Informe anual 2012
El estado de los derechos humanos en el mundo

Italy testimony

“Siempre soñamos con que nuestros hijos tengan una casa donde vivir para que nunca más les llamen ‘gitanos’ y se los trate como a cualquier persona.”
Elpida Abaz

Ismet y Elpida Abaz
Ismet Abaz, de 34 años, y Elpida, de 33, son romaníes macedonios que llegaron a Italia en 1991. Ambos tienen permiso de residencia. Son padres de cuatro hijos. Después de haber vivido en numerosos campamentos, en 2000 se instalaron en Tor de Cenci, un campamento “tolerado” en el suroeste de Roma; antes de su recalificación administrativa como “tolerado”, ese lugar estaba calificado como “autorizado”. Durante los últimos siete años, Ismet ha trabajado como conductor en un proyecto de escolarización de niños y niñas romaníes administrado por una ONG local. Ha solicitado vivienda social pero nunca ha conseguido la puntuación necesaria para tener acceso a ella.

Ismet dice: “Es una vergüenza que sigamos viviendo en un campamento en estas condiciones. Nuestros hijos están creciendo y no queremos que sigan viviendo así. Llegamos aquí en 2000 […] la policía nos trajo a este lugar después de desalojarnos del [viejo] campamento de Casilino 700 [en Roma]”.

“Desde entonces, siempre he vivido en este contenedor [...]. Intenté encontrar un empleo en Viterbo, pero no había mucho trabajo así que iba y venía […]. También he trabajado en Parma. Solía descargar mercancías en un mercado. Conseguí mi primer empleo permanente aquí, en Roma, trabajando para esta organización en el proyecto de escolarización, pero sólo trabajo tres horas al día, y no puedo vivir de ello. Trabajo donde hay trabajo y cuando lo hay. Me gusta trabajar […] vendo chatarra y también trabajo de mecánico”.

Ismet no gana suficiente para alquilar un piso y no tiene derecho a una vivienda social. “Hace cinco años solicité una vivienda social pero no tenía puntuación suficiente”, dice. “No quiero que nuestros hijos se pongan enfermos debido a las malas condiciones de vida en el campamento. Todos nuestros hijos van a la escuela. Pero sus compañeros no quieren venir aquí y a nuestros hijos les da vergüenza invitarlos. Mi hija mayor dice que es brasileña porque tiene vergüenza de admitir que vive en este campamento. Algunas personas saben dónde vive y no lo aceptan”.

¿Qué aportará el “Plan Nómadas” a la familia de Ismet y Elpida? No se les ha informado del plan ni se les ha consultado. Ismet sólo ha oído rumores de “que el gobierno quiera llevar a todo el mundo a un campamento más grande”. Le preocupa que su familia sea trasladada a un campamento con otros romaníes con los que quizás él no se lleve bien. “Nos pondrán con otro grupo de gente a la que no conocemos. Eso no está bien”. Es categórico al afirmar que, si eso llega a ocurrir, él no irá: “Prefiero marcharme y dormir en la calle”.

¿Qué es lo que realmente le gustaría? “Quiero una casa y un trabajo. No deseo nada más”.

“No estoy pidiendo la luna.”
Saltana Ahmetovich (Nino)

Saltana Ahmetovich (Nino) es un romaní italiano de 30 años. Nació en Italia y ha vivido toda su vida en campamentos. Sus padres, originarios de Montenegro, llegaron al país en 1969 y han vivido en Milán, Nápoles y, por último, en Roma, donde la mayor parte de su familia se instaló en 1979. Desde 1996 Nino vive en una caravana en La Monachina, un campamento “tolerado” en el oeste de la ciudad.

Nino rememora su traslado al campamento de La Monachina en 1996. “Estábamos en Battistini [un campamento cercano] pero corríamos el peligro de que nos quemaran vivos; algunas personas nos arrojaban cócteles molotov porque no querían que estuviésemos allí, cerca de edificios residenciales. La policía y los bomberos llegaron y nos dijeron que nos reuniésemos con nuestros familiares en La Monachina. Antes de eso vivimos en varios campamentos en Milán y Nápoles […]. La policía venía y nos desalojaba porque ocupábamos terreno público, y luego nos trasladaban a otro campamento.”

“Ahora vivo en una caravana […], pero cuando vinimos a La Monachina no teníamos nada […]. Yo mismo, mi cuñado y un amigo construimos una casa para mi madre, mi hermana y mi sobrina […]. Cada tres años tenemos que demolerla y construirla de nuevo porque se pudre.”

Nino ha tenido varios trabajos, pero no ha podido encontrar ningún empleo permanente. Le preocupa su situación actual. “Mi primer trabajo fue en una iglesia, limpiando […]. Luego dejé ese trabajo y empecé a cuidar a una persona mayor. Pero la persona a la que cuidaba murió […]. Después vendí plantas [y] chatarra. Entre septiembre de 2008 y noviembre de 2009 limpié un parque cercano. Conseguí el trabajo a través de un programa de empleo patrocinado por el gobierno. Eso se terminó. Ahora vendo chatarra pero no gano suficiente dinero. ¿Cómo sobreviviré? ¿Qué voy a hacer?”

“Me gustaría alquilar un piso […] pero ¿con qué dinero? ¿Quién me dará el dinero para pagar el alquiler? […] Mi madre solicitó una vivienda social pero nunca se la dieron porque no consiguió la puntuación necesaria. Yo no he pedido una vivienda social porque sería inútil. Si digo que me llamo Saltana Ahmetovich y que vivo en La Monachina el Ayuntamiento nunca me daría una casa. Si he pedido electricidad y no quieren dármela… ¡imagínese una casa!”

Cuando se le habla del “Plan Nómada” y se le dice que La Monachina no es uno de los campamentos “tolerados” que se tiene previsto reestructurar, Nino responde: “¿Por qué no van a reestructurar este campamento? Somos italianos, yo voto. No quiero seguir aquí. Quiero una casa. Quiero un cuarto de baño. Quiero calefacción... no estoy pidiendo la luna”.