Informe anual 2013
El estado de los derechos humanos en el mundo

Comunicados de prensa

14 octubre 2013

Egipto: Uso excesivo de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad autorizado por el Estado

A tenor de los relatos recopilados de testigos presenciales, funcionarios de los servicios de salud y manifestantes heridos, las fuerzas de seguridad emplearon munición real para dispersar a una multitud de manifestantes mayoritariamente pacíficos el 6 de octubre; así lo ha afirmado Amnistía Internacional.

Al menos 49 personas perdieron la vida y hubo centenares de heridos sólo en El Cairo como consecuencia del uso excesivo e injustificado de medios letales para dispersar a manifestantes afines a Morsi. Según los testigos, hubo casos en que las fuerzas de seguridad presentes no intervinieron cuando hombres vestidos de civil armados con cuchillos, espadas o armas de fuego atacaron y se enfrentaron a los manifestantes.

“Las fuerzas de seguridad egipcias fracasaron estrepitosamente en su función de evitar pérdida de vidas. En varios casos, transeúntes y manifestantes pacíficos se vieron atrapados en la violencia”, ha explicado Hassiba Hadj Sahraoui, directora adjunta del Programa de Amnistía Internacional para Oriente Medio y Norte de África.  

“Es cierto que algunos manifestantes afines a Morsi lanzaron piedras, quemaron neumáticos y usaron bengalas y otros objetos incendiarios contra agentes de seguridad y residentes locales, pero las fuerzas de seguridad recurrieron una vez más a los medios letales cuando no era estrictamente necesario. El uso excesivo de la fuerza parece haberse convertido en el modus operandi ‘habitual' de las fuerzas de seguridad egipcias.”

Según el derecho y las normas internacionales, las fuerzas de seguridad deben abstenerse de utilizar armas de fuego excepto en caso de peligro inminente de muerte o lesiones graves.

Amnistía Internacional ha pedido que se lleve a cabo una investigación completa, imparcial e independiente sobre los hechos del 6 de octubre.

Ningún miembro de las fuerzas de seguridad resultó muerto como consecuencia de la violencia.

Las fuerzas de seguridad dispararon botes de gas lacrimógeno y munición real para impedir que dos marchas de manifestantes afines a Morsi llegaran a la plaza Tahrir, epicentro de la “Revolución del 25 de Enero”, donde se estaba celebrando una concentración de apoyo al ejército para conmemorar el 40 aniversario de la guerra entre Egipto e Israel.

El episodio más sangriento tuvo lugar en el distrito de Al Dokki de Gran Cairo (zona metropolitana de El Cairo), en el que 30 personas resultaron muertas cuando las fuerzas de seguridad emplearon gas lacrimógeno, escopetas y munición real contra los manifestantes que intentaban alcanzar y cruzar el puente que conducía a la plaza Tahrir. Según testigos presenciales, hombres armados vestidos de civil atacaron a los manifestantes y, en algunos casos, los acuchillaron mientras las fuerzas de seguridad miraban sin hacer nada. Según las actas de defunción, 27 murieron como consecuencia del uso de munición real y otros tres por disparos de perdigones sufridos en el incidente.

En el hospital de Ibn Sina, la delegación de Amnistía Internacional vio cinco cadáveres tendidos en el suelo de la zona de recepción varias horas después de los enfrentamientos. Un joven con la ropa empapada de sangre contó a la organización que había ayudado a transportar a varios manifestantes heridos al hospital llevándolos en brazos.

Amnistía Internacional también entrevistó al menos a cinco personas que habían sido alcanzadas en un ojo por disparos de perdigones y como consecuencia podían quedar completa o parcialmente ciegas. Entre ellas había un hombre desempleado y padre de dos hijos que se había visto atrapado en la violencia de Al Dokki al salir de una mezquita cercana.

“Cuando salí de la mezquita, aquello era un caos. Había gas lacrimógeno por todas partes y los [miembros del Ministerio] de Interior estaban disparando a los manifestantes. Había hombres vestidos de civil junto a ellos [...] No sabía dónde estaba e intentaba pensar adónde huir cuando me dispararon perdigones a la cabeza [...] No había ambulancias [...] un chico que iba en una moto me llevó al hospital [...] No tengo dinero para pagar mi tratamiento, ¿cómo voy a encontrar trabajo y alimentar a mi familia ahora?”, se lamentaba.

Otros testigos que habían estado presentes en el lugar de los enfrentamientos describieron escenas igualmente caóticas.

 Uno de ellos contó lo siguiente a Amnistía Internacional:

“De repente nos llovieron ráfagas de perdigones y fuego real [...] Después fuimos atacados por “matones” [hombres vestidos de civil]. Policías, soldados [de las fuerzas armadas] y “matones” nos atacaban simultáneamente [...]”

Varios manifestantes –entre ellos uno que había recibido un disparo en el estómago– contaron que, en un ataque aparentemente coordinado, soldados a pie habían atacado a la multitud desde las calles laterales.   

Cerca de Ramsis, las fuerzas de seguridad emplearon munición real para disolver una marcha de manifestantes afines a Morsi que pretendían alcanzar la plaza Tahrir y causaron la muerte de 16 personas. Entre los heridos había un estudiante de 16 años alcanzado en un brazo y una pierna. “Una bala me atravesó y alcanzó a un hombre que estaba detrás de mí”, dijo.

Oum Sara [la madre de Sara], manifestante que también había presenciado los hechos, contó: “Había una espesa nube de gas lacrimógeno y las balas silbaban alrededor [...] La gente huía, perseguida por las fuerzas de seguridad  [...] Echamos a correr con la multitud, algunos caían junto a nosotros.”   

“Las fuerzas de seguridad egipcias tienen un historial atroz de uso desproporcionado de la fuerza durante las manifestaciones. El desprecio absoluto que muestran las autoridades por las normas internacionales relativas al uso legítimo de la fuerza parece indicar que están dispuestas a reprimir a los simpatizantes de Morsi a cualquier precio”, ha dicho Hassiba Hadj Sahraoui.

El pasado agosto, al menos 1.000 personas perdieron la vida en las operaciones de las fuerzas de seguridad para disolver sentadas y otras manifestaciones de apoyo a Morsi.  

Las autoridades egipcias habían advertido antes del 6 de octubre que quienes se manifestaran contra el ejército en esa fecha no serían considerados activistas sino elementos que representaban una amenaza para la seguridad nacional.

“En la práctica, fue dar vía libre a las fuerzas de seguridad para cometer abusos contra los manifestantes. Las autoridades egipcias deben garantizar que no hacen declaraciones que parezcan autorizar el uso excesivo de la fuerza para evitar más derramamientos de sangre inútiles”, ha dicho Hassiba Hadj Sahraoui.

Cientos de personas fueron detenidas durante los sucesos violentos o poco después. Amnistía Internacional cree que algunos de los detenidos sólo estaban ejerciendo su derecho a la libertad de expresión y reunión. Todas las personas detenidas deben ser puestas en libertad si no son acusadas de un delito común reconocible. Había personas recluidas en lugares de detención no oficiales, como campos de la policía antidisturbios. Muchos no tenían acceso a familiares ni abogados.

Amnistía Internacional ha pedido a las autoridades egipcias que garanticen a todas las personas que están bajo custodia el acceso inmediato a familiares y abogados y la asistencia médica que puedan necesitar.

Índice AI: PRE01/540/2013
Región Oriente Medio y Norte de África
País Egipto
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