Doce años condenado a muerte en Nigeria: escucha una canción de un ex condenado a muerte nigeriano

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Veintidós años condenado a muerte en Nigeria: testimonio de Botman Oraeku

© Amnistía Internacional

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Esta canción la compuso Botman Oraeku, que estuvo condenado a muerte en Nigeria. Lo detuvieron el 3 de agosto de 1982, cuando tenía 15 años, por un delito cometido por un hermano suyo. 

Fue condenado a muerte el 8 de diciembre de 1988. Durante más de 16 años no se examinó el recurso que presentó contra la pena que le habían impuesto. El 4 de abril de 2004 quedó por fin en libertad después de pasar casi 22 años en prisión, 12 de ellos condenado a muerte.

Éste es su testimonio sobre el tiempo que pasó condenado a muerte:
“Tenía 15 años cuando me detuvieron por un delito cometido por un hermano mío  mayor que yo. Cuando mi hermano se fugó estando bajo custodia, la policía me dijo: ‘Tu hermano ha huido, pero tú ocuparás su lugar’. Seis años después fui sometido a juicio y en él conté con asistencia letrada […]. Durante el juicio se dijo que yo había colaborado con mi hermano, pero lo negué. Entonces me ordenaron que guardara silencio. Mi hermano declaró por escrito que yo era inocente, pero el fiscal señaló que esta afirmación no probaba nada, pues mi hermano no había estado presente en el lugar de los hechos. Me correspondía a mí cargar con la responsabilidad.

“Al emitir su sentencia, el juez procuró no dar crédito a nada de lo que se había aducido en mi favor. Finalmente dijo: ‘Se te condena a muerte, que tu alma descanse en paz’. Sentí como si algo abandonara mi cuerpo. Pensé: ‘¿Este hombre es un ser humano? ¿Qué le voy a pedir, que se apiade de mí? ¿Por qué habría de hacerlo si no he hecho nada malo?’ Entonces mi abogado se puso en pie y dijo: “Piensen que tenía sólo 15 años. Moderen el rigor de la justicia con la piedad”. Presenté de inmediato un recurso de apelación. Después de pasar 16 años encerrado, el recurso no se había resuelto todavía. Pero seguí esperando.

La prisión de Enugu es mala, muy mala. De allí no sale nada bueno. Muchas personas inocentes han muerto en ella. Redacté mi testamento unas 15 veces y me repetía una y otra vez: “Acéptalo, acéptalo, vas a morir seguro”. Estar condenado a muerte equivale a morir todos los días. Si llegan las dos de la tarde sin que te hayan ejecutado,  entonces puedes empezar a celebrarlo.

Empecé a cantar cuando estaba todavía condenado a muerte. La inspiración surgía del dolor, de la amargura, del hecho de no tener a nadie que me aconsejara. Después de pasar muchos años sin hacer nada, esperando al verdugo, viviendo atemorizado, empecé a hacer música para mí mismo. En abril de 2004 quedé por fin en libertad.