Más de la mitad de los habitantes de Nairobi vive en asentamientos informales y barrios marginales en los que la presencia policial es mínima o inexistente. Incluso en Kibera, el asentamiento informal más grande de Kenia, donde habita casi un millón de personas, no existe ni un puesto ni una comisaría de policía permanente.
En todos los barrios marginales de Nairobi, la violencia está muy extendida y son las mujeres las que la sufren en mayor medida. La vivienda es inadecuada y los habitantes casi no tienen acceso a agua limpia, saneamiento, asistencia médica, escuelas y otros servicios públicos básicos. Muchas mujeres tienen que recorrer grandes distancias para llegar a los aseos, lo que al caer la noche resulta especialmente peligroso.
Los actos de violencia contra las mujeres son generalizados y quedan impunes en gran medida debido a que la labor policial que se realiza en los barrios marginales y asentamientos informales de Nairobi es inadecuada. La amenaza siempre presente de la violencia, ya sea físca, sexual o psicológica, se cierne sobre sus vidas. En casa, en el trabajo o en la calle, las mujeres y las niñas están expuestas a sufrir violencia a manos de bandas, familiares, empleadores y personal de seguridad del gobierno. No hay ningún lugar al que puedan escapar para ponerse a salvo.
Muchas mujeres que sufren violencia de género no tratan de obtener justicia ni indemnizaciones, prefieren sufrir en silencio antes que denunciar un delito ante las autoridades, o incluso ante sus familias y comunidades.
El sistema de justicia queda muy alejado de la vida de las mujeres, debido tanto a la falta de policía en los barrios marginales, como a los múltiples obstáculos que deben afrontar las mujeres para acceder a la justicia.
Las mujeres temen que las autoridades no reconozcan siquiera que lo que les ha sucedido es un delito, especialmente si el abuso se produjo en el entorno familiar. Lamentablemente, cuando se trata de violencia en el ámbito familiar, ésta es la actitud que predomina incluso en el seno de comunidades y familias. Las mujeres también dudan si denunciar cuando saben que corren el riesgo de sufrir represalias si informan a las autoridades, y que no recibirán protección.
Las autoridades no han atendido los llamamientos de las mujeres para que haya mayor presencia policial en los barrios marginales. Cuando la policía ha entrado en estos barrios, en vez de proteger a las mujeres, ha supuesto una amenaza más para su seguridad. Los propios agentes de policía han sido acusados de violar mujeres en los barrios marginales, en especial durante la violencia desatada tras las elecciones celebradas en el año 2008.
La falta de servicios públicos de seguridad es una de las consecuencias del hecho de que durante mucho tiempo el gobierno no haya tenido en cuenta a los barrios marginales de Kenia a efectos de planificación urbanística y asignación presupuestaria. El gobierno no ha cumplido con la obligación de garantizar que se realice una labor policial adecuada en los barrios marginales.
Únete a la campaña de Amnistía Internacional para exigir que las mujeres de los barrios marginales de Nairobi puedan vivir seguras y tengan acceso a la justicia.
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