Seguían denunciándose casos de malos tratos policiales, y las investigaciones sobre tales denuncias avanzaban lentamente. Se estaba examinando un anteproyecto de ley sobre migración y asilo que era incompatible con el derecho a solicitar asilo. El Consejo Constitucional determinó que las normas sobre detención preventiva por delitos comunes eran inconstitucionales. Las comunidades romaní y nómada estaban estigmatizadas y eran víctimas de desalojos forzosos y expulsiones.
En sus observaciones finales, formuladas el 14 de mayo de 2010, el Comité de la ONU contra la Tortura manifestó su preocupación por las constantes denuncias de malos tratos infligidos por agentes del orden público franceses, e instó a las autoridades a garantizar que toda denuncia de malos tratos era objeto sin demora de una investigación transparente e independiente y que los autores eran debidamente sancionados.
Las investigaciones sobre muertes bajo custodia parecían carecer de independencia e imparcialidad y avanzaban con lentitud.
En julio, el Consejo de Estado anuló parcialmente una decisión de la junta directiva de la Oficina Francesa de Protección de los Refugiados y Apátridas por la que se calificaba de “seguros” 17 países en el examen de las solicitudes de asilo. Las solicitudes de personas procedentes de países “seguros” se estudiaban con arreglo a un procedimiento acelerado, en función del cual se podía devolver al solicitante sin examinar su recurso de apelación. El Consejo de Estado decidió que Armenia, Madagascar y Turquía no cumplían los criterios necesarios en materia de derechos humanos para formar parte de la lista de países “seguros” y que Malí era seguro para los hombres, aunque no para las mujeres.
Desde septiembre se estaba examinando en el Parlamento un anteproyecto de ley sobre migración y asilo que era incompatible con las normas internacionales de derechos humanos. Con arreglo a él, si se interceptaba cerca de la frontera francesa a un grupo de 10 o más migrantes irregulares, se los debía recluir en una “zona de retención” situada entre el lugar donde se había practicado la detención y la frontera. Se estudiaban sus solicitudes de entrada en el resto de Francia para pedir asilo y, si se consideraba que eran “manifiestamente infundadas”, eran devueltos a sus países de origen, y disponían de tan sólo 48 horas para impugnar la decisión.
ArribaEn junio, el Senado comenzó a estudiar un anteproyecto de ley sobre el mandato y las atribuciones de la nueva institución del Defensor de los Derechos, en la que se fusionarían la Comisión Nacional de Deontología de la Seguridad, el Defensor de la Infancia, el Mediador de la República, la Alta Autoridad de Lucha contra la Discriminación y por la Igualdad y el Inspector General de los Lugares de Privación de Libertad. Se temía que a consecuencia de esta fusión se perdiesen los conocimientos e independencia de estas instituciones.
El 30 de julio, el Consejo Constitucional resolvió que la ley relativa a la detención preventiva (garde à vue) era inconstitucional porque no garantizaba a los detenidos derechos de defensa como la asistencia efectiva de un abogado y la necesidad de informarlos de su derecho a guardar silencio. No obstante, en la resolución se afirmaba que la ley seguiría en vigor hasta el 1 de julio de 2011. El Consejo no examinó normas aún más restrictivas, aplicables a las personas sospechosas de participar en actividades terroristas, delincuencia organizada grave o narcotráfico.
El gobierno aprobó en octubre una propuesta posterior de modificación del sistema de detención preventiva, que no atendía todos los motivos de preocupación en materia de derechos humanos. Unos días después, el Tribunal de Casación resolvió que todo el sistema de detención preventiva era ilegítimo, incluso las disposiciones aplicables a las personas sospechosas de participar en actividades terroristas, delincuencia organizada grave o narcotráfico.
ArribaLas autoridades estigmatizaban a las comunidades romaní y nómada. Durante una reunión ministerial celebrada en julio con objeto de hablar de “los problemas relacionados con las conductas de algunos romaníes y nómadas”, el presidente Nicolas Sarkozy se refirió a los “campamentos ilegales” habitados por personas de etnia romaní como focos de delincuencia y pidió al gobierno que los desmantelase en el plazo de tres meses. El 5 de agosto, el Ministerio del Interior ordenó a los prefectos desmantelar sistemáticamente los “campamentos ilegales”, dando prioridad de forma expresa a los habitados por personas de etnia romaní, y llevar a cabo “la expulsión inmediata de los extranjeros en situación irregular”. A raíz de su publicación en los medios de comunicación, esta orden fue revocada y sustituida el 13 de septiembre por otra que se refería a “todo asentamiento ilegal, con independencia de quiénes sean sus ocupantes”. No obstante, siguió suscitando preocupación que la comunidad romaní estuviese marginada y fuese víctima de desalojos forzosos y expulsiones. En septiembre, el gobierno presentó en el Parlamento una propuesta legislativa encaminada a facilitar la expulsión de extranjeros, incluidos los ciudadanos de la Unión Europea, que “abusen de su derecho a disfrutar de una estancia breve” entrando y saliendo de Francia reiteradamente.
En agosto, el Comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación Racial manifestó su preocupación por las declaraciones políticas de carácter discriminatorio. Al Comité le inquietaba también el aumento de los actos de violencia racista contra romaníes, así como las dificultades que tenían los nómadas en su libertad de circulación, el ejercicio del derecho de voto y el acceso a la educación y a una vivienda digna.
En octubre, el Consejo Constitucional resolvió que la ley aprobada por el Parlamento en septiembre en virtud de la cual se prohibía llevar en público prendas que cubriesen el rostro no restringía de manera desproporcionada los derechos individuales. El Consejo determinó, no obstante, que esta prohibición no se podía aplicar en espacios públicos dedicados al culto. Suscitó preocupación que la prohibición vulnerase el derecho a la libertad de expresión y religión de las mujeres que decidiesen llevar el burka o el niqab como expresión de su identidad o creencias.
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