Europa y Asia Central

Los derechos humanos región a región

Un romaní prepara la comida en Valeni 2, comunidad romaní de Piatra Neamt (Rumania).

© Mugur Vărzariu


Las elecciones parlamentarias de Georgia fueron un raro ejemplo de transición democrática del poder en un país de la antigua Unión Soviética. En otros lugares, regímenes autoritarios se aferraban al poder. La Unión Europea ganó el premio Nobel de la Paz, pero no fue capaz de garantizar cobijo y seguridad básicos a las personas refugiadas en todos sus Estados miembros, y tampoco igualdad de derechos para los 6 millones de romaníes que vivían dentro de sus fronteras. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, durante tanto tiempo la joya de la corona del sistema europeo de protección de los derechos humanos, siguió debilitándose ante la negativa de los Estados a aplicar sus sentencias y los intentos de reducir su ámbito de competencia.

Los derechos civiles y políticos se vieron amenazados en toda la antigua Unión Soviética. En Bielorrusia continuó la represión posterior a 2011; en Azerbaiyán fueron puestos en libertad varios presos de conciencia, pero se detuvo a otros. En Rusia, una nueva oleada de leyes represivas aumentó la capacidad del Estado de reprimir las protestas críticas y las manifestaciones y de tomar medidas contundentes contra los particulares y las organizaciones. En toda la región, los Estados aplicaron también una presión más insidiosa sobre sus críticos, con amenazas de violencia anónimas y con campañas de desprestigio por consumo de drogas, promiscuidad o evasión de impuestos.

Continuó creciendo la influencia de Turquía como actor regional, pero este país no hizo avances significativos en cuanto al respeto a los derechos humanos dentro de sus fronteras, con miles de personas consumiéndose en la cárcel tras condenas impuestas en juicios sin garantías en los que se había violado su derecho a la libertad de expresión.

En diciembre, en un fallo histórico, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos declaró responsable al gobierno de Macedonia de la desaparición y la tortura de Khaled el Masri tras su secuestro por la CIA en Skopie en 2003. En septiembre, el Tribunal de Casación italiano confirmó las sentencias condenatorias de 23 ex agentes de la CIA por el secuestro en Milán y la entrega del ciudadano egipcio Osama Moustafa Hassan Nasr, sospechoso de terrorismo.

Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, la responsabilidad por los delitos cometidos en Europa dentro del programa de entregas dirigido por Estados Unidos siguió sin concretarse, pues los Estados implicados continuaron estancados en las investigaciones o negando su implicación en violaciones.

En los países de la antigua Unión Soviética continuó la práctica de las entregas. Rusia y Ucrania colaboraron en el secuestro y la devolución de personas buscadas que corrían peligro de tortura, desacatando claramente las sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que bloqueaban su extradición.

Varios Estados, en especial Rusia, desvirtuaron la autoridad del Tribunal Europeo de Derechos Humanos al no ejecutar sus sentencias, mientras que las enmiendas propuestas al Convenio Europeo de Derechos Humanos amenazaban con socavar la independencia del Tribunal y limitar el acceso a él de los particulares.  

En varias zonas de los Balcanes se redujeron las posibilidades de que algunas víctimas de los crímenes de guerra cometidos en la década de 1990 recibieran justicia. La investigación y el procesamiento de esos casos siguieron progresando a un ritmo lento, bloqueados por la falta de voluntad política. En Bosnia y Herzegovina y en otros países, siguió negándose el acceso a la justicia y el apoyo social a las víctimas de violación y de otros crímenes de guerra de violencia sexual.

Los países europeos trataron de limitar la afluencia de migrantes y solicitantes de asilo reforzando los controles fronterizos y los acuerdos de cooperación con Estados norteafricanos, como Libia, que apenas podían respetar los derechos de las personas devueltas a sus costas. En Grecia, las personas solicitantes de asilo seguían encontrando grandes obstáculos para presentar su solicitud, y cada vez corrían más peligro de ser detenidas en condiciones inhumanas o de sufrir la violencia de grupos parapoliciales xenófobos. 

Hungría permitió que grupos de extrema derecha uniformados marcharan por vecindarios romaníes, coreando insultos racistas y arrojando piedras a sus residentes.En toda la región, los romaníes siguieron sufriendo hostigamiento y discriminación. 

 

Ir al apartado de países

África

La crisis que azotaba Malí con creciente crudeza en 2012 reflejaba muchos de los problemas firmemente arraigados de l ...

América

Las violaciones generalizadas de derechos humanos cometidas en el pasado y la falta de rendición de cuentas de sus r ...

Asia y Oceanía

En países de toda Asia y Oceanía, el simple acto de expresar públicamente la propia opinión, en la calle o ...

Europa y Asia Central

Las elecciones parlamentarias de Georgia fueron un raro ejemplo de transición democrática del poder en ...

Oriente Medio y Norte de África

Los levantamientos populares que se propagaron por el Norte de África y Oriente Medio desde ...

Amnistía Internacional en las redes sociales