Se introdujeron reformas de la Constitución y de la Ley Antiterrorista que representaron un avance en la protección de los derechos humanos, si bien distaron de suponer el cambio fundamental que se requería. Siguieron entablándose acciones penales que violaban el derecho a la libertad de expresión. No se crearon mecanismos independientes de derechos humanos que se habían propuesto anteriormente. Continuó llegando información sobre torturas y otros malos tratos, y siguieron siendo ineficaces las investigaciones y los procesamientos penales de funcionarios encargados de hacer cumplir la ley. Se llevaron a cabo numerosos juicios injustos en aplicación de la legislación antiterrorista. Se produjeron atentados con explosivos que se cobraron la vida de civiles. Siguieron sin estar garantizados por la ley los derechos de los objetores de conciencia, las personas refugiadas y solicitantes de asilo y las lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero. Se avanzó muy poco en la prevención de la violencia contra las mujeres.
Diversas reformas de la Constitución aprobadas en mayo por el Parlamento fueron refrendadas en septiembre por el pueblo con casi un 60 por ciento de votos favorables. Incluían modificaciones como cambiar la composición del Tribunal Constitucional y del poderoso Consejo Supremo de Jueces y Fiscales, crear una Defensoría del Pueblo, aplicar medidas positivas para combatir la discriminación y permitir juzgar a militares ante tribunales civiles.
Pese a que el Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK) hizo renovadas declaraciones de alto el fuego, continuaron los enfrentamientos con las fuerzas armadas turcas. En noviembre se recibieron informes de que el gobierno había sostenido conversaciones con el líder del PKK, Abdullah Öcalan, que se hallaba encarcelado.
En octubre comenzó en Diyarbakır el juicio contra 152 personas, en su mayoría activistas y autoridades designadas por elección, acusadas de pertenecer a la Unión de Comunidades Kurdas, organización vinculada al PKK. De ellas, 104 se encontraban en prisión preventiva. Suscitaba preocupación el hecho de que buena parte de las pruebas de cargo se basaran en la asistencia a concentraciones y manifestaciones y la difusión de comunicados de prensa.
Continuaron las acciones judiciales contra Ergenekon, presunta red ultranacionalista, vinculada a instituciones del Estado. Siguieron avanzando con lentitud las investigaciones sobre la presunta relación de los acusados con violaciones de derechos humanos perpetradas en el pasado.
No se registró ningún avance en la eliminación de las trabas jurídicas que impedían a las mujeres llevar la cabeza cubierta con un pañuelo en la universidad, pero la aplicación de la prohibición se fue haciendo menos rigurosa a lo largo del año.
En mayo, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU analizó el historial de Turquía en materia de derechos humanos en virtud del examen periódico universal. El gobierno prometió seguir muchas de las recomendaciones formuladas, pero rechazó de forma significativa las que pedían un mayor reconocimiento de los derechos de las minorías y la modificación o eliminación de los artículos del Código Penal que restringían la libertad de expresión.
ArribaCuestiones anteriormente intocables eran objeto de un debate más abierto. Sin embargo, en virtud de distintos artículos del Código Penal, se iniciaron procesamientos por criticar a las fuerzas armadas, denunciar la situación de los armenios y los kurdos en Turquía y condenar determinadas acciones penales incoadas. Se utilizaba también la legislación antiterrorista, que permitía dictar órdenes de detención preventiva e imponer penas de prisión más rigurosas, para reprimir el legítimo derecho a la libertad de expresión. Entre las personas contra las que con más frecuencia se iniciaban procesamientos figuraban los activistas políticos kurdos, los periodistas y los defensores de los derechos humanos. Siguieron imponiéndose restricciones arbitrarias, que bloquearon el acceso a sitios web, y se dictaron órdenes de cierre temporal de periódicos. Las personas que se señalaban por sus críticas eran víctimas de constantes amenazas de violencia.
Continuaron las denuncias de tortura y otros malos tratos, infligidos en especial fuera de los centros de detención, por ejemplo, durante manifestaciones, pero también bajo custodia policial y durante los traslados a prisión. En noviembre, el Comité de la ONU contra la Tortura formuló una serie de recomendaciones a las autoridades para combatir las numerosas, persistentes y sistemáticas denuncias de tortura, por las que había expresado una honda preocupación al someter a examen a Turquía.
Las investigaciones sobre presuntos abusos contra los derechos humanos a manos de agentes del Estado seguían siendo ineficaces, y en caso de incoarse, solían demorarse y quedar en nada. La pérdida de pruebas por parte de los agentes del Estado y la formulación de acusaciones formales contra quienes denunciaban abusos de derechos humanos contribuían a perpetuar la impunidad. No se crearon mecanismos independientes de derechos humanos propuestos por el gobierno. A la sociedad civil, por ejemplo, no se le consultó de manera efectiva el anteproyecto de ley para la creación del Instituto de Derechos Humanos, organismo que debía proteger los derechos humanos y prevenir su vulneración, pero cuya independencia no quedaba suficientemente garantizada en el anteproyecto.
Continuaron las denuncias de malos tratos en las cárceles, infligidos sobre todo a presos preventivos inmediatamente después de su traslado a prisión. Siguió negándose a los reclusos el acceso efectivo a tratamiento médico y restringiéndose de manera arbitraria su derecho a relacionarse unos con otros.
Siguieron celebrándose juicios sin las debidas garantías en aplicación de la legislación antiterrorista. En estos casos, las autoridades judiciales solían decretar detención preventiva por periodos excesivamente largos, sin tomar en consideración otras alternativas, y los abogados no disponían en la práctica de mecanismos efectivos para impugnar la legalidad de la detención.
En julio, como consecuencia de importantes reformas legislativas, se dejó de procesar a menores de edad en aplicación de la legislación antiterrorista por el simple hecho de haber participado en manifestaciones. Sin embargo, las reformas no impidieron el procesamiento de adultos en virtud de leyes injustas ni abordaron la imprecisa y excesivamente amplia definición de los delitos de terrorismo contenida en la legislación.
Se perpetraron atentados con explosivos, en los que hubo muertos y heridos civiles.
Por primera vez en la historia reciente de Turquía se accedió a la persistente demanda de los sindicatos de que el 1 de mayo se permitiera celebrar manifestaciones en la céntrica plaza de Taksim, en Estambul; las manifestaciones se desarrollaron pacíficamente, en contraste con años anteriores. En virtud de las reformas de la Constitución se concedió a los empleados del sector público el derecho a negociar convenios colectivos, pero siguió negándose el derecho de huelga a todos los funcionarios. Turquía, por lo tanto, no cumplía los convenios de la Organización Internacional del Trabajo en los que era Estado Parte.
ArribaTras las reformas legislativas (véase supra el apartado “Juicios injustos”), quedaron en libertad la gran mayoría de los menores de edad procesados por participar en manifestaciones. Sin embargo, no se abordaron las deficiencias del sistema de justicia de menores, sobre todo la falta de tribunales de menores en algunas provincias, ni se adoptaron medidas para rehabilitar a los niños y niñas que habían estado mucho tiempo detenidos e investigar las generalizadas denuncias de malos tratos.
ArribaLa objeción de conciencia al servicio militar seguía sin estar reconocida como un derecho en la legislación nacional. A los objetores de conciencia se los sometía a reiteradas acciones judiciales por negarse a cumplir el servicio militar, y quienes apoyaban en público este derecho corrían el riesgo de ser procesados y condenados.
Se siguió negando de forma arbitraria el acceso al procedimiento de concesión de asilo temporal, lo que comportó que se devolviera a personas a lugares en los que corrían peligro de persecución. Al finalizar el año continuaban en vigor las normas sobre detención de inmigrantes que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos había declarado ilegales en 2009. Se consultaron a organizaciones de la sociedad civil tres nuevas leyes sobre concesión de asilo, pero los anteproyectos de ley no se habían hecho públicos al finalizar el año.
ArribaLas reformas de la Constitución, que mejoraban la protección contra la discriminación, no se aplicaban a la ejercida en razón de la orientación sexual y la identidad de género. La discriminación persistía en la ley y en la práctica.
El Plan Nacional de Acción 2007-2010, puesto en marcha por el gobierno para combatir la violencia intrafamiliar, no registró avances significativos debido en parte a la falta de coordinación, medios suficientes y objetivos mensurables. Sobre todo, el número de albergues para mujeres víctimas de violencia en el ámbito familiar seguía siendo muy inferior al contemplado en la legislación nacional; según datos oficiales, había 57, es decir, 8 más que el año anterior. El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer formuló en julio una serie de recomendaciones, incluida la de promulgar leyes integrales sobre la violencia contra las mujeres.
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