Documento - República Democrática del Congo: VIH ? la cicatriz más duradera de la guerra
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República Democrática del Congo: VIH – la cicatriz más duradera de la guerra
Fecha: 01/12/2004
Índice AI: AFR 62/026/2004
http://web.amnesty.org/library/Index/ESLAFR620262004
El conflicto que azotó la República Democrática del Congo entre 1996 y 2003 ha dejado numerosas cicatrices en las personas y la infraestructura del país. La destrucción generalizada de casas y hospitales, los homicidios en masa y la brutalidad que caracterizaron este atroz conflicto han dejado a niños sin familias y a personas sin brazos o piernas y han dado lugar a una situación de enfermedad generalizada.
Sin embargo, hay una dimensión de la violencia que probablemente se convertirá en la más duradera y la más difícil de curar. El conflicto de la República Democrática del Congo se caracterizó especialmente por el uso sistemático de la violación como arma de guerra. Aunque es cierto –y resulta trágico– que la violación siempre ha estado presente en los conflictos en la historia de la humanidad, está claro que en la República Democrática del Congo los grupos armados la utilizaron como una de las principales armas contra sus oponentes y contra la población civil. En el este del país, miembros de los grupos armados violaron a decenas de miles de mujeres, incluidas niñas y ancianas, así como a algunos hombres y niños, para aterrorizar, humillar y subyugar a la población civil.
Las violaciones en masa en la República Democrática del Congo han contribuido a propagar el VIH, lo que, según se predice, tendrá un efecto catastrófico futuro sobre la salud del país. El Programa sobre el Sida de la República Democrática del Congo calcula que el índice de infección ha llegado al 20 por ciento en las provincias del este, y podría amenazar a más de la mitad de la población en los próximos diez años. Algunos expertos creen que el índice de prevalencia del VIH en el este del país podría ser en realidad mucho mayor. En un país situado en el corazón de un continente tan diezmado por el sida, este hecho tiene sombrías implicaciones para la capacidad de la República Democrática del Congo de recuperarse de su reciente historia, marcada por los conflictos.
El sida afecta a las mujeres de manera desproporcionada. Según ONUSIDA, las mujeres jóvenes tienen el triple de probabilidades de vivir con el VIH/sida que los hombres jóvenes. Cuando el sida es consecuencia de una violación, el efecto para la mujer es catastrófico. Las supervivientes de violación son frecuentemente abandonadas por sus familias y comunidades, obligadas a dejar sus casas y condenadas a la pobreza. Además, las supervivientes de violación en la República Democrática del Congo suelen sufrir otras enfermedades y lesiones graves.
La infraestructura médica en la República Democrática del Congo se ha desmoronado por completo, pues los combatientes atacaron deliberadamente los centros médicos y los hospitales, saqueando y destruyendo muchos de ellos y obligando a los enfermos y heridos a huir. Los centros que siguen en funcionamiento están saturados y sucios y carecen de medios básicos para esterilizar el material; muchos de ellos carecen incluso de agua o electricidad.
Judith (nombre ficticio), de 25 años, teme haber contraído el VIH/sida a consecuencia de una violación a manos de un grupo armado hace dos años. "Entraron en la casa, se llevaron todas nuestras pertenencias y violaron a toda la familia: mi cuñada, sus hijos, los tíos; hombres y mujeres. Todos juntos [...] Desde la violación, he estado muy enferma. Tengo constantes problemas de estómago y diarrea [...] Es como si las piernas ya no me funcionaran."
Para muchas víctimas como Judith, el contagio de VIH supone una sentencia de muerte casi segura. Los centros médicos del Estado no ofrecen para el VIH/sida más tratamiento que una prueba voluntaria. Quienes dan positivo, normalmente reciben un consejo o asesoramiento superficial. Sólo una ONG internacional en el este del país ofrece medicamentos anirretrovirales que pueden aumentar la esperanza de vida de los afectados: prevé que para 2005 habrá tratado a tan sólo 150 personas. Esto es un grano de arena en el desierto frente a lo que se necesita. Debe hacerse mucho más para ayudar a reconstruir la infraestructura médica del país.
También se necesitan cambios sociales. Antes de la guerra, las mujeres sufrían una discriminación económica, social y cultural que socavaba su capacidad de protegerse a sí mismas. Una mujer casada necesitaba el permiso de su esposo para llevar un caso a los tribunales, las leyes de adulterio castigaban más a las mujeres que a los hombres, la gestión de la riqueza y los bienes se confiaba al esposo. Todo esto representa una cultura en la que las mujeres se consideraban ciudadanas de segunda, una cultura en la que posteriormente esas mismas mujeres fueron violadas en masa como parte del conflicto.
Para curar de verdad las cicatrices del conflicto, el cambio social debe ir acompañado de un desarrollo de sistemas médicos e infraestructura. Un lugar de mayor igualdad en la sociedad brindará a las mujeres la oportunidad de poner fin de manera permanente al conflicto. Algunas organizaciones congoleñas de mujeres, de derechos humanos, eclesiásticas y de desarrollo se han movilizado para responder a las necesidades de quienes han sobrevivido. Las mujeres, que tanto sufrieron durante el conflicto, están decididas a introducir cambios y crear una sociedad en la que la salud y el bienestar sean prioritarios.
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