Informe anual 2013
El estado de los derechos humanos en el mundo

13 noviembre 2012

EE. UU.: Encerrados durante decenios. La terrible situación de los presos de California sometidos a aislamiento

EE. UU.: Encerrados durante decenios. La terrible situación de los presos de California sometidos a aislamiento
Más de 3.000 presos recluidos en régimen de aislamiento en el estado de California, Estados Unidos, están sometidos a condiciones inhumanas.

Más de 3.000 presos recluidos en régimen de aislamiento en el estado de California, Estados Unidos, están sometidos a condiciones inhumanas.

© Rina Palta/KALW


Más de 3.000 presos se encuentran en unidades de aislamiento de alta seguridad –llamadas unidades especiales de seguridad– de California, soportando condiciones de reclusión que Amnistía Internacional ha calificado recientemente de “estremecedoras”.

En los 16 años que Joe Simpson –nombre ficticio– estuvo recluido en una unidad de aislamiento de la prisión de Bahía del Pelícano, en California; el único ser vivo con el que tenía un contacto significativo era una rana. 

Joe había encontrado el animal en el reducido patio de ejercicios que se le permitía usar esporádicamente y durante meses estuvo recogiendo gusanos y bichos para alimentarlo.

Pero cuando en julio de 2011 decidió declararse en huelga de hambre para protestar por sus condiciones de reclusión, los guardias se llevaron la rana.

Joe está entre los 25.000 presos que, según cálculos, permanecen recluidos en centros de aislamiento de “supermáxima seguridad” en al menos 44 estados del país y en el sistema penitenciario federal. 

De ellos, más de 3.000 se encuentran en unidades de aislamiento de alta seguridad –llamadas unidades especiales de seguridad– de California, soportando condiciones de reclusión que Amnistía Internacional ha calificado recientemente de “estremecedoras”.

Ningún otro estado del país mantiene a tantos presos en régimen de aislamiento durante periodos tan prolongados. De hecho, se piensa que hasta un total de 78 hombres llevan sometidos a aislamiento más de 20 años cada uno. 

Expertos de Amnistía Internacional que visitaron Bahía del Pelícano y otras unidades especiales de seguridad a finales de 2011 dijeron que los reclusos permanecen hasta 22 horas y media al día encerrados en celdas de dimensiones inferiores a ocho metros cuadrados, sin ventanas y con escaso acceso a luz natural y aire fresco. 

El millar de hombres recluidos junto a Joe en Bahía del Pelícano sólo tienen permitido abandonar sus celdas durante una hora y media al día para hacer ejercicio en un patio de hormigón vacío, con muros de siete metros de altura y sólo una franja de cielo visible a través de un techo de plástico parcialmente reticulado.

Los programas de rehabilitación son prácticamente inexistentes, no hay actividades de grupo y el contacto humano está sujeto a graves restricciones. 

Bahía del Pelícano está en una zona remota del estado y muchos presos apenas reciben visitas, cuando no ninguna. El único contacto que la mayoría tiene con el exterior es a través de cartas. Incluso las consultas médicas se hacen habitualmente a través de los barrotes, y una pantalla de cristal separa a los presos de sus familiares o abogados cuando reciben su visita. El contacto telefónico con familiares también está muy restringido.

Algunos internos llevan más de un decenio sin recibir visitas de familiares.

El grado de aislamiento es tal que un recluso dijo a los miembros de una delegación de Amnistía Internacional que visitó Bahía del Pelícano que ellos eran “las únicas personas del exterior a las que había visto en años”.

Construidas para ese fin

Cárceles como la de Bahía del Pelícano se construyeron en la década de 1980, durante un brusco aumento de la población penitenciaria en Estados Unidos, y con California en la vanguardia de las iniciativas para endurecer las penas.

Bahía del Pelícano se diseñó expresamente como centro penitenciario sin programas formativos, construido sin espacios comunes para actividades recreativas, educativas y otras realizadas en grupo.

El argumento de las autoridades estadounidenses para justificar la edificación de centros de supermáxima seguridad era que el aislamiento de los presos más peligrosos o conflictivos permitiría mantener en condiciones más seguras al resto de la población penitenciaria, a pesar de que muchos internos que terminan en estas unidades tienen alguna enfermedad mental o problemas de comportamiento y en ocasiones se los encierra por reiteradas infracciones del reglamento relativamente leves y conducta conflictiva. 

Lo que las autoridades parecen haber subestimado son los efectos que esta clase de encierro tiene a largo plazo en la salud.

Los internos de la unidad especial de seguridad de Bahía del Pelícano han informado de graves problemas médicos y psicológicos resultantes de su reclusión en régimen de aislamiento, entre otros: deterioro de la vista debido a los años de privación de luz natural y de confinamiento en espacios que obstruyen la visión, trastornos debidos a la falta de luz natural (que causa deficiencia de vitamina D) y de ejercicio, asma crónica agravada por las condiciones de encierro, casos graves de insomnio y pérdida de memoria. 

Un recluso que lleva 16 años recluido en régimen de aislamiento contó lo siguiente a Amnistía Internacional: “Estar alojado en la unidad especial de seguridad me ha dejado el aspecto de un fantasma, porque he perdido todo el color hasta ser una pálida sombra, como les pasa a muchos de los internos aquí al no recibir nunca la luz del sol en la cara. Cómo echo de menos esa cálida sensación sobre mí”.

Un golpe para la salud mental

Las nefastas consecuencias psicológicas del aislamiento a largo plazo se reflejan en los datos que muestran que la incidencia de suicidios de reclusos es desproporcionada en las unidades de aislamiento (en comparación con la población penitenciaria general). 

Según los informes de un observador designado por tribunales, el 42 por ciento de los suicidios registrados en cárceles de California entre 2006 y 2010 –un promedio anual de 34– se cometieron en unidades de segregación administrativa o en unidades especiales de seguridad.

Uno de ellos fue el de Alex Machado, quien se quitó la vida el 24 de octubre de 2011. 

Tras ser clasificado como miembro de banda delictiva e informado de que debía cumplir un periodo sin determinar en régimen de aislamiento, Alex fue trasladado a Bahía del Pelícano en febrero de 2010. 

Según su familia, en los 11 años de prisión que había cumplido hasta ese momento no había presentado síntomas de ningún problema psicológico significativo y había demostrado que tenía conocimientos y sabía expresarse, ayudando a otros internos con sus recursos de apelación. 

Su estado mental empezó a deteriorarse notablemente tras pasar un año de aislamiento en Bahía del Pelícano. De enero a junio de 2011, en los expedientes de salud mental de la prisión consta que presentaba ansiedad y paranoia en grado creciente; los informes indican que padecía ansiedad, insomnio y ataques de pánico. Además, afirmaba sentirse observado, sufría alucinaciones y creía oír voces y golpes en las paredes de su celda. 

El 12 de junio de 2011 intentó quitarse la vida y lo pusieron en una celda para estados de crisis. Pero continuó recluido en la unidad pese a que seguía teniendo “síntomas psicóticos activos”. 

Según el informe de la autopsia, la última vez que Alex fue visto con vida eran alrededor de las 12.15 de la mañana del día de su muerte, “cuando fue examinado y dado de alta por el personal médico tras quejarse de palpitaciones cardiacas”. Treinta minutos después, un funcionario lo encontró “ahorcado en su celda”. 

El día después

A muchos presos, los problemas los acompañan tras su excarcelación. 

Cada año, 900 reclusos por término medio son puestos en libertad condicional directamente desde una unidad de aislamiento en California, con poco más que unos dólares y una tarjeta de identidad en su poder. 

Apenas existen programas de transición.

Como un ex recluso de Bahía del Pelícano contó a Amnistía Internacional: “No hay programas de rehabilitación, ni capilla, ni educación, ni material para artistas. Dicen que no podemos tener compañeros de celda porque sería demasiado peligroso, pero eso no es cierto. Muchos de los internos llevan más de 15 años en aislamiento, algunos más de 20. Yo mismo, después de haber estado sometido a aislamiento casi siete años […] todavía me estremezco al sentir esa ráfaga de soledad […], así que imagine el efecto que tiene en sus mentes”.

Anteriormente en el año, el Departamento de Prisiones de California propuso cambios que permitirían ofrecer a los presos la oportunidad de abandonar el aislamiento a través de un programa de rehabilitación paulatina.

Sin embargo, según estas propuestas, los presos que estuvieran cumpliendo periodos indeterminados en unidades especiales de seguridad continuarían sometidos a aislamiento durante al menos dos años y no habría cambios en las condiciones de reclusión de la unidad especial de seguridad de Bahía del Pelícano. 

Amnistía Internacional ha pedido a las autoridades que sólo apliquen el régimen de aislamiento como último recurso, que liberen del aislamiento a los internos que ya llevan años en la unidad especial de seguridad y que mejoren las condiciones de reclusión de todos los presos que continúan segregados.


Tema

Prison Conditions 

País

EE. UU. 

Región

América 

Ficha de documento

Estados Unidos: Al límite de la resistencia - Condiciones de reclusión en las unidades especiales de seguridad de California.

Descargar:


Documento disponible en:

Inglés

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