Annual Report 2012
The state of the world's human rights

Document - Amnesty International News, October 1993. Vol.23, No.7.

Amnistía Internacional - Boletín Octubre de 1993

Noticias


Pies de fotos de las cuatro páginas de las Noticias:


La huida al exi­lio de Oh Kil-nam causó al pare­cer la deten­ción de su espo­sa Shin Sook-ja y sus dos hijas, Oh Hae-Won y Oh Kyu-won (arri­ba), en Corea del Norte en 1986. Se des­co­no­ce el para­de­ro de las tres.


Marcos Antonio Alves da Silva con uno de los niños de la calle que viví­an en la plaza de Candelária.


Ramata Guèye.


Malik al-As’ad, antes de su deten­ción en 1982.


Rustum Ahmad Rustum, antes de su deten­ción en 1982.


Los inves­ti­ga­do­res exca­van una de las cua­tro fosas comu­nes que se cree con­tie­nen los res­tos de los estu­dian­tes y el pro­fe­sor “des­apa­re­ci­dos” de La Cantuta.


COREA DEL NORTE


Este mes, AI publi­ca un infor­me sobre vio­la­cio­nes de dere­chos huma­nos en Corea del Norte*, con infor­ma­ción sobre pre­sos de con­cien­cia, “des­apa­ri­cio­nes” y las con­di­cio­nes peni­ten­cia­rias en los cam­pos de deten­ción. Las prue­bas no son en modo algu­no com­ple­tas, pero indi­can que las vio­la­cio­nes gra­ves de dere­chos huma­nos son gene­ra­li­za­das.

La infor­ma­ción sobre los asun­tos de dere­chos huma­nos en Corea del Norte es suma­men­te limi­ta­da y difí­cil de veri­fi­car. No exis­ten ­medios de comu­ni­ca­ción inde­pen­dien­tes ni gru­pos de vigi­lan­cia de los dere­chos huma­nos, y la entra­da al país está suje­ta a con­si­de­ra­bles res­tric­cio­nes.

Según la infor­ma­ción dis­po­ni­ble, cien­tos de miles de per­so­nas han sido víc­ti­mas de “des­apa­ri­cio­nes”, tor­tu­ras y eje­cu­cio­nes suma­rias; dece­nas de miles de nor­co­re­a­nos han sido encar­ce­la­dos en las últi­mas déca­das. Algunos son pre­sos de con­cien­cia. Pese a que las auto­ri­da­des lo nie­gan, en 1991 un fun­cio­na­rio mani­fes­tó a AI que había unas 1.000 per­so­nas reclui­das en tres cam­pos de “ree­du­ca­ción”, y que algu­nas esta­ban con­fi­na­das por acti­vi­da­des “con­tra el Estado”. AI cree que actual­men­te el núme­ro de reclu­sos es mucho más ele­va­do.

Shibata Kozo, de 62 años, es un preso de conciencia. Fue dete­ni­do en 1964, pero desde fina­les de 1990 , cuando tras­cen­dió que per­ma­ne­cía con­fi­na­do en un campo de “ree­du­ca­ción”, no se ha vuel­to a saber de él. Su espo­sa e hijos tam­bién podrí­an estar encar­ce­la­dos.

Otro preso fue dete­ni­do en diciem­bre de 1982, junto con su espo­sa y dos hijos, al pare­cer por fun­cio­na­rios del Ministerio de Seguridad del Estado. Según fuen­tes extrao­fi­cia­les, los cuatro ­siguen con vida, pero sus fami­lia­res lle­van 11 años sin poder escribirles.

Las condiciones de los pre­sos polí­ti­cos son pési­mas. Varios ex pre­sos han confirmado que se han producido muertes debidas al frío, al ham­bre o a la enfer­me­dad.

La pena de muer­te es bas­tan­te común. Se cree que cada año se eje­cu­ta a unos 100 pre­sos, pero las auto­ri­da­des se niegan a faci­li­tar ­cifras ofi­cia­les. En algu­nos casos, se exhi­be a los pre­sos con­de­na­dos a muer­te en con­cen­tra­cio­nes públi­cas antes de su eje­cu­ción. En noviem­bre de 1992, un hom­bre supues­ta­men­te acu­sa­do de “gam­be­rris­mo” y “disen­sión ide­o­ló­gi­ca” fue eje­cu­ta­do delan­te de una gran mul­ti­tud en la ciu­dad de Hamhung.

La pobla­ción civil está some­ti­da a un estric­to con­trol ide­o­ló­gi­co por el gobier­no y por el par­ti­do en el poder, el Partido de los Trabajadores de Corea (PTC). Al pare­cer, los pre­sos acu­sa­dos de “disen­sión ide­o­ló­gi­ca” y otros “deli­tos con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios” han sido con­de­na­dos a muer­te y eje­cu­ta­dos. Hay tes­ti­gos que dicen haber pre­sen­cia­do tales eje­cu­cio­nes en noviem­bre de 1992; según fuen­tes nor­co­re­a­nas, las eje­cu­cio­nes son fre­cuen­tes.

AI ha ins­ta­do a las auto­ri­da­des nor­co­re­a­nas a que pongan en liber­tad a todos los pre­sos de con­cien­cia y a que den cuen­ta de las per­so­nas “des­apa­re­ci­das” que se nom­bran en el infor­me de la orga­ni­za­ción.


* Summary of AI’s con­cerns in North Korea (Índice de AI: ASA 24/03/93).



ANTIGUA URSS


Despenalización de la homosexualidad en tres repúblicas


Rusia, Kazajstán y Lituania han abo­li­do las leyes here­da­das de la anti­gua Unión Soviética que pro­hi­bí­an las rela­cio­nes sexua­les entre varo­nes adul­tos con con­sen­ti­mien­to mutuo.

Rusia ha decla­ra­do que todas las per­so­nas encar­ce­la­das en apli­ca­ción de la ley —que impo­nía penas de hasta cinco años de cár­cel— serí­an pues­tas en liber­tad. El Ministerio de Justicia mani­fes­tó que, en 1992, 25 hom­bres habí­an sido encar­ce­la­dos en Rusia por man­te­ner rela­cio­nes homo­se­xua­les con con­sen­ti­mien­to mutuo. Parece ser que en Lituania y Kazajstán no había nin­gún preso cum­plien­do con­de­nas por este deli­to.

En la anti­gua URSS, la falta de esta­dís­ti­cas ofi­cia­les y la estig­ma­ti­za­ción de los delin­cuen­tes difi­cul­ta­ban la esti­ma­ción del núme­ro total de jui­cios. Las fuen­tes extrao­fi­cia­les indi­ca­ban a menu­do que los homo­se­xua­les encar­ce­la­dos eran some­ti­dos a malos tra­tos y a agre­sio­nes sexua­les por los demás pre­sos, con la fre­cuen­te com­pli­ci­dad de las auto­ri­da­des.

En diciem­bre de 1991, Ucrania se con­vir­tió en el pri­me­ro de los nue­vos Estados en des­pe­na­li­zar las rela­cio­nes homo­se­xua­les con con­sen­ti­mien­to, y le siguie­ron, en 1992, Letonia y Estonia.


TÚNEZ


Muertes de detenidos vinculadas a torturas


Desde abril de 1991, al menos nueve dete­ni­dos han muer­to en Túnez, algu­nos, al pare­cer, a con­se­cuen­cia de tor­tu­ras. El gobier­no no ha inves­ti­ga­do estos casos ni ha pues­to a los res­pon­sa­bles en manos de la jus­ti­cia.

Mouldi Ben Omar murió bajo cus­to­dia el 17 de enero de 1992. Detenido a prin­ci­pios de noviem­bre de 1991, estu­vo ilegalmente incomunicado 25 días. Durante su pri­me­ra com­pa­re­cen­cia ante el tri­bu­nal, el 4 de diciem­bre de 1991, decla­ró que lo habí­an tor­tu­ra­do, y su abo­ga­do con­fir­mó que pre­sen­ta­ba cica­tri­ces y que cami­na­ba con difi­cul­tad. El 18 de enero de 1992, el tri­bu­nal acce­dió a la soli­ci­tud de su abo­ga­do de que fuera some­ti­do a un exa­men médi­co, pero Mouldi Ben Omar no com­pa­re­ció en la vista del 22 de enero. El tri­bu­nal hizo cons­tar que su ausen­cia se debió a que los ser­vi­cios peni­ten­cia­rios no habí­an efec­tua­do su tras­la­do.

Sin embar­go, el 21 de enero, unos agen­tes de poli­cía le habí­an comu­ni­ca­do a su espo­sa que Mouldi Ben Omar había muer­to la vís­pe­ra. No se le infor­mó de la causa de la muer­te y, cuan­do la lle­va­ron al cemen­te­rio para el entie­rro, sólo le per­mi­tie­ron verle la cara, que, según dice, pre­sen­ta­ba con­tu­sio­nes. Posteriormente, otros dete­ni­dos le dije­ron que su espo­so había muer­to el 17 de enero. Los fami­lia­res y el abo­ga­do de Mouldi Ben Omar han soli­ci­ta­do repe­ti­das e infruc­tuo­sas veces una autop­sia y que se inves­ti­gue su muer­te.

AI ha plan­te­a­do este caso rei­te­ra­da­men­te ante diver­sas auto­ri­da­des, sin reci­bir res­pues­ta.

Por otra parte, AI lleva más de dos años exhor­tan­do a las auto­ri­da­des a que inves­ti­guen las muer­tes de Faisal Barakat, Rachid Chammakhi y otros dete­ni­dos que falle­cie­ron des­pués de pade­cer tor­tu­ras.

La falta de inves­ti­ga­ción de estas gra­ves vio­la­cio­nes de dere­chos huma­nos indi­ca que éstas son per­pe­tra­das con impu­ni­dad y tole­ra­das en los máxi­mos nive­les del gobier­no.



SENEGAL


Torturas y malos tratos en casos políticos


EN mayo, Mody Sy, recien­te­men­te ele­gi­do miem­bro del Parlamento repre­sen­tan­do a un par­ti­do de opo­si­ción, fue dete­ni­do y reclui­do en la Gendarmerie de Thiong (comi­sa­ría para­mi­li­tar), en el cen­tro de Dakar. Según pare­ce, allí lo sus­pen­die­ron entre dos mesas y le apli­ca­ron des­car­gas eléc­tri­cas en los dedos y en los órga­nos geni­ta­les, y lo obli­ga­ron a con­fe­sar haber sumi­nis­tra­do las armas emple­a­das en el ase­si­na­to de un des­ta­ca­do abo­ga­do y opo­si­tor polí­ti­co. Días des­pués, cuan­do lo tras­la­da­ron a la cár­cel, Mody Sy tenía toda­vía los pies entu­me­ci­dos y cica­tri­ces cau­sa­das por las tor­tu­ras en muñe­cas y pier­nas.

El 2 de junio, el abo­ga­do de Mody Sy soli­ci­tó que se some­tie­ra a su clien­te a un exa­men médi­co, que no se rea­li­zó hasta nueve días des­pués. El abo­ga­do aún no ha podi­do ver el infor­me médi­co y, que se sepa, no se ha rea­li­za­do inves­ti­ga­ción ofi­cial algu­na.

Ese mismo mes, el Fiscal General comu­ni­có a repre­sen­tan­tes de AI que no había abier­to una inves­ti­ga­ción sobre estos ­hechos por­que no se había pre­sen­ta­do nin­gu­na denun­cia. Al seña­lár­se­le que esta­ba facul­ta­do para ini­ciar­la de ofi­cio, indi­có que esta­ba espe­ran­do el infor­me médi­co.

La ven­de­do­ra de man­gos Ramata Guèye, de 20 años, fue apre­hen­di­da el 14 de julio y estu­vo dete­ni­da dos días, apa­ren­te­men­te para obli­gar­la a reve­lar el escon­di­te del arma homi­ci­da. Cuando salió en liber­tad, Ramata Guèye tenía ­serias con­tu­sio­nes en las nal­gas y en la mano dere­cha, así como tor­ce­du­ra de un pul­gar. Cinco días des­pués ­seguía pre­sen­tan­do san­gre en la orina.

La tor­tu­ra pare­ce ser una prác­ti­ca ruti­na­ria en Senegal, pese a que, en el perio­do de sesio­nes de 1991 de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, este país se com­pro­me­tió a erra­di­car tal acto de bar­ba­rie.

La renuen­cia del gobier­no a inves­ti­gar estas denun­cias de tor­tu­ra y la presun­ta exis­ten­cia de mate­rial espe­cia­li­za­do para admi­nis­trar tor­tu­ras en la Gendarmerie de Thiong aña­den fun­da­men­to a las insis­ten­tes denun­cias de que tam­bién se apli­ca la tor­tu­ra a sos­pe­cho­sos de deli­tos comu­nes.


SIERRA LEONA


Excarcelaciones:

AI había pedido

la revisión de sus casos



EN julio, 83 per­so­nas reclui­das sin car­gos ni jui­cio fue­ron excar­ce­la­das de la Prisión Central de Pademba Road, en Freetown, poco des­pués de que AI exhor­ta­ra a que se revi­sa­ran los casos de 264 presos polí­ti­cos de dicho cen­tro. Según el gobier­no, más de 150 esta­ban vin­cu­la­dos a las fuer­zas rebel­des que com­ba­ten en las zonas sur y este del país.

A medi­da que recu­pe­ra­ba las zonas con­tro­la­das por los rebel­des, el ejér­ci­to dete­nía a un ele­va­do núme­ro de civi­les, niños inclui­dos, al pare­cer sin com­pro­bar si los dete­ni­dos habí­an cola­bo­ra­do con los rebel­des.

Algunos de los reclu­sos de la Prisión Central, inclu­yen­do ­varios mucha­chos de entre 14 y 17 años, podrí­an estar pri­va­dos de liber­tad sin prue­bas con­cre­tas de su par­ti­ci­pa­ción en acti­vi­da­des rebel­des. AI ha pedi­do que se revi­sen ­dichos casos y la liber­tad de los reclu­sos con­tra quie­nes no exis­tan prue­bas.


SIRIA


Presos polí­ti­cos con­de­na­dos a más de 15 años de cár­cel


EN Damasco, el Tribunal Supremo de Seguridad del Estado ha con­de­na­do a no menos de 34 pre­sos polí­ti­cos —­muchos de ellos pre­sos de con­cien­cia— a penas de hasta 15 años de cár­cel.

Tras años de reclu­sión y de pro­ce­sos en los que no se res­pe­ta­ron las nor­mas inter­na­cio­na­les de impar­cia­li­dad, los encau­sa­dos fue­ron con­de­na­dos a penas de entre tres y quince años por su per­te­nen­cia o rela­ción con el pros­cri­to Partido de Acción Comunista (PCA). También se les ha pri­va­do de sus dere­chos civi­les, lo que podrá oca­sio­nar­les difi­cul­ta­des para con­se­guir ­empleo o salir del país una vez que sean excar­ce­la­dos.

Entre los con­de­na­dos figu­ran los pre­sos de con­cien­cia Malik al-As’ad y Rustum Ahmad Rustum, de 39 y 40 años res­pec­ti­va­men­te, que reci­bie­ron sen­das penas de 15 años de cár­cel y que están dete­ni­dos desde 1982.

Como a los demás, se les acusó de for­mar aso­cia­cio­nes y par­ti­ci­par en acti­vi­da­des con­tra el Estado, deli­tos que con­lle­van seve­ras penas, inclu­yen­do la muer­te. Los con­de­na­dos no tie­nen dere­cho a ape­lar ante un tri­bu­nal supe­rior, y sus sen­ten­cias sólo pue­den ser revi­sa­das por el Ministerio del Interior, revi­sión que, a cri­te­rio de AI, no cons­ti­tu­ye un recur­so de ape­la­ción con­for­me a las nor­mas jurí­di­cas inter­na­cio­na­les.

Los 34 con­de­na­dos per­te­ne­cí­an a un grupo de más de 500 dete­ni­dos polí­ti­cos, entre ellos pre­sos de con­cien­cia, cuyos pro­ce­sos vie­nen des­arro­llán­do­se desde julio de 1992. A todos se les han for­mu­la­do los mis­mos car­gos en rela­ción con diver­sos par­ti­dos polí­ti­cos no auto­ri­za­dos, como el PCA, el Buró Político del Partido Comunista (BPPC), el Partido Baatista Socialista Democrático Árabe, el Partido de la Unión Árabe Socialista de Siria y la Organización Popular Democrática Nasserista.

Algunos de los acu­sa­dos están pri­va­dos de liber­tad desde 1980, en apli­ca­ción de la legis­la­ción del esta­do de emer­gen­cia en vigor desde hace más de 30 años, y no han teni­do acce­so al mundo exte­rior ni a asis­ten­cia letra­da. Al pare­cer, ­muchos han sido some­ti­dos a tor­tu­ras.

AI envió obser­va­do­res a algu­nas de las vis­tas judi­cia­les. La orga­ni­za­ción ha ins­ta­do a las auto­ri­da­des a que pon­gan en liber­tad inme­dia­ta e incon­di­cio­nal a todos los encau­sa­dos a quie­nes se enjui­cia por expre­sar pací­fi­ca­men­te sus con­vic­cio­nes, y ha mani­fes­ta­do su inquie­tud ante las gra­ves vio­la­cio­nes de su dere­cho a reci­bir un jui­cio con garan­tí­as que se han come­ti­do en los casos de todos los acu­sa­dos.

Dichas vio­la­cio­nes inclu­yen perio­dos pro­lon­ga­dos de reclu­sión sin jui­cio, en algu­nos casos de hasta 13 años. Además, a los abo­ga­dos defen­so­res se les res­trin­gió el acce­so a los expe­dien­tes de sus patro­ci­na­dos y a algu­nos inclu­so se les negó el dere­cho de reu­nir­se con sus clien­tes en pri­va­do y a citar tes­ti­gos de des­car­go. El tri­bu­nal no inves­ti­gó las denun­cias de tor­tu­ra ni orde­nó la rea­li­za­ción de exá­me­nes médi­cos, y los con­de­na­dos no tuvie­ron dere­cho a ape­lar con­tra sus sen­ten­cias, ya que las reso­lu­cio­nes del tri­bu­nal son defi­ni­ti­vas.

Otros pre­sos de con­cien­cia pro­ce­sa­dos son Mufid Mi‘mari, del BPPC, y Usama ‘Ashur al-‘Askari, del PAC, dete­ni­dos desde 1980 y 1982 res­pec­ti­va­men­te. Doha ‘Ashur al-‘Askari, her­ma­na de Usama y ex estu­dian­te de 29 años, tam­bién ha sido pro­ce­sa­da, tras su deten­ción en febre­ro de este año. Había per­ma­ne­ci­do en la clan­des­ti­ni­dad desde 1986, año en que las auto­ri­da­des deci­die­ron su bús­que­da y cap­tu­ra en rela­ción con las acti­vi­da­des del PAC.



Muerte bajo custodia


Salah Jadid, preso de conciencia que llevaba casi 23 años recluido sin cargos ni juicio en Siria, murió repentinamente en prisión el 19 de agosto. Las autoridades comunicaron a la familia que falleció de un choque séptico y fallo renal agudo.


PERÚ


Descubren fosas comunes clandestinas: ¿las víctimas de La Cantuta?


En julio, las auto­ri­da­des perua­nas abrie­ron cua­tro fosas comu­nes que se cree con­te­ní­an los res­tos mor­ta­les de nueve estu­dian­tes y un pro­fe­sor de la Universidad de La Cantuta secues­tra­dos por el ejér­ci­to hace más de un año, y pese a la soli­ci­tud de AI de que se apla­za­ra la inves­ti­ga­ción. Según un infor­me inde­pen­dien­te, es pro­ba­ble que el ­empleo de pro­ce­di­mien­tos inade­cua­dos haya teni­do como con­se­cuen­cia la pér­di­da o des­truc­ción de prue­bas impor­tan­tes.

De las fosas, poco pro­fun­das, fue­ron exhu­ma­dos res­tos huma­nos car­bo­ni­za­dos. Asimismo se encon­tra­ron unas lla­ves, per­te­ne­cien­tes a un des­pa­cho y a ­varios arma­rios de la Universidad de La Cantuta y al domi­ci­lio de uno de los estu­dian­tes “des­apa­re­ci­dos”.

AI se había diri­gi­do a la fis­cal de la Nación para soli­ci­tar que se para­li­za­ra la exca­va­ción, en un pre­dio en las afue­ras de Lima, hasta que se con­ta­ra con la pre­sen­cia de exper­tos en antro­po­lo­gía foren­se. La orga­ni­za­ción tam­bién reco­men­dó que se pro­te­gie­ra el sitio ade­cua­da­men­te.

Los miem­bros de una dele­ga­ción de inves­ti­ga­ción de AI pre­sen­cia­ron los tra­ba­jos. Por su parte, dos exper­tos del Equipo Argentino de Antropología Forense —orga­ni­za­ción no guber­na­men­tal— se tras­la­da­ron a Lima a invi­ta­ción de AI para unir­se a la dele­ga­ción de ésta y pres­tar su ase­so­ra­mien­to espe­cia­li­za­do.

Sin embar­go, el Ministerio Público no les con­ce­dió auto­ri­za­ción para asis­tir a la exhu­ma­ción. Los dos foren­ses ana­li­za­ron la infor­ma­ción que les pro­por­cio­na­ron tes­ti­gos pre­sen­tes duran­te las inves­ti­ga­cio­nes.

En su infor­me se mani­fies­ta que los pro­ce­di­mien­tos emple­a­dos duran­te la exca­va­ción de las fosas y la exhu­ma­ción de los res­tos fue­ron inade­cua­dos. Criticaron, en espe­cial, que no se había inves­ti­ga­do ade­cua­da­men­te el esce­na­rio del cri­men; que no se había pro­te­gi­do el lugar; que la exca­va­ción se había lle­va­do a cabo apre­su­ra­da­men­te y sin emple­ar herra­mien­tas ni méto­dos apro­pia­dos; que los res­tos habí­an sido tras­la­da­dos sin las pre­cau­cio­nes debi­das y que no se había pro­cu­ra­do la con­ser­va­ción de las prue­bas; y que todas estas actua­cio­nes tuvie­ron lugar sin con­tar con la pre­sen­cia de espe­cia­lis­tas, inclu­yen­do arqueó­lo­gos y antro­pó­lo­gos foren­ses.


̈ Véanse los docu­men­tos de AI: AMR 46/45/92/s, AMR 46/09/93/s y AMR 46/12/93/s


La pena de muerte


En agos­to, el Congreso del Perú votó la amplia­ción de la pena de muer­te a los deli­tos de terro­ris­mo, medi­da que vio­la­ría la Convención Americana sobre Derechos Humanos y sería con­tra­ria a la tra­di­ción abo­li­cio­nis­ta de América Latina.

El pro­yec­to, apro­ba­do por 55 votos con­tra 21, ha sido incor­po­ra­do a la nueva Constitución del Perú, y se prevé que sea some­ti­do a refe­rén­dum nacio­nal.

Según la nueva dis­po­si­ción, «la pena de muer­te sólo podrá apli­car­se para deli­tos de trai­ción a la ­patria y terro­ris­mo con­for­me a las leyes inter­nas y a los tra­ta­dos inter­na­cio­na­les de los que forma parte el Perú». Sin embar­go, la incor­po­ra­ción al texto cons­ti­tu­cio­nal de una apli­ca­ción más ­amplia de la pena de muer­te con­tra­ven­dría la Convención Americana sobre Derechos Humanos, rati­fi­ca­da por el Perú en 1978. Dicha Convención pro­hí­be expre­sa­men­te toda exten­sión de la pena, así como su apli­ca­ción por deli­tos polí­ti­cos o comu­nes cone­xos con los políticos.

En opi­nión de AI, al ­ampliar la apli­ca­ción de la pena de muer­te el gobier­no del Perú soca­va­ría gra­ve­men­te el espí­ri­tu que viene ins­pi­ran­do el for­ta­le­ci­mien­to del sis­te­ma ame­ri­ca­no de pro­tec­ción de los dere­chos huma­nos desde hace dos déca­das.


ZAIRE


Miles de víctimas de la violencia étnica


Desde agos­to de 1992, la vio­len­cia étni­ca en Zaire, ins­ti­ga­da o tole­ra­da por el pre­si­den­te Mobutu Sese Seko y sus par­ti­da­rios, se ha cobra­do la vida de milla­res de per­so­nas y ha deja­do a cien­tos de miles sin hogar.

En la ­región de Shaba, más de 500 lubas allí esta­ble­ci­dos han per­di­do la vida y más de 100.000 han per­di­do sus casas a causa de los ata­ques de los lun­das. Según infor­mes, la vio­len­cia fue ins­ti­ga­da por el ex pri­mer minis­tro Nguz a Karl-i- Bond y el gober­na­dor regio­nal Kyungu wa Kumwanza, ambos lun­das y alia­dos del pre­si­den­te Mobutu. Los lun­das acu­sa­ban a los lubas de apo­yar al pri­mer minis­tro Étienne Tshisekedi —de la opo­si­ción—, de explo­tar las rique­zas de Shaba y de qui­tar pues­tos de ­empleo a los lun­das.

En Kivu del Norte, según pare­ce, los ata­ques lan­za­dos en marzo por los gru­pos étni­cos hunde y nyan­ga con­tra el grupo ban­yar­wan­da fue­ron ins­ti­ga­dos por el gober­na­dor regio­nal. Éste insi­nuó que los ban­yar­wan­das no eran zai­re­ños, y prome­tió que las fuer­zas de segu­ri­dad cola­bo­ra­rí­an en su “exter­mi­nio”. Al menos 3.000 per­so­nas, en su mayo­ría ban­yar­wan­das, han sido ase­si­na­das y unas 200.000 han debi­do aban­do­nar sus hoga­res.

Pese a que el gober­na­dor y el vice­go­ber­na­dor fue­ron cesa­dos a fina­les de julio, no se han inves­ti­ga­do ofi­cial­men­te las muer­tes. Según pare­ce, miem­bros las fuerzas de segu­ri­dad par­ti­ci­pa­ron en ata­ques con­tra los ban­yar­wan­das.

Hasta agos­to no se había toma­do medi­da algu­na con­tra los res­pon­sa­bles de los ataques en Shaba y Kivu del Norte, debi­do, al pare­cer, a que las víc­ti­mas eran sim­pa­ti­zan­tes de par­ti­dos polí­ti­cos opues­tos al pre­si­den­te Mobutu.



Se anuncia amnistía general en Burundi


En junio, el nuevo pre­si­den­te de Burundi, Melchior Ndadaye, anun­ció una amnis­tía gene­ral que se cree bene­fi­cia­rá a más de 500 pre­sos polí­ti­cos. Tras su rati­fi­ca­ción por el Parlamento, la amnis­tía se apli­ca­rá gra­dual­men­te duran­te un perio­do de seis meses.

Melchior Ndadaye es el pri­mer pre­si­den­te burun­dés del grupo étni­co hutu. La pobla­ción hutu, mayo­ri­ta­ria, ha pade­ci­do gra­ví­si­mos abusos a manos de las fuer­zas de segu­ri­dad, prin­ci­pal­men­te del grupo étni­co tutsi.

Entre los pre­sos polí­ti­cos a quie­nes se espe­ra ver en liber­tad en apli­ca­ción de la amnis­tía se cuen­tan unos 400 hutus acu­sa­dos de par­ti­ci­par en un ata­que rebel­de lan­za­do a fina­les de 1991. De ellos, cerca de 80 fue­ron con­de­na­dos en 1992 en jui­cios cele­bra­dos sin las debi­das garan­tí­as, en los que se dic­ta­ron cinco sen­ten­cias de muer­te.

No obs­tan­te, tam­bién ha tras­cen­di­do que la amnis­tía para­li­za­rá las inves­ti­ga­cio­nes de las vio­la­cio­nes de dere­chos huma­nos per­pe­tra­das por civiles y por las fuer­zas de segu­ri­dad. Desde 1965, éstas han lle­va­do a cabo cien­tos de miles de eje­cu­cio­nes extra­ju­di­cia­les.

Amnistía Internacional - Boletín Octubre de 1993

Llamada


BRASIL


El 23 de julio, siete “niños de la calle” y un joven que vivía con ellos caye­ron aba­ti­dos a tiros —al pare­cer, a manos de la poli­cía— en el cen­tro de la ciu­dad de Río de Janeiro. Sólo en el pri­mer semes­tre de este año, al menos 328 niños y ado­les­cen­tes han sido ase­si­na­dos en el esta­do de Río de Janeiro.

Los pis­to­le­ros abrie­ron fuego al ama­ne­cer con­tra un grupo de 50 niños y ado­les­cen­tes que dor­mí­an al des­cu­bier­to en la vecin­dad de la igle­sia de Candelária. Cinco murie­ron ins­tan­tá­ne­a­men­te; otros dos fue­ron ase­si­na­dos en el recin­to del Museo de Arte Moderno. Una octa­va víc­ti­ma murió cua­tro días des­pués como con­se­cuen­cia de las heri­das reci­bi­das.

Tras la indig­na­ción sus­ci­ta­da a nivel nacio­nal e inter­na­cio­nal por el inci­den­te, cono­ci­do como la matan­za de Candelária, cua­tro hom­bres —entre ellos tres agen­tes de poli­cía— han sido acu­sa­dos for­mal­men­te de los homi­ci­dios, y se busca a otros sos­pe­cho­sos.

Las víc­ti­mas han sido iden­ti­fi­ca­das como Paulo Roberto de Oliveira, de 11 años; Anderson Thome Pereira, de 13; Marcelo Candido de Jesus y Valderino Miguel de Almeida, ambos de 14 años; dos jóve­nes de 17 años cono­ci­dos como Gambazinho y Nogento; Paulo José da Silva, de 18 años, y Marcos Antonio Alves da Silva, de 22.

En las zonas urba­nas del Brasil, tanto niños como adul­tos son víc­ti­mas de eje­cu­cio­nes extra­ju­di­cia­les a manos de “escua­dro­nes de la muer­te”, inte­gra­dos con fre­cuen­cia por poli­cí­as ves­ti­dos de civil. Dichos gru­pos reci­ben ayuda eco­nó­mi­ca de comer­cian­tes loca­les, empe­ña­dos en “lim­piar” el vecin­da­rio eli­mi­nan­do a inde­se­a­bles socia­les, ladro­nes y rapi­ñe­ros, y tam­bién a niños de la calle que pue­den haber­se visto empu­ja­dos a una vida delic­ti­va.

El Ministerio de Justicia anun­ció que la poli­cía fede­ral inves­ti­ga­ría las acti­vi­da­des de los “escua­dro­nes de la muer­te” en Río de Janeiro y otros esta­dos. En la mayo­ría de los casos regis­tra­dos hasta la fecha, las auto­ri­da­des poli­cia­les no han lle­va­do a tér­mi­no las inves­ti­ga­cio­nes, o no han lle­va­do a los cul­pa­bles ante la jus­ti­cia.

n Rogamos escriban aplau­dien­do las medi­das para inves­ti­gar la matan­za de Candelária y exhor­tan­do a las auto­ri­da­des a que protejan a los niños tes­ti­gos. Pidan que se investiguen todos los casos simi­la­res y se enjuicie a los res­pon­sa­bles: Presidente Itamar Franco/ Palácio do Planalto/ Brasília D.F./Brasil.


MYANMAR


U Shwe Ohn, de 70 años, abo­ga­do y pre­si­den­te de un par­ti­do polí­ti­co pros­cri­to por la junta mili­tar, fue dete­ni­do en diciem­bre de 1992 por poner en tela de jui­cio el papel del ejér­ci­to en la vida polí­ti­ca y por pro­pug­nar la entre­ga del poder a los repre­sen­tan­tes ele­gi­dos por el pue­blo.


Los infor­mes indi­can que en febre­ro le impu­sie­ron una pena de un año de cár­cel, pero AI no dis­po­ne de otros deta­lles de su jui­cio ni de los car­gos que se for­mu­la­ron en su con­tra.

Las crí­ti­cas de U Shwe Ohn a la inter­ven­ción de los mili­ta­res en los asun­tos del Estado apa­re­cie­ron en un escri­to diri­gi­do a la Convención Nacional, con­vo­ca­da a prin­ci­pios de año por el Consejo de Estado para la Restauración del Orden Público (CEROP) —junta mili­tar que cons­ti­tu­ye el máxi­mo órga­no de gobier­no— con el come­ti­do de sen­tar los prin­ci­pios para la redac­ción de una nueva Constitución. El CEROP había fija­do ya su pro­pio prin­ci­pio, que con­fe­ría al ejér­ci­to un papel des­ta­ca­do en la futu­ra vida polí­ti­ca de Myanmar.

Tras rea­fir­mar el con­trol mili­tar sobre Myanmar en 1988, el CEROP abo­lió la cons­ti­tu­ción y desde enton­ces rige los des­ti­nos del país median­te la ley mar­cial. Aunque per­mi­tió la cele­bra­ción de elec­cio­nes en 1990, se negó pos­te­rior­men­te a con­vo­car a los par­la­men­ta­rios elec­tos.

U Shwe Ohn es pre­si­den­te de la Liga Democrática para las Razas Nacionales del Estado de Shan, par­ti­do polí­ti­co que fue pros­cri­to en febre­ro de 1992. Es un preso de con­cien­cia, dete­ni­do sólo por expre­sar pací­fi­ca­men­te sus opi­nio­nes polí­ti­cas no vio­len­tas.

n Rogamos escriban al pre­si­den­te del CEROP, pidien­do la liber­tad inme­dia­ta e incon­di­cio­nal de U Shwe Ohn: Senior General Than Shwe/Chairman, State Law and Order Restoration Council/ Ministry of Defence/Signal Pagoda Road/ Rangún /Unión de Myanmar.






EN LIBERTAD


Liana Barsegyan, secuestrada junto con su hermana en abril de 1992 en Azerbaiyán, ha sido liberada. Su caso apareció en el Boletín de agosto. No hay noticias del paradero de su hermana, Ulyana.

Amnistía Internacional - Boletín Octubre de 1993

Enfoque


Permiso para matar


ase­si­na­tos polí­ti­cos

y "des­apa­ri­cio­nes"


Durante los últi­mos 30 años, millo­nes de hom­bres, muje­res y niños han sido ase­si­na­dos o han “des­apa­re­ci­do” sin dejar ras­tro. No son víc­ti­mas de la gue­rra sino de sus pro­pios gobier­nos, quie­nes los esco­gen como blan­co debi­do a sus con­vic­cio­nes polí­ti­cas o a su ori­gen étni­co, o sim­ple­men­te por­que son ­pobres o por­que a las auto­ri­da­des no les con­vie­ne que resi­dan en cier­to lugar.

Sólo en 1980, las fuer­zas de segu­ri­dad ira­quíes die­ron muer­te a cien­tos de miles de per­so­nas. Entre 1981 y 1986, las fuer­zas de segu­ri­dad de Uganda sega­ron más de 100.000 vidas en el Triángulo de Luwero. Decenas de miles murie­ron o “des­apa­re­cie­ron” en Sri Lanka y Sudán. Otros miles caye­ron aba­ti­dos en Burundi, Chad, El Salvador, Filipinas, Guatemala, Indonesia y Perú. La lista no es exhaus­ti­va y, en nume­ro­sos paí­ses, las matan­zas han con­ti­nua­do en la déca­da del 90.

A fina­les de los años 80, a medi­da que las jun­tas mili­ta­res y los regí­me­nes tota­li­ta­rios se veían reem­pla­za­dos por gobier­nos ele­gi­dos demo­crá­ti­ca­men­te, fue escu­chán­do­se la pro­me­sa de un “nuevo orden mun­dial”, una era en la que los gobier­nos ren­di­rí­an cuen­tas escru­pu­lo­sa­men­te ante sus pue­blos, res­pe­ta­rí­an la ley, y pro­te­ge­rí­an y fomen­ta­rí­an los dere­chos huma­nos. Pero la pro­me­sa resul­tó hueca. Todos los años, los agen­tes de los gobier­nos con­ti­nú­an dando muer­te o hacien­do “des­apa­re­cer” a dece­nas de miles de per­so­nas.

En Ruanda, entre fina­les de 1990 y prin­ci­pios de 1993, más de 3.000 per­so­nas murie­ron a manos de fuer­zas guber­na­men­ta­les, gru­pos civi­les y gue­rri­lle­ros en el marco del con­flic­to arma­do en el norte del país. Durante los últi­mos 18 meses, la gue­rra civil que se viene libran­do en Tayikistán —a la que el mundo ha hecho oídos sor­dos— se ha cobra­do 20.000 vidas; las fuer­zas guber­na­men­ta­les y para­mi­li­ta­res han sido res­pon­sa­bles de cen­te­na­res de homi­ci­dios polí­ti­cos y “des­apa­ri­cio­nes”. Pese a las pro­me­sas de refor­ma en las prác­ti­cas de dere­chos huma­nos del gobier­no turco, las fuer­zas de segu­ri­dad se han visto cla­ra­men­te invo­lu­cra­das en ­muchos de los cien­tos de homi­ci­dios polí­ti­cos que han teni­do lugar en ese país desde 1991.

En Sudáfrica, el pro­ce­so de refor­mas polí­ti­cas des­ti­na­do a poner fin al apar­theid se ha visto acom­pa­ña­do de un horri­ble derra­ma­mien­to de san­gre. Desde 1990, año en que die­ron comien­zo las nego­cia­cio­nes, más de 10.000 sud­afri­ca­nos han per­di­do la vida en inci­den­tes en los que par­ti­ci­pa­ron las fuer­zas de segu­ri­dad o, más fre­cuen­te­men­te, gru­pos arma­dos que actú­an con el apoyo táci­to de las auto­ri­da­des.

La pro­li­fe­ra­ción de los con­flic­tos nacio­na­lis­tas, sece­sio­nis­tas y reli­gio­sos ha sus­pen­di­do una espa­da de Damocles sobre todas las regio­nes del mundo. Basta un maca­bro ejem­plo, el de los cien­tos de miles de hom­bres, muje­res y niños ase­si­na­dos duran­te la san­grien­ta y com­ple­ja gue­rra en BosniaHerzegovina, para reve­lar la paro­dia que es el “nuevo orden mun­dial”.

Los gobier­nos ase­si­nan y secues­tran a sus pro­pios ciu­da­da­nos sin ­sufrir las con­se­cuen­cias. ¿Cómo se las arre­glan? Algunos ni siquie­ra se moles­tan en jus­ti­fi­car sus actos; otros se esfuer­zan por encu­brir­los. Recientemente, en Afganistán, Chad, Etiopía e Iraq se han des­cu­bier­to fosas comu­nes que con­tie­nen milla­res de víc­ti­mas de homi­ci­dios polí­ti­cos y “des­apa­ri­cio­nes” sin docu­men­tar.

En su gran mayo­ría, los gobier­nos se limi­tan a men­tir o a mini­mi­zar los ­hechos. En junio de 1989, cuan­do los tan­ques del ejér­ci­to chino avan­za­ron con­tra los mani­fes­tan­tes demo­crá­ti­cos en Pekín, la car­ni­ce­ría resul­tan­te fue cap­tu­ra­da por las cáma­ras de tele­vi­sión, que difun­die­ron las imá­ge­nes por todo el mundo. Al menos 1.000 per­so­nas per­die­ron la vida; se loca­li­za­ron cen­te­na­res de cadá­ve­res en mor­gues y hos­pi­ta­les. Pero el gobier­no afir­mó que no se había pro­du­ci­do muer­te algu­na y, pos­te­rior­men­te, decla­ró que úni­ca­men­te 200 civi­les habí­an muer­to duran­te los enfren­ta­mien­tos entre sol­da­dos y mani­fes­tan­tes.

Algunos gobier­nos tra­tan de aca­llar las crí­ti­cas adu­cien­do que la vio­len­cia cons­ti­tu­ye un fenó­me­no endé­mi­co en sus socie­da­des, o que es fruto de ten­sio­nes étni­cas. Pero es natu­ral que la vio­len­cia resul­te endé­mi­ca en cual­quier socie­dad en que se vio­len los dere­chos huma­nos, y la vio­len­cia inter­co­mu­ni­ta­ria a menu­do es pro­vo­ca­da o exa­cer­ba­da por las polí­ti­cas ofi­cia­les.

En 1992, más de 700 per­so­nas fue­ron ase­si­na­das en Kenia duran­te enfren­ta­mien­tos étni­cos que pare­cen haber sido orques­tra­dos polí­ti­ca­men­te. Las prue­bas indi­can que uno de los gru­pos res­pon­sa­bles reci­bía apoyo y recur­sos eco­nó­mi­cos de altos car­gos del gobier­no. El grupo era cono­ci­do como los “gue­rre­ros kalen­ji­nes”, refe­ren­cia al grupo étni­co del pre­si­den­te del país.

Más de 130 per­so­nas murie­ron a manos de las fuer­zas de segu­ri­dad en Bombay, capi­tal del esta­do indio de Maharashtra, duran­te los dis­tur­bios que esta­lla­ron tras la des­truc­ción de la mez­qui­ta de Babri Masjid, en Ayodhya, en diciem­bre de 1992. La mayo­ría de las víc­ti­mas eran miem­bros de la comu­ni­dad musul­ma­na, y los tes­ti­gos pre­sen­cia­les afir­ma­ron que la poli­cía ayudó a las tur­bas hin­dú­es que los ata­ca­ron.

Pocos son los gobier­nos que orde­nan abier­ta­men­te los homi­ci­dios polí­ti­cos y las “des­apa­ri­cio­nes”, pre­fi­rien­do ser­vir­se, en cam­bio, de ope­ra­cio­nes secre­tas y com­pli­ca­das manio­bras de encu­bri­mien­to. Es fre­cuen­te que los homi­ci­dios polí­ti­cos se come­tan en cir­cuns­tan­cias bas­tan­te con­tro­ver­ti­das, y úni­ca­men­te el com­por­ta­mien­to de las auto­ri­da­des y la exis­ten­cia de una cons­tan­te de inci­den­tes simi­la­res indi­can la pro­ba­bi­li­dad de que las muer­tes hayan sido deli­be­ra­das e ile­ga­les.

En Irlanda del Norte (Reino Unido), las fuer­zas de segu­ri­dad han dado muer­te, desde 1982, a dece­nas de per­so­nas en cir­cuns­tan­cias poco cla­ras que han dado lugar a acu­sa­cio­nes de que, en lugar de dete­ner a las per­so­nas sos­pe­cho­sas de per­te­ne­cer a gru­pos arma­dos de la opo­si­ción, se las esta­ba ase­si­nan­do deli­be­ra­da­men­te. La con­ti­nua nega­ti­va del gobier­no a rea­li­zar inves­ti­ga­cio­nes inde­pen­dien­tes de estas muer­tes ha aña­di­do fun­da­men­to a las acu­sa­cio­nes. En un caso, la inves­ti­ga­ción deta­lla­da de la actua­ción de la poli­cía fue enco­men­da­da a un alto cargo del cuer­po de poli­cía de otra ­región, pero los resul­ta­dos fue­ron disi­mu­la­dos. Pese a que la inves­ti­ga­ción des­cu­brió prue­bas de mala con­duc­ta en el seno de la poli­cía, el gobier­no se negó a pro­ce­sar a los agen­tes invo­lu­cra­dos, ale­gan­do moti­vos de “segu­ri­dad nacio­nal” e “inte­rés públi­co”.

En Colombia, las fuer­zas de segu­ri­dad eli­mi­nan a sus opo­si­to­res sin recu­rrir a la jus­ti­cia. El gobier­no ha atri­bui­do ­muchos de los miles de ase­si­na­tos y “des­apa­ri­cio­nes” a “escua­dro­nes de la muer­te” a los que dice no poder con­tro­lar. Pero, una y otra vez, ha que­da­do demos­tra­do que los “escua­dro­nes de la muer­te” actú­an con el apoyo de las fuer­zas arma­das colom­bia­nas y, a menu­do, for­man parte inte­gral de la estra­te­gia de con­train­sur­gen­cia cas­tren­se.

En Sudáfrica se han veni­do acu­mu­lan­do las prue­bas que vin­cu­lan a los “escua­dro­nes de cho­que” res­pon­sa­bles de los homi­ci­dios polí­ti­cos con ope­ra­cio­nes secre­tas de la poli­cía y el ejér­ci­to.

En ­muchos paí­ses, los vín­cu­los entre los “escua­dro­nes de la muer­te” y las fuer­zas de segu­ri­dad han que­da­do al des­cu­bier­to. No obs­tan­te, los gobier­nos ­siguen adhi­rién­do­se al mito de que los “escua­dro­nes de la muer­te” son gru­pos inde­pen­dien­tes a los que les resul­ta impo­si­ble con­tro­lar.

Un ex sol­da­do sal­va­do­re­ño ha expli­ca­do cómo fun­cio­nan estos gru­pos: «A prin­ci­pios de 1980, me pre­sen­té volun­ta­rio para lo que en El Salvador se llama un “escua­drón de la muer­te”. Sin embar­go, según mi expe­rien­cia, el escua­drón de la muer­te no tiene exis­ten­cia inde­pen­dien­te fuera de los mili­ta­res y de las fuer­zas de segu­ri­dad sal­va­do­re­ñas. Es sim­ple­men­te una forma de ser­vi­cio más que se orde­na hacer al per­so­nal mili­tar cuan­do no está uni­for­ma­do.»

Los con­flic­tos inter­nos sir­ven de marco y, fre­cuen­te­men­te, de excu­sa para los ase­si­na­tos. Centenares de civi­les pales­ti­nos, inclu­si­ve niños, han muer­to a manos de las fuer­zas israe­lí­es desde 1987, año en que dio comien­zo el levan­ta­mien­to pales­ti­no cono­ci­do como la Intifada. Por lo gene­ral, las inves­ti­ga­cio­nes de estas muer­tes han resul­ta­do inade­cua­das, y rara vez han teni­do como resul­ta­do el enjui­cia­mien­to de los res­pon­sa­bles.

Allan Huglstad, coman­dan­te del ejér­ci­to danés que repre­sen­tó a AI en una visi­ta a la Franja de Gaza en mayo de 1993, pre­sen­ció un tiro­teo en que los sol­da­dos israe­lí­es abrie­ron fuego con­tra un grupo de niños en la calle: «Estos jóve­nes no hací­an más que obser­var, como yo, a una patru­lla de sol­da­dos israe­lí­es que avan­za­ban hacia nos­otros. Cuando aún se halla­ban a más de cien ­metros, los sol­da­dos abrie­ron fuego en nues­tra direc­ción. No oí nin­gún aviso, y no pare­cía que los sol­da­dos corrie­ran ries­go algu­no.»

La par­ti­ci­pa­ción de los gobier­nos en homi­ci­dios polí­ti­cos y “des­apa­ri­cio­nes” no se limi­ta a la muer­te o el secues­tro de la víc­ti­ma. Un com­ple­jo sis­te­ma ase­gu­ra que la ver­dad no salga a la luz y que los cul­pa­bles esca­pen a la jus­ti­cia. En noviem­bre de 1992, mien­tras con­ti­nua­ba la ola de homi­ci­dios polí­ti­cos en Sudáfrica, el gobier­no pro­mul­ga­ba la Ley Complementaria de Indemnidad, que garan­ti­za, de hecho, la impu­ni­dad de los vio­la­do­res de dere­chos huma­nos. En la India, la legis­la­ción espe­cial pro­mul­ga­da en aque­llos esta­dos donde se regis­tra acti­vi­dad insur­gen­te per­mi­te que las fuer­zas de segu­ri­dad tiren a matar sin temor a ser some­ti­das a «jui­cio, plei­to o cual­quier otra actua­ción judi­cial».

En oca­sio­nes, los gobier­nos dan efec­to retro­ac­ti­vo a la impu­ni­dad. Cuando llega a su fin un perio­do de gra­ves abu­sos, las auto­ri­da­des cie­rran las puer­tas tras sí, pre­tex­tan­do que la deci­sión de no cas­ti­gar las vio­la­cio­nes de dere­chos huma­nos se ha toma­do en aras de la “recon­ci­lia­ción nacio­nal”.

En marzo de 1993, la Comisión de la Verdad, desig­na­da por la ONU, publi­có un infor­me sobre los abu­sos per­pe­tra­dos por las fuer­zas del gobier­no y de la opo­si­ción en El Salvador. El infor­me atri­bu­ía a las fuer­zas guber­na­men­ta­les la res­pon­sa­bi­li­dad de vio­la­cio­nes de dere­chos huma­nos masi­vas duran­te los 12 años de gue­rra civil. Menos de una sema­na des­pués, el gobier­no decre­tó una amnis­tía suma­men­te ­amplia que exi­mía de pro­ce­sa­mien­to a quie­nes hubie­ran come­ti­do deli­tos con­tra los dere­chos huma­nos con ante­rio­ri­dad a 1992. La ley de amnis­tía sien­ta un peli­gro­so pre­ce­den­te para el futu­ro, y con­ti­nú­an obser­ván­do­se gra­ves vio­la­cio­nes: los cadá­ve­res muti­la­dos que ­siguen apa­re­cien­do en la calle indi­can que los “escua­dro­nes de la muer­te” no se han que­da­do de bra­zos cru­za­dos.

En Camboya, el Acuerdo de Paz de 1991 no dis­pu­so el enjui­cia­mien­to de los res­pon­sa­bles de las atro­ci­da­des masi­vas come­ti­das en el pasa­do. En mayo de 1993, el Parlamento de Mauritania pro­mul­gó una ley que con­ce­día total inmu­ni­dad pro­ce­sal a los miem­bros de las fuer­zas de segu­ri­dad por todos los deli­tos come­ti­dos entre 1989 y 1992, perio­do en el que más de 400 mau­ri­ta­nos fue­ron some­ti­dos a eje­cu­cio­nes extra­ju­di­cia­les y otras dece­nas “des­apa­re­cie­ron”.

Cuando reina la impu­ni­dad, cuan­do las fuer­zas de segu­ri­dad que­dan sin cas­ti­gar por los homi­ci­dios polí­ti­cos y “des­apa­ri­cio­nes” de que son auto­ras coti­dia­nas, se des­in­te­gra la con­fian­za públi­ca en el Estado de dere­cho y nin­gún sis­te­ma judi­cial puede ­actuar efec­ti­va­men­te.

En algu­nos paí­ses, la impu­ni­dad ha des­ata­do una epi­de­mia de homi­ci­dios y secues­tros a la que han sucum­bi­do, sis­te­má­ti­ca­men­te eli­mi­na­dos, miem­bros de las capas urba­nas menos pri­vi­le­gia­das, cam­pe­si­nos y ­muchos otros de los sec­to­res mar­gi­na­les de la socie­dad. Las auto­ri­da­des nacio­na­les y loca­les se han con­ver­ti­do en cóm­pli­ces de homi­ci­dios polí­ti­cos y “des­apa­ri­cio­nes” a tra­vés de sus vín­cu­los extrao­fi­cia­les con pis­to­le­ros a suel­do y vigi­lan­tes civi­les.

En Brasil, cien­tos de per­so­nas —agri­cul­to­res, líde­res de comu­ni­da­des rura­les, diri­gen­tes sin­di­ca­les e indí­ge­nas— han sido deli­be­ra­da­men­te ase­si­na­das por sica­rios con­tra­ta­dos por terra­te­nien­tes loca­les, con el visto bueno o la asis­ten­cia de las auto­ri­da­des. Los ase­si­nos han bur­la­do la jus­ti­cia en casi todos los casos. La impu­ni­dad se ha exten­di­do a los “escua­dro­nes de la muer­te” que han mata­do a cen­te­na­res de “niños de la calle” sólo en el últi­mo año, y a los poli­cí­as uni­for­ma­dos que han aba­ti­do a tiros a pre­sun­tos delin­cuen­tes.

Por tra­tar­se de un fenó­me­no de carác­ter inter­na­cio­nal, la impu­ni­dad exige que se la com­ba­ta a nivel inter­na­cio­nal. La deci­sión de esta­ble­cer un tri­bu­nal inter­na­cio­nal de crí­me­nes de gue­rra para enfren­tar la situa­ción en la anti­gua Yugoslavia debe­ría cons­ti­tuir un pri­mer paso hacia la cre­a­ción de un tri­bu­nal penal inter­na­cio­nal, con juris­dic­ción mun­dial, com­pe­ten­te para enjui­ciar a los que vio­lan los dere­chos huma­nos y el dere­cho huma­ni­ta­rio.

Los “dere­chos huma­nos” se han con­ver­ti­do en un con­cep­to del que todos los gobier­nos pre­ten­den ser pala­di­nes, pero pocos defien­den en la prác­ti­ca. En todas par­tes del mundo, las auto­ri­da­des con­ti­nú­an orde­nan­do o tole­ran­do homi­ci­dios polí­ti­cos y “des­apa­ri­cio­nes”. Estos gobier­nos deben tomar la deci­sión de poner fin al baño de san­gre. Hay una serie de medi­das efec­ti­vas para ello: medi­das pre­ven­ti­vas para impe­dir que las vio­la­cio­nes ocu­rran y, de ocu­rrir, inves­ti­ga­cio­nes ade­cua­das y la deci­sión ­férrea de lle­var a los cul­pa­bles ante la jus­ti­cia. Sólo nos des­per­ta­re­mos de la pesa­di­lla de los homi­ci­dios polí­ti­cos y las “des­apa­ri­cio­nes” cuan­do los gobier­nos, indi­vi­dual y colec­ti­va­men­te, demues­tren su volun­tad polí­ti­ca de poner manos a la obra.


AI EN ­ACCI”N

Este mes, AI empren­de una cam­pa­ña inter­na­cio­nal para poner fin a los homi­ci­dios polí­ti­cos y las “des­apa­ri­cio­nes”.

Aunque la cam­pa­ña se diri­ge prin­ci­pal­men­te a los gobier­nos, tam­bién se pide a los gru­pos polí­ti­cos arma­dos de todo el mundo que den los pasos míni­mos nece­sa­rios para cum­plir con su obli­ga­ción de res­pe­tar los dere­chos huma­nos fun­da­men­ta­les.

Cuando los gobier­nos del mundo piso­te­an los dere­chos fun­da­men­ta­les de sus ciu­da­da­nos e igno­ran los abu­sos que ocu­rren en otros paí­ses, son los ciu­da­da­nos quie­nes deben pasar a la ­acción. Una pre­sión públi­ca coor­di­na­da puede cam­biar la situa­ción hasta en los regí­me­nes más repre­si­vos. ¡Únase hoy mismo a nues­tra cam­pa­ña!q



El len­gua­je del ­terror


La expre­sión “eje­cu­ción extra­ju­di­cial” des­cri­be un homi­ci­dio deli­be­ra­do e ile­gal come­ti­do por orden o con la com­pli­ci­dad de un gobier­no. La expre­sión “ase­si­na­to polí­ti­co” inclu­ye ade­más los homi­ci­dios deli­be­ra­dos y arbi­tra­rios come­ti­dos por gru­pos polí­ti­cos arma­dos.

Algunos homi­ci­dios guber­na­men­ta­les se rea­li­zan den­tro del marco legal. Los sol­da­dos o los agen­tes de la poli­cía pue­den matar en defen­sa pro­pia, o cuan­do emple­an la míni­ma fuer­za nece­sa­ria para pro­te­ger vidas. Igualmente, la eje­cu­ción de una per­so­na con­de­na­da a muer­te en un jui­cio justo, no es uni­ver­sal­men­te reco­no­ci­da como ile­gal —aun­que para AI la pena de muer­te viola los prin­ci­pios inter­na­cio­na­les de dere­chos huma­nos y debe ser abo­li­da.

Pero cuan­do un gobier­no orde­na un homi­ci­dio ile­gal o éste tiene lugar como resul­ta­do de una polí­ti­ca ofi­cial; cuan­do lo come­ten fuer­zas apo­ya­das por el gobier­no; o cuan­do las auto­ri­da­des se nie­gan a inves­ti­gar el deli­to o enjui­ciar a los cul­pa­bles, se trata de una eje­cu­ción extra­ju­di­cial —un ase­si­na­to polí­ti­co— del que el gobier­no es res­pon­sa­ble.

Algunos gobier­nos sim­ple­men­te hacen “des­apa­re­cer” a sus opo­nen­tes. En todo el mundo, cien­tos de miles de per­so­nas se han des­va­ne­ci­do sin dejar ras­tro des­pués de ser dete­ni­das por sol­da­dos, agen­tes de la poli­cía u otros repre­sen­tan­tes del gobier­no. Muchos —pro­ba­ble­men­te la mayo­ría— de los “des­apa­re­ci­dos” son ase­si­na­dos secre­ta­men­te mien­tras están bajo cus­to­dia, pero los gobier­nos elu­den la res­pon­sa­bi­li­dad de estas muer­tes negan­do que las víc­ti­mas hayan sido dete­ni­das.

Las “des­apa­ri­cio­nes” nunca cons­ti­tu­yen inci­den­tes ais­la­dos. Exigen un alto grado de orga­ni­za­ción, con la par­ti­ci­pa­ción de nume­ro­sas per­so­nas en posi­ción de auto­ri­dad. Primero hay que esco­ger y loca­li­zar a la víc­ti­ma. Después hay que poner­la bajo cus­to­dia. Se requie­re un sis­te­ma que ase­gu­re el secre­to, tanto de la iden­ti­dad de la víc­ti­ma como de los ­hechos. También se requie­re un sis­te­ma, en el que par­ti­ci­pen nume­ro­sos abo­ga­dos, que entor­pez­ca los esfuer­zos de fami­lia­res, ami­gos, abo­ga­dos y acti­vis­tas de dere­chos huma­nos que tra­tan de loca­li­zar a los “des­apa­re­ci­dos”.

Las “des­apa­ri­cio­nes” cas­ti­gan a los que que­dan atrás. Sin infor­ma­ción sobre la suer­te de sus seres que­ri­dos, las fami­lias se afe­rran a la espe­ran­za de que se ­hallen aún con vida; algu­nas empren­den una vida ente­ra en busca de un ras­tro del fami­liar per­di­do.

Muy pocos “des­apa­re­ci­dos” han vuel­to a apa­re­cer. Aunque en 1991, por ejem­plo, más de 300 pre­sos marro­quíes fue­ron pues­tos en liber­tad des­pués de pasar hasta 18 años dete­ni­dos en secre­to, esto es, lamen­ta­ble­men­te, la excep­ción. En este mismo país sigue sin cono­cer­se la suer­te de más de 500 “des­apa­re­ci­dos”.



MYAN­MAR


Durante años, los miem­bros de las mino­rí­as étni­cas de las zonas rura­les remo­tas y mon­ta­ño­sas del país han esta­do a mer­ced de las fuer­zas arma­das, los tat­ma­daw. Miles de per­so­nas han sido ase­si­na­das por presunto apoyo a los rebel­des arma­dos. Cientos de miles han sido obli­ga­das a ser­vir de por­tea­do­res o a rea­li­zar otras labo­res no retri­bui­das para los tat­ma­daw.

Muchos, inclu­si­ve niños y muje­res encin­tas, han muer­to de ago­ta­mien­to o como con­se­cuen­cia de bru­ta­les malos tra­tos. Otros han sido ase­si­na­dos por des­obe­de­cer órde­nes, o por­que esta­ban ago­ta­dos, o porque se los obligó, a punta de pis­to­la, a abrir cami­no por terre­nos sem­bra­dos de minas.

Una mujer cuyo primo fue aba­ti­do a tiros junto con su hijo de dos años por negar­se a hacer de por­te­a­dor para las tro­pas le dijo a AI que la fami­lia no había pro­tes­ta­do.«No hay mane­ra de que­jar­se de nada que haga el gobier­no».



Los abusos de los grupos armados


Los gru­pos polí­ti­cos arma­dos han come­ti­do actos repug­nan­tes por todo el mundo. Han tor­tu­ra­do, vio­la­do y muti­la­do a civi­les des­ar­ma­dos. Han dado muer­te de forma deli­be­ra­da y arbi­tra­ria a per­so­nas que no repre­sen­ta­ban ame­na­za algu­na y que no for­ma­ban parte de la maqui­na­ria de repre­sión esta­tal, y han toma­do como rehe­nes a espec­ta­do­res ino­cen­tes —a veces a cam­bio de con­ce­sio­nes, otras veces para matar­los.

Es pre­ci­so poner fin a tales atro­ci­da­des y hacer que los res­pon­sa­bles com­pa­rez­can ante los tri­bu­na­les; pero no se puede per­mi­tir que el Estado ­emplee estos actos como pre­tex­to para ase­si­nar y hacer “des­apa­re­cer”.

En la pro­vin­cia de Aceh, en Indonesia, un grupo arma­do cono­ci­do como Aceh Merdeka ha lucha­do por la inde­pen­den­cia local desde media­dos de los años 70. Desde el resur­gi­mien­to del con­flic­to arma­do en 1989, los miem­bros del grupo han veni­do come­tien­do abu­sos, entre ellos, el ase­si­na­to arbi­tra­rio de pre­sun­tos infor­man­tes civi­les.

La reac­ción del gobier­no indo­ne­sio a las acti­vi­da­des de Aceh Merdeka ha sido vio­len­ta y bru­tal. Se envia­ron a la zona milla­res de sol­da­dos, inclu­yen­do uni­da­des élite de con­train­sur­gen­cia. El arra­sa­mien­to de pue­blos y los ase­si­na­tos a san­gre fría se vol­vie­ron ruti­na­rios, cobrán­do­se unas dos mil vidas civi­les. Algunas per­so­nas fue­ron eje­cu­ta­das públi­ca­men­te, mien­tras que otros cen­te­na­res “des­apa­re­cie­ron” y fue­ron ase­si­na­dos secre­ta­men­te, aban­do­nán­do­se sus cadá­ve­res des­com­pues­tos y fre­cuen­te­men­te muti­la­dos en luga­res públi­cos, a modo de adver­ten­cia.

Hasta hace poco, AI no se ocu­pa­ba de los gru­pos polí­ti­cos arma­dos, si bien publi­ca­ba infor­ma­ción sobre las tor­tu­ras y los ase­si­na­tos de pri­sio­ne­ros come­ti­dos por tales gru­pos y cen­su­ra­ba sus crí­me­nes. En 1991, AI deci­dió opo­ner­se acti­va­men­te al fenó­me­no mun­dial de los homi­ci­dios deli­be­ra­dos y arbi­tra­rios y la toma de rehe­nes por estos gru­pos.

En América, los gru­pos polí­ti­cos arma­dos han esco­gi­do como blan­co a civi­les des­ar­ma­dos, espe­cial­men­te en el Perú, donde el Partido Comunista, “Sendero Luminoso”, ha dado muer­te a miles de per­so­nas en su lucha para derro­car al gobier­no.

En Oriente Medio, las fuer­zas kur­das que con­tro­lan par­tes del norte de Iraq han come­ti­do dece­nas de secues­tros y homi­ci­dios. Abusos simi­la­res han sido per­pe­tra­dos por gru­pos pales­ti­nos arma­dos —como Fatah y Hamas— en Israel y los Territorios Ocupados.

El Partido de los Trabajadores Kurdos, en Turquía, y el grupo arma­do vasco ETA, en España, han dado muer­te de forma deli­be­ra­da y arbi­tra­ria a civi­les. En Irlanda del Norte (Reino Unido), los miem­bros del Ejército Republicano Irlandés (IRA) y de gru­pos pro­tes­tan­tes lea­les a la Unión, como el Cuerpo de Voluntarios del Ulster y la Asociación para la Defensa del Ulster, han come­ti­do homi­ci­dios selec­ti­vos y arbi­tra­rios.

En África, la Resistencia Nacional Mozambiqueña (RENA­MO) lleva casi 20 años ase­si­nan­do y muti­lan­do a pri­sio­ne­ros y lan­zan­do ata­ques con­tra civi­les des­ar­ma­dos. Los líde­res de la RENA­MO se han nega­do cons­tan­te­men­te a fre­nar estos abu­sos e, inclu­so, nie­gan que ocu­rran.

Los gru­pos polí­ti­cos arma­dos no tie­nen un sis­te­ma judi­cial pre­es­ta­ble­ci­do que res­pe­tar, ni tra­ta­dos inter­na­cio­na­les de dere­chos huma­nos que cum­plir. No obs­tan­te, algu­nos gru­pos arma­dos de opo­si­ción han sido res­pal­da­dos por los gobier­nos, y éstos sí tie­nen la obli­ga­ción legal de obser­var las nor­mas inter­na­cio­na­les. Durante la déca­da del 80, EE UU sumi­nis­tró apoyo polí­ti­co, mate­rial y tác­ti­co a la “Contra”, grupo arma­do que ope­ra­ba en Nicaragua y que secues­tró y ase­si­nó a cen­te­na­res de cam­pe­si­nos en su lucha con­tra el gobier­no san­di­nis­ta. Las fuer­zas de segu­ri­dad sud­afri­ca­nas han pres­ta­do un apoyo simi­lar a la RENA­MO.

AI no toma par­ti­do res­pec­to a la legi­ti­mi­dad de la rebe­lión arma­da, pero considera que nadie —ya sea sol­da­do del gobier­no o rebel­de— tiene el dere­cho de tomar rehe­nes o de tor­tu­rar o ase­si­nar a los que se encuen­tran en su poder. Éste es el prin­ci­pio fun­da­men­tal en que se basa el dere­cho huma­ni­ta­rio inter­na­cio­nal. Cuando se viola este prin­ci­pio, muere toda espe­ran­za de alcan­zar la paz o la justi­cia.


Pies de fotos:


Iraq: Más de 5.000 per­so­nas fue­ron ani­qui­la­das en el ata­que quí­mi­co con­tra la loca­li­dad de Halabja, per­pe­tra­do por las fuer­zas de segu­ri­dad ira­quíes en marzo de 1988.


Franja de Gaza: Rana Abu Tuyer, de 11 años, aba­ti­da de un tiro por agen­tes de segu­ri­dad israe­lí­es cuan­do iba a com­prar leche.


Colombia: Los cadá­ve­res de los miem­bros de una comi­sión que inves­ti­ga­ba ase­si­na­tos y “des­apa­ri­cio­nes” yacen en una carre­te­ra del Magdalena Medio. Los miem­bros de la comi­sión fue­ron embos­ca­dos y ase­si­na­dos por un “escua­drón de la muer­te” en 1989.


Filipinas: Chris Batan investigaba violaciones a los derechos humanos y fue asesinado en febrero de 1993 por una de las decenas de fuerzas paramilitares semioficiales del país.


Bosnia Herzegovina:

Unas mujeres presencian cómo descargan los cadáveres de sus esposos. Cientos, posiblemente miles, de civiles han sido asesinados por fuerzas regulares e irregulares, y miles de personas han “desaparecido” en la antigua Yugoslavia desde el comienzo de la brutal guerra civil en junio de 1991. Todas las partes del conflicto han cometido abusos graves.

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