Continuaban las detenciones arbitrarias, los malos tratos y el hostigamiento contra defensores y defensoras de los derechos humanos y activistas políticos. Se usaban amplias disposiciones de la legislación antiterrorista para detener y enjuiciar a opositores políticos. Se tuvo noticia de actos de tortura y de incidentes de uso injustificado de fuerza letal. El primer ministro pareció aprobar públicamente el uso de la tortura. No se revocaron leyes discriminatorias que afectaban a los derechos de las mujeres. Más del 41 por ciento de las mujeres que asistían a clínicas prenatales eran seropositivas. El acceso a tratamiento para el sida en zonas rurales se veía menoscabado por la pobreza y la escasez de medicamentos y médicos.
El gobierno seguía excluyendo las cuestiones de gobernanza de su diálogo con el movimiento sindical y la sociedad civil. Una delegación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) visitó el país en octubre para investigar las denuncias de restricciones a la libertad de asociación.
La economía de Suazilandia continuaba su declive, con un descenso del 62 por ciento en los ingresos procedentes de la Unión Aduanera del África Meridional, y unos niveles en aumento de desempleo y pobreza. La esperanza de vida media seguía descendiendo debido a las epidemias gemelas de VIH y tuberculosis.
ArribaActivistas políticos y de la sociedad civil denunciaron incidentes de malos tratos, registros domiciliarios y vigilancia de las comunicaciones y las reuniones. Durante el año se alteró el desarrollo de algunas protestas y marchas sindicales previstas, aunque en noviembre se desarrolló sin incidentes una marcha dirigida por un sindicato importante.
El 8 de septiembre, el primer ministro afirmó en una conferencia de prensa que debía considerarse la tortura como una forma de castigo contra “extranjeros importunos” y disidentes. Su oficina no emitió después un rechazo inequívoco de sus comentarios, de los que se hicieron amplio eco los medios de comunicación.
ArribaLas autoridades seguían usando las amplias disposiciones de la Ley de Represión del Terrorismo de 2008 para detener y enjuiciar a activistas políticos. Esta ley se usaba también como base para las órdenes de registro y otras medidas dirigidas a intimidar a defensores y defensoras de los derechos humanos, sindicalistas y trabajadores de los medios de comunicación.
La libertad de expresión seguía sometida a restricciones impuestas por leyes que afectaban a los medios de comunicación, por las amplias disposiciones de la Ley de Represión del Terrorismo y por las amenazas concretas proferidas por funcionarios públicos contra periodistas y editores.
Continuaron las denuncias de uso indebido de fuerza letal por la policía y otros funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, y había indicios de que las víctimas no representaban una amenaza para la vida cuando recibieron los disparos. En enero, el entonces presidente de la Comisión de Derechos Humanos y Administración Pública, reverendo David Matse, expresó públicamente su preocupación por que policías y soldados estuvieran aplicando una “política de disparar a matar” que violaba el derecho a la vida.
Continuó demorándose la redacción final de unos proyectos de ley que afectaban al derecho de las mujeres a la igualdad, pese a que el informe de Suazilandia sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio para 2010 reconocía que esto conducía a la feminización de la pobreza. En el mismo informe se confirmó que la persistencia y magnitud de la violencia de género era “un problema de gran importancia”. En agosto, el gobierno aprobó un documento sobre Política Nacional de Género.
En mayo, el Tribunal Supremo anuló por razones técnicas una resolución del Tribunal Superior que concedía a algunas mujeres casadas el derecho a poseer bienes inmuebles. Sin embargo, los jueces de apelación acordaron que la disposición pertinente de la Ley de Registro de Escrituras de 1968, que negaba a estas mujeres este derecho, era inconstitucional. El Tribunal Supremo concedió al Parlamento un plazo de un año para enmendar dicha disposición.
En octubre se introdujo en el Parlamento el proyecto de Ley de Delitos Sexuales y Violencia Doméstica para su debate completo, más de cinco años después de su redacción inicial. Al terminar el año el proyecto de ley no había sido aprobado.
ArribaSuazilandia seguía teniendo el índice de prevalencia del VIH más alto del mundo entre adultos de 15 a 49 años. La epidemia seguía afectando de modo desproporcionado a las mujeres, y la mayoría de las nuevas infecciones seguían produciéndose en mujeres. En noviembre, el ministro de Salud anunció que el índice de prevalencia del VIH entre las mujeres embarazadas que asistían a clínicas prenatales había descendido ligeramente desde 2008, hasta situarse en el 41,1 por ciento. Representantes del gobierno afirmaron en la ONU en octubre que las mujeres se ocupaban del 90 por ciento de los cuidados a las personas afectadas por dolencias relacionadas con el sida.
Poco más del 50 por ciento de las personas que necesitaban terapia antirretroviral recibían tratamiento en 2010. La escasez de personal médico y medicinas seguía menoscabando el acceso a dicha terapia y su mantenimiento. Una de las barreras socioeconómicas era la ausencia de transporte público asequible para pacientes en las zonas rurales. Sin embargo, se tuvo noticia de que hubo mejoras en los resultados del tratamiento a partir de un proyecto de fomento de la capacidad para el establecimiento de clínicas en la región más pobre, Shishelweni, dirigidas conjuntamente por Médicos sin Fronteras y el Ministerio de Salud.
ArribaEn marzo, el Tribunal Supremo falló que el derecho a la educación primaria gratuita no era un derecho fundamental. A pesar de una sentencia dictada por el Tribunal Superior en 2009, que ratificaba esta obligación en virtud de la Constitución, el Tribunal Supremo afirmó que se trataba de un problema de disponibilidad de recursos, “no de una insistencia excesiva en la verdad y la interpretación apropiada de la sección 29.6 de la Constitución suazilí”. El recurso había sido presentado por la Asociación Nacional de ex Mineros de Suazilandia tras haber sido rechazada en enero de 2010 su solicitud de una orden para hacer cumplir la sentencia de 2009.
ArribaAunque la Constitución de 2006 permitía el uso de la pena capital, no se llevaban a cabo ejecuciones desde 1983. No se impusieron nuevas condenas a muerte en 2010. Dos personas permanecían en espera de ejecución. Se hicieron llamamientos públicos a la reanudación de las ejecuciones como reacción a varios incidentes de delincuencia violenta.
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