La tortura y otros malos tratos eran prácticas generalizadas, y las condiciones de reclusión seguían siendo duras. Decenas de personas fueron detenidas y recluidas arbitrariamente durante días o semanas. Algunos sospechosos de pertenecer a grupos armados estuvieron detenidos sin juicio durante largos periodos. Continuaba la práctica de la esclavitud. Al menos 16 personas fueron condenadas a muerte.
Mauritania y los países limítrofes acordaron reforzar la cooperación y coordinar su respuesta a los grupos armados que cruzaban sus fronteras, tras el aumento de las actividades de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), que incluían la toma de rehenes y ataques armados. En julio, Mauritania adoptó una nueva ley antiterrorista; una versión previa de la ley, adoptada en enero, fue declarada inconstitucional por el Consejo Constitucional. La nueva ley concedía poderes adicionales a las fuerzas de seguridad para combatir a AQMI.
En septiembre, el ex comisionado de derechos humanos, Lemine Ould Dadde, que había tenido rango ministerial, fue detenido y acusado formalmente de malversación.
Mauritania fue elegida miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en mayo, y en noviembre se evaluó su historial de derechos humanos en virtud del examen periódico universal de la ONU.
ArribaEn mayo, al menos 50 operarios de almacenes que intentaban conseguir un aumento salarial fueron detenidos arbitrariamente en el distrito de Tevragh Zeina, Nuakchot. Un total de 40 quedaron en libertad al cabo de más de siete días, y los demás estuvieron detenidos durante más de 15 días. Mohamed Abdallaye Ould Diaby y Bounah Ould Alayah pasaron más de 18 días detenidos antes de ser puestos en libertad sin cargos ni juicio.
En febrero, dos malienses murieron y muchos más resultaron heridos durante una operación militar en la ciudad de Lemzeirib, a 650 kilómetros al este de Zouérate, cerca de la frontera de Malí. Al menos 20 malienses fueron detenidos y estuvieron recluidos sin cargos ni juicio durante seis meses. Las autoridades mauritanas acusaron a los dos fallecidos de pertenecer a un grupo de traficantes de drogas cercano a AQMI. En septiembre, dos civiles malienses murieron en la región de Tombuctú al bombardear la fuerza aérea mauritana una base de AQMI. Mauritania pidió disculpas a Malí.
Durante el año, al menos 10 personas, entre las que había nacionales de los países vecinos, fueron detenidas y acusadas de tener vínculos con Al Qaeda o con otros grupos armados. Otras fueron detenidas en el contexto de medidas antiterroristas. Algunas eran sospechosas de haber participado directa o indirectamente en actos terroristas. Varias estuvieron recluidas sin juicio durante todo el año. Muchos detenidos, incluidos los acusados de pertenecer a AQMI, estuvieron recluidos en régimen de incomunicación durante periodos prologados, que excedían de los 15 días permitidos por la ley. Las fuerzas de seguridad y los funcionarios de prisiones se negaron a permitir visitas familiares.
Agentes de policía, personal militar y guardias de prisiones usaron la tortura y otros malos tratos contra hombres y mujeres detenidos por motivos políticos o como sospechosos de delitos comunes. Por lo general, la tortura se infligía inmediatamente después del arresto en los centros de detención, incluidos las dependencias de la primera brigada policial y los cuarteles de la gendarmería.
A pesar de que las autoridades mauritanas negaron que siguiera practicándose la tortura, decenas de personas denunciaron que habían sufrido tortura o malos tratos durante el año, entre ellas internos de la prisión de Dar Naïm, la prisión central de Nuakchot y la prisión de Nuadibú. Durante un juicio celebrado en julio y agosto, aunque los detenidos denunciaron que habían sido torturados, el juez optó por ordenar una investigación.
Al menos 12 detenidos murieron durante el año en la prisión de Dar Naïm solamente, al parecer como consecuencia de una alimentación inadecuada y de falta de atención médica. No se tenía constancia de que se hubiera abierto investigación alguna.
Cientos de personas estaban recluidas en las cárceles en condiciones de hacinamiento, con instalaciones sanitarias y servicios de atención de la salud inadecuados y alimentación de baja calidad. En algunas cárceles las condiciones eran constitutivas de trato cruel, inhumano o degradante.
Los reclusos de las prisiones de Nuadibú y Dar Naïm, cerca de Nuakchot, estaban encarcelados en condiciones de hacinamiento y con un calor sofocante, y casi nunca se les permitía salir de sus celdas ni respirar aire fresco. Más de 1.000 personas estaban recluidas en Dar Naïm, construida para albergar a 350.
Algunos funcionarios de prisiones reconocieron a Amnistía Internacional que las cárceles de Dar Naïm y Nuadibú no cumplían las normas internacionales, y mencionaron la falta de atención médica y las deficiencias en el sistema de eliminación de aguas residuales, humedad y falta de ventilación en las celdas.
ArribaMás de 250 personas, la mayoría procedentes del África subsahariana, sobre todo de Malí, Senegal y Guinea, fueron detenidas arbitrariamente y recluidas en un centro de detención de Nuadibú durante unos días como sospechosas de intentar llegar a Europa. A pesar de las promesas de hacer reformas en el centro de detención, las autoridades no tomaron medidas para mejorar las duras condiciones de reclusión.
ArribaAunque la esclavitud se abolió en 1981 y está tipificada como delito desde 2007, esta práctica persistía. No se incoaron procedimientos judiciales contra los propietarios de esclavos.
Dos familias fueron liberadas de la esclavitud durante el año con la ayuda de dos organizaciones de derechos humanos, SOS Esclavos y la Iniciativa para el Resurgimiento del Movimiento Abolicionista en Mauritania.
Se detuvo a defensores de los derechos humanos. Golpearon a uno de ellos al detenerlo y en la comisaría de policía de Nuakchot.
Aunque no tenían lugar ejecuciones desde 1987, el número de condenas a muerte dictadas por los tribunales experimentó un notable aumento en 2010. Al menos 16 personas fueron condenadas a la pena capital en juicios celebrados ante tribunales de Nuadibú y Nuakchot, a pesar de las denuncias formuladas ante los tribunales de que algunas de ellas habían sido torturadas. Los tribunales no adoptaron medidas para investigar estas denuncias. Tres personas condenadas a muerte en mayo por asesinato –entre ellas Sidi Ould Sidna– fueron condenadas de nuevo a la pena capital en octubre por cargos de pertenencia a una organización prohibida.
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