Información general

Amnistía Internacional lleva trabajando en favor de los defensores y defensoras de los derechos humanos y en colaboración con ellos desde su fundación, y considera que respaldar los derechos de este colectivo es una de las maneras más importantes de garantizar los derechos humanos de todas las personas.

El colectivo de defensores y defensoras de los derechos humanos incluye:

  • periodistas que sacan a la luz violaciones de derechos humanos;
  • asistentes sociales que imparten formación en derechos humanos;
  • sindicalistas que defienden los derechos laborales;
  • mujeres que trabajan por la promoción de los derechos reproductivos;
  • ecologistas que denuncian el impacto de proyectos de desarrollo sobre los derechos a la tierra de los pueblos indígenas.

Los defensores y defensoras de los derechos humanos son personas, grupos u organizaciones que promueven y protegen los derechos humanos por medios pacíficos. Entre otras cosas:

  • desvelan abusos;
  • los someten al escrutinio público;
  • presionan para que los responsables rindan cuentas de sus actos;
  • capacitan a personas y comunidades para que reclamen sus derechos básicos como seres humanos.

A lo largo de la historia, personas valerosas y visionarias han luchado por ampliar la protección de los derechos humanos e incluir a las personas que hasta entonces quedaban excluidas: desde personas que vivían en la esclavitud hasta trabajadores desprotegidos frente a la explotación, pasando por mujeres a quienes se les negaba el derecho al voto.

En la actualidad, pese a que el derecho internacional protege los derechos humanos, hacen falta personas que defiendan estos derechos en todo el mundo, que vigilen la situación y hagan frente a los abusos y violaciones.

Obstáculos

A causa de su trabajo, los defensores y defensoras de los derechos humanos se enfrentan a una serie de desafíos. En muchos países sufren:

  • amenazas de muerte y tortura;
  • persecución mediante el sistema judicial;
  • leyes restrictivas que los silencian;
  • desaparición forzada o asesinato.

Por ello necesitan nuestro apoyo.

¿Quiénes son los defensores y defensoras de los derechos humanos?

Adonis Polanco es asesor de tratamiento para el VIH/sida en la República Dominicana, y hace campaña por el acceso a tratamiento adecuado de las personas que viven con el VIH/sida. Tras descubrir en 2004 que era seropositivo, Adonis no empezó a recibir el tratamiento que necesitaba hasta que contó su historia a los medios de comunicación. Desde entonces ha sufrido amenazas e intimidación.

Bhawani Rana vive en Nepalgunj, Nepal, donde fundó la organización Saathi Banke. Ayuda a mujeres proporcionándoles formación, microcréditos, asesoramiento psicosocial y apoyo a la integración para hacerlas independientes.

Gurbandurdy Durdykuliyev envió una carta a las autoridades de Turkmenistán instándolas a autorizar una manifestación pacífica de dos días. Varios días después se lo llevaron de su casa y lo confinaron por la fuerza en un hospital psiquiátrico.

Luan Srisongpong es un granjero tailandés que recorrió 450 km hasta Bangkok en una marcha de la Asamblea de los Pobres, convocada para pedir a los gobiernos que actúen con el fin de paliar el impacto de los proyectos de desarrollo sobre las poblaciones pobres y desfavorecidas.

Lohana Berkins es una activista transgénero de Buenos Aires, Argentina, que ayuda a profesionales del sexo a protegerse contra la amenaza de la violencia o la detención arbitraria.

El término defensor o defensora de los derechos humanos se utiliza en todo el mundo para describir a personas como Adonis, Bhawani, Gurbandurdy, Luan y Lohana, que actúan de muchas formas distintas y en ámbitos diferentes para proteger y promover los derechos humanos.

Desde la adopción de la Declaración sobre los Defensores de los Derechos Humanos, el término se ha utilizado cada vez con más frecuencia junto con otros como activista de derechos humanos o trabajador o trabajadora de los derechos humanos. De acuerdo con el uso de este término en el sistema de la ONU y en otras organizaciones que trabajan con este colectivo, Amnistía Internacional utiliza el término defensor o defensora de los derechos humanos de una manera inclusiva, sin descartar el uso de otros términos apropiados en países o contextos específicos.

Cualquier persona, independientemente de su ocupación, puede erigirse en defensora de los derechos humanos: se la identifica principalmente por lo que hace, no por su profesión. En algunos casos, se trata de trabajadores de derechos humanos, abogados que se ocupan de casos de derechos humanos, periodistas, sindicalistas o profesionales del desarrollo. Pero una autoridad local, un agente de policía o una celebridad que promuevan activamente el respeto por los derechos humanos pueden ser también defensores de los derechos humanos.

Los defensores y defensoras pueden actuar por cuenta propia o en asociación con otras personas, a título personal o en el marco de su profesión. Muchos miembros de este colectivo defienden los derechos humanos en su trabajo cotidiano, mientras que otros se convierten en defensores o defensoras a causa de una acción o postura individual adoptada en favor de los derechos humanos.

Los defensores y defensoras de los derechos humanos tienen varias características en común:

  • defienden el principio fundamental de universalidad; es decir, que todos los seres humanos son iguales en dignidad y derechos, independientemente de su género, raza, etnia u otra condición;
  • se comprometen con el cumplimiento de las normas internacionales de derechos humanos;
  • en sus propias acciones, respetan los derechos y libertades de otras personas.

Para cumplir la Declaración sobre los Defensores de los Derechos Humanos, y para entrar dentro del ámbito del término tal como lo utiliza Amnistía Internacional, las acciones emprendidas por defensores y defensoras de los derechos humanos deben ser pacíficas.

¿Qué derechos defienden?

Los defensores y defensoras de los derechos humanos trabajan para hacer realidad alguno o la totalidad de los derechos que se exponen en la Declaración Universal de Derechos Humanos o en las diversas normas de derechos humanos a las que la Declaración ha dado lugar en forma de convenios o convenciones, declaraciones, conjuntos de principios e interpretaciones autorizadas.

Los derechos que defienden estas personas pueden ser:

  • derechos civiles y políticos (como el derecho a no sufrir tortura o el derecho a un juicio justo)
  • derechos económicos y sociales (como el derecho al nivel de salud más alto posible o el derecho a la educación)
  • derechos culturales (como el derecho de los pueblos indígenas a tener el control sobre sus tierras y sus recursos).

Algunos defensores y defensoras trabajan en contra de abusos específicos, como la tortura o los desalojos forzados. Otros defienden los derechos de grupos o sectores específicos de la población discriminados y desfavorecidos, como los pueblos indígenas, las mujeres rurales, los niños y niñas de la calle o el colectivo de lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero.

Responsabilidad de proteger

Todas las personas tienen la responsabilidad de proteger los derechos humanos. Tal como afirma la Declaración sobre los Defensores de los Derechos Humanos:

Toda persona que, a causa de su profesión, pueda afectar a la dignidad humana, los derechos humanos y las libertades fundamentales de otras personas deberá respetar esos derechos y libertades y cumplir las normas nacionales e internacionales de conducta o ética profesional u ocupacional que sean pertinentes.

Las personas que se dedican a la defensa de los derechos humanos como profesión cuentan con abundantes conocimientos y años de experiencia, pero la defensa de los derechos humanos no tiene misterio. Todas las personas tenemos el potencial necesario para convertirnos en defensoras de los derechos humanos.

¿Cómo trabajan los defensores y defensoras de los derechos humanos?

Los defensores y defensoras de los derechos humanos promueven y protegen estos derechos de muy diversas maneras, como por ejemplo:

  • la representación de víctimas y sobrevivientes de violaciones de derechos humanos en su lucha por la justicia y la reparación;
  • la difusión de información sobre abusos contra los derechos humanos;
  • la enseñanza de principios y valores de derechos humanos como parte del currículo escolar;
  • la organización de comunidades para que hagan frente a una amenaza contra sus medios de vida;
  • la acción de base;
  • las actividades de sensibilización;
  • la captación de apoyos ante instituciones gubernamentales o internacionales;
  • la capacitación de las comunidades locales para que comprendan y reclamen sus derechos;
  • la prestación de ayuda humanitaria a personas desplazadas por conflictos o desastres naturales;
  • el inicio de procesos judiciales y cuasijudiciales.

Inicio de procesos judiciales

Muchos defensores y defensoras de los derechos humanos emprenden procesos judiciales para pedir justicia y reparación para personas cuyos derechos han sido violados. Hay innumerables ejemplos de victorias de defensores y defensoras que han invocado ante los tribunales nacionales los principios de protección de las normas internacionales de derechos humanos.

También el sistema de justicia internacional, cada vez más efectivo, ha proporcionado vías de resarcimiento cuando se negaba la justicia en el propio país. África, América y Europa han establecido mecanismos regionales con los que las personas sobrevivientes de violaciones de derechos humanos y quienes trabajan con ellas pueden hacer rendir cuentas a sus gobiernos.

Gracias a los esfuerzos dedicados, desde hace largo tiempo, por abogados y abogadas que, unidos en coalición, trabajan en favor de los derechos humanos en países de todo el mundo, en los últimos tiempos ha empezado a surgir una infraestructura judicial global, especialmente desde la adopción en 1998 del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. La Corte tiene jurisdicción sobre los delitos más graves contemplados por el derecho internacional, incluidos el genocidio, los crímenes contra la humanidad y los crímenes de guerra.

Jurisdicción universal

Otro avance significativo logrado por los defensores y defensoras que trabajan en colaboración a través de fronteras es la evolución de la jurisdicción universal, que permite a los tribunales de un país juzgar los delitos de derecho internacional aunque se hayan cometido en otro lugar. Sin embargo, pese a sus ventajas, las causas judiciales son costosas, llevan tiempo y pueden parecer inaccesibles, por lo que a menudo se opta por otros medios para afirmar los derechos.

Comisiones de la verdad

Los defensores y defensoras también han tratado de buscar alternativas creativas a los procesamientos penales en situaciones en las que esos procesamientos resultaban imposibles por motivos políticos o prácticos. En muchas situaciones de transición tras conflictos o regímenes autoritarios, los defensores y defensoras han ayudado a establecer “comisiones de la verdad” destinadas a sacar a la luz las experiencias de víctimas y sobrevivientes, determinar quién fue responsable y otorgar reparación. Pese a sus carencias, esas comisiones pueden constituir pasos importantes hacia la justicia y la reconciliación, y un sólido reconocimiento de las experiencias vividas por los sobrevivientes.

La agenda de derechos humanos

La agenda de derechos humanos ha sido siempre dinámica y ha estado en constante evolución, y los defensores y defensoras han ido aplicando los principios y herramientas de derechos humanos a distintos contextos y luchas. En distintos momentos de la historia, personas valerosas y visionarias han luchado por ampliar la protección de los derechos humanos e incluir a las personas que hasta entonces quedaban excluidas: desde personas que vivían en la esclavitud hasta trabajadores desprotegidos frente a la explotación, pasando por mujeres a quienes se les negaba el derecho al voto.

Defensa de derechos nuevos y rebatidos

En los últimos decenios, las personas que defienden los derechos humanos han luchado para que la promesa de la Declaración Universal se aplicara a las nuevas amenazas emergentes a la dignidad humana. Entre otras cosas:

  • han llevado los derechos humanos al ámbito del hogar y la comunidad a través de la lucha para erradicar la violencia de género contra las mujeres;
  • han presionado para que las empresas multinacionales rindan más cuentas en el ámbito moral y jurídico cuando sus acciones u omisiones privan a personas de sus derechos humanos fundamentales;
  • han formulado como un derecho fundamental, y no como un servicio dependiente del crecimiento económico o la beneficencia, la demanda de acceso universal a la educación primaria y a tratamiento antirretroviral que puede salvar vidas.

Los defensores y defensoras que forjan nuevas fronteras para los derechos humanos suelen ser los que más expuestos se ven al peligro, el ridículo y la oposición. Quienes trabajan para reparar la desatención histórica de los derechos económicos, sociales y culturales corren peligro de crearse enemigos poderosos cuando cuestionan la distribución de los recursos económicos y piden una mayor rendición de cuentas a aquellos cuyas acciones alimentan la pobreza y la desigualdad.

De igual modo, las mujeres y los hombres que luchan por el derecho a controlar la propia sexualidad y capacidad reproductiva sin discriminación, coacción o violencia pueden encontrarse con una resistencia formidable de los sectores religiosos fundamentalistas de motivación política que niegan que ese derecho exista en todas las culturas.

La existencia de una enorme diversidad de movimientos sociales que cada vez utilizan con más frecuencia el lenguaje de los derechos para expresar sus demandas, y la vehemencia con la que se cuestionan y reprimen dichas demandas, no sólo reflejan el grado de autoridad moral de las reclamaciones de derechos humanos: también ponen de manifiesto hasta qué punto el significado y el ámbito de aplicación de los derechos humanos siguen siendo un campo de batalla.

El cambio de las fronteras en materia de derechos humanos

Los derechos humanos no son un proyecto estático; sus fronteras no pueden delimitarse de forma permanente. Las reclamaciones de derechos surgen de la negación de la dignidad humana, sea cual sea la forma en que se produzca. Los contornos de los derechos humanos cambian a medida que se modifican las formas de opresión. Por lo tanto, su ámbito de aplicación y su contenido siempre serán motivo de disputa.

La agenda de los derechos humanos se ha ido conformando a partir del pensamiento de quienes la analizan desde una perspectiva crítica. Las personas que se ven excluidas de la manera en que los derechos humanos se entienden o interpretan tradicionalmente en un contexto social o histórico determinado (por ejemplo, las mujeres, los pueblos indígenas, las lesbianas, gays, bisexuales o personas transgénero, o las personas discapacitadas) han luchado por la inclusión y, con ello, han enriquecido y transformado la manera de entender los derechos humanos.

Esta evolución continuará, y las nuevas generaciones de defensores y defensoras seguirán haciendo frente a las interpretaciones ortodoxas de los derechos humanos y continuarán formulando nuevas reclamaciones. Quienes nos advierten sobre el impacto del cambio climático en la sostenibilidad de la vida en el planeta, o sobre las posibles consecuencias de los progresos biotecnológicos y genéticos para el significado de ser humano, ya señalan algunas de las cuestiones que pueden aparecer de manera destacada en la agenda de derechos humanos en el futuro.

Lucha contra las reacciones adversas

Las personas que defienden los derechos humanos no sólo tienen que luchar contra las nociones estáticas o restrictivas de estos derechos. En los últimos años, han tenido que protegerse contra un ataque más fundamental a la validez y la pertinencia del marco de los derechos humanos.

Las reglas del juego han cambiado

Algunos gobiernos, en especial el de Estados Unidos y algunos de Europa, han alegado que “las reglas del juego han cambiado” desde los terribles sucesos del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y los posteriores actos terroristas en otros países. Han puesto en duda hasta qué punto las consideraciones de derechos humanos deben tener precedencia sobre la preocupación de proteger a su población frente a ataques. Esto ha dado lugar a intentos de justificar la tortura y los malos tratos en nombre de la lucha efectiva contra el terrorismo, y a que se eludan las garantías básicas de proceso debido reteniendo indefinidamente, sin cargos ni juicio, a miles de sospechosos.

Por ello, al tiempo que ampliaban las fronteras de los derechos humanos, los defensores y defensoras han tenido que luchar para preservar valores éticos largamente reconocidos que ocupan un lugar central en el marco de los derechos humanos, como por ejemplo:

  • la total y absoluta inaceptabilidad de la tortura;
  • el derecho de todas las personas, independientemente de sus presuntos actos, a ser tratadas con dignidad y justicia a manos del Estado.

Sus esfuerzos por sacar a la luz la práctica de las “entregas extraordinarias” y las atroces condiciones de Abu Ghraib, Bagram, Guantánamo y otros centros de detención para sospechosos recluidos en el contexto de la “guerra contra el terror” han ayudado a oponer resistencia a este intento concertado de erosionar el marco de los derechos humanos.

Sin embargo, la reacción contra el cambio también ha provocado entre quienes defienden los derechos humanos una reflexión sobria acerca del peligro de la autocomplacencia. Tal vez la idea de los derechos humanos haya logrado un apoyo casi universal, pero no puede darse por sentado que su primacía y legitimidad se reconocerán siempre.

Para que el frágil “consenso de derechos humanos” resista los caprichos del ir y venir político, será necesario anticiparse a los futuros ataques contra la autoridad y la aplicación práctica de los derechos humanos, y frenarlos antes de que se produzcan. Las personas que, desde distintos contextos y culturas, defienden los derechos humanos luchan para conseguir que éstos no se conviertan en una agenda que funciona por reacción, sino en una propuesta progresiva para un futuro mejor.

Más información sobre los desafíos a los que se enfrentan los defensores y defensoras de los derechos humanos.

 

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