Annual Report 2013
The state of the world's human rights

30 May 2013

La educación en derechos humanos cambia vidas en África

La educación en derechos humanos cambia vidas en África
Amnistía Internacional se ha asociado con organizaciones locales a lo largo y ancho de África para impartir talleres de educación en derechos humanos.

Amnistía Internacional se ha asociado con organizaciones locales a lo largo y ancho de África para impartir talleres de educación en derechos humanos.

© Amnesty International


El proyecto ha tenido realmente éxito e interés porque ha implicado la participación real de mujeres que no solían hablar en público debido a las autoridades masculinas de sus comunidades, pero interpretar un papel en una obra teatral les brinda una plataforma para la expresión.
Source: 
Aminatou Sar, coordinadora del Programa de Educación en Derechos Humanos en África de Amnistía Internacional

Cuando su esposo murió, Alice Beti y sus dos hijos estuvieron a punto de quedarse sin hogar.

Sus parientes políticos se habían apropiado de todos los bienes de su difunto esposo y amenazaban con desalojarlos de su casa en Kenia.

Pero un día, Alice, trabajadora de la salud comunitaria, asistió a una reunión organizada por activistas locales en la que se enteró de su derecho a heredar parte de los bienes de su esposo en virtud de las leyes de familia del país. Comprendió que se habían violado sus derechos y que podía hacer algo al respecto.

Llevó su caso al tribunal del jefe supremo tribal, donde demandó a sus parientes políticos y ganó. 

Esta trabajadora de la salud vive ahora con sus dos hijos en su hogar de Shinyalu y dirige el Grupo de Viudas de Shinyalu, organización que ayuda a otras mujeres a desenvolverse en el sistema judicial local. 

La historia de Alice es representativa de las experiencias de los cientos de mujeres que han participado en un microproyecto de Educación en Derechos Humanos organizado por Amnistía Internacional y una organización de base comunitaria, el Grupo de Autoayuda de Shinyalu Central y Occidental, en Kenia desde 2009. 

En los talleres, miembros de la comunidad especialmente entrenados dirigen sesiones sobre cuestiones como la violación, el incesto y el desalojo de esposas, y describen cómo pueden las víctimas buscar reparación. 

A las sesiones de formación asisten miembros de la comunidad, profesionales de la enseñanza, trabajadores sociales, funcionarios del gobierno local y jefes locales. Los líderes comunitarios suelen hablar a favor de hacer rendir cuentas a los responsables, lo cual infunde a las mujeres como Alice confianza para seguir llevar adelante con sus casos.  

Participación y educación

Desde que Amnistía Internacional puso en marcha el proyecto más amplio de Educación en Derechos Humanos en 2008, la organización se ha asociado con grupos y activistas de derechos humanos locales en países como Malí, Benín, Burkina Faso, Sierra Leona, Ghana, Senegal, Togo, Costa de Marfil, Kenia y Uganda para organizar decenas de talleres de educación en derechos humanos. 

Aminatou Sar, que dirige el proyecto, dice que las palabras clave son “aprendizaje participativo”, lo cual significa que las personas y comunidades afectadas son quienes gobiernan sus propias vidas.

En cada microproyecto, comunidades de zonas aisladas de toda África deciden qué cuestiones desean tratar y qué clase de formación desean recibir. Los talleres están especialmente diseñados y se organizan para grupos que reúnen a víctimas de abusos contra los derechos humanos y a quienes tienen poder para impartir justicia y generar cambio. 

“La educación en derechos humanos ha sido demasiado elitista. En el pasado, la gente trabajaba más con centros escolares y profesionales, y se centraba la atención en los gobiernos y en personas de gran resonancia, por lo que este proyecto ha sido realmente decisivo para atraer voces de nivel comunitario, haciendo participar a las comunidades en la reclamación de sus derechos”, explica Aminatou. 

“Trabajamos para que la gente se familiarice con las leyes que protegen a las mujeres y niñas y para cambiar los comportamientos en las comunidades, sobre todo entre los jefes que tienen la responsabilidad de tomar decisiones. Por ejemplo, si la comunidad acusa a una mujer de brujería, son los jefes quienes deben tomar la decisión de proscribirlas de la comunidad, por lo que era importante hablar con ellos. En Burkina Faso, por ejemplo, tuvimos mucho éxito y algunos jefes incluso llevaron de vuelta a los poblados a algunas de las mujeres a las que se había proscrito años atrás.”

Una vez diseñado un taller, las personas que participan en el proyecto usan el arte, la música, el teatro y otros métodos participativos para iniciar los debates sobre abusos contra los derechos humanos y las vías para que las víctimas consigan justicia y reparación. 

“El proyecto ha tenido realmente éxito e interés porque ha implicado la participación real de mujeres que no solían hablar en público debido a las autoridades masculinas de sus comunidades, pero interpretar un papel en una obra teatral les brinda una plataforma para la expresión”, dice Aminatou.

Buenas noticias de África

Hasta ahora, el Proyecto de Educación en Derechos Humanos en África de Amnistía Internacional se ha centrado sobre todo en abordar las percepciones sobre las mujeres y la aceptación de la violencia de género. 

En Burkina Faso, por ejemplo, activistas locales han trabajado con líderes tradicionales en Pabré, localidad situada a 20 kilómetros de la capital, Uagadugú, que es conocida como uno de los “epicentros” de la mutilación genital femenina en este país de África Occidental.  

Durante los talleres, los facilitadores trataron de sensibilizar a los jefes de la comunidad sobre la manera en que algunas de las ideas falsas que justifican la mutilación genital femenina tenían repercusiones negativas en los derechos de las mujeres, en un país donde casi la mitad de las mujeres sufren esta práctica abusiva, de acuerdo con el Comité Nacional de Lucha contra la Práctica de la Ablación (Comité National de Lutte contre la Pratique de l’Excision).

Más de 300 miembros de la comunidad han participado en las sesiones, que hasta ahora han ayudado a cambiar las percepciones sobre la mutilación genital femenina. 

También como consecuencia del proyecto, los líderes locales han establecido “Unidades de Alerta” en los 22 poblados de Pabré. El objetivo de estas unidades es informar a la policía de cualquier intento de practicar la mutilación genital femenina en sus poblados, lo cual ha tenido como resultado una notable disminución de su uso. 

Aminatou sabe que la educación en derechos humanos por sí sola no cambiará la situación en toda África, pero está convencida de que es un buen lugar para comenzar. 

“Siento una gran emoción cada vez que llego a una comunidad y veo que aunque la situación es muy mala, hay mujeres, hombres y jóvenes fuertes que hacen cosas con unos medios mínimos, a veces sin ningún medio, pero siempre haciendo avanzar las cosas. Esto es muy inspirador.”

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Region

Africa 

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