Informe anual 2013
El estado de los derechos humanos en el mundo

Comunicados de prensa

24 enero 2013

Un juicio kafkiano niega la justicia incluso después de la muerte

El juicio contra un abogado ruso que denunció un escándalo de corrupción a alto nivel, y que murió a consecuencia de los malos tratos mientras estaba detenido, es un intento de desviar la atención y apartarla de quienes cometieron los delitos que él sacó a la luz. Así lo ha manifestado Amnistía Internacional en vísperas de la vista preliminar fijada para el 28 de enero ante un tribunal de Moscú.

Sergei Magnitsky –muerto el 16 de noviembre de 2009– fue acusado de los mismos delitos que él había denunciado, y esa acusación puso en marcha una secuencia de hechos que condujo a su muerte prematura.

“La intención de las autoridades rusas de seguir adelante con el procesamiento penal de Sergei Magnitsky viola los derechos fundamentales de este abogado incluso después de muerto, en especial el derecho a defenderse él mismo, personalmente”, ha manifestado John Dalhuisen, director del Programa para Europa y Asia Central. 

“El juicio contra una persona fallecida y la implicación forzosa de sus familiares sienta un peligroso precedente que abriría un capítulo totalmente nuevo en el deterioro de la situación de los derechos humanos en Rusia.”

“Los argumentos legales para el procesamiento póstumo de Sergei Magnitsky son, como mínimo, dudosos, y las autoridades deben detener esta parodia.”

Los procedimientos judiciales contra Sergei Magnitsky se archivaron 13 días después de su muerte, el 29 de noviembre de 2009, conforme establece la ley vigente. 

Sin embargo, se reabrieron cuando, en 2011, el Tribunal Constitucional resolvió que, en los casos en los que el sospechoso o el acusado muera antes de que se completen los procedimientos penales pertinentes, la familia tiene derecho a insistir en que se complete la investigación y se rehabilite a la persona en cuestión.

La resolución subrayaba el derecho de los familiares de la persona fallecida a insistir en que se completaran los procedimientos penales correspondientes, que de lo contrario se archivarían. Sin embargo, la fiscalía y las autoridades de investigación rusas han utilizado esta decisión como pretexto para reabrir los procedimientos penales contra Sergei Magnitsky.  

“La familia de Sergei Magnitsky ha insistido siempre en su inocencia, y ha pedido que los responsables de su persecución ilegal y su muerte comparezcan ante la justicia. En ningún momento ha pedido que se reabriera la causa penal en su contra para rehabilitarlo, ya que él no fue declarado culpable y los cargos eran evidentemente fraudulentos”, ha manifestado John Dalhuisen. 

“Este procesamiento póstumo es grotesco, pero por desgracia también terriblemente siniestro. La intención de las autoridades de hacer que los familiares más cercanos participen en este juicio kafkiano constituye un acoso descarado y un intento de mancillar el nombre y la obra de Sergei Magnitsky.”

Como abogado y contable, Sergei Magnitsky tuvo como cliente a una empresa extranjera, y en el curso de ese trabajo descubrió un fraude fiscal en gran escala que, al parecer, costaría al presupuesto del gobierno ruso más de 200 millones de dólares estadounidenses. 

Magnitsky testificó sobre su descubrimiento ante las autoridades de investigación criminal rusas. 

Sin embargo, éstas, en lugar de abordar las preocupaciones y denuncias que había formulado, detuvieron al propio Magnitsky, el 24 de noviembre de 2008, acusándolo de fraude fiscal.

Al menos uno de los investigadores de la policía puestos al cargo del caso aparecía citado en las denuncias formuladas por Magnitsky sobre la corrupción y las prácticas empresariales indebidas que dieron lugar al fraude fiscal. 

“Sergei Magnitsky era un abogado que hacía concienzudamente su trabajo, y pagó por ello con su vida. Su caso pone de manifiesto los profundos niveles de corrupción del sistema ruso de cumplimiento de la ley”, ha manifestado John Dalhuisen.

Magnitsky pasó 358 días en detención preventiva hasta su muerte, el 16 de noviembre de 2009. Durante ese tiempo, envió a la administración penitenciaria, el Ministerio del Interior, la Fiscalía y los tribunales numerosas cartas en las que denunciaba su detención ilegal y su enjuiciamiento penal, así como las amenazas y presiones a que lo sometían para forzarlo a retirar sus acusaciones y autoincriminarse, e incriminar a su cliente, en los delitos que había sacado a la luz. 

Según denunció, lo habían puesto repetida e ilegalmente en aislamiento y lo habían sometido a malos tratos y condiciones inhumanas de reclusión, y, pese al deterioro que eso había provocado en su salud, le habían negado la atención médica. 

Cuando le diagnosticaron una enfermedad aguda y programaron su cirugía en un centro de detención, en lugar de operarlo lo trasladaron a otro centro, “Butyrka”, poco antes de que se pudiera llevar a cabo la operación quirúrgica.  

Los detalles de los últimos días de Sergei Magnitsky son un relato de agonía y desesperación. El 12 de noviembre de 2009 empezó a quejarse de fuertes dolores, pero hasta el 16 de noviembre no se reconoció lo crítico de su estado, negado hasta entonces por la administración de “Butyrka”. 

Lo trasladaron urgentemente para que recibiera tratamiento en el hospital penitenciario del centro de detención en el que había estado recluido anteriormente. A su llegada, al parecer, los guardias penitenciarios lo encerraron en una celda de aislamiento, lo esposaron y lo golpearon con porras de goma. Murió ese mismo día. 

Tras meses de presión y captación de apoyos ante las autoridades rusas por parte de activistas de derechos humanos y de la comunidad internacional, se abrió una causa penal sobre las circunstancias de su muerte, y se acusó de negligencia a dos miembros del personal médico de “Butyrka”. 

La causa contra uno de ellos se archivó por considerar que había prescrito, y el otro fue declarado inocente en diciembre de 2012.

“Para muchas personas tanto en Rusia como fuera de ella, la muerte bajo custodia de Sergei Magnitsky ha pasado a simbolizar las injusticias asociadas con el mal funcionamiento del sistema de justicia penal ruso y la falta de un Estado de derecho”, ha manifestado John Dalhuisen. 

“El sistema de justicia no sólo no defendió y protegió sus derechos, sino que además, desde entonces, se ha utilizado indebidamente para seguir violando sus derechos, y ahora los de su familia, mediante su procesamiento penal póstumo, y al tratar de obligar a sus familiares cercanos a participar en este proceso.”

“El enjuiciamiento penal póstumo de Sergei Magnitsky debe cesar, al igual que las presiones ejercidas sobre su familia en relación con las objeciones que ésta ha planteado a dicho enjuiciamiento.”

“Las circunstancias de su muerte, así como las denuncias sobre su procesamiento penal arbitrario, deben investigarse de manera inmediata, efectiva e imparcial, y todos los responsables deben comparecer ante la justicia.”

Índice AI: PRE01/043/2013
Región Europa y Asia Central
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