Libia
Jefe del Estado
Mustafá Abdelyalil (sustituyó en la práctica a Muamar al Gadafi en agosto)
Jefe del gobierno
Abdurrahim al Keib (sustituyó a Mahmud Yibril en octubre, quien había sustituido a Al Baghdadi Ali al Mahmudi en agosto)
Pena de muerte
retencionista
Población
6,4 millones
Esperanza de vida
74,8 años
Mortalidad infantil (‹5 años)
18,5 por cada 1.000
Población adulta alfabetizada
88,9 por ciento

Tras protestas antigubernamentales que se desencadenaron a mediados de febrero y desembocaron en un conflicto armado que se prolongó durante unos ocho meses, miles de personas, muchas de ellas simples transeúntes o participantes en manifestaciones pacíficas, resultaron heridas o fueron víctimas de homicidio ilegítimo a manos de las fuerzas leales al dirigente libio, coronel Muamar al Gadafi. Durante el conflicto, fuerzas internacionales, que actuaban conforme al mandato del Consejo de Seguridad de la ONU de proteger a la población civil, lanzaron ataques aéreos contra las fuerzas de Gadafi, contribuyendo a inclinar la balanza a favor de las fuerzas de oposición. Las fuerzas de Gadafi lanzaron cohetes y proyectiles de mortero y artillería contra zonas residenciales, y utilizaron minas antipersonal, bombas de racimo y otras armas que son por naturaleza de efecto indiscriminado; estos ataques indiscriminados causaron un gran número de víctimas civiles, especialmente en Misrata, la tercera ciudad más importante de Libia. Además, las fuerzas de Gadafi secuestraron a miles de personas, a las que sometieron a torturas o malos tratos, y ejecutaron extrajudicialmente a combatientes capturados y otras personas detenidas. Las fuerzas de oposición utilizaron cohetes y armas de efecto indiscriminado en zonas residenciales. Aunque el Consejo Nacional de Transición –el poco estructurado liderazgo de la oposición a Gadafi, creado a finales de febrero– tomó el control de la mayor parte del país a finales de agosto, no consiguió dominar a las milicias que se habían formado durante el conflicto. Los crímenes de guerra y otras violaciones del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos cometidos por ambas partes durante el conflicto se sumaron al funesto legado de violaciones de derechos humanos de años anteriores. El conflicto agravó las tensiones raciales y la xenofobia ya existentes. Las milicias de la oposición capturaron a miles de supuestos partidarios y soldados de Gadafi y presuntos “mercenarios africanos”, que, en muchos casos, sufrieron palizas y abusos bajo custodia y, al concluir el año, meses después de finalizar el conflicto, continuaban recluidos sin juicio ni ningún otro medio de impugnar la legalidad de su detención. Decenas más de personas presuntamente leales a Gadafi murieron a manos de combatientes de la oposición en el momento de su captura o posteriormente; entre las víctimas estaban el propio dirigente libio derrocado y uno de sus hijos. Las fuerzas de oposición también saquearon e incendiaron casas, llevaron a cabo ataques en venganza y tomaron otras represalias contra presuntos partidarios de Gadafi. Centenares de miles de personas huyeron a causa del conflicto, lo que provocó desplazamientos masivos dentro y fuera de Libia y dio lugar a importantes iniciativas de evacuación. Seguía estando muy arraigada la impunidad por las graves violaciones de derechos humanos cometidas en el pasado y por los persistentes abusos de las milicias. Las mujeres seguían sufriendo discriminación en la ley y en la práctica.

Información general

Las manifestaciones antigubernamentales previstas para el 17 de febrero se iniciaron dos días antes en Bengasi, la segunda ciudad más importante de Libia, tras detener las fuerzas de seguridad a dos destacados activistas. Las autoridades dejaron rápidamente en libertad a ambos, pero las protestas se multiplicaron y extendieron por toda Libia cuando las fuerzas gubernamentales recurrieron a medios letales y otros tipos de fuerza excesiva para intentar contenerlas. En dos semanas, las protestas se convirtieron en un conflicto armado interno, al no dejarse la población intimidar y levantarse en armas contra las fuerzas gubernamentales en el este de Libia, la zona de las montañas de Nafusa y la ciudad costera de Misrata. Los combates se intensificaron a medida que las fuerzas de Gadafi trataban de recuperar territorio conquistado por la oposición, que, a su vez, intentaba ganar más terreno, y el 17 de marzo, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la Resolución 1973, que autorizaba la prohibición de todos los vuelos en el espacio aéreo de Libia y la adopción de todas las medidas necesarias para proteger a la población civil, excluyendo el uso de una fuerza de ocupación extranjera. Dos días después, cuando las fuerzas de Gadafi se encontraban a las afueras de Bengasi listas para actuar, una alianza internacional comenzó a lanzar ataques aéreos contra ellas y a ayudar a las fuerzas de oposición a hacerles retroceder. A finales de marzo, la OTAN asumió el mando de las operaciones militares y lanzó miles de ataques aéreos contra infraestructuras y fuerzas de Gadafi hasta el 31 de octubre. Hacia finales de agosto, las fuerzas opositoras al coronel Gadafi habían conseguido controlar la mayor parte de Libia, incluida Trípoli, pero los combates continuaban, especialmente en las ciudades de Bani Ulid y Sirte. El 23 de octubre, Mustafá Abdelyalil, presidente del Consejo Nacional de Transición, declaró oficialmente “la liberación de Libia”.

El Consejo Nacional de Transición se comprometió a establecer un Estado democrático y multipartidista, basado en el respeto por los derechos humanos fundamentales. El 3 de agosto emitió una Declaración Constitucional en la que se consagraban los principios de los derechos humanos, como el respeto por las libertades fundamentales, el derecho a no sufrir discriminación y el derecho a un juicio justo.

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Uso excesivo de la fuerza

Las fuerzas armadas y de seguridad de Gadafi hicieron uso de medios letales y fuerza desproporcionada para intentar sofocar las manifestaciones que se desencadenaron en febrero, y dispararon munición real con fusiles automáticos de asalto contra manifestantes desarmados. Unas 170 personas perdieron la vida y más de 1.500 resultaron heridas en Bengasi y Al Baida entre los días 16 y 21 de febrero. Las fuerzas de seguridad también utilizaron munición real para responder a las protestas del 20 de febrero en Trípoli y sus alrededores, causando decenas de muertos y heridos. Entre las personas que perdieron la vida había transeúntes y manifestantes pacíficos.

  • El 17 de febrero, Naji Jerdano, que participaba en las manifestaciones antigubernamentales de Bengasi, fue golpeado con una porra y murió abatido por disparos de las fuerzas de seguridad de Gadafi. Él y otros dos hombres perdieron la vida cerca de la mezquita de Al Nasr, durante la oración del ocaso, al ser alcanzados por disparos de francotiradores de las fuerzas de seguridad apostados en el puente de Yalyana.
  • El 18 de febrero, Roqaya Fawzi Mabrouk, de ocho años, murió abatida por una bala que entró por la ventana de su habitación. El disparo procedía de la base militar de Hussein al Jaweifi, en Shahat, cerca de Al Baida, en donde, según informes, se habían establecido fuerzas de Gadafi.
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Abusos cometidos durante el conflicto armado

En su intento de recuperar localidades controladas por la oposición, las fuerzas de Gadafi cometieron graves violaciones del derecho internacional humanitario, incluidos crímenes de guerra. Lanzaron ataques indiscriminados y atacaron deliberadamente a civiles en zonas como Misrata, Aydabiya, Al Zauiya y la región de las montañas de Nafusa. Dispararon cohetes y proyectiles de mortero y artillería contra zonas residenciales, y utilizaron armas que son por naturaleza de efecto indiscriminado, como minas antipersonal y bombas de racimo, en muchos casos también en zonas residenciales. En estos ataques ilegítimos mataron e hirieron a centenares de civiles que no participaban en los combates.

El número de víctimas civiles fue especialmente elevado en Misrata, cuyos habitantes se vieron atrapados allí desde finales de febrero debido al asedio de la ciudad por parte de las fuerzas de Gadafi, que lanzaron cohetes contra la zona portuaria, único punto de entrada de la ayuda humanitaria y de evacuación de personas heridas y enfermas. Los ataques indiscriminados cesaron en mayo, pero se reanudaron a mediados de junio y continuaron hasta comienzos de agosto de manera esporádica. Según fuentes médicas locales, más de 1.000 personas murieron durante el asedio a la ciudad.

  • La niña Rudaina Shami, de un año, y su hermano Mohamed Mostafa Shami, de tres, murieron el 13 de mayo, cuando cohetes Grad lanzados por las fuerzas de Gadafi impactaron contra casas del barrio de Ruissat, en Misrata. Su hermana Malak, de cinco años, sufrió graves heridas por las que fue preciso amputarle la pierna derecha.

Las fuerzas de Gadafi también dispararon munición real y utilizaron armas pesadas, como proyectiles disparados por tanques y granadas propulsadas por cohetes, contra personas que huían de los combates en Misrata, Aydabiya, Al Zauiya y otros lugares.

  • Miftah al Tarhouni y su hijo Mohammad, ya adulto, murieron el 20 de marzo cerca de la puerta oriental de Aydabiya cuando su automóvil fue alcanzado por un proyectil –al parecer, un cohete o un obús– aparentemente disparado por las fuerzas de Gadafi.

Los combatientes de la oposición también lanzaron cohetes Grad desde sus posiciones en el frente del este de Libia, Misrata y Sirte, pero no se tuvo conocimiento de hasta qué punto causaron víctimas civiles.

El gobierno de Gadafi acusó a la OTAN de atacar bienes civiles y causar centenares de víctimas entre la población civil, pero exageró las cifras y no ofreció información clara sobre su veracidad. Sin embargo, según información creíble, en algunos de los ataques lanzados por la OTAN entre junio y octubre murieron al menos decenas de personas en lugares como Mayer, Trípoli, Surman y Sirte. No se tuvo constancia de que la OTAN hubiese iniciado investigaciones imparciales e independientes para determinar si se habían tomado todas las precauciones necesarias para no dañar bienes de carácter civil y minimizar el número de víctimas civiles, tal y como exige el derecho internacional humanitario.

  • El 8 de agosto, la OTAN lanzó ataques aéreos que causaron la muerte de 18 hombres, 8 mujeres y 8 niños, al ser alcanzadas dos casas situadas en la zona rural de Majer, cerca de Zlitan. Según la información recibida, todas las víctimas eran civiles.
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Detención y reclusión arbitrarias

Las fuerzas de Gadafi detuvieron a miles de personas en toda Libia; algunas fueron víctimas de desaparición forzada. Las detenciones comenzaron antes de las protestas de febrero, y después, a medida que se iba desarrollando el conflicto, se volvieron más numerosas y generalizadas. Entre las personas recluidas había combatientes y partidarios de la oposición, reales o supuestos, y otras personas capturadas en zonas de combate o cerca de ellas. Algunas fueron detenidas en sus casas; otras, en carreteras o en lugares públicos de zonas controladas por la oposición, pero en las que las fuerzas de Gadafi realizaban incursiones armadas, especialmente en Misrata y en localidades de la zona de las montañas de Nafusa. En la mayoría de los casos se les negaba todo contacto con el mundo exterior. Las fuerzas de Gadafi dejaron en libertad a algunas, pero la gran mayoría fueron liberadas por los combatientes de la oposición cuando se hicieron con el control de Trípoli a finales de agosto. Se desconocía el número total de personas desaparecidas durante el conflicto. A decenas de ellas las mataron bajo custodia (véase infra).

  • El 1 de febrero, Jamal al Haji, cuyas críticas a Gadafi venían de mucho tiempo atrás, fue detenido en Trípoli por agentes de seguridad vestidos de civil tras utilizar sitios web alojados en el extranjero para convocar protestas. Pasó casi siete meses recluido en condiciones espantosas, sin contacto con el mundo exterior, en la oficina de los servicios de inteligencia del distrito de Nasr y en la prisión de Abu Salim en Trípoli; durante parte de ese tiempo estuvo recluido en régimen de aislamiento. Combatientes partidarios del Consejo Nacional de Transición lo liberaron el 24 de agosto.

Durante el conflicto y una vez finalizado éste, los combatientes de la oposición capturaron y recluyeron a miles de soldados y partidarios de Gadafi, reales o supuestos, entre los que había presuntos mercenarios extranjeros. Muchos fueron capturados en sus casas por grupos de hombres fuertemente armados o detenidos en la calle o en puestos de control. En un gran número de casos, los golpearon o sometieron a malos tratos en el momento de la captura, además de saquear y destruir sus casas. Ninguno tuvo acceso a abogados. Bajo el mando del Consejo Nacional de Transición, la mayoría de los centros de detención estaban fuera del control o supervisión efectivos tanto del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos como de la fiscalía. Al finalizar 2011, miles de personas continuaban recluidas sin juicio ni posibilidad de impugnar la legalidad de su detención.

Una gran parte de los detenidos eran africanos subsaharianos. Algunos fueron detenidos en el este del país y en Misrata de febrero en adelante como sospechosos de ser mercenarios; a otros los detuvieron en Trípoli y otras ciudades occidentales a medida que éstas fueron cayendo bajo el control de la oposición a partir de agosto. En el este de Libia y en Misrata, la mayoría quedaron en libertad, al no hallarse indicios de su participación en los combates. En la zona de Tauarga, considerada leal a Gadafi, se persiguió y secuestró en sus casas, en campos provisionales de acogida y en puestos de control a centenares de hombres, que fueron recluidos y sometidos a tortura o malos tratos.

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Tortura y otros malos tratos

Las personas detenidas y recluidas por las fuerzas de Gadafi sufrían tortura o malos tratos, especialmente en el momento de la captura y durante los interrogatorios iniciales. Las golpeaban con cinturones, látigos, alambres metálicos y mangueras de goma; las suspendían en posturas forzadas durante periodos prolongados, y les negaban tratamiento médico incluso para heridas sufridas a consecuencia de la tortura o de disparos. A algunas las torturaron aplicándoles descargas eléctricas; a varias les dispararon tras la detención, pese a que no representaban ninguna amenaza; a otras las dejaron morir asfixiadas en contenedores de metal.

  • El 6 de junio, los guardias hicieron caso omiso de las peticiones de agua y aire de las personas recluidas en dos contenedores de metal en Al Jums; 19 murieron asfixiadas.

Varios detenidos varones fueron violados por sus guardias o captores.

  • Un hombre de 50 años fue detenido por las fuerzas de Gadafi cuando recibía tratamiento médico en el hospital cardiológico de Tayura, en Trípoli, a finales de febrero. En la prisión de Ain Zara, también en Trípoli, le propinaron patadas, lo golpearon con palos y culatas de fusiles, le aplicaron descargas eléctricas y lo ataron a un árbol. Mientras estaba bajo custodia lo violaron en dos ocasiones con utensilios.

Partidarios del Consejo Nacional de Transición informaron con frecuencia sobre violaciones cometidas por las fuerzas de Gadafi, y algunas mujeres detenidas por fuerzas partidarias del Consejo Nacional de Transición en Al Zauiya, Trípoli y Misrata afirmaron que habían sufrido abusos sexuales.

  • El 26 de marzo, Eman al Obeidi contó a periodistas internacionales que había sido violada por soldados leales a Gadafi. Tras ser detenida varias veces por las fuerzas de Gadafi, quedó en libertad y huyó de Libia en mayo. En junio la devolvieron de Qatar a Bengasi, pero posteriormente le permitieron abandonar el territorio controlado por el Consejo Nacional de Transición.

En las zonas controladas por el Consejo Nacional de Transición antes de agosto, así como en las que quedaron bajo su control a partir de ese mes, cuando Trípoli cayó en manos de las fuerzas opositoras a Gadafi, las milicias que controlaban los centros de detención sometían con impunidad a tortura o malos tratos a los detenidos, aparentemente para castigarlos por sus presuntos delitos o con el fin de obtener “confesiones”. Entre los métodos denunciados con mayor frecuencia figuraban los golpes por todo el cuerpo con cinturones, palos, culatas de fusiles y mangueras de goma; los puñetazos y patadas, y las amenazas de muerte. Las personas de piel oscura, ya fuesen libias o extranjeras, estaban especialmente expuestas a sufrir abusos.

  • En agosto, un trabajador migrante de 17 años procedente de Chad fue capturado en su casa por hombres armados, que lo esposaron, abofetearon y arrastraron por el suelo antes de llevarlo a una escuela que utilizaban como centro de detención. Allí le dieron puñetazos y lo golpearon con palos, cinturones, fusiles y cables de goma, sobre todo en la cabeza, la cara y la espalda. La tortura no acabó hasta que accedió a “confesar” que había matado a civiles y violado a mujeres.

Varios detenidos murieron bajo custodia de las milicias en circunstancias que apuntaban a que su muerte había sido consecuencia directa o indirecta de la tortura.

  • Abdelhakim Milad Juma Qalhud, director de escuela de la localidad de Al Qarabuli, al este de Trípoli, fue detenido el 16 de octubre en su casa por miembros de una milicia local. Durante los días siguientes fue visto dos veces por médicos, que observaron múltiples contusiones por todo el cuerpo y recomendaron su hospitalización. Sin embargo, la milicia hizo caso omiso del consejo médico. El 25 de octubre se entregó el cadáver de Abdelhakim Milad Juma al hospital de la localidad. El informe forense indicaba que Abdelhakim Milad Juma había muerto posiblemente a consecuencia de golpes asestados con un instrumento. No se emprendió ninguna investigación efectiva sobre las circunstancias de su muerte.
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Ejecuciones extrajudiciales

Los soldados de Gadafi mataron a combatientes de la oposición capturados en el este de Libia y en Misrata. Los cadáveres tenían las manos atadas a la espalda y múltiples heridas de bala en la parte superior del cuerpo.

El 21 de marzo aparecieron cerca de Bengasi los cadáveres de tres combatientes de la oposición: los hermanos Walid y Hassan al Sabr al Obeidi, y Walid Saad Badr al Obeidi. Según afirmaron sus familiares, los tres tenían las manos atadas a la espalda y dos de ellos presentaban lesiones que indicaban que los habían golpeado antes de matarlos.

Entre junio y agosto, las fuerzas de Gadafi también ejecutaron extrajudicialmente a decenas de personas detenidas en el oeste de Libia. Mataron a la mayoría a tiros.

  • El 23 de agosto, unos guardas arrojaron cinco granadas de mano y abrieron fuego contra alrededor de 130 personas recluidas en un hangar de un campamento militar en Jilit al Firyan, en Trípoli. Posteriormente se hallaron unos 50 cadáveres calcinados.

Partidarios y combatientes de la oposición mataron deliberadamente a supuestos partidarios y soldados de Gadafi y a presuntos “mercenarios africanos” cuando tomaron inicialmente el control de ciudades como Al Baida, Bengasi, Derna y Sirte. Algunas de las víctimas fueron golpeadas hasta la muerte; otras, ahorcadas, y otras, abatidas a tiros tras ser capturadas o haberse rendido.

Se atacó específicamente por venganza a miembros del aparato de seguridad de Gadafi y a supuestos partidarios suyos. Varios aparecieron muertos tras haber sido capturados por hombres fuertemente armados; algunos de los cadáveres tenían las manos atadas a la espalda.

  • El 8 de mayo, Hussein Gaith Bou Shiha, ex agente de la Agencia de Seguridad Interna, fue capturado en su casa por hombres armados; a la mañana siguiente apareció muerto cerca de Bengasi. Estaba esposado y le habían disparado en la cabeza.
  • Abdul Fatah Younes al Obeidi, ex secretario del Comité General del Pueblo para la Seguridad Pública (equivalente al Ministerio del Interior), que se había unido a la oposición en febrero, y sus dos asesores, Mohamed Khamis y Nasser Mathkur, murieron abatidos por disparos a finales de julio. El 27 de julio, hombres fuertemente armados los habían capturado para interrogarlos y los habían llevado a un campamento militar en Gariunes; al parecer, posteriormente los trasladaron a otro lugar.
  • Imágenes de vídeo y otras informaciones indicaron que Gadafi fue capturado vivo cuando intentaba escapar de Sirte y que, al parecer, fue ejecutado extrajudicialmente el 20 de octubre, junto con su hijo Mutasim. El Consejo Nacional de Transición anunció que se emprendería una investigación, pero al final del año no se había hecho público ningún resultado.
  • El 23 de octubre se encontraron los cadáveres de 65 hombres –tanto civiles como posibles combatientes de las fuerzas de Gadafi– en el Hotel Mahari de Sirte, que había servido de base a las fuerzas de la oposición. Algunos tenían las manos atadas a la espalda y a muchos les habían disparado en la cabeza. Imágenes de vídeo filmadas tres días antes por combatientes de la oposición mostraban a 29 hombres siendo objeto de agresiones y amenazas de muerte; casi todos ellos estaban entre los 65 que fueron hallados muertos posteriormente. No se inició ninguna investigación sobre los homicidios.
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Desplazamiento forzado

Antes del conflicto, al menos 2 millones de ciudadanos extranjeros vivían en Libia o se encontraban en el país en situación de tránsito, muchos de ellos necesitados de protección internacional. Al intensificarse el conflicto, cientos de miles de personas, tanto ciudadanos libios como extranjeros, huyeron de Libia, en muchos casos en el marco de evacuaciones organizadas. Muchas de ellas sufrieron robos, o fueron detenidas durante horas o días y sometidas a palizas antes de poder seguir su camino. Se persiguió especialmente a las personas del África subsahariana. La gran mayoría huyó a Túnez y Egipto (véanse los apartados sobre Egipto y Túnez y la perspectiva regional sobre Europa).

Cientos de miles de personas sufrieron desplazamiento involuntario en el interior de Libia. Con el fin de las hostilidades, algunas pudieron regresar a sus casas, pero las que vivían en zonas consideradas partidarias de Gadafi temían sufrir represalias, y al finalizar 2011 continuaban desplazadas internamente. Unas 30.000 de ellas eran habitantes de Tauarga que habían huido de la ciudad en agosto, cuando avanzaron sobre ella los combatientes de la oposición establecidos en Misrata, o miembros de la tribu mashashiya de las montañas de Nafusa. En Misrata y otras zonas, las milicias impidieron que algunos presuntos partidarios de Gadafi regresasen a sus casas, o saquearon o destruyeron éstas con impunidad.

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Personas refugiadas, solicitantes de asilo y migrantes

El Consejo Nacional de Transición prometió respetar el derecho a solicitar y obtener asilo, pero no se comprometió a ratificar la Convención de la ONU sobre el Estatuto de los Refugiados ni su Protocolo de 1967. En abril advirtió que iba a “cerrar las fronteras a los africanos”, lo que hizo temer que las personas refugiadas, migrantes y solicitantes de asilo continuaran sufriendo discriminación y abusos en Libia y que se las siguiera considerando huéspedes indeseados. Asimismo, en junio el Consejo Nacional de Transición firmó un memorando de entendimiento con las autoridades italianas, medida que recordaba abusos habituales del pasado, como las operaciones llevadas a cabo en alta mar para hacer retroceder a los ciudadanos extranjeros hacia Libia, en donde se exponían a ser objeto de detención, tortura y reclusión en condiciones atroces. En el memorando, ambas partes se comprometían a gestionar conjuntamente el “fenómeno migratorio” mediante la implementación de los acuerdos de cooperación existentes sobre “migración ilegal” (véase el apartado sobre Italia).

Al finalizar el año, cientos de personas del África subsahariana continuaban recluidas indefinidamente sin juicio por presuntos “delitos relacionados con la inmigración”.

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Derechos de las mujeres

En su Declaración Constitucional, el Consejo Nacional de Transición se comprometió a promover los derechos de las mujeres y a consagrar el principio de no discriminación, en relación también con la discriminación de género. Sin embargo, la discriminación de las mujeres seguía estando arraigada en la ley y en la práctica.

El 23 de octubre, el presidente del Consejo Nacional de Transición prometió reformar toda legislación contraria a la sharia (ley islámica), aludiendo a las leyes libias sobre el matrimonio. La Ley 10 de 1984, relativa al Matrimonio, el Divorcio y sus Consecuencias, permitía la poligamia, pero establecía que, antes de casarse de nuevo, el hombre debía solicitar autorización a un tribunal especial que garantizara que su situación social y económica y su estado mental y eran adecuados.

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Impunidad

El gobierno de Gadafi no tomó medidas para investigar las graves violaciones de derechos humanos cometidas en el pasado y procesar a los responsables. El Consejo Nacional de Transición se comprometió a hacerlo, pero encontró dificultades para conseguir información clave, como material archivado y documentos del gobierno, que en algunos casos habían desaparecido en saqueos e incendios.

En junio, la Corte Penal Internacional dictó órdenes de detención contra Gadafi, su hijo Saif al Islam al Gadafi y el jefe de las fuerzas de seguridad, Abdalá al Sanussi, por presuntos crímenes de lesa humanidad, incluidos los de asesinato y persecución. Saif al Islam fue capturado el 19 de noviembre. El Consejo Nacional de Transición declaró que intentaría que Saif al Islam fuese juzgado ante tribunales libios, pero al final del año no se había presentado ninguna petición ante la Corte Penal Internacional para impugnar su jurisdicción.

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Pena de muerte

Continuaba vigente la pena de muerte para una amplia variedad de delitos. No se facilitó información sobre condenas a muerte o ejecuciones durante 2011.

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Amnistía Internacional en las redes sociales

Visitas

  • Amnistía Internacional realizó labores de investigación en Libia desde finales de febrero hasta finales de mayo y desde mediados de agosto hasta finales de septiembre.