América

Human Rights by region

Indígenas durante el proceso judicial contra Efraín Ríos Montt, Ciudad de Guatemala, enero de 2012.

© REUTERS/Jorge Dan Lopez


Las violaciones generalizadas de derechos humanos cometidas en el pasado y la falta de rendición de cuentas de sus responsables proyectaban una larga sombra sobre muchos países de América. Sin embargo, los trascendentales procesamientos llevados a cabo en 2012 en países como Argentina, Brasil, Chile, Guatemala y Uruguay señalaron progresos adicionales importantes en la búsqueda de justicia por los abusos cometidos durante los gobiernos militares de épocas anteriores. No obstante, para algunas personas, la lucha por un acceso significativo a la justicia y por el fin de la impunidad continuaba. En Haití, por ejemplo, los procedimientos judiciales contra el ex presidente Jean-Claude Duvalier permanecían estancados. Y en Estados Unidos apenas se avanzó en hacer rendir cuentas a los responsables de abusos cometidos en el marco del programa de detenciones secretas de la CIA durante el gobierno de George W. Bush.

Persistían los conflictos sociales en torno a los recursos naturales, y muchas personas vieron cómo se intensificaban los ataques contra sus derechos. Sin embargo, el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas recibió un impulso gracias a las resoluciones judiciales que reafirmaron el derecho de estos pueblos a dar su consentimiento libre, previo e informado sobre los proyectos de infraestructura que les afectaban. En junio, por ejemplo, la Corte Interamericana de Derechos Humanos dictó una sentencia histórica en favor del pueblo kichwa de Sarayaku y declaró a Ecuador culpable de violar sus derechos.

Algunos gobiernos de la región respondieron a las decisiones del sistema interamericano de derechos humanos haciendo a éste blanco de nuevas críticas. Venezuela llegó al extremo de notificar su retirada de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Hubo algunos progresos en el camino a la abolición de la pena de muerte. En Estados Unidos –único país de la región que seguía ejecutando a personas–, Connecticut se convirtió en el estado número 17 que abolía la pena capital. Y en los países del Caribe de habla inglesa, aunque se siguieron imponiendo condenas de muerte, no se llevaron a cabo ejecuciones durante el año.

En Colombia, las primeras conversaciones formales de paz en más de un decenio suscitaron  la esperanza de que el conflicto armado entre el gobierno y las Fuerzas  Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) pudiera finalmente concluir, tras casi 50 años.  

En toda la región continuaban desafiándose los arraigados patrones de discriminación y violencia contra las mujeres y defendiéndose los derechos sexuales y reproductivos. Sin embargo, millones de mujeres vieron cómo se les seguía hurtando su derecho a tomar decisiones libres e informadas, sin coacción ni discriminación, sobre cuándo tener hijos y cuántos hijos tener. En países como Chile, El Salvador, Nicaragua y República Dominicana, las mujeres y las niñas que quedaban embarazadas a consecuencia de una violación, o en cuyos casos la continuación del embarazo suponía un peligro para su salud o su vida, seguían viendo negado su acceso a abortos seguros y legales. El impacto de esta negación de los derechos humanos era especialmente agudo para las niñas y las mujeres de grupos desfavorecidos.

Los periodistas –en muchos casos con un gran coste personal– seguían desempeñando un papel fundamental a la hora de sacar a la luz violaciones de derechos humanos. Algunos sufrían represión directa del gobierno, mientras que otros eran blanco de los ataques de grupos armados y redes delictivas. Una y otra vez, los defensores y defensoras de los derechos humanos, a menudo en situaciones precarias y difíciles, seguían enfrentándose a los intentos de silenciarlos mediante la denigración, la violencia y el uso indebido de los tribunales. Con sus actos, daban fe de la fuerza y el profundo arraigo logrados por el movimiento de derechos humanos y de la esperanza que éste inspira a millones de personas en todo el mundo.