Australia continuó conculcando los derechos de los pueblos indígenas, al privar a las tierras aborígenes de servicios básicos. La política sobre refugiados primaba las prácticas disuasorias, pues establecía la detención preceptiva e indefinida en lugares remotos de las personas solicitantes de asilo que llegaban en embarcaciones.
El gobierno continuó limitando los fondos para vivienda y servicios municipales tales como agua y saneamiento destinados a los pueblos aborígenes que vivían en tierras ancestrales del Territorio del Norte y que, por lo tanto, se veían de hecho obligados a abandonarlas para poder acceder a servicios básicos.
Estaba previsto que en diciembre se presentasen al Parlamento federal las recomendaciones de un grupo de expertos sobre el reconocimiento constitucional de la población indígena australiana.
A pesar de que los pueblos indígenas representaban aproximadamente el 2,5 por ciento de la población de Australia, el índice de indígenas entre la población reclusa adulta ascendía al 26 por ciento. La mitad de todos los menores recluidos eran aborígenes. Un informe sobre justicia y juventud aborigen elaborado por un comité parlamentario y publicado en junio señaló que la tasa de reclusión de indígenas entre 2000 y 2009 había aumentado en un 66 por ciento.
En julio, los gobiernos de Australia y Malaisia alcanzaron un acuerdo para intercambiar a 800 solicitantes de asilo que habían llegado a Australia en embarcaciones por 4.000 refugiados (procedentes sobre todo de Myanmar) que se encontraban en Malaisia en espera de ser reasentados.
En noviembre había 5.733 personas en centros de detención de inmigrantes, de las que 441 eran menores de edad y el 38 por ciento llevaban más de 12 meses recluidas. En casi todos los centros de detención se tuvo constancia de un aumento en el índice de suicidios y autolesiones entre los migrantes, incluidos casos de niños de tan sólo nueve años. En julio, el defensor del Pueblo de la Commonwealth inició una investigación; al finalizar el año aún no se conocían los resultados.
En septiembre, el gobierno presentó legislación que reforzaba la protección de las personas que huían de abusos –como la mutilación genital femenina, los homicidios en nombre del “honor” y la pena de muerte– no incluidos en la Convención de la ONU sobre el Estatuto de los Refugiados.
Top of pageEn febrero, el gobierno federal y los gobiernos estatales y territoriales refrendaron el Plan Nacional de Reducción de la Violencia contra las Mujeres y sus Hijos.
Top of pageEn enero, Australia se sometió por primera vez al examen periódico universal de la ONU, en el que se evaluó su historial en materia de derechos humanos. Australia acordó ratificar el Protocolo Facultativo de la Convención de la ONU contra la Tortura y estudiar la posibilidad de ratificar el Convenio sobre Pueblos Indígenas y Tribales (Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo). Sin embargo, se negó a promulgar una Ley de Derechos Humanos, a poner fin a la detención preceptiva de solicitantes de asilo, a permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo y a indemnizar a los indígenas a quienes habían separado por la fuerza de sus familias en la infancia.
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