09 abril 2008
Darfur: los niños y niñas del conflicto

Las fuerzas de mantenimiento de la paz de la Unión Africana y las Naciones Unidas en Darfur (UNAMID) llegaron a la zona el 31 de diciembre de 2007, pero para los niños y niñas de la región apenas ha habido cambios. Desde diciembre se han producido diversos ataques de fuerzas del gobierno y milicias armadas.

Refugee children re-enact the destruction of a village in Darfur, Sudan with clay figures ©Daniel ScandlingEn todos los ataques ha habido muertes y desplazamientos de hombres, mujeres y menores. El gobierno de Sudán y grupos armados han continuado obstaculizando el despliegue efectivo de la UNAMID.

El 9 de febrero de 2008, el gobierno de Sudán y la UNAMID firmaron el Convenio sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA), que establece el marco legal para el funcionamiento de la UNAMID. Las fuerzas de mantenimiento de la paz, sin embargo, aún no cuentan con armamento y recursos humanos suficientes y no protegen de modo efectivo a la población civil.


Una generación de darfuríes crece en medio de un temor e inseguridad extremos. De los cuatro millones de personas afectadas por el conflicto que se libra en Darfur, 1,8 millones son menores de 18 años.


El número de personas desplazadas asciende a 2,3 millones, de los que un millón son menores. Desde abril de 2006, 120.000 niños y niñas han quedado desplazados por el conflicto.

En febrero de 2008, fuerzas sudanesas y milicias respaldadas por el gobierno atacaron localidades de Darfur Occidental. Tras los ataques se desconocía la suerte que habían corrido 800 menores de edades comprendidas entre los 12 y los 18 años.


Este mes de abril, los niños y las niñas de Darfur que cumplan cinco años no habrán conocido nunca la paz; cinco años en los que la comunidad internacional no ha respondido del modo adecuado a la magnitud de la crisis.


Muchos de los menores que viven en los campos están traumatizados por lo que han visto, y los que residen fuera de ellos viven con el temor de que sus localidades sean atacadas. Las escuelas han quedado reducidas a cenizas.


Dentro y fuera de los campos, los menores tienen ante sí un futuro incierto, y algunos son reclutados, voluntariamente o por la fuerza, para convertirse en niños y niñas soldados. Hoy en día, la atmósfera de miedo, incertidumbre y aumento de la violencia sexual y doméstica pone en peligro su seguridad. La falta de acceso a la educación hace peligrar su futuro.

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