La violencia contra las mujeres y los homicidios relacionados con la brujería continuaron siendo generalizados, pero el gobierno apenas tomó medidas para abordar el problema. La tortura y los malos tratos a personas detenidas eran habituales. La policía a menudo golpeaba a los detenidos con culatas de pistolas y cuchillos, y violaba a las detenidas o abusaba sexualmente de ellas.
La violencia contra las mujeres continuó siendo generalizada, y se perpetuaba debido a la baja condición social de las mujeres y a prácticas tradicionales como la poligamia y el precio de la novia. Reinaba una cultura de silencio e impunidad, y las mujeres seguían teniendo miedo de denunciar la violencia física y sexual a las autoridades.
En abril, una clínica de la ciudad de Lae informó de que la mayoría de los nuevos pacientes que recibía al mes (entre 200 y 300) eran mujeres que habían sido violadas, golpeadas o agredidas con cuchillos.
En mayo, el relator especial de la ONU sobre la tortura visitó el país y halló que las mujeres corrían un gran peligro de sufrir abusos en los ámbitos público y privado. Durante su detención y reclusión, las mujeres eran víctimas de tortura y malos tratos por parte de agentes de policía, que las sometían a abusos sexuales; al parecer, eran frecuentes los casos de mujeres detenidas por delitos menores con intención de agredirlas sexualmente. Los agentes también castigaban a las detenidas recluyéndolas o amenazando con recluirlas en celdas con hombres, en donde muchas sufrían violaciones colectivas.
En julio, al examinar las obligaciones contraídas por Papúa Nueva Guinea en virtud de la Convención de la ONU sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, el Comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer expresó su profunda preocupación por la persistencia de la violencia sexual en el plano doméstico y comunitario y por la falta de información sobre su naturaleza, alcance y causas. Una representante gubernamental prometió al Comité que el gobierno promulgaría legislación contra la violencia intrafamiliar.
ArribaEn febrero, la policía se negó a investigar denuncias según las cuales miembros de su brigada móvil habían golpeado y procedido al desalojo forzoso de personas que vivían cerca de la zona minera de Porgera en 2009.
En mayo, el relator especial de la ONU sobre la tortura concluyó que la tortura y otros malos tratos eran generalizados en las prisiones y comisarías. Los detenidos que intentaban fugarse eran a menudo golpeados brutalmente con machetes y culatas de pistolas; a algunos les disparaban a bocajarro o les cortaban los tendones con cuchillos o machetes. Con frecuencia, la policía castigaba a los detenidos golpeándolos, y muchos menores estaban recluidos con presos adultos.