Desigualdades mortales

Las mujeres indígenas de Perú mueren durante el embarazo y el parto porque en las zonas rurales pobres no cuentan con los servicios de salud del gobierno que les corresponden.

©: Amnesty International

Centro rural de salud de Huancavelica (Perú), 26 de septiembre de 2008. El índice de mortalidad materna de Perú es uno de los peores de la región.



Perú tiene uno de los ratios de mortalidad materna más altos de Latinoamérica. Las profundas desigualdades de la sociedad peruana se reflejan en el hecho de que las mujeres de las zonas rurales tienen el doble de probabilidades de morir por causas relacionadas con el embarazo que las que viven en zonas urbanas.

La pobreza es el factor más importante que determina si un embarazo desembocará en la pérdida de una vida. Pero en Perú no se puede separar la pobreza de la discriminación. Las comunidades indígenas tienen más probabilidades de ser pobres, de estar en zonas rurales y de ser excluidas de la sociedad mayoritaria. El gasto en salud está distribuido de forma desigual de modo que favorece sistemáticamente a las zonas urbanas costeras y perpetúa el olvido de los departamentos más pobres y rurales.
 
En Perú hay extensas zonas caracterizadas por la dificultad del terreno: las montañas de los Andes y las junglas de la región del Amazonas. En ambas zonas, las mujeres embarazadas tienen graves problemas para llegar a un consultorio si necesitan tratamiento. Tienen que recorrer un largo y difícil camino a pie hasta el centro de salud más próximo o pagar un medio de transporte que no se pueden permitir. Los costes del transporte y del tratamiento impiden a muchas mujeres que viven en la pobreza obtener la atención que deberían.

Una vez que llegan al centro de salud, suelen encontrarse con que este no tiene los recursos necesarios para resolver situaciones de emergencia en los partos.

Las mujeres indígenas afrontan barreras adicionales, como la imposibilidad para entender a profesionales de la salud que hablan español o para comunicarse con ellos, o que el personal médico, de enfermería y de partería malinterprete sus costumbres y hábitos tradicionales.

Del mismo modo, los profesionales de la salud que trabajan en zonas remotas lo hacen en condiciones laborales difíciles: lejos de sus casas, con una formación inadecuada, con recursos insuficientes y en comunidades cuya lengua o costumbres desconocen.

El acceso a la información sobre la salud sexual y reproductiva es vital para las mujeres, sobre todo durante el embarazo y el parto. Las mujeres de las comunidades pobres, rurales e indígenas rara vez tienen acceso a esta información.

Como en muchos países, las mujeres que viven en la pobreza están excluidas en gran medida de los procesos de toma de decisiones políticas. Sus voces apenas se escuchan y sus opiniones rara vez influyen en las leyes y políticas del Estado, lo que significa que estas violaciones de derechos humanos pasan desapercibidas en su mayor parte para la sociedad y para quienes ejercen la autoridad.

 

 


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