TIEMPOS DE CAMBIO

Salil Shetty, secretario general de Amnistía Internacional

Con amenazas a la justicia y la dignidad que son parte esencial de los grandes retos a que se enfrenta la humanidad, el panorama de derechos humanos en que trabajamos está cambiando significativamente, al igual que lo hace el equilibrio de poderes en el mundo.

Están dejando de ser las potencias occidentales tradicionales las que tienen alcance e influencia. Los denominados países BRICS –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica– y otra potencias emergentes del Sur y el Este ejercen creciente influencia política, mientras Europa y Estados Unidos lidian con la crisis económica.

Sé que, para que Amnistía Internacional siga siendo eficaz, tenemos que responder a este cambio. Tenemos que reforzar nuestras bases de apoyo público en el Sur y el Este globales y que estar al lado de quienes están dirigiendo la lucha por los derechos humanos. Debemos acercarnos más a algunas de las comunidades más vulnerables y frágiles a la que representamos a fin de ser tan rápidos y flexibles como podamos en nuestra defensa de la justicia y la libertad.

Tenemos que adaptarnos a estos cambios que se producen en el mundo y que encontrar nuevas formas de aprovechar el legado de nuestro trabajo pionero de los últimos 50 años.

Por tanto, estamos transformando Amnistía Internacional en un movimiento que tenga la misma representación efectiva en todo el mundo, cambiando nuestro centro de gravedad al Sur y el Este globales.

Este proceso responde al deseo, abrigado desde hace mucho tiempo por nuestra membresía internacional, de cambiar el enfoque del trabajo de Amnistía Internacional, y traerá con consigo una forma nueva y global de trabajar.

Continuaremos dirigiendo nuestro trabajo global desde una oficina central ubicada en Londres, pero ésta estará apoyada por nuevas oficinas, establecidas en una serie de grandes ciudades de todo el mundo, desde donde coordinaremos nuestro trabajo en cada región. Estos "centros regionales" trabajarán en colaboración con nuestras oficinas nacionales ya existentes a fin de impulsar nuestro trabajo de derechos humanos en cada región y en todo el mundo.

El establecimiento de esta mayor presencia en el Sur y el Este globales nos permitirá responder a los cambios que se produzcan en el mundo y aumentar considerablemente el impacto de nuestro trabajo en favor de los derechos de todas las personas.

Por supuesto, los cambios nunca son sencillos: todo cambio de esta magnitud plantea muchos retos. Sabemos que habrá problemas que resolver a medida que avancemos. Pero sabemos también que somos una organización madura, lo suficientemente fuerte como para afrontar y superar esos retos.

Es así porque todos trabajamos con la misma meta final: que toda persona pueda vivir libre del la miseria y el miedo, disfrutando de todos sus derechos humanos.

No podemos realizar este cambio con precipitación; la clave del éxito es hacerlo bien. Pero, al mismo tiempo, sabemos que tenemos que responder a los cambios que se producen en el mundo en el que desarrollamos nuestra actividad, y el momento de hacerlo es ahora.

No obstante, si queremos tener éxito, hay cosas que no deben cambiar nunca. No podemos transigir en nada en lo que respecta a nuestro compromiso con la investigación y el análisis jurídico y de datos de primera calidad. Y los firmes principios de imparcialidad política, independencia, exactitud y solidaridad internacional deben seguir sustentando todo lo que hagamos.

Como declaró el fundador de Amnistía Internacional, Peter Benenson, en nuestro 40º aniversario, "hasta que no haya sido puesto el libertad el último preso de conciencia, hasta que no haya sido cerrada la última cámara de tortura, hasta que no se haya hecho realidad para las personas del mundo la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, no habremos hecho nuestro trabajo".

En nuestro intento de dar mayor voz a las personas indefensas, víctimas de abusos y desposeídas, yo encuentro estímulo cada día en la idea de dotar de presencia verdaderamente global a Amnistía Internacional. Tenemos que ser la fuerza más efectiva posible en la lucha por la libertad y la justicia, se lo debemos a las personas para las que trabajamos.

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