Annual Report 2012
The state of the world's human rights

Document - Amnesty International News, September 1993. Vol.23, No.6.

Amnistía Internacional - Boletín Septiembre de 1993

Enfoque


En 1989 ya se podía ver un tam­ba­leo en la mar­cha del impo­nen­te titán que fuera la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). El gigan­tes­co Estado, que se extendía desde el Mar Báltico al Océano Pacífico y 5.000 km. de norte a sur, contenía casi 300 millo­nes de habi­tan­tes de más de 100 gru­pos étni­cos dife­ren­tes. La Unión se com­po­nía de 15 repú­bli­cas, que a su vez com­pren­dí­an 20 repú­bli­cas autó­no­mas y ocho regio­nes autó­no­mas, cons­ti­tui­das prin­ci­pal­men­te en base a los gru­pos étni­cos que les daban el nom­bre.


La reac­ción no se hizo espe­rar: el 19 de agos­to de 1991, las fuer­zas polí­ti­cas con­ser­va­do­ras saca­ron los tan­ques a las ­calles de Moscú y otras ciu­da­des prin­ci­pa­les, anun­cian­do que el pre­si­den­te Mijail Gorbachov había sido derro­ca­do sin más.

La ten­ta­ti­va de golpe se des­ba­ra­tó en ape­nas tres días. Las fuer­zas mili­ta­res y de segu­ri­dad del Estado no se mos­tra­ron dis­pues­tas a apo­yar la toma del poder, espe­cial­men­te vista la fuer­za del movi­mien­to de resis­ten­cia popu­lar, cla­ra­men­te deci­di­do a ­luchar por las liber­ta­des polí­ti­cas. El 24 de agos­to, el pre­si­den­te Gorbachov dimi­tió de su cargo de secre­ta­rio gene­ral del Partido Comunista de la Unión Soviética, y se sus­pen­die­ron las acti­vi­da­des del Partido.

El fra­ca­so del golpe impri­mió nuevo vigor a la ten­den­cia auto­no­mis­ta. En sep­tiem­bre de 1991, la URSS reco­no­ció la inde­pen­den­cia de los Estados bál­ti­cos — Estonia, Letonia y Lituania. En diciem­bre, con una sola excep­ción, las repú­bli­cas res­tan­tes acor­da­ron for­mar la Comunidad de Estados Independientes (CIS), decla­ran­do que la URSS había deja­do de exis­tir.

Pero, en ­muchas de las nue­vas repú­bli­cas, las ten­sio­nes étni­cas que el anti­guo apa­ra­to esta­tal ape­nas si había logra­do con­te­ner han hecho erup­ción en con­flic­tos arma­dos. Al vol­ver­se cada vez más cla­ras las afi­lia­cio­nes regio­na­les, el mapa de la anti­gua URSS ha segui­do frag­men­tán­do­se — y la con­ti­nua­ción de los con­flic­tos étni­cos hace pen­sar que las fron­te­ras toda­vía no están tra­za­das defi­ni­ti­va­men­te.

La pena de muer­te aún no ha sido abo­li­da en nin­gu­na de las nue­vas repú­bli­cas. Son pocas las que han redac­ta­do una nueva Constitución o códi­go legal; en su gran mayo­ría se rigen, con algu­nas enmien­das, por la legis­la­ción de la anti­gua URSS.

Las pre­o­cu­pa­cio­nes de AI en la ­región se han visto domi­na­das por las vio­la­cio­nes de dere­chos huma­nos come­ti­das en el con­tex­to de los con­flic­tos étni­cos que afli­gen a Azerbaiyán, Georgia y Tayikistán. Otros paí­ses, como Uzbekistán, pare­cen estar repi­tien­do los abu­sos de la anti­gua Unión Soviética.


AZER­BAI­YÁN

La República de Azerbaiyán está situa­da en Transcaucasia, entre Irán y Rusia, junto al Mar Caspio. La mayo­ría de los siete millo­nes de habi­tan­tes del país son musul­ma­nes de len­gua turca, si bien la etnia arme­nia repre­sen­ta la mayo­ría de la pobla­ción en el encla­ve de Nagorno-Karabaj, actual­men­te en dis­pu­ta. La vio­len­cia inter­co­mu­nal en este terri­to­rio sepa­ra­tis­ta ha veni­do esca­lan­do desde 1988 hasta con­ver­tir­se en una gue­rra que ha cos­ta­do milla­res de vidas, ­muchas de ellas civi­les.

Todas las par­tes en con­flic­to han sido acu­sa­das de abu­sos como eje­cu­cio­nes extra­ju­di­cia­les y otros homi­ci­dios deli­be­ra­dos y arbi­tra­rios de civi­les; malos tra­tos y tor­tu­ras (inclu­yen­do vio­la­ción) infli­gi­dos a com­ba­tien­tes y no com­ba­tien­tes; y la toma de rehe­nes, prác­ti­ca expre­sa­men­te pro­hi­bi­da en los Convenios de Ginebra de 1949.

La uni­dad admi­nis­tra­ti­va cono­ci­da como Región Autónoma de Nagorno-Karabaj fue cre­a­da en 1923 en Azerbaiyán, y está sepa­ra­da de Armenia, al oeste, por un corre­dor de casi 10 km. La vio­len­cia entre las ­etnias arme­nia y azer­bai­ya­na de la ­región se des­ató tras una serie de mani­fes­ta­cio­nes cele­bra­das a prin­ci­pios de 1988 para pedir la incor­po­ra­ción a Armenia.

El gobier­no direc­to desde Moscú, impues­to de enero a noviem­bre de 1989, no con­si­guió dete­ner la esca­la­da del con­flic­to y, en sep­tiem­bre de 1991, los con­ce­jos de la ­región decla­ra­ron la for­ma­ción de la República de Nagorno-Karabaj (RNK). El gobier­no azer­bai­ya­no tomó repre­sa­lias decla­ran­do nula la auto­no­mía de la ­región. El 6 de enero de 1992, la RNK decla­ró su inde­pen­den­cia de Azerbaiyán; aún no ha sido reco­no­ci­da por la comu­ni­dad inter­na­cio­nal.

Tras la diso­lu­ción de la Unión Soviética, las tro­pas de la URSS se reti­ra­ron de la ­región, que­dan­do en su lugar uni­da­des para­mi­li­ta­res arme­nias — con­tro­la­das por el Parlamento de la RNK— en con­flic­to direc­to con el ejér­ci­to azer­bai­ya­no. Como resul­ta­do de los últi­mos enfren­ta­mien­tos, hoy las auto­ri­da­des de etnia arme­nia con­tro­lan de hecho casi la tota­li­dad del terri­to­rio de Karabaj, inclu­yen­do la capi­tal, Stepanakert. Los refu­gia­dos de ambas par­tes se cuen­tan en cien­tos de miles. Los infor­mes varí­an; a fina­les de 1992, el minis­tro del Interior de Azerbaiyán esti­ma­ba las víc­ti­mas arme­nias en 3.000 y las azer­bai­ya­nas en 4.700.


La toma de rehe­nes

Se han reci­bi­do nume­ro­sos infor­mes sobre la toma de rehe­nes, ­muchos de ellos muje­res y niños, por parte de ambas ­etnias, arme­nia y azer­bai­ya­na. Algunos han sido cap­tu­ra­dos por el ejér­ci­to; otros, por par­ti­cu­la­res. Los rehe­nes son can­je­a­dos por fami­lia­res o ami­gos en poder de la opo­si­ción, o por ali­men­tos o gaso­li­na. Es impo­si­ble cal­cu­lar la cifra exac­ta de rehe­nes, pero gru­pos tanto de Armenia como de Azerbaiyán han com­pi­la­do lis­tas de cen­te­na­res de per­so­nas des­apa­re­ci­das o de quie­nes se sabe que han sido toma­das como rehe­nes.

Lev Avakov-Leonov, de 85 años, de ori­gen arme­nio, fue secues­tra­do en Bakú la tarde del 21 de marzo de 1992, cuan­do tres hom­bres y una mujer for­za­ron su entra­da por el bal­cón de su casa. Lo saca­ron de la cama y se lo lle­va­ron; al pare­cer, gol­pe­a­ron a su espo­sa que se resis­tía. Más de un año des­pués, según fuen­tes no ofi­cia­les, Lev Avakov-Leonov no ha sido can­je­a­do ni se lo ha podi­do loca­li­zar. Vistas las cre­cien­tes ame­na­zas a su segu­ri­dad, su fami­lia aban­do­nó Azerbaiyán en junio de 1992.

La situa­ción de la comu­ni­dad de ori­gen arme­nio resi­den­te en Azerbaiyán, y la de los azer­bai­ya­nos en Armenia, se ha vuel­to into­le­ra­ble. Se cree que los úni­cos arme­nios que que­dan en la capi­tal, Bakú, per­te­ne­cen a matri­mo­nios mix­tos o tie­nen nom­bres que no son fácil­men­te reco­no­ci­bles como de ori­gen arme­nio.

En marzo de este año, el pre­si­den­te de la Comisión del Estado de Azerbaiyán sobre Rehenes, Prisioneros y Personas Desaparecidas dijo que 75 resi­den­tes de Bakú de etnia arme­nia esta­ban dete­ni­dos en Azerbaiyán.

En febre­ro de 1992, según infor­mes, seis azer­bai­ya­nos —Saltanat Zulal gyzy Mamedova, de 61 años, sus dos hijas y sus tres jóve­nes nie­tos— fue­ron dete­ni­dos por las fuer­zas de etnia arme­nia. La fami­lia huía de Joyaly, loca­li­dad de la zona de Karabaj habi­ta­da prin­ci­pal­men­te por azer­bai­ya­nos, que había pasa­do al con­trol de las fuer­zas arme­nias. Se cree que unas 300 per­so­nas murie­ron duran­te el com­ba­te en Joyaly, tra­tán­do­se en ­muchos casos de civi­les des­ar­ma­dos ase­si­na­dos por las fuer­zas arme­nias cuan­do inten­ta­ban huir. El 25 de febre­ro de 1993, el pro­cu­ra­dor gene­ral de Azerbaiyán decla­ró que aún que­da­ban 30 rehe­nes.

A las víc­ti­mas rara vez se les per­mi­te poner­se en con­tac­to con sus ami­gos o fami­lia­res, y su segu­ri­dad puede peli­grar debi­do al carác­ter ile­gal y secre­to de su deten­ción. Sus cap­to­res son ­libres de ­actuar impu­ne­men­te, y se han reci­bi­do nume­ro­sos infor­mes sobre malos tra­tos infli­gi­dos a rehe­nes de ambas par­tes en con­flic­to.

También se han denun­cia­do malos tra­tos, tor­tu­ras y eje­cu­cio­nes extra­ju­di­cia­les. Unos civi­les de etnia azer­bai­ya­na que tra­ta­ban de esca­par­se de Joyaly afir­ma­ron que los some­tie­ron a malos tra­tos mien­tras los man­te­ní­an cau­ti­vos a prin­ci­pios de 1992: Durdana Agayeva dijo que a ella y a otra mujer las habí­an gol­pe­a­do mien­tras esta­ban reclui­das en una celda junto con unas 30 muje­res en una comi­sa­ría de poli­cía de la loca­li­dad de Askerán; Gulaya Oruyheva decla­ró que, duran­te su deten­ción, vio cómo dis­pa­ra­ban a san­gre fría con­tra dos jóve­nes azer­bai­ya­nos, gol­pe­a­ban a otros pri­sio­ne­ros y vio­la­ban a una mujer.

Eleanor Grigorián, de etnia arme­nia, pues­ta en liber­tad en marzo de 1992, afir­mó que la habí­an rete­ni­do un mes junto con su hijo Dmitry, de cua­tro años, y que la habí­an trans­fe­ri­do de una uni­dad mili­tar azer­bai­ya­na a otra, y en todas ellas la habí­an vio­la­do. Su niño tam­bién fue víc­ti­ma de malos tra­tos, entre ellos que­ma­du­ras con ciga­rri­llos en la mano.

Otros civi­les no com­ba­tien­tes han sido ase­si­na­dos de forma deli­be­ra­da y arbi­tra­ria. Poco des­pués de la matan­za de azer­bai­ya­nos en Joyaly, per­so­nas de etnia arme­nia de Maraga, en el nor­des­te de Karabaj, denun­cia­ron que las tro­pas azer­bai­ya­nas entra­ron en su pue­blo en abril de 1992, dando muer­te a no menos de 45 habi­tan­tes no com­ba­tien­tes. Parece que los cuer­pos fue­ron muti­la­dos, y que los super­vi­vien­tes fue­ron toma­dos como rehe­nes.

Tales inci­den­tes sólo lle­gan al cono­ci­mien­to del mundo exte­rior cuan­do los pre­sen­cia algún obser­va­dor extran­je­ro, y es pro­ba­ble que ­muchos ata­ques simi­la­res que­den anó­ni­mos o sin con­fir­mar debi­do a la inac­ce­si­bi­li­dad del lugar y a la situa­ción béli­ca. Pero las prue­bas dis­po­ni­bles hasta ahora refle­jan una espan­to­sa cons­tan­te de fero­ci­dad des­ata­da con­tra la inde­fen­sa pobla­ción civil.



GEOR­GIA

La República de Georgia, en Transcaucasia, limi­ta con Rusia, Azerbaiyán, Armenia y Turquía. Aproximadamente el 70 por cien­to de los 5,4 millo­nes de habi­tan­tes son de ori­gen étni­co geor­gia­no. Las ten­sio­nes polí­ti­cas que exis­ten en la repú­bli­ca se han visto exa­cer­ba­das por el con­flic­to étni­co en Abjasia, repú­bli­ca autó­no­ma situa­da en el nor­oes­te de Georgia.

Actualmente, los abja­sios, etnia cau­ca­sia­na dife­ren­te de la geor­gia­na, repre­sen­tan una mino­ría de la pobla­ción de Abjasia (según el censo de 1989, el 17,8 por cien­to; mien­tras que los geor­gia­nos el 45,7 por cien­to). Vienen de anti­guo las ten­sio­nes entre los sec­to­res de la pobla­ción abja­sia que pro­cu­ran mayor auto­no­mía y el gobier­no geor­gia­no, que se ha esfor­za­do por con­ser­var la inte­gri­dad terri­to­rial del país. Varias medi­das toma­das a lo largo de los años han agu­di­za­do la sen­sa­ción que tie­nen ambas par­tes de que se ha dis­cri­mi­na­do en su con­tra.

La fase ­actual del con­flic­to arma­do dio comien­zo en agos­to de 1992, fecha en que las tro­pas geor­gia­nas incur­sio­na­ron en Abjasia y se apo­de­ra­ron de la capi­tal, Sujumi. Las auto­ri­da­des expli­ca­ron que las tro­pas habí­an sido envia­das para com­ba­tir el ­saqueo y el sabo­ta­je de la línea ferro­via­ria y bus­car al secues­tra­do minis­tro del Interior. Los líde­res abja­sia­nos con­si­de­ra­ron esto una inva­sión y tras­la­da­ron su cen­tro de ope­ra­cio­nes a la ciu­dad de Gudauta, al norte, que se halla­ba bajo su con­trol.

Durante los 10 meses siguien­tes con­ti­nua­ron pro­du­cién­do­se bro­tes espo­rá­di­cos de vio­len­cia que se cobra­ron cien­tos de vidas de ambos ban­dos. En julio, tras el recru­de­ci­mien­to del com­ba­te alre­de­dor de Sujumi, el gobier­no geor­gia­no impu­so la ley mar­cial por un perio­do de dos meses.

Según los infor­mes reci­bi­dos, duran­te los pri­me­ros meses del con­flic­to las fuer­zas de Georgia detu­vie­ron a dece­nas de civi­les no com­ba­tien­tes, a veces como rehe­nes, úni­ca­men­te debi­do a que no eran de etnia geor­gia­na. Muchas víc­ti­mas afir­man que las tro­pas geor­gia­nas for­za­ron su entra­da en sus domi­ci­lios y los veci­nos, donde come­tie­ron robos y gol­pe­a­ron a los ocu­pan­tes, o se los lle­va­ron. Muchos per­ma­ne­cie­ron pri­sio­ne­ros duran­te perio­dos bre­ves y des­pués que­da­ron en liber­tad. Otros, se cree, ­siguen cau­ti­vos o han “des­apa­re­ci­do”.

Al pare­cer, las tro­pas geor­gia­nas toma­ron como rehén a un abja­sio, Garri Pilia, por­que esta­ba empa­ren­ta­do con un miem­bro del Parlamento abja­sio en Gudauta. Parece que al menos otra per­so­na fue dete­ni­da por moti­vos simi­la­res. Se des­co­no­ce el para­de­ro de Garri Pilia, y queda sin acla­rar la suer­te de al menos cinco per­so­nas de etnia abja­sia dete­ni­das en Sujumi por las tro­pas de Georgia en octu­bre de 1992.

Las tro­pas del ejér­ci­to geor­gia­no, la Guardia Nacional y un grupo para­mi­li­tar cono­ci­do como "Mjedrioni" (“Jinetes”) tam­bién han sido acu­sa­dos de prac­ti­car tor­tu­ras y malos tra­tos, inclu­yen­do vio­la­ción ­sexual, y de lle­var a cabo eje­cu­cio­nes extra­ju­di­cia­les. Hasta ahora, que se sepa, no se ha pues­to en manos de la jus­ti­cia a nin­gu­no de los pre­sun­tos per­pe­tra­do­res de tor­tu­ras, pali­zas o ase­si­na­tos duran­te el con­flic­to abja­sio.

Un hom­bre de etnia abja­sia oriun­do de Sujumi decla­ró que las tro­pas geor­gia­nas lo habí­an dete­ni­do junto con unas 35 per­so­nas en agos­to de 1992. Dice que un miem­bro del grupo fue ase­si­na­do a tiros sim­ple­men­te por insis­tir en que resi­día en “la República de Abjasia”.

Parece que en sep­tiem­bre de 1992, L.I. Topuridze, ins­pec­to­ra sani­ta­ria de la Guardia Nacional abja­sia, fue cap­tu­ra­da, some­ti­da a tor­tu­ras y vio­la­da por las tro­pas geor­gia­nas, y murió al día siguien­te en un hos­pi­tal de Sujumi. Según tras­cen­dió, un infor­me foren­se cons­ta­tó que había reci­bi­do ­varios tiros y tenía ­varios hue­sos frac­tu­ra­dos y lesio­nes en la colum­na ver­te­bral y en la vagi­na.

Las fuer­zas con­tro­la­das por Abjasia tam­bién han sido acu­sa­das de admi­nis­trar tor­tu­ras y lle­var a cabo eje­cu­cio­nes extra­ju­di­cia­les, y AI está pro­cu­ran­do veri­fi­car ­dichos infor­mes.


La pena de muer­te

No se sabe a cien­cia cier­ta cuál es la situa­ción en rela­ción con la pena de muer­te en Georgia. El ante­rior minis­tro de Justicia decla­ró que se la había abo­li­do com­ple­ta­men­te en febre­ro de 1992. No obs­tan­te, fuen­tes ofi­cia­les han afir­ma­do que la abo­li­ción no ha sido com­ple­ta, y el 17 de marzo de 1993 el Parlamento de Georgia pro­mul­gó una ley sobre mer­ce­na­rios que admi­te la posi­bi­li­dad de la pena de muer­te. En abril, Konstantin Kemulariya, ­actual minis­tro de Justicia, comu­ni­có a AI que la pena capi­tal había sido abo­li­da para la mayo­ría de los deli­tos, pero no acla­ró cuá­les la ­seguían mere­cien­do.

Las eje­cu­cio­nes han con­ti­nua­do: al pare­cer, en abril se eje­cu­tó a cua­tro hom­bres en la cár­cel de Dranda — con­tro­la­da por Georgia— por inten­tar secues­trar un avión en el aero­puer­to de Sujumi.

Las fuer­zas lea­les a las auto­ri­da­des abja­sias de Gudauta tam­bién han come­ti­do eje­cu­cio­nes. Al menos 12 per­so­nas acu­sa­das de ­saqueos en Gagra a prin­ci­pios de octu­bre de 1992 fue­ron fusi­la­das por uni­da­des con­tro­la­das por la coman­dan­cia mili­tar de Abjasia.



TAYI­KIS­TÁN

Durante el gobier­no sovié­ti­co, Tayikistán era la repú­bli­ca más pobre y de menor des­arro­llo eco­nó­mi­co, con una ele­va­da tasa de des­em­pleo, esca­sez de vivien­das y un his­to­rial de explo­si­vas ten­sio­nes étni­cas.

De mayo a diciem­bre de 1992, el país se vio des­ga­rra­do por una san­grien­ta gue­rra civil entre fuer­zas divi­di­das por fac­to­res polí­ti­cos y geo­grá­fi­cos. El con­flic­to se cobró hasta 20.000 vidas y dejó sin hogar a más de medio ­millón de per­so­nas. Hasta el día de hoy ­siguen librán­do­se com­ba­tes espo­rá­di­cos entre las fuer­zas del gobier­no y los gru­pos de opo­si­ción islá­mi­cos, espe­cial­men­te a lo largo de la fron­te­ra con Afganistán.

El con­flic­to cul­mi­nó en diciem­bre de 1992 cuan­do las fuer­zas del gobier­no recon­quis­ta­ron la capi­tal, Dunshabe, que esta­ba en manos de fuer­zas sub­or­di­na­das a una coa­li­ción opo­si­to­ra. Parece que, duran­te las sema­nas siguien­tes, cen­te­na­res de civi­les des­ar­ma­dos, prin­ci­pal­men­te de las regio­nes de Garm y Pamir — donde la opo­si­ción al gobier­no es inten­sa— fue­ron eje­cu­ta­dos extra­ju­di­cial­men­te o “des­apa­re­cie­ron” tras ser pues­tos bajo cus­to­dia. Los ase­si­na­tos y “des­apa­ri­cio­nes” se han impu­ta­do al Ministerio del Interior y al Frente Popular de Tayikistán, grupo para­mi­li­tar que enca­be­zó el ata­que con­tra la capi­tal y al que se han otor­ga­do fun­cio­nes de man­te­ni­mien­to del orden.

El pasa­do diciem­bre, por ejem­plo, pare­ce que unos sol­da­dos uni­for­ma­dos del Ministerio del Interior para­ron auto­bu­ses en Dushanbe para efec­tuar con­tro­les de iden­ti­dad, hicie­ron bajar­se a unas 20 per­so­nas oriun­das de Garm y Pamir y las fusi­la­ron en el acto. Muchas per­so­nas dete­ni­das en el aero­puer­to o en sus domi­ci­lios han sido encon­tra­das muer­tas en la calle o en la mor­gue muni­ci­pal. Otros, sim­ple­men­te, han “des­apa­re­ci­do”.

El 27 de enero, un grupo de hom­bres que, se cree, eran agen­tes del Frente Popular, irrum­pie­ron en el domi­ci­lio de la fami­lia Rizvonov, en Dushanbe, y mata­ron a tiros a 11 per­so­nas, entre ellas una octo­ge­na­ria y un niño de cua­tro años. Al día siguien­te, miem­bros arma­dos del Frente Popular detu­vie­ron a tres her­ma­nos de la fami­lia Jaydashoyev en su piso de Dushanbe. Les die­ron una pali­za bru­tal con cula­tas de rifle, los tira­ron en la parte pos­te­rior de un auto­mó­vil y se los lle­va­ron a las afue­ras de la ciu­dad. Allí, en la ribe­ra del río Dushanbinka, los hicie­ron for­mar fila y los fusi­la­ron a san­gre fría. Dos per­die­ron la vida; el más joven, a quien sólo habí­an alcan­za­do en las pier­nas, cayó ­detrás de sus her­ma­nos, y lo deja­ron por muer­to. Una vez que los sol­da­dos se hubie­ron reti­ra­do, se arras­tró hasta un edi­fi­cio de apar­ta­men­tos pró­xi­mo y se puso en con­tac­to con su fami­lia.

Funcionarios del gobier­no decla­ra­ron públi­ca­men­te que las fuer­zas de segu­ri­dad habí­an sido auto­ri­za­das a lle­var a cabo eje­cu­cio­nes suma­rias. En febre­ro, Sangak Safarov, líder del Frente Popular, hizo saber a unos perio­dis­tas que las uni­da­des arma­das del Frente Popular tení­an orden de dis­pa­rar en el acto con­tra “saquea­do­res y mero­de­a­do­res”.

Tras la publi­ca­ción, en el mes de mayo, de un infor­me de AI que expo­ne estos abu­sos en Tayikistán, el Ministerio del Interior acusó a la orga­ni­za­ción de tener por fin prin­ci­pal «la publi­ca­ción y difu­sión de mate­rial difa­ma­to­rio». El Ministerio acusó al gobier­no ante­rior de actos de per­se­cu­ción polí­ti­ca y a AI de «llo­rar lágri­mas de coco­dri­lo» por aqué­llos que habí­an sido encar­ce­la­dos y gol­pe­a­dos, agre­gan­do que «las cár­ce­les son luga­res para guar­dar a los delin­cuen­tes, y no sana­to­rios para con­va­le­cien­tes».

UZBE­KIS­TÁN

Uzbekistán, repú­bli­ca pre­do­mi­nan­te­men­te musul­ma­na, está situa­da entre Kazajstán y Turkmenistán. La pobla­ción de Uzbekistán — que ascien­de a 20,3 millo­nes— se com­po­ne de un 69 por cien­to de etnia uzbe­ka, 10 por cien­to de etnia rusa, y mino­rí­as con­si­de­ra­bles de tár­ta­ros, kaza­kos, ­tayiks y tur­cos.

Sin embar­go, desde media­dos de 1992 ha veni­do toman­do vigor la ofen­si­va con­tra los opo­si­to­res del gobier­no. A los acti­vis­tas de la opo­si­ción se los ha dete­ni­do por lla­mar al derro­ca­mien­to del gobier­no, se los ha some­ti­do a jui­cio por difa­mar al pre­si­den­te, o se los ha decla­ra­do cul­pa­bles de deli­tos que, según se cree, nunca come­tie­ron.

En uno de estos casos, se teme que un líder de la opo­si­ción haya “des­apa­re­ci­do” des­pués de su deten­ción. No hay duda de que la “deten­ción admi­nis­tra­ti­va” por perio­dos bre­ves con­ti­núa emple­án­do­se para cas­ti­gar a quie­nes ejer­ci­tan el dere­cho a la liber­tad de aso­cia­ción.

Opositores del gobier­no y perio­dis­tas que tra­ba­jan por cuen­ta pro­pia han sido agre­di­dos en la calle por des­co­no­ci­dos. El domi­ci­lio de un acti­vis­ta de dere­chos huma­nos ha sido ata­ca­do con explo­si­vos, y el de un cono­ci­do perio­dis­ta ha sido incen­dia­do en cir­cuns­tan­cias dudo­sas. Y, sin embar­go, las auto­ri­da­des no pare­cen haber toma­do mayo­res medi­das para inves­ti­gar estos inci­den­tes.

La República de Uzbekistán pare­ce haber sufri­do un pro­ce­so de regre­sión, vol­vien­do a obser­var­se abu­sos que hacen recor­dar las prác­ti­cas que emple­a­ba la Unión Soviética en mate­ria de dere­chos huma­nos con ante­rio­ri­dad a las refor­mas.


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