Seguían siendo insuficientes las salvaguardias de los derechos humanos de los pueblos indígenas, sobre todo en el contexto de los grandes proyectos de infraestructura construidos en tierras indígenas. Suscitaron preocupación las restricciones a la libertad de expresión.
En diciembre, Francia extraditó al ex jefe de facto del Estado Manuel Noriega, que cumplía una pena de prisión por blanqueo de dinero. En 2010, Manuel Noriega había terminado de cumplir en Estados Unidos una condena de 20 años por narcotráfico, blanqueo de dinero y delincuencia organizada. Durante este tiempo fue juzgado y condenado in absentia por los tribunales panameños por la muerte de varios adversarios políticos –como el mayor Moisés Giroldi Vera, muerto en octubre de 1989 tras liderar un golpe de Estado fallido, y Hugo Spadafora, ex viceministro de Salud, muerto en 1985–, así como por otros delitos, entre ellos el de detención ilegal. Estaba previsto que también fuera juzgado por la desaparición forzada y ejecución en 1970 del sindicalista Heliodoro Portugal. La participación de Noriega en muchas otras violaciones de derechos humanos cometidas durante su gobierno y antes de él estaba aún sin investigar.
En marzo, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU instó a Panamá a que mejorase la protección de las mujeres y las niñas y, en concreto, a que combatiera la trata de personas, la violencia en el ámbito familiar y la discriminación. El Consejo pidió asimismo una investigación sobre los actos violentos ocurridos en julio de 2010 durante las protestas de la provincia de Bocas del Toro, en los que murieron 4 manifestantes y resultaron heridos 56 policías y al menos 700 manifestantes. Al finalizar el año no había habido ningún avance en la implementación de estas recomendaciones.
Top of pageLa ausencia de consultas y la inexistencia de garantías de un consentimiento libre, previo e informado por parte de los pueblos indígenas respecto a los proyectos de desarrollo fueron motivo de preocupación.
Durante el año hubo protestas contra una ley de minería que facilitaba la realización de nuevos proyectos mineros en las tierras tradicionales de los pueblos indígenas sin incluir salvaguardias suficientes para el medio ambiente ni garantizar una consulta adecuada con las comunidades locales. En febrero, el relator especial de la ONU sobre los pueblos indígenas pidió un diálogo entre el gobierno y los pueblos indígenas, así como un proceso auténtico de consulta sobre el proyecto de ley. La ley se aprobó en febrero, pero fue revocada en marzo tras las protestas en la capital. En octubre se presentó un nuevo proyecto de ley, que suscitaba preocupación por su posible impacto negativo en las comunidades indígenas. Al finalizar el año aún no se había aprobado.
Dos periodistas que habían criticado la política gubernamental fueron expulsados del país. El Consejo de Derechos Humanos de la ONU expresó preocupación por los casos de intimidación a la prensa y pidió a las autoridades que no ejercieran una presión política indebida sobre los medios de comunicación.