El terremoto de enero dejó a casi 2 millones de personas sin hogar y desencadenó una crisis humanitaria sin precedentes. Al finalizar 2010 seguía habiendo más de un millón de desplazados en campamentos provisionales donde la violencia contra mujeres y niñas era creciente. El gran número de menores de edad no acompañados y huérfanos suscitó el temor de que muchos de ellos fueran objeto de trata e introducidos ilegalmente en la vecina República Dominicana o en otros países. La destrucción de las instituciones estatales y el agotamiento de sus recursos dejaron a la población prácticamente sin acceso a la justicia ni a reparaciones por los abusos. En enero, la policía haitiana mató a tiros a 12 presos en Les Cayes durante un intento de fuga carcelaria.
El 12 de enero, un terremoto destruyó grandes zonas de Puerto Príncipe, la capital de Haití, así como ciudades y zonas remotas del sur del país, lo que desencadenó una crisis humanitaria sin precedentes. El gobierno calculaba que hubo más de 230.000 muertos y 300.000 heridos. Las instituciones y oficinas públicas resultaron gravemente afectadas, pues se destruyeron 15 de los 17 edificios ministeriales, 1.500 escuelas y 50 hospitales y consultorios médicos. También quedó destruida la sede de la misión de la ONU. La comunidad internacional y las agencias humanitarias respondieron rápidamente con ayuda humanitaria de emergencia, pero ésta llegó con lentitud a algunas de las comunidades más afectadas.
En marzo se reunieron en Nueva York más de 150 países donantes y organizaciones internacionales que se comprometieron a aportar 5.300 millones de dólares estadounidenses que se desembolsarían durante 18 meses para financiar la reconstrucción de Haití tras el terremoto. Sin embargo, las labores de desescombro y la construcción de alojamientos temporales para los sobrevivientes del seísmo fueron lentas. Al finalizar el año, más de un millón de personas vivía aún en unos 1.110 campamentos formales e informales, a menudo en condiciones extremas. En octubre, un huracán causó más daños en los alojamientos de los campamentos.
En septiembre estalló una epidemia de cólera en algunas comunidades situadas junto al río Artibonite que se propagó rápidamente a otras zonas del país. La ONU estableció un grupo independiente de expertos para investigar el origen del brote. En diciembre se había informado de más de 100.000 casos de cólera y el número de fallecidos superaba los 2.400.
El 28 de noviembre se celebró la primera vuelta de las elecciones generales para elegir al presidente, el Parlamento y el Senado de Haití. Las irregularidades y el presunto fraude por parte del Consejo Electoral Provisional desencadenaron manifestaciones por todo el país. Los observadores electorales nacionales expresaron preocupación ante la publicación de unos resultados parciales que descartaban la participación de Michel Martelly en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, previstas para enero de 2011, y favorecían al candidato del partido gobernante.
ArribaLa violencia contra mujeres y niñas era omnipresente tanto en los campamentos formales e informales como en torno a ellos. La falta de seguridad y de mecanismos efectivos de protección aumentaba los riesgos de violación y otras formas de violencia sexual. La impunidad por estos delitos seguía suscitando preocupación, pues muy pocos casos fueron investigados o enjuiciados. Muchas sobrevivientes de violación tuvieron que superar el miedo, la discriminación y la falta de recursos económicos para recibir atención médica. La Asociación Nacional para la Protección de Mujeres y Niños Haitianos (ANAPFEH), organización de defensa de los derechos de las mujeres que prestaba apoyo a trabajadoras sexuales de Puerto Príncipe, informó del aumento del número de niñas que, desde que estalló la crisis humanitaria, ejercían el sexo como profesión.
Al finalizar el año, más de un millón de personas seguía viviendo en condiciones extremas en campamentos formales e informales. La gran mayoría de las personas desplazadas no tenía acceso a un alojamiento adecuado. La construcción de alojamientos provisionales era lenta y estaba dificultada por el hecho de que las autoridades no ofrecían terrenos adecuados. No había información clara sobre los planes y políticas gubernamentales para el reasentamiento de los desplazados en viviendas adecuadas permanentes.
Los terratenientes desalojaron a desplazados que ocupaban terrenos particulares, y la mayoría de las veces lo hicieron con la ayuda de la policía o de hombres armados. En abril, el gobierno anunció una paralización durante seis semanas de los desalojos forzosos de desplazados, pero no tenía capacidad para hacer cumplir la medida.
La trata de niños siguió suscitando preocupación, y las autoridades redoblaron los esfuerzos para prevenirlo. La Brigada de Protección de Menores, unidad policial haitiana especializada, desplegó agentes en pasos fronterizos con la República Dominicana para prevenir esta práctica.
El gobierno haitiano aumentó la minuciosidad del examen de las solicitudes de adopción internacional como medida para prevenir la trata de niños.