En las elecciones parlamentarias celebradas en mayo, los candidatos de la oposición lograron un aumento modesto pero sin precedentes, al conseguir 6 de los 87 escaños. El gobierno recurrió a leyes restrictivas para silenciar a quienes lo criticaban, presentando querellas por difamación y censurando a los medios de comunicación. La pena de muerte, la detención administrativa y los azotes con vara por orden judicial continuaron vigentes en la ley y en la práctica.
Las autoridades continuaron amenazando y castigando a las personas que criticaban al gobierno, recurriendo a desmesuradas leyes penales y civiles sobre difamación.
Durante las elecciones parlamentarias, el gobierno relajó algunas restricciones sobre el uso de nuevos medios de comunicación (como blogs y Facebook) para hacer campaña política.
En septiembre, el ministro del Interior rechazó un llamamiento de ex presos políticos para derogar la Ley de Seguridad Interna.
El gobierno alegó que dos hombres recluidos con arreglo a la Ley de Seguridad Interna, Jumari bin Kamdi y Samad bin Subari, eran miembros de Yemaa Islamiya, y que un tercero, Abdul Majid Kunji Mohamad, era miembro del Frente Moro de Liberación Islámica. Los tres fueron detenidos en países vecinos y trasladados a Singapur.
Continuaban imponiéndose los azotes con vara como pena judicial para alrededor de 30 delitos, incluidos los relacionados con la inmigración.
En mayo, Singapur se sometió al examen periódico universal de la ONU, en el que se evaluó su historial en materia de derechos humanos. El gobierno rechazó las recomendaciones para poner fin al uso de las condenas a muerte preceptivas y establecer una suspensión de la pena de muerte, pero aceptó algunas recomendaciones para proteger los derechos de los trabajadores y las trabajadoras migrantes.
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