Libertad de expresión

En el mundo entero, hay personas que son acosadas y encarceladas por ejercer su derecho a la libertad de expresión.

Todo el mundo tiene derecho a buscar, recibir y difundir información e ideas sin temor o injerencias.

Este derecho es importante para el desarrollo personal y la dignidad de cada persona, y es fundamental para el disfrute de otros derechos humanos.

La libertad de expresión ha sido siempre parte esencial del trabajo de Amnistía Internacional, y guarda una estrecha relación con el derecho a defender la propia opinión y con el derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión.

Amnistía Internacional ha hecho campaña en favor de miles de presos y presas de conciencia: personas encarceladas a causa de sus convicciones políticas, religiosas o de otro tipo o a causa de su origen étnico, sexo, color, idioma, origen nacional o social, situación económica, nacimiento, orientación sexual o cualquier otra condición.

Amnistía Internacional pide la libertad inmediata e incondicional de todos los presos y presas de conciencia.

Acallar el debate

Los gobiernos han utilizado históricamente la “seguridad nacional” como excusa para acallar la oposición política y las críticas. En los últimos años se han invocado tanto el temor renovado al terrorismo como la seguridad para justificar un aumento de la represión de las personas y los grupos que ejercen su derecho a la libertad de expresión.

La introducción, en la mayoría de los países del mundo, de legislación antiterrorista más restrictiva está teniendo serias repercusiones en la libertad de expresión y en otros derechos.

Estas medidas son cortas de miras. El debate abierto y el respeto por los derechos humanos son el único marco en el que la seguridad y el desarrollo pueden sostenerse.

Protección del derecho a defender los derechos humanos

Los defensores y defensoras de los derechos humanos son personas, grupos u organizaciones que promueven y protegen los derechos humanos por medios pacíficos y no violentos. Sus acciones dependen de la libertad de expresión, y la alimentan.

A causa de sus actividades, estos defensores y defensoras pueden convertirse en blanco de abusos. Están expuestos a que gobiernos, fuerzas de seguridad, intereses empresariales, grupos armados, dirigentes religiosos e incluso, en ocasiones, sus propias familias y comunidades intenten silenciar sus opiniones discrepantes o sus acciones.

Defensores y defensoras de los derechos humanos de numerosos países del mundo han sufrido amenazas de muerte, detención arbitraria y tortura, y muchos han sido incluso víctimas de homicidio a causa de su activismo.

Nuevas tecnologías, nuevos desafíos

Internet ha abierto nuevas vías para que personas y grupos busquen y difundan información e ideas. Sin embargo, también es una nueva frontera en la que la libertad de expresión está encarando nuevos desafíos.

¿Qué está haciendo Amnistía Internacional?

Amnistía Internacional respalda y protege a quienes hablan y expresan sus opiniones abierta y libremente en todo el mundo. Nuestro trabajo en este ámbito es abundante, especialmente el relativo a las personas que hablan para defender los derechos humanos, como por ejemplo:

  • los periodistas que sacan a la luz violaciones de derechos humanos;
  • los trabajadores y trabajadoras comunitarios que imparten educación en derechos humanos;
  • los sindicalistas que defienden los derechos de los trabajadores;
  • las mujeres que trabajan por la promoción de los derechos reproductivos;
  • los ecologistas que ponen de manifiesto el impacto que los proyectos de desarrollo tienen en los derechos agrarios de los pueblos indígenas. 

Logros

El activista chino Wang Wanxing fue liberado en 2005 tras un intenso envío de cartas por parte de la membresía de Amnistía Internacional.

Llevaba desde junio de 1992 recluido en el tristemente famoso hospital psiquiátrico de Ankang, en Pekín, por desplegar en la plaza de Tiananmen una pancarta que conmemoraba el aniversario de las protestas de junio de 1989 en favor de la democracia.

Durante su reclusión en Ankang, a Wang Wanxing lo obligaron a tomar clorpromacina, un medicamento antipsicótico, tres veces al día.

En sus últimos cinco años de encarcelamiento permaneció recluido en una sala en la que había entre 50 y 70 internos con problemas de salud mental.

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