Las fuerzas de seguridad torturaron y sometieron a otros malos tratos a personas detenidas e hicieron un uso excesivo de la fuerza contra manifestantes, en ocasiones, con resultado de muerte. No existían mecanismos adecuados de rendición de cuentas que garantizasen justicia o actuasen como factor disuasorio efectivo contra los abusos policiales. El sistema de justicia penal seguía mostrándose incapaz de hacer frente a la impunidad de las violaciones de derechos humanos cometidas en el pasado o que seguían cometiéndose. En zonas como Papúa o las islas Molucas se restringió con dureza la libertad de expresión. Minorías religiosas y grupos de lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero sufrieron agresiones y discriminación. El índice de mortalidad materna seguía siendo uno de los más elevados de la región de Asia oriental y Oceanía. No se llevaron a cabo ejecuciones a lo largo del año.
Las fuerzas de seguridad torturaron y sometieron a otros malos tratos a personas detenidas, especialmente a presuntos delincuentes de comunidades pobres y marginadas, y a personas sospechosas de actividades en favor de la independencia en las provincias de Papúa y las Molucas. Los mecanismos de rendición de cuentas establecidos para abordar las violaciones de derechos humanos continuaban siendo insuficientes.
La policía hizo un uso excesivo de la fuerza al practicar detenciones y para reprimir manifestaciones, y en ocasiones provocó con ello la muerte de personas.
Preocupaba que no se hubieran cumplido las normas nacionales e internacionales sobre uso de la fuerza en operaciones policiales de lucha contra el terrorismo que habían provocado la muerte de al menos 24 personas.
ArribaContinuaba reprimiéndose la libertad de expresión en algunos casos, y defensores y defensoras de los derechos humanos, periodistas y otros activistas eran víctimas de intimidación, hostigamiento y, en ocasiones, homicidio.
Minorías religiosas y grupos de lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero sufrieron agresiones y discriminación. La policía no tomó medidas adecuadas para garantizar su seguridad. Un congreso regional de lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero, cuya celebración estaba prevista en Surabaya en marzo, se canceló tras las amenazas de represalias violentas por parte de grupos islamistas radicales. La comunidad ahmadi fue objeto de abusos y discriminación. En agosto, el ministro de Asuntos Religiosos pidió su disolución. Aproximadamente 90 ahmadis desplazados en 2006 tras el incendio premeditado de sus casas seguían viviendo en alojamientos provisionales en Mataram, Lombok. Durante el año, al menos 30 iglesias sufrieron ataques o fueron obligadas a cerrar. En abril, el Tribunal Constitucional confirmó las disposiciones legales que tipificaban la blasfemia como delito. Al finalizar el año había al menos 14 personas encarceladas por cargos de blasfemia.
ArribaLas iniciativas gubernamentales destinadas a abordar la mortalidad materna se veían obstaculizadas por legislación que restringía los derechos sexuales y reproductivos; entre esas leyes se incluían algunas que respaldaban los estereotipos de género, especialmente en lo relativo al matrimonio y la maternidad, o que tipificaban como delito mantener determinados tipos de relaciones sexuales de mutuo acuerdo y ofrecer información sobre sexualidad y reproducción. Algunas leyes y políticas negaban a las niñas y mujeres solteras pleno acceso a los servicios de salud reproductiva. Era ilegal que las niñas y mujeres casadas accediesen a determinados servicios de salud reproductiva sin el consentimiento de su esposo. El aborto estaba penalizado en todos los casos, salvo cuando había peligro para la salud de la madre o el feto, o en caso de violación.
Muchas mujeres y niñas estaban expuestas a tener embarazos no deseados, que podían acarrearles problemas de salud y abusos contra los derechos humanos, como verse obligadas a casarse a una edad temprana o a abandonar los estudios. Algunas abortaban, a menudo en condiciones de riesgo.
Según cifras gubernamentales oficiales, los abortos en condiciones de riesgo causaban entre el 5 y el 11 por ciento de las muertes maternas en Indonesia. El índice de mortalidad materna seguía siendo uno de los más elevados de la región de Asia oriental y Oceanía, y se calculaba que por cada 100.000 nacidos vivos se producían 228 muertes maternas.
ArribaAl colectivo de trabajadores y trabajadoras del servicio doméstico –aproximadamente 2,6 millones de personas–, integrado mayoritariamente por mujeres y niñas, se le negaba toda la diversidad de garantías jurídicas de protección de que disfrutaban otros trabajadores en virtud de la Ley del Trabajo. La Comisión Parlamentaria de Trabajo, Transmigración, Asuntos Demográficos y Salud estudió un proyecto de ley sobre personal doméstico; sin embargo, al finalizar el año esta ley aún no se había aprobado.
Persistía la impunidad de las graves violaciones de derechos humanos cometidas en el pasado en Aceh, Papúa, Timor Oriental y otros lugares. El gobierno continuó promoviendo la reconciliación con Timor Oriental a expensas de la justicia por los delitos cometidos allí durante la ocupación indonesia (1975-1999). Seguían sin esclarecerse la mayoría de las violaciones de derechos humanos cometidas en el pasado contra defensores y defensoras de los derechos humanos, como torturas, asesinatos y desapariciones forzadas, y tampoco se procesaba a los responsables. En septiembre, el gobierno firmó la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas.
No se recibieron informes de ejecuciones. Sin embargo, al menos 120 personas continuaban condenadas a muerte.
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