Informe anual 2012
El estado de los derechos humanos en el mundo

Documento - Antigua Yugoslavia: Un destino desconocido: "desaparecido" en la antigua Yugoslavia: casos de llamamientos

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Un destino desconocido

'Desaparecida' en la antigua Yugoslavia

Vahda Ibišević


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Secuestrado a punta de pistola


En abril de 1992 estalló el conflicto en Bosnia-Herzegovina, tras un referéndum, boicoteado por los serbios de Bosnia, en favor de la independencia. Serbios armados, apoyados por el Ejército Nacional Yugoslavo (ENY), se hicieron rápidamente con el control de grandes zonas del territorio.


En el este de Bosnia-Herzegovina, decenas de personas buscaron refugio en la ciudad de Vlasenica, que tenía una población mixta de musulmanes y serbios, cuando la guerra comenzó a extenderse por los pueblos de alrededor. Entre ellos se encontraba Vahda Ibišević, de 19 años de edad, y su hermano Salih, de 13 años, cuyos padres los enviaron con sus tíos, Ruždija y Muska Šestović, pensando que estarían más seguros en la ciudad.


A mediados de abril, el ENY cercó Vlasenica, desarmó a la población musulmana y les prohibió salir de la ciudad. El ENY se retiró, dejando el control de la población a las fuerzas locales serbias. Se produjo una oleada de arrestos, detenciones y homicidios.


En julio de 1992, hombres armados irrumpieron en el piso de Šestović. Secuestraron a Muska Šestović, Vahda y Salih Ibišević y los obligaron a subir a un minibús lleno de mujeres y niños musulmanes. Los llevaron al campo de Sušica, cerca de Vlasenica, donde permanecieron 10 días.


A fines de julio, Muska Šestović, Vahda y Salih Ibišević se encontraban en un grupo de mujeres y niños que sacaron del campamento en autobús con destino a la localidad de Kladanj, controlada por el gobierno. Por el camino, hombres armados detuvieron el autobús. Seleccionaron un grupo de 13 mujeres jóvenes y muchachas, de entre 14 y 20 años de edad y se las llevaron a punta de pistola, diciendo: «Vamos a hacer unos bebés serbios estupendos con estas chicas». Vahda Ibišević estaba en el grupo y desde entonces ha «desaparecido».


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La violación: un arma de guerra


En Bosnia-Herzegovina, la violación se ha convertido en un arma de guerra, según informes recibidos durante los tres años y medio que dura el conflicto. Tras la caída de Srebrenica en julio de 1995, hubo numerosos testimonios sobre mujeres sacadas por la fuerza de los autobuses que las llevaban a lugares seguros y violadas por las fuerzas serbias. Muchas de ellas han «desaparecido».


Soldados de todos los bandos implicados en el conflicto se han convertido en violadores, y mujeres de toda condición en víctimas. Sin embargo, la mayoría de las víctimas han sido mujeres musulmanas violadas por soldados serbios y miembros de fuerzas irregulares. Ha habido casos de mujeres violadas en sus casas por soldados de su propia ciudad o por desconocidos que estaban de paso. En centros de detención los soldados y guardianes han violado a prisioneras. También ha habido casos de mujeres encarceladas en hoteles y otros edificios con el fin específico de violarlas.


En 1993, el relator especial de la ONU sobre el conflicto en la antigua Yugoslavia informaba: «la violación se utilizaba como instrumento de limpieza étnica ... hay informes fiables de violaciones públicas, por ejemplo, delante de todo el pueblo, destinadas a aterrorizar a toda la población y obligar a los grupos étnicos a huir».


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«La Asociación de Familias de Defensores de Croacia Encarcelados y Desaparecidos quiere que sus familiares sean liberados de los campos serbios», dice en este cartel en una protesta nocturna en Zagreb

© Marc French/Panos Pictures


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Un destino desconocido


En 1991 estalló un conflicto brutal y encarnizado en Yugoslavia. Todos los bandos, en distinta medida, han sido responsables de las atrocidades.


El coste humano de este conflicto no sólo se mide por las bajas de guerra, sino por las masacres, «desapariciones», expulsiones por la fuerza, detenciones masivas sin cargos ni juicio, torturas, violaciones, toma de rehenes, juicios sin las debidas garantías, encarcelación de objetores de conciencia y destrucción de viviendas y propiedades.


El círculo vicioso de la violencia, inflamado por la retórica nacionalista, se ha alimentado con frecuencia por venganza.


Vivimos en un mundo atormentado por la guerra y la crisis. Los abusos contra los derechos humanos que no se han resuelto en la antigua Yugoslavia han ido quedando eclipsados por nuevas tragedias de derechos humanos. Una vez fuera del centro de atención, tienden a olvidarse.


Miles de personas de la antigua Yugoslavia no olvidan. Asumen grandes riesgos y sufren enormes penalidades buscando a familiares que han «desaparecido» en los conflictos.


Se calcula que unas 20.000 personas han «desaparecido» o se encuentran en paradero desconocido desde que comenzó el conflicto. Pertenecen a todos los sectores sociales. Algunos son combatientes capturados, pero muchos son civiles, atrapados en un conflicto que ellos no han creado.


En las cartas, los testimonios y las conversaciones de las familias de los «desaparecidos» hay una frase que se repite constantemente: a mi marido, a mi esposa, a mi hijo, a mi hija se lo han llevado «a un destino desconocido».


La búsqueda de los «desaparecidos» es una tarea extenuante y desmoralizadora. Todas las partes, en cierta medida, han hecho caso omiso de las peticiones de información realizadas por los familiares. Pocas veces se han investigado las «desapariciones» o se han tomado medidas disciplinarias contra los presuntos autores y, menos aún, se les ha procesado.


Cualquiera que sea el futuro de la antigua Yugoslavia, las sociedades desgarradas por el conflicto no podrán cerrar sus heridas hasta que se hayan realizado todos los esfuerzos posibles para encontrar a los «desaparecidos» y procesar a los responsables. La paz no se logrará sólo dando una solución militar o diplomática al conflicto. No habrá perspectivas de paz sin respeto por los derechos humanos y sin la justicia y la actitud abierta en las que debe basarse la reconciliación.


Amnistía Internacional está apoyando a los familiares que buscan a los «desaparecidos». Participen en nuestra campaña escribiendo al representante de los serbios de Bosnia. Indiquen que han leído acerca de la «desaparición» de Vahda Ibišević. Soliciten el esclarecimiento del caso con una investigación independiente y exhaustiva. Dirijan sus cartas a: Radovan Karadžić / Kod Biroa Republike Srpske / Moše Pijade 8 / 11000 Belgrado / República Federal de Yugoslavia. Fax: +381 11 338 633. Tratamiento: Dear Dr Karadžić.

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Un destino desconocido

'Desaparecido' en la antigua Yugoslavia

Zdravko Juričić


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«Tenemos poco poder»


Zdravko Juričić trabajaba de profesor en la escuela secundaria de Bugojno, de la que su hermano Milenko era director. Nunca había participado en política y tenía buenas relaciones con sus vecinos musulmanes.


Bugojno era en otro tiempo una ciudad con población mixta, con mayoría de musulmanes y croatas. Cuando el Ejército Nacional Yugoslavo (ENY) bombardeó Bugojno en mayo de 1992, musulmanes y croatas cooperaron en la defensa de la ciudad. Zdravko se ofreció voluntario al Consejo Croata de Defensa para labores de señalización, combinando esta tarea con su trabajo de profesor.


A principios de 1993, la alianza inestable entre musulmanes y croatas se desmoronaba en la mayoría del territorio de Bosnia-Herzegovina. En julio, el ejército gubernamental bosnio en Bugojno actuó contra el HVO y sus colaboradores en la ciudad, arrestando a un gran número de civiles y soldados del HVO. Los detenidos fueron llevados a centros de detención especiales, garajes y el sótano de una escuela, así como el estadio, donde permanecieron retenidos la mayoría de los prisioneros; 26 de ellos «desaparecieron».


Zdravko Juričić es uno de los prisioneros de guerra que han «desaparecido». En julio de 1993, las fuerzas del gobierno Bosnio le hicieron prisionero y le trasladaron a un campo de prisioneros en un estadio deportivo, donde también estaba retenido su hermano Milenko. Fue inscrito como prisionero de guerra por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en septiembre de 1993.


En octubre, la policía militar sacó a Zdravko Juričić del campo. Milenko pudo verle por última vez a través de una ventana del campo mientras se lo llevaban.


Milenko Juričić fue liberado en un intercambio de prisioneros del CICR en marzo de 1994. Desde entonces ha visitado Bugojno cuatro veces para obtener información sobre su hermano, sin éxito. El CICR le dijo que Zdravko había quedado en libertad en un intercambio de prisioneros. Milenko lo duda: «No hemos tenido noticias de él. Llevo meses intentando descubrir qué ha ocurrido. A otro hermano que teníamos lo mataron en Sarajevo... Para mí lo peor es la forma en que los medios de comunicación del mundo hacen caso omiso de nuestra situación ... no dicen nada sobre nuestro sufrimiento y nosotros tenemos poco poder».


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Una ironía trágica


En mayo de 1994, un grupo de 200 mujeres croato-bosnias llevaron a cabo actuaciones directas para dar un impulso a la búsqueda de sus familiares «desaparecidos»: bloquearon durante dos días el paso de convoyes de ayuda humanitaria desde Croacia hasta Bosnia central.


Su protesta, cerca de Tomislavgrad, en el suroeste de Bosnia-Herzegovina, estaba encaminada a presionar al gobierno bosnio para que respondiera a sus peticiones de información. «Si los han matado, queremos los cadáveres», declaraba una mujer. «Si siguen vivos, queremos que el CICR los visite.»


Los familiares de las mujeres eran prisioneros de guerra, detenidos por las fuerzas del gobierno bosnio, y desaparecidos en octubre y noviembre de 1993. Pertenecían a las fuerzas croato-bosnias, el Consejo de Defensa Croata (HVO), de Bugojno, Bosnia central. Se trata de una de las numerosas ironías trágicas que caracteriza esta guerra: el año anterior los soldados del HVO habían luchado en el mismo bando que el ejército responsable de su «desaparición».


Otros abusos atribuidos a las fuerzas del gobierno bosnio son: detenciones arbitrarias, detención de objetores de conciencia, malos tratos y homicidios deliberados y arbitrarios.


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Soldado bosnio musulmán en el frente, luchando contra los croatas, abril de 1993

© Katz



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Un destino desconocido


En 1991 estalló un conflicto brutal y encarnizado en Yugoslavia. Todos los bandos, en distinta medida, han sido responsables de las atrocidades.


El coste humano de este conflicto no sólo se mide por las bajas de guerra, sino por las masacres, «desapariciones», expulsiones por la fuerza, detenciones masivas sin cargos ni juicio, torturas, violaciones, toma de rehenes, juicios sin las debidas garantías, encarcelación de objetores de conciencia y destrucción de viviendas y propiedades.


El círculo vicioso de la violencia, inflamado por la retórica nacionalista, se ha alimentado con frecuencia por venganza.


Vivimos en un mundo atormentado por la guerra y la crisis. Los abusos contra los derechos humanos que no se han resuelto en la antigua Yugoslavia han ido quedando eclipsados por nuevas tragedias de derechos humanos. Una vez fuera del centro de atención, tienden a olvidarse.


Miles de personas de la antigua Yugoslavia no olvidan. Asumen grandes riesgos y sufren enormes penalidades buscando a familiares que han «desaparecido» en los conflictos.


Se calcula que unas 20.000 personas han «desaparecido» o se encuentran en paradero desconocido desde que comenzó el conflicto. Pertenecen a todos los sectores sociales. Algunos son combatientes capturados, pero muchos son civiles, atrapados en un conflicto que ellos no han creado.


En las cartas, los testimonios y las conversaciones de las familias de los «desaparecidos» hay una frase que se repite constantemente: a mi marido, a mi esposa, a mi hijo, a mi hija se lo han llevado «a un destino desconocido».


La búsqueda de los «desaparecidos» es una tarea extenuante y desmoralizadora. Todas las partes, en cierta medida, han hecho caso omiso de las peticiones de información realizadas por los familiares. Pocas veces se han investigado las «desapariciones» o se han tomado medidas disciplinarias contra los presuntos autores y, menos aún, se les ha procesado.


Cualquiera que sea el futuro de la antigua Yugoslavia, las sociedades desgarradas por el conflicto no podrán cerrar sus heridas hasta que se hayan realizado todos los esfuerzos posibles para encontrar a los «desaparecidos» y procesar a los responsables. La paz no se logrará sólo dando una solución militar o diplomática al conflicto. No habrá perspectivas de paz sin respeto por los derechos humanos y sin la justicia y la actitud abierta en las que debe basarse la reconciliación.


Amnistía Internacional está apoyando a los familiares que buscan a los «desaparecidos». Participen en nuestra campaña escribiendo al Presidente de la Presidencia de Bosnia-Herzegovina. Indiquen que han leído acerca de la «desaparición» de Zdravko Juričić. Soliciten que se esclarezca el caso con una investigación independiente y exhaustiva, y que se procese a los responsables. Dirijan sus cartas a: Alija Izetbegović / President of the Presidency of Bosnia-Herzegovina / Sarajevo / Bosnia-Herzegovina. Fax: +387 71 472 491. Tratamiento: Dear President.

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Un destino desconocido

'Desaparecido' en la antigua Yugoslavia

Bogdan Grgic


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Vivir con esperanza


La mayoría de las personas que «desaparecieron» en el conflicto armado de Croacia eran croatas y de otras etnias no serbias, aunque también «desaparecieron» serbios. Uno de ellos es Bogdan Grgić, del pueblo de Sadilovacc, cerca de Slunj, en Croacia. Trabajaba como camionero en Zagreb, donde vivía con su esposa, Sofija. No participaba en política y él y Sofija siguieron teniendo buenas relaciones con sus vecinos croatas cuando estalló la guerra.


El 1 de noviembre de 1991, policías croatas que iban en un automóvil sin distintivos sacaron a Bogdan Grgić de su casa. Le interrogaron sobre un ataque serbio contra Slunj y le aplicaron un detector de mentiras. Al parecer, le detuvieron exclusivamente porque era oriundo de Slunj. Tenía una coartada para la hora en que se produjo el ataque y le permitieron volver a casa.


Tres semanas después, dos hombres armados con uniformes de camuflaje secuestraron a Bogdan Grgić en su casa. Se identificaron como agentes de policía a los vecinos, pero no les mostraron ninguna identificación. Dijeron que permitirían a Bogdan Grgić volver a casa después de interrogarle. Sin embargo, «desapareció».


Sofija Grgić ha intentado encontrar a su esposo. Acudió a la comisaría de policía, donde le dijeron que no le habían llevado allí. Se ha puesto en contacto con el Comité Internacional de la Cruz Roja, la Cruz Roja Croata, el parlamento croata y el ministro de Interior, entre otros, sin éxito. Sus llamamientos en la prensa tampoco han dado resultado. Sin embargo, Sofija Grgić vive con la esperanza de encontrar a su marido. Guarda un artículo publicado a mediados de 1993 en el periódico Većernji List. El artículo describe la reconstrucción de un puente dañado en la guerra e incluye la fotografía de unos hombres trabajando en el lugar. Sofija Grgić cree que uno de ellos es su marido.


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Un catálogo de violaciones de derechos humanos


Cuando la guerra estalló en Croacia en junio de 1991, provocó enormes sufrimientos y destrucción. Se violaron de forma sistemática las normas internacionales para la protección de los derechos humanos en tiempo de guerra. Todos los bandos en conflicto fueron responsables de atrocidades. Aunque las milicias serbias cometieron la mayoría de los abusos, las fuerzas del gobierno croata también fueron responsables de todo tipo de violaciones de derechos humanos.


En agosto de 1991, según informes, las fuerzas de seguridad croatas registraron un pueblo cercano a Sisak casa por casa en busca de paramilitares serbios que habían lanzado un ataque con granadas y mataron a más de 20 servios. En septiembre, una unidad especial de la policía croata mató a 13 reservistas del Ejército Nacional Yugoslavo (ENY) que acababan de rendirse. Otros abusos cometidos por las fuerzas croatas son: detenciones arbitrarias seguidas de «desapariciones», torturas y malos tratos y reasentamiento forzoso de cientos de civiles serbios.


Las autoridades croatas han realizado pocos esfuerzos para investigar y procesar a los miembros de sus fuerzas implicados en violaciones de derechos humanos. Además, el gobierno croata ha impedido la identificación de cadáveres exhumados de fosas comunes en territorio bajo su control.


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La policía croata detiene a un civil serbio en Petrinja, septiembre de 1991

© Filip Horvat/SABA/Katz


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Un destino desconocido


En 1991 estalló un conflicto brutal y encarnizado en Yugoslavia. Todos los bandos, en distinta medida, han sido responsables de las atrocidades.


El coste humano de este conflicto no sólo se mide por las bajas de guerra, sino por las masacres, «desapariciones», expulsiones por la fuerza, detenciones masivas sin cargos ni juicio, torturas, violaciones, toma de rehenes, juicios sin las debidas garantías, encarcelación de objetores de conciencia y destrucción de viviendas y propiedades.


El círculo vicioso de la violencia, inflamado por la retórica nacionalista, se ha alimentado con frecuencia por venganza.


Vivimos en un mundo atormentado por la guerra y la crisis. Los abusos contra los derechos humanos que no se han resuelto en la antigua Yugoslavia han ido quedando eclipsados por nuevas tragedias de derechos humanos. Una vez fuera del centro de atención, tienden a olvidarse.


Miles de personas de la antigua Yugoslavia no olvidan. Asumen grandes riesgos y sufren enormes penalidades buscando a familiares que han «desaparecido» en los conflictos.


Se calcula que unas 20.000 personas han «desaparecido» o se encuentran en paradero desconocido desde que comenzó el conflicto. Pertenecen a todos los sectores sociales. Algunos son combatientes capturados, pero muchos son civiles, atrapados en un conflicto que ellos no han creado.


En las cartas, los testimonios y las conversaciones de las familias de los «desaparecidos» hay una frase que se repite constantemente: a mi marido, a mi esposa, a mi hijo, a mi hija se lo han llevado «a un destino desconocido».


La búsqueda de los «desaparecidos» es una tarea extenuante y desmoralizadora. Todas las partes, en cierta medida, han hecho caso omiso de las peticiones de información realizadas por los familiares. Pocas veces se han investigado las «desapariciones» o se han tomado medidas disciplinarias contra los presuntos autores y, menos aún, se les ha procesado.


Cualquiera que sea el futuro de la antigua Yugoslavia, las sociedades desgarradas por el conflicto no podrán cerrar sus heridas hasta que se hayan realizado todos los esfuerzos posibles para encontrar a los «desaparecidos» y procesar a los responsables. La paz no se logrará sólo dando una solución militar o diplomática al conflicto. No habrá perspectivas de paz sin respeto por los derechos humanos y sin la justicia y la actitud abierta en las que debe basarse la reconciliación.


Amnistía Internacional está apoyando a los familiares que buscan a los «desaparecidos». Participen en nuestra campaña escribiendo al Presidente de la República de Croacia. Indiquen que han leído acerca de la «desaparición» de Bogdan Grgić. Soliciten que se esclarezca el caso con una investigación independiente y exhaustiva, y que se procese a los responsables. Dirijan sus cartas a: Dr Franjo Tudjman / Predsjednik Republike / Hrvatske / Pantovčak 241 / 10000 Zagreb / Croacia. Fax: +385 1 443 300. Tratamiento: Dear President.

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Un destino desconocido

'Desaparecidos' en la antigua Yugoslavia

Mustafa y Admir Medinić


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Secuestrados por paramilitares


Mustafa y Admir Medinić trabajaban como electricistas en la oficina de correos de la ciudad de Brčko, en el norte de Bosnia. Vivían con su madre en la casa familiar de la calle Zaim Musanović.


El 3 de mayo de 1992, Brčko se rindió al Ejército Nacional Yugoslavo (ENY) después de un mes de asedio. Unidades de Beli Orlovi (Águilas blancas), organización paramilitar nacionalista y extremista con base en el centro de Serbia, entraron en la ciudad. Hay serios indicios de que intervinieron en secuestros y en homicidios deliberados y arbitrarios.


Mustafa y Admir Medinić se encontraban entre los que fueron arrestados y llevados a un destino desconocido por los paramilitares. Aunque fuerzas leales al gobierno bosnio habían defendido Brčko activamente, ni Mustafa ni Admir habían participado en los combates.


El 4 de mayo, una unidad de Beli Orlovi entró en la calle Zaim Musanović y reunió a todos los hombres musulmanes que vivían allí, incluidos los hermanos Medinić. Les obligaron a marchar a punta de pistola hasta la comisaría de policía local, donde les interrogaron. Posteriormente, los llevaron al hotel Posavina.


En el hotel, obligaron a todos los prisioneros a beber alcohol y los llevaron a la parte delantera del hotel, donde los hicieron bailar al son de una melodía tradicional serbia que silbaban sus capturadores. Mientras bailaban, se iban a llevando a los prisioneros uno a uno en dirección al centro de la ciudad. Todos ellos han «desaparecido».


La madre de Admir y Mustafa, convencida de que siguen vivos, está refugiada en la ciudad croata de Osijek.


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Más allá de la ley


Las fuerzas paramilitares serbias están frecuentemente implicadas en «desapariciones». En el conflicto de Croacia, su reputación era bastante peor que la de las fuerzas regulares, el Ejército Nacional Yugoslavo (ENY).


En abril de 1992, un grupo paramilitar serbio conocido como Arkanovci (los hombres de Arkan) asesinó a unos 27 civiles musulmanes en Bijeljina, al nordeste de Bosnia-Herzegovina.


Aunque suele negarse oficialmente, es evidente que los paramilitares actúan bajo control directo o indirecto de gobiernos y otras autoridades o, al menos, con su aprobación.


Las medidas tomadas contra miembros de las fuerzas paramilitares responsables de violaciones de derechos humanos han sido limitadas e ineficaces. Por ello, algunos paramilitares han llevado a cabo su propio programa de venganza, con la seguridad de que es poco probable que sean castigados.


La mayoría de los abusos de paramilitares son obra de las fuerzas serbias. Sin embargo, las organizaciones paramilitares han combatido del lado de los ejércitos regulares de todos los bandos en conflicto.


En Split, en febrero de 1994, policías militares y civiles permanecían impasibles mientras paramilitares croatas daban una paliza a un activista de derechos humanos que trataba de impedir la expulsión de una mujer serbia.


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Paramilitares serbios haciéndose con el control de Bijeljina, Bosnia-Herzegovina, en abril de 1992

© Ron Haviv/SABA/Katz


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Un destino desconocido


En 1991 estalló un conflicto brutal y encarnizado en Yugoslavia. Todos los bandos, en distinta medida, han sido responsables de las atrocidades.


El coste humano de este conflicto no sólo se mide por las bajas de guerra, sino por las masacres, «desapariciones», expulsiones por la fuerza, detenciones masivas sin cargos ni juicio, torturas, violaciones, toma de rehenes, juicios sin las debidas garantías, encarcelación de objetores de conciencia y destrucción de viviendas y propiedades.


El círculo vicioso de la violencia, inflamado por la retórica nacionalista, se ha alimentado con frecuencia por venganza.


Vivimos en un mundo atormentado por la guerra y la crisis. Los abusos contra los derechos humanos que no se han resuelto en la antigua Yugoslavia han ido quedando eclipsados por nuevas tragedias de derechos humanos. Una vez fuera del centro de atención, tienden a olvidarse.


Miles de personas de la antigua Yugoslavia no olvidan. Asumen grandes riesgos y sufren enormes penalidades buscando a familiares que han «desaparecido» en los conflictos.


Se calcula que unas 20.000 personas han «desaparecido» o se encuentran en paradero desconocido desde que comenzó el conflicto. Pertenecen a todos los sectores sociales. Algunos son combatientes capturados, pero muchos son civiles, atrapados en un conflicto que ellos no han creado.


En las cartas, los testimonios y las conversaciones de las familias de los «desaparecidos» hay una frase que se repite constantemente: a mi marido, a mi esposa, a mi hijo, a mi hija se lo han llevado «a un destino desconocido».


La búsqueda de los «desaparecidos» es una tarea extenuante y desmoralizadora. Todas las partes, en cierta medida, han hecho caso omiso de las peticiones de información realizadas por los familiares. Pocas veces se han investigado las «desapariciones» o se han tomado medidas disciplinarias contra los presuntos autores y, menos aún, se les ha procesado.


Cualquiera que sea el futuro de la antigua Yugoslavia, las sociedades desgarradas por el conflicto no podrán cerrar sus heridas hasta que se hayan realizado todos los esfuerzos posibles para encontrar a los «desaparecidos» y procesar a los responsables. La paz no se logrará sólo dando una solución militar o diplomática al conflicto. No habrá perspectivas de paz sin respeto por los derechos humanos y sin la justicia y la actitud abierta en las que debe basarse la reconciliación.


Amnistía Internacional está apoyando a los familiares que buscan a los «desaparecidos». Participen en nuestra campaña escribiendo al representante de los serbios de Bosnia. Indiquen que han leído acerca de la «desaparición» de Mustafa y Admir Medinić. Soliciten que se aclare el caso con una investigación independiente y exhaustiva. Dirijan sus cartas a: Radovan Karadžić / Kod Biroa Republike Srpske / Moše Pijade 8 / 11000 Belgrado / República Federal de Yugoslavia. Fax: +381 11 338 633. Tratamiento: Dear Dr Karadžić.

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Un destino desconocido

'Desaparecido' en la antigua Yugoslavia

Goran Ledic


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`Estoy segura de que sigue vivo'


Goran Ledic «desapareció» en noviembre de 1991, el día que cayó Vukovar. Era ingeniero agrícola de profesión, pero el aumento del desempleo le obligaba a aceptar cualquier trabajo.


Cuando cayó Vukovar, Goran Ledic y su madre Ivanka fueron con otras personas a refugiarse en un sótano grande del centro de la ciudad. Fueron detenidos por fuerzas paramilitares serbias y llevados al almacén de Velepromet, usado como centro de interrogatorio y detención. Aquí separaron a los serbios de los no serbios y a las mujeres de los hombres. Fue la última vez que Ivanka Ledic vio a su hijo. Ahora ella vive en Zagreb.


Ivanka Ledic ha dedicado los tres últimos años a buscar a su hijo. Al principio buscó información sobre él a través del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), pero no tenían registrado a Goran Ledic. En mayo de 1992 publicó un anuncio solicitando información en el diario croata Vecernji List. Al día siguiente recibió una llamada telefónica de un hombre que decía que llamaba desde Alemania y que se llamaba Zlatko. Dijo a Ivanka Ledic que Goran estaba vivo y que habían estado en la misma cuadrilla de trabajos forzados, cavando zanjas en el área de Vojvodina.


En febrero de 1993, Ivanka Ledic publicó otra petición de información. Un mes después recibió otra llamada anónima en la que le dijeron que Goran estaba vivo y se encontraba bien trabajando en una montaña al sur de Čačak, en Serbia. La persona que llamaba afirmó pertenecer al ejército yugoslavo en Vukovar. Ivanka Ledic le suplicó que fuera a Zagreb y le ofreció dinero, pero se negó por el riesgo que entrañaba para su seguridad.


En julio de 1993, Ivanka Ledic recibió otra llamada; en esta ocasión le dijeron que Goran estaba vivo y que se hallaba realizando trabajos forzados en Deletovci, un pueblo situado a 10 kilómetros al sur de Vukovar. Desde entonces no ha tenido noticias de Goran. Ivanka Ledic tiene una fe inquebrantable en que encontrará a su hijo. «Estoy completamente segura de que mi hijo está vivo.»


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«Desapariciones» masivas


Vukovar es una pequeña ciudad agrícola y con escasa industria situada al este de Croacia, a orillas del Danubio. Antes del conflicto tenía una población multiétnica compuesta por croatas, serbios, húngaros, rutenos y ucranianos, entre otros. Fue escenario de las primeras «desapariciones» masivas de la antigua Yugoslavia. De las 2.764 personas que el gobierno croata calcula que han desaparecido, más de 1.000 pertenecen a Vukovar y los alrededores.


En junio de 1991, la república de Croacia declaró su independencia de la República Federal Socialista de Yugoslavia. Un mes después, tropas del Ejército Nacional Yugoslavo (ENY) fueron enviadas a zonas de Croacia en las que las fuerzas paramilitares habían declarado enclaves serbios autónomos. En septiembre, el ENY y fuerzas serbias atacaron Vukovar. Tras un asedio de tres meses, la ciudad se rindió el 18 de noviembre.


Al menos 200 personas, personal médico y pacientes entre otros, fueron secuestradas del hospital de Vukovar, a pesar del acuerdo según el cual la evacuación del hospital se realizaría bajo la supervisión del CICR. Se cree que a muchos los llevaron a una granja colectiva en Ovcara, donde los mataron y los enterraron en una fosa común. Las autoridades serbias han denegado permiso a los peritos de las Naciones Unidades para exhumar la fosa.


[Pie de foto]


Ivanka y Mijenko Ledic se niegan a perder la esperanza de que su hijo Goran sigue vivo

© Milivoj Keber


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Un destino desconocido


En 1991 estalló un conflicto brutal y encarnizado en Yugoslavia. Todos los bandos, en distinta medida, han sido responsables de las atrocidades.


El coste humano de este conflicto no sólo se mide por las bajas de guerra, sino por las masacres, «desapariciones», expulsiones por la fuerza, detenciones masivas sin cargos ni juicio, torturas, violaciones, toma de rehenes, juicios sin las debidas garantías, encarcelación de objetores de conciencia y destrucción de viviendas y propiedades.


El círculo vicioso de la violencia, inflamado por la retórica nacionalista, se ha alimentado con frecuencia por venganza.


Vivimos en un mundo atormentado por la guerra y la crisis. Los abusos contra los derechos humanos que no se han resuelto en la antigua Yugoslavia han ido quedando eclipsados por nuevas tragedias de derechos humanos. Una vez fuera del centro de atención, tienden a olvidarse.


Miles de personas de la antigua Yugoslavia no olvidan. Asumen grandes riesgos y sufren enormes penalidades buscando a familiares que han «desaparecido» en los conflictos.


Se calcula que unas 20.000 personas han «desaparecido» o se encuentran en paradero desconocido desde que comenzó el conflicto. Pertenecen a todos los sectores sociales. Algunos son combatientes capturados, pero muchos son civiles, atrapados en un conflicto que ellos no han creado.


En las cartas, los testimonios y las conversaciones de las familias de los «desaparecidos» hay una frase que se repite constantemente: a mi marido, a mi esposa, a mi hijo, a mi hija se lo han llevado «a un destino desconocido».


La búsqueda de los «desaparecidos» es una tarea extenuante y desmoralizadora. Todas las partes, en cierta medida, han hecho caso omiso de las peticiones de información realizadas por los familiares. Pocas veces se han investigado las «desapariciones» o se han tomado medidas disciplinarias contra los presuntos autores y, menos aún, se les ha procesado.


Cualquiera que sea el futuro de la antigua Yugoslavia, las sociedades desgarradas por el conflicto no podrán cerrar sus heridas hasta que se hayan realizado todos los esfuerzos posibles para encontrar a los «desaparecidos» y procesar a los responsables. La paz no se logrará sólo dando una solución militar o diplomática al conflicto. No habrá perspectivas de paz sin respeto por los derechos humanos y sin la justicia y la actitud abierta en las que debe basarse la reconciliación.


Amnistía Internacional está apoyando a los familiares que buscan a los «desaparecidos». Participen en nuestra campaña escribiendo al Presidente de la República Federal de Yugoslavia y al Presidente de la República de Serbia. Indiquen que han leído acerca de la «desaparición» de Goran Ledic. Soliciten que se esclarezca el caso con una investigación independiente y exhaustiva, y que se procese a los responsables. Dirijan sus cartas a: Zoran Lilic / Predsednik SRJ / Bulevar Lenjina 2 / 11070 Belgrado / Yugoslavia. Fax: + 381 11 636 775; y a: Slobodan Milosevic / Predsednik Republike Srbije / Andricev venac 1 / 11000 Belgrado / Yugoslavia. Fax: + 381 11 682 167.

[portada]


Un destino desconocido

'Desaparecido' en la antigua Yugoslavia

Mustafa Turan


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`Era el campeón de ajedrez del pueblo'


Mustafa Turan trabajaba en Kotor Varos, Bosnia-Herzegovina, como mecánico cualificado en la fábrica Jelsingrad. La empresa exportaba piezas de maquinaria a compañías austríacas y rusas. Estaba casado y tenía dos hijos, Ferida, de 15 años, y Ferid, de 20.

Con dinero que había ahorrado de su salario, abrió en febrero de 1992 una tienda de comestibles en su pueblo, Hrvacani. Era un pueblo de tamaño medio con población mayoritariamente musulmana. Las relaciones con los pueblos serbios vecinos eran armoniosas hasta que estalló la guerra en abril de 1992.


En junio de 1992, serbios de los pueblos de alrededor atacaron Hrvacani y se llevaron a varios vecinos, sin que haya vuelto a saberse nada de ellos. El ejército y fuerzas paramilitares serbo-bosnias atacaron Hrvacani unos días después. El pueblo fue incendiado y sus habitantes, incluida la familia Turan, huyeron a Vecici, donde estaba aumentando el número de refugiados que esperaban obtener protección de las fuerzas del gobierno bosnio acuarteladas en el pueblo.


Vecici era el principal foco de resistencia de la zona y en octubre sufrió fuertes ataques. En noviembre los soldados decidieron salir de Vecici con la intención de atravesar las líneas serbias y alcanzar la relativa seguridad de las ciudades de Proboj y Travnik.


Mustafa Turan y su familia se unieron al grupo que se dirigía a Travnik. Cerca del pueblo de Grabovica, los soldados serbios les tendieron una emboscada y los capturaron. Había 163 hombres en este grupo, la mayoría miembros del ejército bosnio, acompañados de mujeres y niños.


Los llevaron a la escuela de Grabovica, donde separaron a hombres y mujeres. Interrogaron a las mujeres, pero no las maltrataron, aunque ellas oían cómo golpeaban a los hombres. Por la mañana temprano, introdujeron a las mujeres en un autobús y las llevaron al pueblo de Vrbanjci para evacuarlas a territorio controlado por el gobierno bosnio. Antes les permitieron ver a los hombres brevemente. Fue la última vez que los vieron.


Los familiares de los hombres que «desaparecieron» en Grabovica creen que están detenidos en campos de trabajo al norte de Bosnia. Han intentado averiguar qué les ha sucedido, a través de las autoridades locales y a través del Comité Internacional de la Cruz Roja, pero no han tenido éxito.


Mensura Turan recuerda a su hermano con cariño. Mustafa Turan era el campeón de ajedrez del pueblo «... afortunadamente, porque odiaba perder».


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Expulsión por la fuerza


La guerra de Bosnia-Herzegovina ha creado tal clima de miedo y desesperación que ha provocado que cientos de miles de musulmanes, serbios y croatas huyan en busca de seguridad. Entre 1992 y 1994, la población no serbia de las zonas controladas por los serbios de Bosnia se redujo de 537.000 a 70.000 personas.


La población de refugiados han aumentado en miles de personas que han sido expulsadas por la fuerza de sus hogares, comunidades y pueblos. Esta política se ha denominado «limpieza étnica». Todas las partes del conflicto han sido acusadas de obligar a las poblaciones minoritarias a abandonar sus hogares.


La expulsión por la fuerza ha sido más evidente en los territorios controlados por los serbios de Bosnia.


Ha habido desalojos forzosos de viviendas. Sus ocupantes eran amenazados si se negaban a abandonarlas. Se ha puesto en libertad a detenidos con la condición de que abandonaran la zona y cedieran los derechos de propiedad. Se han cancelado documentos de registro de individuos y se les ha expulsado de zonas de Bosnia-Herzegovina controladas por los serbios. Las expulsiones masivas se han convertido en algo frecuente: miles de personas han sido detenidas y llevadas a territorio controlado por fuerzas enemigas o más allá de las fronteras internacionales.


[Pie de foto]


Funeral por un soldado musulmán muerto en Tuzla, Bosnia-Herzegovina

© Ron Haviv/SABA/Katz


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Un destino desconocido


En 1991 estalló un conflicto brutal y encarnizado en Yugoslavia. Todos los bandos, en distinta medida, han sido responsables de las atrocidades.


El coste humano de este conflicto no sólo se mide por las bajas de guerra, sino por las masacres, «desapariciones», expulsiones por la fuerza, detenciones masivas sin cargos ni juicio, torturas, violaciones, toma de rehenes, juicios sin las debidas garantías, encarcelación de objetores de conciencia y destrucción de viviendas y propiedades.


El círculo vicioso de la violencia, inflamado por la retórica nacionalista, se ha alimentado con frecuencia por venganza.


Vivimos en un mundo atormentado por la guerra y la crisis. Los abusos contra los derechos humanos que no se han resuelto en la antigua Yugoslavia han ido quedando eclipsados por nuevas tragedias de derechos humanos. Una vez fuera del centro de atención, tienden a olvidarse.


Miles de personas de la antigua Yugoslavia no olvidan. Asumen grandes riesgos y sufren enormes penalidades buscando a familiares que han «desaparecido» en los conflictos.


Se calcula que unas 20.000 personas han «desaparecido» o se encuentran en paradero desconocido desde que comenzó el conflicto. Pertenecen a todos los sectores sociales. Algunos son combatientes capturados, pero muchos son civiles, atrapados en un conflicto que ellos no han creado.


En las cartas, los testimonios y las conversaciones de las familias de los «desaparecidos» hay una frase que se repite constantemente: a mi marido, a mi esposa, a mi hijo, a mi hija se lo han llevado «a un destino desconocido».


La búsqueda de los «desaparecidos» es una tarea extenuante y desmoralizadora. Todas las partes, en cierta medida, han hecho caso omiso de las peticiones de información realizadas por los familiares. Pocas veces se han investigado las «desapariciones» o se han tomado medidas disciplinarias contra los presuntos autores y, menos aún, se les ha procesado.


Cualquiera que sea el futuro de la antigua Yugoslavia, las sociedades desgarradas por el conflicto no podrán cerrar sus heridas hasta que se hayan realizado todos los esfuerzos posibles para encontrar a los «desaparecidos» y procesar a los responsables. La paz no se logrará sólo dando una solución militar o diplomática al conflicto. No habrá perspectivas de paz sin respeto por los derechos humanos y sin la justicia y la actitud abierta en las que debe basarse la reconciliación.


Amnistía Internacional está apoyando a los familiares que buscan a los «desaparecidos». Participen en nuestra campaña escribiendo al representante de los serbios de Bosnia. Indiquen que han leído acerca de la «desaparición» de Mustafa Turan. Soliciten que se aclare el caso con una investigación independiente y exhaustiva. Dirijan sus cartas a: Radovan Karadzic / Kod Biroa Republike Srpske / Mose Pijade 8 / 11000 Belgrado / República Federal de Yugoslavia. Fax: +381 11 338 633. Tratamiento: Dear Dr Karadzic.

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Un destino desconocido

'Desaparecida' en la antigua Yugoslavia

Marija Zivkovic


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«Al menos sabría que ha muerto»


«Aunque supiera que la han matado, si tuviera alguna prueba auténtica, al menos sabría que ha muerto. Naturalmente que lo sentiría, pero quiero saber algo con certeza.»


Slavko Zivkovic, cuya esposa Marija «desapareció» en 1991, quiere saber la verdad, aunque esto signifique descubrir que su esposa ha muerto.


Marija Zivkovic era un ama de casa y tenía dos hijos adolescentes. En octubre de 1991 unos reservistas serbios la detuvieron junto a otras personas que se ocultaban en un sótano. Los llevaron al almacén de Velepromet, la sede de una empresa local que se utilizaba como centro de interrogatorio y detención.


Bronka Magdic, una vecina, recuerda haber oído que preguntaban a Marija dónde estaba su marido y que, posteriormente, «se la llevaron en un coche. Desde entonces no volví a verla».


Slavko Zivkovic ha estado buscando a Marija desde que lo liberaron de un campo de prisioneros serbio en abril de 1992. Ha oído que su esposa está en la cárcel. En 1992 recibió una carta anónima de un serbio que decía que Marija había sido juzgada de forma sumaria y condenada a seis años de cárcel. Según el autor de la carta, se la acusaba de pertenecer a la Unión Democrática Croata (UDC) en el poder, y de suministrar y distribuir armas y estar en posesión de una pistola.


Sin acceso a los archivos judiciales, Slavko Zivkovic no tiene forma de saber si su esposa se encuentra en prisión. Slavko Zivkovic afirma que Marija no pertenecía a la UDC ni participaba en política de ninguna otra forma. «Marija nunca se metía en política. Y desde luego no era una delincuente.» Cree que es posible que ella tuviera una pistola, que le pertenecía a él y para la cual tenía licencia, con el fin de defenderse si era necesario.


Desde que Slavko Zivkovic recibió la carta anónima, le han llegado rumores de que han matado a su esposa. Han circulado rumores similares sobre él y su hermano, por lo que aún tiene esperanza de encontrarla viva. En la actualidad, él y sus dos hijos viven en una habitación de un campo de refugiados de Kosnica, en las afueras de Zagreb.


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El destino de las familias


Cuando alguien «desaparece», no saber si está vivo o muerto produce un indecible sufrimiento a sus familiares. Algunas familias con suerte han visto a sus seres queridos regresar tras meses o años de espera; otros, finalmente, han recibido pruebas de que la persona que buscan está muerta. Pero la mayoría de las familias sigue esperando noticias sobre una de las decenas de miles de personas cuyo paradero se desconoce o se oculta de forma deliberada.


Los familiares que buscan a los «desaparecidos» se enfrentan a enormes obstáculos. Muchos están desplazados y ahora viven lejos de sus hogares. Muchos son refugiados; hay familias cuyos miembros están repartidos por distintos continentes. Las autoridades de todos los bandos han hecho caso omiso de las peticiones de información de las familias. Algunas han recibido información falsa de sus propios gobiernos. Las autoridades también han obstaculizado los intentos de registrar a los prisioneros de guerra y a otros detenidos y han impedido la exhumación de fosas comunes.


Se han creado numerosas organizaciones de familiares para intentar obtener información. Algunas han llevado a cabo acciones directas, con protestas públicas para llamar la atención sobre los «desaparecidos». Algunas se muestran críticas con la comunidad internacional por haber dado una respuesta insuficiente a sus peticiones de ayuda para encontrar a los «desaparecidos».


[Pie de foto]


Manifestación de las Madres de Vukovar en Zagreb. En la pancarta se lee: «Devolvednos a nuestros hijos e hijas».

© Marc French/Panos Pictures


[contraportada]


Un destino desconocido


En 1991 estalló un conflicto brutal y encarnizado en Yugoslavia. Todos los bandos, en distinta medida, han sido responsables de las atrocidades.


El coste humano de este conflicto no sólo se mide por las bajas de guerra, sino por las masacres, «desapariciones», expulsiones por la fuerza, detenciones masivas sin cargos ni juicio, torturas, violaciones, toma de rehenes, juicios sin las debidas garantías, encarcelación de objetores de conciencia y destrucción de viviendas y propiedades.


El círculo vicioso de la violencia, inflamado por la retórica nacionalista, se ha alimentado con frecuencia por venganza.


Vivimos en un mundo atormentado por la guerra y la crisis. Los abusos contra los derechos humanos que no se han resuelto en la antigua Yugoslavia han ido quedando eclipsados por nuevas tragedias de derechos humanos. Una vez fuera del centro de atención, tienden a olvidarse.


Miles de personas de la antigua Yugoslavia no olvidan. Asumen grandes riesgos y sufren enormes penalidades buscando a familiares que han «desaparecido» en los conflictos.


Se calcula que unas 20.000 personas han «desaparecido» o se encuentran en paradero desconocido desde que comenzó el conflicto. Pertenecen a todos los sectores sociales. Algunos son combatientes capturados, pero muchos son civiles, atrapados en un conflicto que ellos no han creado.


En las cartas, los testimonios y las conversaciones de las familias de los «desaparecidos» hay una frase que se repite constantemente: a mi marido, a mi esposa, a mi hijo, a mi hija se lo han llevado «a un destino desconocido».


La búsqueda de los «desaparecidos» es una tarea extenuante y desmoralizadora. Todas las partes, en cierta medida, han hecho caso omiso de las peticiones de información realizadas por los familiares. Pocas veces se han investigado las «desapariciones» o se han tomado medidas disciplinarias contra los presuntos autores y, menos aún, se les ha procesado.


Cualquiera que sea el futuro de la antigua Yugoslavia, las sociedades desgarradas por el conflicto no podrán cerrar sus heridas hasta que se hayan realizado todos los esfuerzos posibles para encontrar a los «desaparecidos» y procesar a los responsables. La paz no se logrará sólo dando una solución militar o diplomática al conflicto. No habrá perspectivas de paz sin respeto por los derechos humanos y sin la justicia y la actitud abierta en las que debe basarse la reconciliación.


Amnistía Internacional está apoyando a los familiares que buscan a los «desaparecidos». Participen en nuestra campaña escribiendo al Presidente de la República Federal de Yugoslavia y al Presidente de la República de Serbia. Indiquen que han leído acerca de la «desaparición» de Marija Zivkovic. Soliciten que se esclarezca el caso con una investigación independiente y exhaustiva, y el procesamiento de los responsables. Envíen sus cartas a: Zoran Lilic / Predsednik SRJ / Bulevar Lenjina 2 / 11070 Belgrado / Yugoslavia. Fax: + 381 11 636 775; y a: Slobodan Milosevic / Predsednik Republike Srbije / Andricev venac 1 / 11000 Belgrado / Yugoslavia. Fax: + 381 11 682 167.

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