro mejor […]. Tenía 21 años y toda la vida por delante […]. Entre el gas lacrimógeno y los disparos, la confusión era enorme […]. Nunca he vivido nada igual.

En la violencia también murió Mohamed Helmy Youssef, de 44 años, con tres hijos y procedente de una localidad de la gobernación de Dacalia, en el delta. Su primo contó a Amnistía Internacional que los manifestantes se dirigían al Club de la Guardia Republicana gritando “pacíficos, pacíficos”, y que se encontraban a unos 100 metros de distancia cuando comenzaron los disparos. También contó que Mohamed Helmy Youssef fue alcanzado por varias balas, y que murió al recibir un disparo en el cuello. En el momento de redactor este informe, los familiares de Mohamed Helmy Youssef aún no habían recibido el informe de la autopsia.

Un manifestante dijo a Amnistía Internacional que sólo dispararon fuego real durante unos minutos y luego empezaron a lanzar una gran cantidad de gas lacrimógeno.

Al remitir la violencia y disiparse el gas lacrimógeno, los manifestantes comenzaron a reagruparse en la calle Salah Salem y empezaron a llegar más personas, incluidas las que participaban en una marcha desde la cercana Rabaa al Adawiya. El número de manifestantes fue en aumento, y cuando comenzaron a acercarse al Club de la Guardia Republicana se desencadenó de nuevo la violencia.

Un hombre de 20 años procedente de la gobernación de Al Meniya, que estaba en tratamiento por las heridas de perdigones que había sufrido en la parte superior del cuerpo, contó a Amnistía Internacional que se encontraba en la primera fila de la manifestación cuando resultó herido, y añadió:

Cuando me alcanzaron habían pasado 20 o 30 minutos desde los primeros disparos. Nos acercamos [a la Guardia Republicana] y nos quedamos allí de forma pacífica. Uno de los agentes utilizó un megáfono para decirnos que nos sentásemos. Las cinco primeras filas lo hicieron. De repente comenzaron los disparos, sin previo aviso […]. Pensé que no eran más que granadas ensordecedoras [munición de fogueo] para asustar a la gente porque cada vez éramos más, pero luego me di cuenta de que estaba sangrando […]. Una lluvia de perdigones caía sobre nosotros junto con gran cantidad de gas lacrimógeno.

Mahmoud Gram, de 28 años, que sufrió heridas leves en la cabeza causadas por perdigones, también contó a Amnistía Internacional que las fuerzas de seguridad lanzaron gas lacrimógeno y utilizaron escopetas tras ordenar a los manifestantes que se detuviesen y se sentasen. Añadió:

Un bote [de gas lacrimógeno] cayó justo a mi lado, y cuando intenté agacharme para apartarlo de una patada los perdigones me alcanzaron en la parte posterior de la cabeza […]. Ni siquiera me encontraba en las filas delanteras. Había mucha confusión, y las ambulancias no llegaban hasta donde estábamos nosotros […]. Algunos de mis amigos utilizaron motos para trasladar a los heridos. Mis heridas no eran muy graves comparadas con las de los demás, y acabé llevando a otras personas al hospital de campaña […].

Todos los testigos presenciales entrevistados por Amnistía Internacional confirmaron que las fuerzas de seguridad no avisaron verbalmente y de forma audible antes de comenzar a disparar, ni en el primer ni en el segundo estallido de violencia. Algunos manifestantes reconocieron que en un primer momento las fuerzas de seguridad dispararon al aire.

Médicos de tres hospitales de campaña cercanos contaron a Amnistía Internacional que los manifestantes heridos ingresaron aproximadamente entre las 3 y las 4.30 de la tarde. A las 5.15 de la tarde, cuando Amnistía Internacional llegó al lugar de los hechos, los disparos habían cesado, pero el olor a gas lacrimógeno persistía en el aire y los helicópteros sobrevolaban la zona.

Los médicos de campaña documentaron heridas causadas por fuego real y perdigones, además de casos de asfixia a causa del gas lacrimógeno. Según afirmaron, al menos algunos de los heridos tenían lesiones en la espalda causadas por armas de fuego, lo que indicaba que habían disparado contra los manifestantes que huían. Los casos más graves fueron trasladados a los hospitales cercanos, incluidos los de Rabaa al Adawiya y Al Tamin al Sihi. En Rabaa al Adawiya, personal médico informó a Amnistía Internacional de que seis personas habían sido atendidas por heridas causadas por perdigones, principalmente en la parte inferior del cuerpo. En el hospital de Al Tamin al Sihi, miembros del personal contaron a Amnistía Internacional que habían ingresado 4 cadáveres y 90 hombres heridos procedentes de los sucesos en el Club de la Guardia Republicana. La dirección del hospital se negó a facilitar estadísticas.

PLAZA Tahrir

Las fuerzas de seguridad no pusieron fin a la violencia que se desencadenó cerca de la plaza Tahrir entre partidarios y detractores de Mohamed Morsi y en la que al menos tres personas murieron y decenas resultaron heridas. El 5 de julio, cientos de seguidores del presidente depuesto se dirigieron hacia la plaza Tahrir, en donde manifestantes contrarios a Morsi celebraban concentraciones masivas. En una actuación que se consideró una provocación abocada al desastre, los partidarios de Mohamed Morsi llegaron por el puente 6 de Octubre y descendieron hacia la entrada a la plaza por Abdelminin Riyad a eso de las 6.30 de la tarde. Otros seguidores de Morsi se dirigieron hacia el edificio de la Radiotelevisión de Maspero. Los enfrentamientos comenzaron cuando los detractores de Morsi se reunieron en la entrada de la plaza para intentar bloquear la manifestación de los partidarios del ex presidente. A los detractores de Morsi les dispararon con perdigones y fuego real, y ellos respondieron utilizando piedras y fuegos artificiales para impedir que sus oponentes entraran en la plaza. Una de las personas que protestaban contra Morsi explicó:

Defendimos la plaza con piedras y con los mismos fuegos artificiales que estábamos utilizando en la celebración […]. Al final pudimos con ellos y conseguimos que se fueran, porque nosotros éramos mucho más numerosos y parece que se les estaban acabando las municiones.

El director del hospital de Al Mounira contó a Amnistía Internacional que la primera víctima mortal llegó de la plaza Tahrir a las 7.05 de la tarde y la segunda a las 7.45. Según personal del hospital, Mohamed Salem, de 26 años, y otro hombre cuya identidad se desconoce, murieron tras ser alcanzados en el pecho por munición real.

Esa misma noche, un hombre más, también de identidad desconocida, fue trasladado al hospital de Hilal al Ahmar desde la plaza Tahrir. Entre los dos hospitales atendieron a más de 190 personas heridas, incluidas al menos 13 que tuvieron que ser intervenidas quirúrgicamente e ingresadas, la mayoría a consecuencia de lesiones causadas por munición real y perdigones. Otros dos manifestantes fueron trasladados al hospital de Qasr al Eini para ser atendidos tras sufrir heridas oculares causadas por perdigones.

Los amigos de Mohamed Arabi Kamal que esperaban fuera de la sala del hospital donde lo estaban atendiendo contaron a Amnistía Internacional que a eso de las 8.30 de la tarde le habían disparado en un hombro con munición real, cuando se encontraba con otros manifestantes en la plaza Tahrir intentando impedir que los partidarios de Morsi entrasen en ella. Su amigo Isalam explicó:

Los enfrentamientos continuaron durante horas […]. El ejército no llegó hasta las 10.30 de la noche, cuando ya había muerto gente y había personas heridas […]. Los helicópteros nos sobrevolaron todo el tiempo, pero sólo vigilaban.

A pesar de las probabilidades de que se produjeran enfrentamientos entre los dos grupos rivales, varios testigos presenciales confirmaron que los miembros de las fuerzas de seguridad no intentaron desviar la marcha de los partidarios de Morsi. Cuando las fuerzas armadas llegaron al lugar de los hechos, los enfrentamientos ya habían finalizado y los partidarios de Morsi se vieron obligados a abandonar la plaza. No había rastro de la policía.

Según los policías que custodiaban a un presunto partidario de Morsi que al parecer llevaba granadas, opositores a Morsi lo sorprendieron con ellas y le dieron una brutal paliza antes de entregarlo en la comisaría de Qasr al Nil.

ENFRENTAMIENTOS EN Al Manial

El 5 de julio, las fuerzas de seguridad tampoco intervinieron cuando comenzaron los enfrentamientos en la zona de Al Manial entre habitantes locales que se oponían a Morsi y partidarios del ex presidente que, según informes, intentaban atravesar la zona para dirigirse a la plaza Tahrir desde la concentración en la que habían participado cerca de la Universidad de El Cairo. Los enfrentamientos se produjeron en la intersección entre el puente de la Universidad y la calle Abdelaziz Saoud. Ambos bandos iban armados con palos, piedras y escopetas. Varios testigos presenciales denunciaron que los partidarios de Morsi también llevaban otras armas de fuego. Los enfrentamientos se prolongaron durante varias horas sin la intervención de la policía ni de otras fuerzas de seguridad, y en ellos murieron un total de cinco habitantes de la zona.

Poco antes de medianoche, la delegación de Amnistía Internacional llegó al hospital de Qasr al Eini, próximo al lugar de los enfrentamientos, y allí presenció el caos en que estaba sumida la sala de urgencias sin la presencia de agentes de seguridad. Decenas de personas heridas y sus acompañantes deambulaban en torno al hospital. Dos pacientes heridos y cubiertos de sangre –un partidario y un detractor de Morsi– se enzarzaron en una pelea. Médicos y otros pacientes intentaron detenerlos. Los médicos y las enfermeras que habían acabado su turno estaban atrapados, porque las calles de los alrededores estaban bloqueadas a causa de los enfrentamientos. Uno de ellos contó a Amnistía Internacional:

Las víctimas comenzaron a llegar a eso de las siete de la tarde, la mayoría con heridas de “khartoush” [perdigones] y munición real. Cuando se intensificaron los disparos en los alrededores del hospital, la policía que estaba apostada en el exterior desapareció y nos dejó abandonados a nuestra suerte. Aquí no hay ningún tipo de seguridad, y tenemos miedo de que vengan matones y personas armadas y ataquen el hospital.

Personal del depósito de cadáveres informó a Amnistía Internacional de que habían recibido los cuerpos de cuatro personas que habían muerto en los enfrentamientos en la zona de Al Manial. Poco después de medianoche, la delegación de Amnistía Internacional fue testigo de la llegada en camilla de un quinto cadáver. Según el personal, al hospital llegaron 83 hombres heridos y otros 5 que ya estaban muertos; 12 de esas personas tenían heridas causadas por munición real o perdigones y quedaron ingresadas para ser intervenidas quirúrgicamente o recibir tratamiento. El personal añadió que dos hombres que se encontraban en la plaza Tahrir habían sufrido lesiones oculares causadas por perdigones. Uno de los que murió, Abdallah Said, de 30 años, había recibido un disparo de bala en la cabeza, según contó el médico que intentó salvarle la vida. Su amigo Alí, que también vivía en Al Manial, declaró a Amnistía Internacional:

Nos enteramos de que los miembros de la Hermandad Musulmana venían hacia Al Manial atacando; iban de camino hacia [la plaza] Tahrir. Así que nos agrupamos y fuimos a defender nuestra zona. Éramos unos 200 […]. Ellos eran alrededor de 300, y tenían pistolas y “khartoush”. Abdallah [Said] y otro tipo de la zona, Rami , murieron por los disparos.

Los transeúntes tampoco se libraron. El 6 de julio, Amnistía Internacional se reunió con Fathi Mohamed Hassan, de 16 años, que estaba ingresado en el hospital de Al Mounira recuperándose de una herida de bala en el abdomen. Su madre dijo a Amnistía Internacional:

No vivimos muy lejos de donde se produjeron los enfrentamientos en Al Manial, estamos en la zona de Abu Rish. A eso de las 10.30 de la noche [Fathi] subió a la azotea, en el quinto piso, para ver qué pasaba y también los aviones que sobrevolaban la zona […]. De repente le oí gritar, lo llevamos a un lugar iluminado y había sangre por todas partes.

Al día siguiente, el cortejo fúnebre de los cinco hombres que murieron en los enfrentamientos de Al Manial salió de la mezquina de Salah Eldin en Al Manial. Los familiares lloraban y gritaban contra la Hermandad Musulmana: “No nos callaremos hasta que consigamos los derechos de nuestros mártires”. Otras personas culpaban a las fuerzas de seguridad por tardar más de cinco horas en intervenir para detener el baño de sangre. Un familiar dijo:

¿Dónde estaban las fuerzas de seguridad ayer, cuando mataron a nuestros hijos, uno tras otro? Durante cinco horas no apareció ni un solo miembro de las fuerzas de seguridad para poner fin a la violencia. No es lo que nos prometieron el ejército y el Ministerio del Interior.

ALEJANDRÍA

El 5 de julio, al menos 17 personas murieron en enfrentamientos entre partidarios y detractores de Mohamed Morsi en Alejandría, durante las protestas rivales que los dos grupos organizaron en la ciudad. Según personal hospitalario y funcionarios de Alejandría en el Ministerio de Salud, otras 300 personas resultaron heridas, incluidos miembros de las fuerzas de seguridad. El personal médico dijo a Amnistía Internacional que la mayoría de las heridas que habían atendido habían sido causadas por balas reales, perdigones y apuñalamientos.

La violencia se desató en la zona de Sidi Gaber a eso de las 3.30 de la tarde y continuó hasta bien entrada la noche. Según afirmaron testigos presenciales, las fuerzas de seguridad llegaron tarde, cuando ya había varias personas muertas o heridas. Partidarios y detractores de Morsi contaron a Amnistía Internacional que, cuando llegaron las fuerzas de seguridad, sus integrantes se situaron en el lado de los manifestantes contrarios a Morsi y participaron en los enfrentamientos con sus seguidores.

Según testigos, los enfrentamientos comenzaron cuando una gran marcha de seguidores de Morsi llegó a la zona de Sidi Gaber desde la calle Al Abu Qeir tras pasar por la calle Mushir. Al parecer, los manifestantes arrancaron carteles contrarios a Morsi y protagonizaron pequeños altercados con residentes locales. Mohamed Hosni filmó los actos violentos y contó a Amnistía Internacional que partidarios de Morsi le quitaron la memoria USB cuando lo vieron grabar. Finalmente se la devolvieron, pero habían borrado el contenido. Después, los seguidores de Morsi se hicieron con el control de la calle Mushir y continuaron hacia la Zona Norte, en donde se encuentra el cuartel del ejército y hacia donde se dirigían para protestar contra el derrocamiento del presidente Morsi. A eso de las 4.30 de la tarde, residentes locales y detractores de Morsi se reagruparon y de nuevo comenzaron los enfrentamientos entre los dos bandos. Las escaramuzas callejeras, en las que algunas personas utilizaron cuchillas y palos, continuaron durante aproximadamente una hora sin que las fuerzas de seguridad hiciesen acto de presencia.

En videos grabados durante ese tiempo se ve a partidarios de Morsi arrojando a jóvenes desde una azotea de la calle Mushir.� Mohamed Badr al Din, de 19 años, murió en el ataque; en un video se le puede ver vestido con vaqueros y una camiseta gris y negra. Su madre dijo a Amnistía Internacional:

Fui al mercado a eso de las cuatro de la tarde y dejé a Hamada [el apodo de su hijo] durmiendo en casa. Cuando volví no estaba, se había ido a ver las manifestaciones que se celebraban cerca de nuestra calle […]. Me enteré de que había muerto; le rompieron los brazos, las piernas y después lo lanzaron [desde la azotea] [...]. La gente ni siquiera podía llegar hasta él, porque los seguidores [de Morsi] controlaban el edificio y disparaban a todo el que se acercase […]. En ese momento no había gobierno, no se veía a la policía por ningún lado [...]. Era mi único hijo.

Médicos del Hospital General de la Universidad de Alejandría (conocido como Al Miri) confirmaron a la delegación de Amnistía Internacional que Mohamed Badr al Din presentaba numerosas heridas de arma blanca, algunas en el pecho, y fracturas múltiples.

Amnistía Internacional se entrevistó con un superviviente del ataque, un estudiante de 17 años del barrio de Sidi Gaber que contó a la delegación lo ocurrido cuando los partidarios de Mohamed Morsi entraron en la calle Mushir:

[Los seguidores de Morsi] estaban tomando el control de la calle, así que corrimos a refugiarnos en el edificio [...]. Además de mí estaban Hamada, [nombre no revelado], otro hombre mayor de la zona y dos hombres a los que yo no conocía, no eran de nuestro barrio. Subimos a la azotea […]. Los Hermanos [miembros de la Hermandad Musulmana] rompieron la puerta principal del edificio y subieron. El hombre de más edad se deslizó por el respiradero [...]. El tipo corpulento con barba me persiguió con un cuchillo enorme, era el que llevaba una camisa blanca y una bandera negra a la espalda, el que aparecía en el video [...]. Empezó a golpearme y levantó el cuchillo diciendo “Dios es grande”. Escapé de él del mismo modo, saltando al respiradero [un hueco en el edificio en medio de la azotea] y deslizándome por él. Me lanzó varias cosas, incluidas piedras […] Cuando llegué abajo [después de descender seis pisos] vi al hombre mayor escondido [...]. Me hizo una seña para que me mantuviese en silencio y me ocultase entre las telarañas […]. Hamada cayó a mi lado por el respiradero [...]. Lo habían tirado varias veces, primero desde el borde del depósito de agua y luego por el respiradero […]. A [nombre no revelado] le cortaron el cuello, ahora está en el hospital debatiéndose entre la vida y la muerte […]. Cuando llevaba unos 15 minutos sentado al lado de Hamada oí gritos diciendo “viene el ejército, viene el ejército”, así que [los seguidores de Morsi] se retiraron […]. Me toqué la cara y me di cuenta de que me sangraban los dedos; ni siquiera me había dado cuenta de que los habían cortado […]. No sé qué les pasó a los otros hombres, el de la camiseta rosa y el de la verde […].

En un video grabado por Mohamed Hosni, Amnistía Internacional vio como un grupo de partidarios de Mohamed Morsi rodeaba y golpeaba a dos hombres que se encontraban al lado del mismo edificio en la calle Mushir. Se desconoce la suerte que han corrido. El superviviente de 17 años fue sometido a cirugía reparadora en los dedos, pero aún no sabe si podrá utilizarlos de nuevo. Un familiar dijo a Amnistía Internacional:

Un grupo de personas acudió a la policía para decirles que había un grupo de jóvenes atrapados en el edificio y que los Hermanos los estaban atacando. Les contestaron: “Dejen de difundir rumores”, y no hicieron nada.

Un manifestante partidario de Morsi contó a Amnistía Internacional:

Esos jóvenes estaban lanzando piedras contra nuestra protesta pacífica. No justifico lo que les ocurrió, pero empezaron ellos, y las fuerzas de seguridad no estaban allí para protegernos. Entre nosotros había personas que apuntaban con punteros láser hacia los edificios desde donde nos atacaban.

Según denunciaron testigos presenciales, la policía antidisturbios (Fuerzas de Seguridad Central) y otras fuerzas policiales llegaron antes de atardecer y dispararon gas lacrimógeno contra los seguidores de Mohamed Morsi. Las fuerzas de seguridad estaban apostadas al lado de las vías del tranvía, donde se encontraban quienes protestaban contra Morsi. Los opositores a Morsi denunciaron que el viento llevó el gas lacrimógeno hacia ellos. Según los informes, al lugar de los hechos también llegaron cuatro vehículos blindados, pero los testigos sostienen que no intervinieron.

Residentes locales participaron en los enfrentamientos de forma masiva, enfurecidos por el hecho de que hubieran arrojado a los jóvenes desde la azotea y por la muerte de otro habitante de la zona, Islam Mohamed. Ambos bandos dispararon escopetas y lanzaron piedras y cócteles molotov. Mientras tanto, según informes, las fuerzas de seguridad dispararon perdigones y gas lacrimógeno contra los seguidores de Morsi. Un testigo afirmó haber visto a partidarios de Morsi irrumpiendo en edificios de apartamentos, e incluso en una maternidad, para ocupar oposiciones en las azoteas. En un video grabado por Mohamed Hosni se ve a partidarios de Morsi disparando lo que parecen ser pistolas. Según los informes, las personas que protestaban contra Morsi también realizaron disparos.

El 7 de julio, Amnistía Internacional se entrevistó con las familias de tres seguidores de Morsi que murieron durante los enfrentamientos: Ahmed Abdu Abdellatif Qassem, Mamdouh Khamis y Mostafa Gaber. La madre de Ahmed Abdu Abdellatif Qassem dijo a Amnistía Internacional:

Fuimos a la marcha todos juntos, mujeres, hombres y niños; salimos de una mezquita en Sidi Bishr y caminamos hacia Sidi Gaber […]. Cuando comenzaron los enfrentamientos nos perdimos de vista, y lo siguiente que supe, en algún momento después de atardecer, fue que había muerto por disparos cerca de la Zona Norte [...]. Tenía un balazo en el pecho y otro en la cabeza […]. Temo que la fiscalía no sea imparcial; no quieren que se sepa que también mataron a seguidores [de Morsi].

Residentes locales apuñalaron y golpearon a partidarios de Morsi. Amnistía Internacional entrevistó a Alaa Eldin Mohamed, de 49 años, en el hospital donde se recuperaba de las heridas de arma blanca sufridas en el abdomen, una pierna y un hombro. Nos contó:

Yo iba en una marcha que salía de la estación de tren de Moharam Beik; llegamos a la Zona Norte a eso de las cuatro [de la tarde] y nos quedamos allí. Hubo enfrentamientos entre seguidores y residentes locales hasta medianoche. Los residentes llevaban cuchillos y nos disparaban perdigones. Más tarde, al atardecer, llegaron las Fuerzas de Seguridad Central y dispararon gas lacrimógeno y perdigones en nuestra dirección. Cuando llegó la medianoche la policía había utilizado montones de gas lacrimógeno y dispersado a los manifestantes. Me costaba respirar; corrí hacia uno de los edificios de la calle Al Mushir y le pedí ayuda a una de las personas que vivía en la planta baja, pero me entregó a unos cinco vecinos más que me golpearon y apuñalaron en la espalda, el vientre y la mano. No podía respirar; sentí que me moría. Oí a una persona que decía “dejen de golpear al anciano”; me llevó a un vehículo policial y la policía me trasladó al hospital.

Amnistía Internacional entrevistó a Mansour Hendawy, de 32 años, en el hospital en donde recibía tratamiento por heridas de arma blanca. Nos contó:

Llegué a Sidi Gaber, en la Zona Norte, a eso de las seis de la tarde; poco después me encontré con que la policía lanzaba gas lacrimógeno y los seguidores [de Morsi] respondían arrojando piedras. Después de la medianoche, la policía disparó una cantidad desmesurada de gas lacrimógeno y perdigones. Yo les veía disparar […]; luego recibí disparos de perdigones en el lado izquierdo del cuerpo. Unas personas me llevaron al Hospital Militar [Mostafa Kamel], pero yo tenía miedo de que me detuvieran si se enteraban de que era partidario de Morsi. Pedí al personal del hospital que me dejasen marchar y así lo hicieron. Cuando estaba en la entrada del hospital vi a unos 15 residentes que venían corriendo hacia mí, y corrí hacia la calle Port Said. Encontré a un vigilante de un edificio y le pedí ayuda. No me hizo caso, así que paré un taxi y entré en él, pero los cinco residentes me obligaron a salir y empezaron a golpearme con palos y cuchillos. Escapé y corrí hacia los vehículos policiales y entonces perdí el conocimiento. Luego la policía me trasladó al hospital.

Residentes locales también resultaron heridos en los enfrentamientos. Khamis Suliman tiene cuatro hijos; según contó a Amnistía Internacional, fue a protestar contra los seguidores de Morsi a la calle Mushir, cerca de las vías del tranvía, porque estaba enojado por sus ataques a residentes locales. A eso de las 5.30 de la tarde recibió disparos de perdigones en la parte superior del cuerpo.

Amnistía Internacional habló con Fadi Emil, de 22 años, que estaba ingresado en el mismo hospital. Tenía una herida en el ojo izquierdo causada por perdigones. Nos contó:

Me uní a los demás manifestantes de la oposición y estaba en una calle lateral próxima a la zona Norte. La policía estaba allí, a nuestro lado, intentando dispersar a los seguidores con gas lacrimógeno. El ejército no hacía nada. Cuando me dispararon aún era de día; perdí el conocimiento de inmediato.

Los enfrentamientos continuaron hasta que en torno a la medianoche los opositores a Morsi superaron con creces a los seguidores. Según testigos, los hombres y mujeres que quedaban en la zona se refugiaron en el interior de la mezquita de Sidi Gaber hasta que miembros de las fuerzas de seguridad les garantizaron una salida segura.

Según los informes, al menos un seguidor de Morsi murió a consecuencia de los golpes propinados por residentes que lo habían atrapado. Testigos presenciales denunciaron que residentes enfurecidos persiguieron por las calles a presuntos miembros de la Hermandad Musulmana y otros seguidores de Morsi. Varios supuestos partidarios de Morsi fueron detenidos, incluido el hombre de la bandera negra que se ve en el video del asesinato de Mohamed Badr al-Din (véase supra).

Además de abstenerse de hacer un uso excesivo e innecesario de la fuerza, la policía tiene el deber de proteger a los ciudadanos, incluidos los manifestantes pacíficos, independientemente de su filiación política. Este deber se deriva de la obligación positiva del Estado de proteger el derecho a la vida y otros derechos humanos, como el derecho a la libertad de reunión pacífica, frente a las injerencias de otras personas. Al cumplir con esta obligación, la policía debe actuar sin discriminación por motivos como la opinión política, la religión, el sexo u otra condición.

8 de julio: VIOLENCIA ANTE EL CLUB DE LA GUARDIA REPUBLICANA

Según las autoridades, entre ellas las del Ministerio de Salud, la violencia que se desató en la madrugada del 8 de julio en las inmediaciones del Club de la Guarda Republicana se saldó con la muerte de al menos 54 personas –incluidos tres miembros de las fuerzas de seguridad– y más de 400 heridos. Los testimonios recopilados por Amnistía Internacional indican que las fuerzas de seguridad hicieron un uso excesivo e innecesario de la fuerza contra los partidarios de Morsi, incluida la utilización deliberada de medios letales contra manifestantes que no representaban ningún peligro para la vida de los agentes ni de otras personas. La mayoría de los testimonios indican que, cuando se produjeron las muertes, en el lugar de los hechos había miembros de las fuerzas armadas, incluida la Guardia Republicana, y del Ministerio del Interior.

Poco después de los incidentes, Amnistía Internacional visitó el hospital de campaña de Rabaa al Adawiya y los hospitales de Al Tamin al Sihi, Heliópolis, Manshiyat Bikri y Demerdash, todos ellos en El Cairo, y habló con personal médico, administradores y manifestantes heridos. Según las personas entrevistadas, los heridos y las víctimas mortales fueron llegando continuamente desde las cuatro hasta las ocho de la mañana. La mayoría de los pacientes necesitaban tratamiento por heridas de perdigones y munición real, y otros tuvieron que ser atendidos por los efectos del gas lacrimógeno. Los pacientes del hospital de Al Tamin al Sihi denunciaron que la administración del hospital se había negado a facilitarles informes médicos. En el hospital de campaña de Rabaa al Adawiya, Amnistía Internacional pudo ver balas de distinto calibre que, según el personal, se habían recogido en torno al lugar de los enfrentamientos. En las balas aparecía la insignia de la República Árabe de Egipto (“g.m.a” en árabe).

El hospital de Al Tamin al Sihi recibió 35 cadáveres a lo largo de la madrugada; dos de ellos eran de hombres que habían sido trasladados desde comisarías, lo que suscitó preocupación por la posibilidad de que hubieran sufrido tortura y otros malos tratos, sobre todo teniendo en cuenta que se había anunciado la detención de manifestantes por parte de fuerzas de seguridad durante los enfrentamientos.

Al hospital de Demerdash llegaron 40 personas heridas y un cadáver con un impacto de bala en la cabeza. Las lesiones habían sido causadas por perdigones o balas. El personal del hospital afirmó que 8 de las 40 personas tuvieron que ser ingresadas para recibir tratamiento o ser intervenidas quirúrgicamente. Tres presentaban lesiones oculares causadas por perdigones, y otras cinco habían recibido disparos en la espalda y los hombros.

En el hospital de Manshiyat Bikri, cuatro personas llegadas esa madrugada murieron a consecuencia de heridas de bala: dos habían sido alcanzadas en la cabeza, una en el pecho y otra en el cuello. El en hospital ingresaron 18 personas más con heridas causadas por armas de fuego.

En la morgue central de Zinhoum, en El Cairo, Amnistía Internacional contó 51 cadáveres. Un gran número de familiares se encontraba allí para recibir los cuerpos de sus seres queridos; en el exterior había una cola de al menos ocho ambulancias, cada una con dos cadáveres, que esperaban su turno para dejarlos en el depósito.

Los familiares de los muertos llevaban sus cuerpos desde las ambulancias a la morgue, coreando “Allahu Akhbar” (“Dios es grande”), y reclamando los “derechos de los mártires” para los responsables de los disparos.

Un trabajador de una ambulancia dijo que todos los cadáveres que había recibido presentaban impactos de bala. El conductor de una ambulancia afirmó que, después de los disparos, habían ido por la calle Marghany para intentar entrar en la zona del Club de la Guardia Republicana y llevarse a los heridos, pero unos soldados los detuvieron y los amenazaron con disparar contra la ambulancia si insistían en pasar. El ejército solo permitía la entrada de ambulancias en la zona desde una calle determinada. El conductor añadió que los soldados registraban las ambulancias que entraban y salían de la zona.

El Ministerio de Salud negó los informes que indicaban que entre las personas muertas había mujeres y niños. Un familiar contó a Amnistía Internacional que en el interior de la morgue había visto los cadáveres de dos niños que parecían tener entre 12 y 15 años. A la delegación de Amnistía Internacional no se le permitió ver los cuerpos para una verificación independiente de la afirmación.

El 8 de Julio, durante una rueda de prensa celebrada por el Ministerio del Interior y las fuerzas armadas, el portavoz del ejército afirmó que las fuerzas de seguridad se habían visto obligadas a responder al ataque de manifestantes en las proximidades del Club de la Guardia Republicana. Según dijo, inicialmente algunos manifestantes lanzaron piedras a las fuerzas de seguridad, y, al empeorar la situación, utilizaron escopetas y otras armas de fuego que causaron la muerte a un militar. El portavoz del Ministerio del Interior manifestó que otros dos miembros de las fuerzas de seguridad habían muerto a consecuencia del “ataque”.

La información obtenida de testigos presenciales, incluidos manifestantes heridos, muestra un panorama muy distinto. Manifestantes entrevistados por separado contaron a Amnistía Internacional que la violencia se desató inmediatamente después de la oración del amanecer (3.17 de la madrugada). Según relataron manifestantes que llevaban desde el 5 de julio acampados al lado del recinto del Club de la Guardia Republicana, cuando empezó la violencia estaban participando en una oración colectiva, mirando en dirección a La Meca y dando la espalda a la Guardia Republicana. La mayoría de los testimonios indican que las fuerzas de seguridad intentaron dispersar la concentración en las inmediaciones del Club de la Guardia Republicana, aproximándose a los manifestantes desde tres puntos distintos (el Club de la Guardia Republicana y las dos entradas a la concentración en la calle Salah Salem) y destruyendo las tiendas. Algunos manifestantes opusieron resistencia, en algunos casos recurriendo a la violencia, y se intensificó la violencia.

Según varios testigos presenciales, cuando la oración estaba llegando a su fin y reinaba la confusión se oyeron disparos. El imán (maestro de oración) utilizó un altavoz para pedir calma y repitió varias veces que la protesta era pacífica. Varios manifestantes confirmaron que las fuerzas de seguridad les habían advertido que no se acercasen a la alambrada levantada delante del complejo de la Guardia Republicana. También señalaron que los organizadores de la protesta habían dado instrucciones a los participantes de que no utilizasen piedras, cócteles molotov, fuegos artificiales ni punteros láser manuales (utilizados en las manifestaciones en Egipto para señalar un objetivo) durante las manifestaciones. Aunque algunos manifestantes utilizaron claramente la violencia durante los sucesos, la respuesta de las fuerzas de seguridad fue desproporcionada y causó muertos y heridos entre los manifestantes que no participaron directamente en los actos violentos y entre quienes no representaban una amenaza grave para la vida de las fuerzas de seguridad ni de otras personas.

Gamal Abdelminin, de 49 años, procedente de Kafr Al Dawar (gobernación de Bihira), describió el comienzo de los enfrentamientos:

Estábamos con el saludo [del final de la oración]; oí gritos y una advertencia de los miembros del “Comité del Pueblo” [miembros de las protestas encargados de gestionar la seguridad] en la entrada a la concentración por Salah Salem [...] De repente empezaron a oírse disparos inusitados, se formó un verdadero caos [y] había muchísimo gas lacrimógeno. Apenas se podía ver ni oír, y una lluvia de “khartoush” [perdigones] cayó sobre nosotros. También oía fuego real y veía cómo disparaban […]. Me tumbé boca abajo en el suelo […]. Soldados a pie empezaron a acercarse a nosotros; algo me golpeó en la nuca […]. Había más soldados detrás de mí, y por Salah Salem estaban llegando vehículos blindados que nos cerraban el paso. Corrí hacia la calle Al Tayaran [calle perpendicular a Salah Salem que iba a dar a la principal protesta de los seguidores de Morsi] y recibí disparos de perdigones en el lado izquierdo.

Una mujer cercana a la cincuentena, que presentaba heridas leves en los pies causadas por perdigones, describió de modo similar cómo había empezado la violencia. Dijo:

Acababa de finalizar la oración junto con los demás, cerca de las tiendas en donde las mujeres habíamos dormido con nuestros hijos, cuando vi a hombres que se acercaban corriendo. Entonces comenzó a caer gas lacrimógeno sobre nosotros [...]. Yo no sabía qué hacer ni a dónde llevar a los niños. Estaba perdida […]. No podía volver a las tiendas porque nos asfixiaríamos, y no sabía hacia dónde correr a causa de los disparos [...]. Acabé agazapada bajo un árbol y vi que [las fuerzas de seguridad] venían hacia nosotros. Llegaban desde tres sitios distintos: las dos entradas a la concentración en Salah Salem, y la propia Guardia Republicana [...]. Había soldados a pie, vehículos blindados con “francotiradores” en la parte superior, montones de hombres de negro con equipos de protección y escudos [...] Los disparos y el gas lacrimógeno llegaban de todos lados, hasta que obligaron a los manifestantes a volver a la calle Al Tayaran […]. También vi a gente que disparaba desde las azoteas de los edificios […]. Delante de mí había hombres tendidos en el suelo en medio de charcos de sangre; me quedé debajo del árbol rezando […]. Pensé que todo había acabado... Cuando las tropas avanzaron hacia Al Tayaran conseguí huir por una calle lateral.

Cuando la delegación de Amnistía Internacional la visitó en el hospital, su familiar, una mujer de 33 años que sufría lesiones más graves en la espalda, gritaba de dolor. Había resultado herida cuando se encontraba cerca de su tienda.

Otra víctima, una mujer con un hijo que estaba recibiendo tratamiento por heridas causadas por perdigones en la cara, el pecho y los hombros, contó a Amnistía Internacional que se encontraba al lado de su tienda cuando recibió los disparos. Finalmente, una ambulancia la sacó de la zona próxima a la Guardia Republicana en presencia de las fuerzas de seguridad. Nos contó:

La ambulancia llegó realmente tarde, porque no podía entrar mientras siguiesen disparando; cuando apareció yo estaba cubierta de sangre […]. Los del “Interior” [nombre que suele darse a los miembros del Ministerio del Interior] fueron muy despectivos conmigo, dijeron: “¿No quieren convertirse en mártires? Déjalos que sangren”.

Contó a Amnistía Internacional que había participado en protestas porque creía que la destitución de Mohamed Morsi había sido ilegal, y que estaba allí para decir: “¿Dónde está mi voto?”.

En el mismo hospital, un estudiante de secundaria estaba siendo atendido por heridas de perdigones en la cabeza, el rostro y las piernas. Según un vecino suyo, el muchacho estaba en la concentración junto con sus familiares cuando estalló la violencia.

Varios hombres que participaron en la protesta contaron a Amnistía Internacional que, cuando los expulsaron de la calle Salah Salem, habían intentado impedir el avance de las fuerzas de seguridad colocando barreras en la calle Al Tayaran. Según contaron, parecía como si la violencia hubiese empezado en la entrada izquierda de la concentración. Un partidario de Morsi procedente de Tanta, en la gobernación de Gharbeya, contó a Amnistía Internacional:

Yo estaba rezando en la parte de atrás cuando oí que había un problema en la entrada. Corrí para ayudar a los demás y vi al menos dos vehículos blindados y a montones de miembros del Interior vestidos de negro y a pie, creo que [eran] policías antidisturbios [...]. Lanzamos piedras para intentar impedir que se acercaran [...] También disparaban desde los edificios adyacentes […]. Nos obligaron a volver hacia la concentración [en la calle Salah Salem], y entonces la Guardia Republicana, los soldados que estaban detrás de la alambrada y gente que estaba situaba en las azoteas de los edificios empezaron a disparar y lanzar gas lacrimógeno […]. Me hirieron en un pie, volví cojeando hacia un triciclo y salí por la calle Al Tayaran hacia un hospital de campaña.

Otro hombre contó a Amnistía Internacional que los enfrentamientos callejeros comenzaron inmediatamente después de la oración:

Cuando el imán acabó la oración oímos gritos y había gente corriendo en todas direcciones [...]. Las mujeres salieron de las tiendas [...]. Las fuerzas de seguridad gritaban “hacia atrás, hacia atrás”, a la vez que lanzaban disparos y gas lacrimógeno [...]. Recogimos los botes de gas lacrimógeno y se los lanzamos a ellos [...]. Yo iba de acá para allá intentando recuperar el aliento a causa del gas lacrimógeno y [volví] a las filas delanteras para proteger nuestra concentración.

Otro manifestante, un estudiante universitario de ingeniería de 18 años, contó a Amnistía Internacional que le dispararon en las piernas cuando intentaba llevar a otras personas heridas lejos de la entrada a la concentración donde había comenzado la violencia. Dijo:

Me encontraba cerca de la entrada cuando oí que los compañeros al lado de la zona de acceso avisaban de que nos estaban atacando... Inmediatamente después comenzaron a dispararnos y a lanzar gas lacrimógeno [...]. Vi a personas caer delante de mí: a algunas las habían alcanzado en la cabeza, a otras en el pecho. Al agacharme para recoger a una de ellas sentí que una bala me alcanzaba en la rodilla [...]. Otros manifestantes me ayudaron a retirarme hacia el hospital de campaña.

Mohamed Metwally, cuyo primo de 29 años recibió un disparo en el cuello, contó a Amnistía Internacional:

Estábamos con el rezo del “fajr” (la oración del amanecer), de espaldas a la Guardia Republicana. Al acabar la oración oímos disparos detrás de nosotros; de repente se organizó un caos y encontré a mi primo, que acaba de recibir un disparo en el cuello. Lo llevamos a la ambulancia, pero era muy difícil, porque las fuerzas de seguridad disparaban gas lacrimógeno y nos costaba ver y respirar.

Ali Saleh AbdelRahman, de 34 años, murió tras recibir un disparo en el pecho. Su primo Reda Abdallah contó a Amnistía Internacional:

Estábamos al final de la oración cuando oímos disparos. Miré hacia atrás y vi a soldados de negro disparando; luego empezaron a lanzar gas lacrimógeno. Vi cómo caía gente; después corrí hacia la calle Al Tayaran y luego encontré […] a mi primo. Lo llevamos al hospital de Al Tamin al Sihi, pero estaba muerto.

Los familiares mostraron a Amnistía Internacional certificados de defunción que indicaban que sus seres queridos habían muerto a consecuencia de “disparos”. La mayoría presentaba impactos en el cuello, el pecho o la cabeza. Una persona contó a Amnistía Internacional que en el certificado de defunción de su primo constaba que la causa de la muerte habían sido “quemaduras”, pero que en realidad el hombre había muerto a causa de los disparos que había recibido en el pecho.

La violencia continuó durante varias horas y fue avanzando por la calle Al Tayaran a medida que los manifestantes levantaban barreras para impedir el avance de las fuerzas de seguridad. Un manifestante contó a Amnistía Internacional:

Cuando oí que las fuerzas de seguridad intentaban dispersar nuestra concentración salí de Rabaa al Adawiya, en donde estaba acampado, y fui por la calle Al Tayaran para apoyar a los demás [...]. Vi vehículos blindados que venían hacia nosotros y varias filas de soldados a pie […]. También disparaban desde los edificios circundantes; uno de ellos comenzó a arder y dejamos pasar a los bomberos [...]. Inmediatamente después volvieron a arreciar los disparos, y el gas lacrimógeno era verdaderamente espeso […]. Era como si vaciasen los cargadores de las ametralladoras disparándonos y las volviesen a cargar al momento […] La gente caía a mi alrededor [...]. Me incliné para ayudar a una persona que acaba de caer delante de mí y una bala me alcanzó en el hombro.

La Fiscalía General ha iniciado investigaciones sobre la violencia, incluido el interrogatorio de testigos presenciales y manifestantes heridos hospitalizados. A fin de garantizar que nada entorpece la acción de la justicia, Amnistía Internacional insta a las autoridades a asegurar que todos los familiares de los manifestantes muertos y heridos reciben documentación médica fidedigna en la que se establezca la causa de las lesiones, y que no se pierden ni alteran las pruebas periciales. Las deficiencias en el proceso de recopilación de indicios en el curso de las investigaciones sobre los homicidios de manifestantes durante la “Revolución del 25 de enero” han contribuido a que los tribunales hayan absuelto a policías y otros funcionarios acusados de uso excesivo de la fuerza.

Conclusión y recomendaciones

La información recopilada por Amnistía Internacional en Egipto indica claramente que algunas de las personas que murieron en las protestas y la violencia política desencadenadas el 5 y el 8 de julio fueron víctimas de homicidio ilegítimo a causa del uso excesivo de la fuerza por parte de fuerzas de seguridad, incluido el empleo de medios letales contra quienes no representaban ningún peligro para las fuerzas de seguridad ni para otros. Otras personas murieron durante los enfrentamientos entre partidarios y detractores del presidente derrocado, ante la pasividad de las fuerzas de seguridad que no intervinieron para poner fin a la violencia.

Amnistía Internacional pide a las autoridades egipcias que:

Lleven a cabo sin dilación investigaciones exhaustivas, independientes e imparciales sobre las muertes y lesiones causadas por fuerzas de seguridad, incluido el ejército, y procesen en juicios con garantías a los responsables de homicidios ilegítimos y uso excesivo y arbitrario de la fuerza, independientemente del rango que ostenten y sin recurrir a la pena de muerte;

Garanticen que el comité creado por el presidente interino para investigar los actos violentos registrados el 8 de julio delante del Club de la Guardia Republicana está facultado para llevar a cabo registros y confiscaciones y citar a testigos y sospechosos, incluidos miembros de las fuerzas armadas y del Ministerio del Interior;

Garanticen que las investigaciones analizan el papel desempeñado por las fuerzas de seguridad al abstenerse de proteger vidas;

Lleven a cabo sin dilación investigaciones imparciales e independientes sobre la violencia política en la que manifestantes de ambos bandos murieron y resultaron heridos a manos de sus opositores políticos, a fin de determinar quiénes fueron las personas responsables y garantizar su procesamiento en juicios justos y sin recurrir a la pena de muerte;

Garanticen que todas las investigaciones sobre homicidios se atienen a los métodos establecidos en los Principios de la ONU Relativos a una Eficaz Prevención e Investigación de las Ejecuciones Extralegales, Arbitrarias o Sumarias. Las conclusiones deben remitirse a las autoridades judiciales con vistas al procesamiento de los responsables. Estas autoridades judiciales deben incluir salvaguardas efectivas contra las injerencias y/o la influencia de de políticos y agentes de policía o de las fuerzas de seguridad. Las personas designadas para esta tarea deben ser íntegras, estar capacitadas, y contar con las competencias adecuadas y la confianza de las víctimas;

Garanticen que se llevan a cabo autopsias completas y se elaboran informes médicos minuciosos que faciliten investigaciones exhaustivas y garanticen acceso a justicia y reparaciones para todas las víctimas y sus familias;

Protejan a la población, incluidos los manifestantes pacíficos, independientemente de su filiación política: defiendan el derecho a la reunión pacífica; y, cuando sea necesario, adopten medidas como la protección de los manifestantes frente a las agresiones violentas de sus opositores; y

Garanticen que todas las víctimas y sus familiares reciben una reparación adecuada que incluya, entre otras medidas, una indemnización económica.

Amnistía Internacional insta a todos los líderes políticos a que condenen los abusos contra los derechos humanos cometidos por sus seguidores y les pidan que pongan fin a los ataques violentos contra los partidarios del otro bando.

Notas finales

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Egipto

HOMICIDIOS ILEGÍTIMOS EN PROTESTAS Y VIOLENCIA polÍtica EL 5 Y EL 8 DE JULIO DE 2013

Amnesty International Publications

Publicado originalmente en julio de 2013 por Amnesty International Publications

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1 Easton Street

London WC1X 0DW

Reino Unido

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© Amnesty International Publications 2013

Índice: MDE 12/034/2013

Idioma original: inglés.

Edición española a cargo de:

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