Durante la guerra de 1991-1995 entre el ejército croata y las fuerzas armadas serbocroatas, ayudadas por el Ejército Nacional Yugoslavo, ambos bandos cometieron crímenes de guerra. Transcurridos 20 años del conflicto, muchos de estos crímenes siguen sin juzgarse.
Se han enjuiciado crímenes de guerra en Croacia, Serbia y Bosnia y Herzegovina, así como ante el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia en La Haya.
En muchos casos, los tribunales pudieron hacer justicia a las víctimas únicamente gracias al valor de los testigos, que se mostraron decididos a contar la verdad sobre lo sucedido durante la guerra. Sus testimonios han sido cruciales para poder poner a los autores de crímenes de guerra a disposición de la justicia.
Sin embargo, muchos de ellos han sufrido amenazas e intimidación, e incluso han resultado muertos. En Croacia, las autoridades no han protegido a los testigos, con lo que han contribuido al clima de miedo que impide que se haga justicia.
Milan Levar era croata. Fue uno de los pocos valientes decididos a contar la verdad sobre los crímenes de guerra cometidos contra la población serbocroata por sus propias fuerzas armadas.
Lo mató una bomba colocada en los bajos de su vehículo frente a su domicilio en Gospić, Croacia, el 28 de agosto de 2000. Hace ya casi 11 años que murió y aún no se ha procesado al responsable de su muerte.
A Milan Levar lo mataron porque se había manifestado públicamente a favor de que se hiciese justicia a las víctimas de crímenes cometidos durante la guerra de 1991-1995 en Croacia. Se unió como voluntario al ejército croata en 1991 al comienzo de la guerra. Según los informes, en 1992 se le ordenó que reuniese a un grupo de serbocroatas para ejecutarlos, acción a la que se negó. Al finalizar la guerra, el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia de La Haya se puso en contacto con él y lo interrogó como posible testigo en 1997 y 1998 en relación con crímenes de guerra cometidos en la zona de Gospić. También ayudó a reunir pruebas y a buscar a otros testigos, a los que el Tribunal entrevistó posteriormente. Milan Levar fue asesinado antes de que pudiese prestar testimonio en la sala del tribunal.
Hasta el momento, no se han obtenido resultados en la investigación sobre la muerte de Milan Levar. Las autoridades han dejado de informar sobre los avances en la investigación a su viuda, quien en diversas ocasiones también ha recibido amenazas de muerte de personas desconocidas.
La ausencia de avances en la investigación es un síntoma del clima de impunidad imperante y la falta de voluntad política en Croacia para abordar el pasado. Esta situación hace que los testigos se muestren reacios a testificar tanto ante el Tribunal de La Haya como ante los tribunales de Croacia. En muchos casos los testigos se han negado a testificar alegando como principal motivo que temían por su seguridad.
Una de las preocupaciones manifestadas por los testigos es la impunidad imperante de los altos cargos políticos y militares que ocupaban posiciones de poder durante la guerra. Pese a la existencia de información pública disponible, que incluye pruebas presentadas en procedimientos judiciales públicos en Croacia, no se han investigado las denuncias formuladas contra muchos de estos altos cargos.
Sin las pruebas que aportan los testigos es imposible enjuiciar muchos de los casos de crímenes de guerra pendientes de juicio, lo que impide que se haga justicia a las víctimas y sus familiares.
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