Informe anual 2013
El estado de los derechos humanos en el mundo

26 febrero 2013

Colombia: Controvertida muerte de una defensora de derechos humanos tras una oleada de amenazas

Colombia: Controvertida muerte de una defensora de derechos humanos tras una oleada de amenazas
Angélica Bello, defensora de los derechos humanos colombiana, murió el 16 de febrero en circunstancias controvertidas

Angélica Bello, defensora de los derechos humanos colombiana, murió el 16 de febrero en circunstancias controvertidas

© Particular


Ser mujer y activista de los derechos humanos en Colombia es como ser kamikaze en Irak
Fuente: 
Angélica Bello, defensora de derechos humanos colombiana
Fecha: 
Mar, 20/09/2011

Durante años, Angélica Bello, defensora de los derechos humanos colombiana, rara vez pasó un día sola —habría resultado, sencillamente, demasiado peligroso—.

Un serie de amenazas contra Angélica a causa de su labor de ayuda a muchas sobrevivientes de violencia sexual —mujeres atrapadas en el largo conflicto armado de Colombia— significaban que resultaba demasiado peligroso para esta mujer de 45 años, madre de cuatro hijos, viajar sola.

En 2000, unos paramilitares secuestraron y mantuvieron retenidas como esclavas sexuales a dos de sus hijas, que sólo quedaron en libertad tras intervenir Angélica personalmente.

En noviembre de 2009, la propia Angélica se convirtió en víctima de abusos sexuales, cometidos presuntamente por paramilitares en venganza por su labor en materia de derechos humanos.

La agresión se produjo tras haber recibido una serie de amenazas. Estas amenazas y agresiones la obligaron a desplazarse por el país varias veces.

A principios de 2010, la oleada de amenazas y ataques a Angélica era tan preocupante que solicitó medidas de protección a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, institución regional de derechos humanos.

En abril de 2011, las autoridades colombianas le facilitaron dos guardias de seguridad armados y un vehículo blindado.

Pero ninguna de estas medidas bastó para protegerla eficazmente.

Porque Angélica murió el pasado sábado 16 de febrero a las 10:50 de la noche en su domicilio de la ciudad de Codazzi, en el departamento de Cesar, al norte de Colombia.

Según informaciones de algunos medios de comunicación locales, se disparó con el arma de uno de sus guardaespaldas.

Las autoridades afirman que están investigando el incidente, después de que varias organizaciones de derechos humanos se cuestionasen si Angélica se habría suicidado.

Sólo unos días antes de su muerte la habían amenazado y le habían ordenado que abandonase la zona en la que vivía.

A principios de enero, participó como portavoz de sobrevivientes de actos de violencia sexual relacionada con el conflicto en una reunión con el presidente Santos a fin de ejercer presión para que las voces de las mujeres se escuchasen en el debate sobre la aplicación de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras.

Esta ley está concebida para garantizar que algunos de los millones de hectáreas de tierras apropiadas indebidamente durante el conflicto son devueltos a sus legítimos propietarios y para ofrecer reparación a algunas de las víctimas.

Entre otras cosas, Angélica pidió al presidente que aplicase con urgencia medidas para prestar apoyo psicosocial a las víctimas, entre las que se incluyen las sobrevivientes de violencia sexual.

“Me advirtieron que no lo denunciara”

Angélica no era ajena al peligro, y las amenazas no eran algo nuevo para ella.

Era muy conocida en Colombia. En 2006, fundó la Fundación Nacional Defensora de los Derechos Humanos de la Mujer (FUNDHEFEM). Trabajó para proteger a algunas de las miles de sobrevivientes de violencia sexual en el contexto del largo y sangriento conflicto armado de Colombia.

“Ser mujer y activista de los derechos humanos en Colombia es como ser kamikaze en Irak”, comentó a un equipo de Amnistía Internacional a finales de 2011.

Al recordar la agresión sexual de la que fue víctima en 2009 en venganza por su labor en defensa de otras mujeres, afirmó:

“Estaba muy asustada. Cuando los hombres abusaron de mí, y me golpearon, lo primero que me advirtieron fue que no lo denunciara. Me dijeron que los debía mirar atentamente, mirarles la cara, porque podía volverlos a ver en cualquier momento.”

En 2010, un grupo de hombres siguió y agredió a una de sus hijas, que había ido a Bogotá, capital del país, a matricularse en la Universidad.

Angélica tuvo el valor de denunciar ante las autoridades las amenazas y los abusos sexuales, pero se hizo muy poco para investigar el caso y poner a los responsables a disposición de la justicia.

Amnistía Internacional y otras organizaciones de derechos humanos han denunciado que, en el largo conflicto armado interno de Colombia, las defensoras de los derechos humanos y activistas sociales han sido víctimas de amenazas, violaciones y homicidios cometidos por las partes enfrentadas en un intento de acallarlas.

“Valientes defensoras de los derechos humanos de todo Colombia trabajan para proteger los derechos de miles de mujeres a las que han tratado poco menos que como trofeos de guerra. Estas defensoras son agredidas, amenazadas y hasta asesinadas sin nadie que las proteja”, ha manifestado Marcelo Pollack, investigador de Amnistía Internacional sobre Colombia.

Protección ineficaz
Como otros defensores y defensoras de los derechos humanos con planes de protección parecidos, Angélica afirmó que esta situación estaba afectando negativamente a su vida social y familiar, y que vivía con el temor constante de que alguien se infiltrase en su seguridad.

A pesar del plan de protección, las amenazas y el acoso continuaron. En los últimos años, recibió una serie de amenazas de muerte, entre las que se incluían al menos dos panfletos firmados por un grupo paramilitar.

“Se comenta que, tras el tercer panfleto, comienzan a matar personas. A ver qué pasa”, dijo a Amnistía Internacional a finales de 2011.

“La muerte de Angélica es otro siniestro recordatorio de que a no ser que los abusos contra los derechos humanos se investiguen y se ponga a los responsables de cometerlos a disposición de la justicia, las autoridades colombianas seguirán transmitiendo el mensaje de que está permitido cometer estos abusos”, ha señalado Pollack.

Amnistía Internacional insta a las autoridades colombianas a llevar a cabo sin demora una investigación independiente sobre la muerte de Angélica Bello a fin de determinar todos los hechos sobre el incidente y garantizar que el colectivo de defensores de los derechos humanos de Colombia puede llevar a cabo su labor sin temor a sufrir represalias.

Las autoridades colombianas deben tomar medidas contundentes a fin de garantizar que se brinda una protección eficaz que tenga en cuenta las necesidades específicas de su género—como apoyo psicosocial por parte de personal con la formación adecuada— a las defensoras de los derechos humanos que han recibido amenazas.

Escucha una entrevista con la colombiana Angélica Bello, defensora de los derechos humanos:

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Tema

Conflictos armados 
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