Documento - Niger: La consagración de la impunidad
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ÍNDICE AI: AFR 43/06/99/s
8 de septiembre de 1999
Níger: la consagración de la impunidad
Cada nueva violación que no lleva a una investigación que desemboca en la comparecencia de los autores ante la justicia contribuye a elevar el muro de impunidad que respalda a todos los que se niegan a aceptar el Estado de Derecho en Níger. La amnistía constitucional de junio de 1999 es la señal más reciente de la voluntad actual de negarse a afrontar la verdad sobre las violaciones de derechos humanos cometidas en el pasado, para mejor garantizar la inmunidad frente a delitos que puedan cometerse en el futuro (Extractado del informe que se da a conocer hoy).
La cultura de la impunidad que prevalece desde hace años en Níger acaba de ser consagrada con la reciente decisión de amnistiar, antes de la celebración de ningún juicio, a los instigadores de las violaciones de derechos humanos que se cometieron durante los golpes de Estado de 1996 y 1999, afirma Amnistía Internacional en un nuevo informe dado a conocer hoy.
«Desde hace años, la impunidad frente al castigo debilita los cimientos del Estado de Derecho en Níger. Una sucesión de silencios ha encubierto las violaciones de derechos humanos y es sobre estos silencios, que han culminado en la amnistía incluida en la constitución de julio de 1999, sobre los que se basan todas las violaciones de derechos humanos», subraya la organización.
La decisión de conceder la amnistía a los autores de las violaciones de derechos humanos cometidas durante el golpe de Estado de abril de 1999 que desembocó en el asesinato del presidente Ibrahim Baré Maïnassara, que a su vez había llegado el poder tras un golpe de Estado en enero de 1996, llega en un momento en el que las peticiones de que se abra una investigación independiente sobre su muerte van en aumento.
Amnistía Internacional ha obtenido el testimonio de un testigo presencial del asesinato de Baré Maïnassara el 9 de abril de 1999, en el aeropuerto militar de Niamey. El testigo es su criado personal, Hamani Amadou, que declara concretamente: «Después de saludar a los soldados que estaban de guardia, el presidente Baré Maïnassara se dirigió hacia el helicóptero. Vi al comandante Dauda Mallam Wanké [que estaba al mando de la Guardia Presidencial] levantar el brazo. Oí un disparo. Varios segundos después, comenzó el tiroteo. El presidente resultó alcanzado en la espalda. Su conductor acercó el automóvil presidencial y un teniente intentó introducirlo en él. Algunos soldados dijeron: “Está vivo”. Entonces, desde un automóvil blindado acribillaron a balazos el cuerpo del presidente».
Amnistía Internacional ha recibido testimonios parecidos de otros testigos presenciales, incluidos militares que desea permanecer en el anonimato.
Al día siguiente de la muerte del presidente, hubo numerosas peticiones de que se abriera una investigación. No obstante, las autoridades siguieron hablando de «un desafortunado accidente» y de una «desaparición accidental».
Finalmente, tras dos meses de negativas, en junio de 1999, las autoridades accedieron encomendar una investigación a la fuerza policial. Sin embargo, la imparcialidad de esta investigación está en entredicho, dado que la policía depende directamente del Ministerio de Defensa.
«La muerte del presidente y la de otras cuatro personas que perdieron la vida en el mismo incidente parecen asesinatos políticos deliberados y arbitrarios», opina Amnistía Internacional.
Sólo el único partido político de Níger, la Unión para la Democracia y el Progreso (Rassemblement pour la démocratie et progrès), partidarios de la anterior plataforma política presidencial, ha pedido que se investigue la muerte del presidente asesinado. Inmediatamente después de formular esta petición, varios dirigentes del partido fueron sometidos a restricciones a su libertad de circulación. A principios de mayo de 1999, las autoridades comunicaron a varios ministros del anterior gobierno, disuelto tras el golpe de Estado, la prohibición de salir de la capital, Niamey.
El máximo dirigente de la Unión para la Democracia y el Progreso, Yahaya Tounkara, ex ministro de Defensa, estuvo varios días confinado en su domicilio; en la actualidad sigue sin poder salir de la capital.
En los últimos diez años se ha desarrollado en Níger una cultura de la impunidad. En su informe, Amnistía Internacional expone una lista no exhaustiva de violaciones de derechos humanos cuyos autores siguen sin ser castigados. El informe habla de los siguientes casos:
∙ Los homicidios del 9 de febrero de 1990: La policía abrió fuego contra unos estudiantes que se manifestaban pacíficamente, matando al menos a tres e hiriendo a decenas de ellos.
∙ La matanza de Tchintabaraden de mayo de 1990: El ejército detuvo, torturó y mató a un gran número de tuareg durante el conflicto entre el ejército y varios grupos armados de oposición tuareg.
∙ Ataques contra los derechos humanos cometidos durante el régimen del presidente Maïnassara, entre 1996 y 1999: el saqueo de los locales de la emisora de radio independiente Anfani en marzo de 1997; la detención y tortura de varios opositores políticos ese mismo año y el descubrimiento de 150 cadáveres en una fosa en Boultoungoure en enero de 1999.
Las autoridades han abierto investigaciones sobre algunas de estas violaciones que han permitido la identificación de sus autores. Sin embargo, hasta la fecha, nadie ha comparecido ante un tribunal de justicia.
En su informe, la organización de defensa de los derechos humanos recomienda, entre otras cosas, que las autoridades de Níger garanticen que la investigación policial sobre los asesinatos cometidos durante el golpe de Estado de abril de 1999 tenga todas las garantías de independencia e imparcialidad y pide que las conclusiones de la investigación se hagan públicas.
Además, Amnistía Internacional pide que la junta militar modifique las leyes para garantizar que comparecen ante la justicia los autores de las violaciones de derechos humanos cometidas durante la última década.
Si desean más información, llamen a la oficina de prensa de Amnistía Internacional en Londres, Reino Unido, teléfono 44 171 413 5566, o visite nuestra página web: http://www.amnesty.org