Se prohibió a defensores y defensoras de los derechos humanos y a otras personas celebrar reuniones y manifestaciones. Se detuvo y recluyó en régimen de incomunicación a presuntos responsables de delitos relacionados con la seguridad. No se facilitó reparación a mujeres víctimas de violencia de género. Se detuvo y expulsó a ciudadanos extranjeros sin darles la oportunidad de recurrir la medida. Se procesó a cristianos por practicar su religión sin permiso y se juzgó a otras personas por ofender los principios islámicos. Se condenó a muerte a más de 130 personas, pero no se llevó a cabo ninguna ejecución. Las autoridades no adoptaron ninguna medida para combatir la impunidad de las desapariciones forzadas y otros graves abusos contra los derechos humanos ocurridos en el pasado.
El gobierno mantuvo el estado de excepción vigente desde 1992.
En un clima de constante violencia política, grupos armados, en concreto la organización Al Qaeda en el Magreb Islámico, mataron al menos a 45 civiles y a alrededor de 100 miembros de las fuerzas armadas y de seguridad, sobre todo en atentados con explosivos. Según informes, las fuerzas de seguridad mataron a más de 200 presuntos miembros de grupos armados islamistas durante escaramuzas u operaciones de registro, a menudo en circunstancias poco claras, lo que suscitó el temor de que algunas de las víctimas hubieran sido ejecutadas extrajudicialmente.
A lo largo del año hubo huelgas, disturbios y manifestaciones de personas que exigían trabajo, vivienda y mejores salarios. Se detuvo y procesó a algunos manifestantes.
El gobierno señaló que había invitado a visitar Argelia a siete relatores especiales de la ONU, pero no extendió la invitación al relator especial sobre la tortura ni al Grupo de Trabajo de la ONU sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias, a pesar de que ambos habían solicitado hacía tiempo permiso para llevar a cabo visitas de investigación.
ArribaLas autoridades prohibieron algunas reuniones y manifestaciones de defensores de los derechos humanos, periodistas y familiares de víctimas de desaparición forzada.
Se acusó a periodistas y defensores de los derechos humanos de difamación o de otros delitos, al parecer por criticar a funcionarios o instituciones del Estado o denunciar casos de corrupción.
Agentes del Departamento de Información y Seguridad (DRS) –la inteligencia militar– continuaron deteniendo a presuntos responsables de delitos relacionados con la seguridad y recluyéndolos en régimen de incomunicación –en algunos casos durante más de los 12 días permitidos por la ley– en centros de detención no reconocidos, en los que corrían peligro de sufrir torturas u otros malos tratos. Siguió estando muy arraigada la impunidad en casos de tortura u otros abusos contra presuntos responsables de delitos relacionados con la seguridad.
Se juzgó sin las debidas garantías a presuntos responsables de delitos de terrorismo. Algunos fueron declarados culpables sobre la base de “confesiones” obtenidas presuntamente bajo tortura u otras formas de coacción, entre ellos varios que fueron condenados a muerte por tribunales militares. A algunos se les negó el acceso a abogados de su elección. Otros sospechosos de delitos relacionados con la seguridad fueron recluidos sin juicio.
La relatora especial de la ONU sobre la violencia contra la mujer visitó Argelia en noviembre. A pesar de algunas iniciativas encaminadas a poner en marcha una estrategia nacional para combatir la violencia contra las mujeres, las autoridades no habían tipificado todavía como delito la violencia intrafamiliar, incluida la violación conyugal, y no se llevaba ante la justicia a los responsables de actos de violencia de género.
No se adoptó ninguna medida para investigar los miles de desapariciones forzadas y otros graves abusos cometidos durante el conflicto interno de la década de 1990. Las autoridades siguieron aplicando la Carta para la Paz y la Reconciliación Nacional (Ley 06-01), que otorgaba impunidad a las fuerzas de seguridad y trataba como delito la crítica pública de su conducta y que amnistiaba a miembros de grupos armados responsables de flagrantes abusos contra los derechos humanos. En octubre, un alto funcionario indicó que desde 2005 se había amnistiado a 7.500 “terroristas arrepentidos”. Señaló también que 6.240 familias de personas desaparecidas habían aceptado indemnizaciones económicas y que sólo 12, “manipuladas por ONG y organismos extranjeros”, las habían rechazado. Según la Ley 06-01, para que una familia pudiera solicitar una indemnización, las autoridades tenían que expedirle previamente un certificado de defunción de la persona desaparecida.
Muchos familiares de personas desaparecidas siguieron manifestándose en varias ciudades, como Argel, Constantina y Jijel. En agosto, el presidente de la Comisión Nacional Consultiva de Promoción y Protección de los Derechos Humanos declaró que la demanda de verdad y justicia formulada por los familiares de las víctimas era poco realista debido a la ausencia de testimonios y a la imposibilidad de identificar a los responsables.
En julio, el Comité de Derechos Humanos de la ONU señaló que las autoridades debían investigar la desaparición de Douia Benaziza, detenida por las fuerzas de seguridad en junio de 1996, y facilitar a su familia reparación satisfactoria. El Comité llegó a la conclusión de que las autoridades habían vulnerado el derecho de la víctima a la libertad y la seguridad personal y a no sufrir torturas ni malos tratos.
ArribaEn un clima de constante represión de las iglesias protestantes, los cristianos, incluidos los conversos, eran objeto de procedimientos judiciales “por practicar ritos religiosos sin autorización” en virtud de la Ordenanza 06-03, que regulaba las confesiones religiosas distintas del islam. La Constitución garantizaba la libertad religiosa, pero establecía que el islam era la religión del Estado.
En virtud del apartado 2 del artículo 144 bis del Código Penal, se procesó a algunas personas por no guardar ayuno durante el mes santo del Ramadán. Los tribunales no fueron unánimes a la hora de dictar sentencia: en algunos casos absolvieron a los acusados y en otros les impusieron multas y penas de cárcel.
Argelia fue uno de los países patrocinadores de la resolución de la Asamblea General de la ONU en favor de una moratoria en el uso de la pena de muerte y mantuvo la suspensión de facto de las ejecuciones vigente desde 1993. Sin embargo, más de 130 personas fueron condenadas a muerte, muchas in absentia y en su mayoría por delitos de terrorismo.
ArribaA pesar de los cambios introducidos en 2009 en el Código Penal para tipificar como delito la “salida ilícita” del país, miles de personas de nacionalidad argelina y del África subsahariana siguieron migrando a Europa desde Argelia. Algunas perdieron la vida en el desierto o en el mar o fueron interceptadas por las autoridades encargadas del control de fronteras.
Según estadísticas de la policía, entre enero y junio se dictaron órdenes de expulsión contra 34 ciudadanos extranjeros y se devolvió a las fronteras del país a 5.232. La Ley 08-11, que regulaba la entrada, la estancia y la circulación de extranjeros en Argelia, autorizaba a los gobernadores provinciales a ordenar la expulsión de quienes hubieran entrado en territorio argelino o se hallaran en él de forma “ilegal” sin garantizarles el derecho a apelar.
En mayo, el Comité de Derechos de los Trabajadores Migrantes, de la ONU, expresó su preocupación por el hecho de que la legislación argelina permitiera la reclusión indefinida de migrantes irregulares y de que las autoridades no hubieran investigado las denuncias de expulsiones colectivas.
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