Rapport 2013
La situation des droits humains dans le monde

13 mars 2013

De los "Días de ira" a un conflicto feroz: dos años tumultuosos en Siria

De los "Días de ira" a un conflicto feroz: dos años tumultuosos en Siria
Un hombre observa los restos de su casa bombardeada por fuerzas gubernamentales en la ciudad de Marat al Numan, en el noroeste de Siria, noviembre de 2012.

Un hombre observa los restos de su casa bombardeada por fuerzas gubernamentales en la ciudad de Marat al Numan, en el noroeste de Siria, noviembre de 2012.

© AP Photo/Mustafa Karali


En un coup d'œil

Dos años después: El conflicto de Siria en cifras

  • Desde que comenzó el conflicto han muerto más de 60.000 personas.
  • Más de 700.000 personas han huido buscando refugio en las vecinas Jordania, Líbano, Turquía e Irak, y a otros países del norte de África.
  • En el interior de Siria hay al menos dos millones de personas desplazadas.
  • Más de la mitad de todas las personas sirias refugiadas en Jordania, Líbano, Irak y Egipto son niños y niñas. La cabeza de familia de uno de cada cinco de estos grupos familiares refugiados es una mujer.
  • Aproximadamente 23.500 ciudadanos sirios solicitaron asilo político en la UE entre abril de 2011 y octubre de 2012. De esas solicitudes 15.000 se presentaron en Alemania y Suecia.

Todas las cifras se basan en cálculos de la ONU realizados en enero de 2013.

Combatientes del Ejército Sirio Libre huyen de los proyectiles de un tanque durante los fuertes combates que tuvieron lugar en el barrio de Ain Tarma, en Damasco.

© REUTERS/Goran Tomasevic


Los civiles son, sin duda, los que pagan el precio más alto. Pierden la vida, la familia, brazos, piernas, hogares, negocios y propiedades.
Source: 
Donatella Rovera, asesora general de Amnistía Internacional sobre situaciones de crisis

En ningún lugar como en Siria ha sido tan alto el costo humano de los levantamientos de la "Primavera Árabe". Dos años después de que se produjesen las primeras revueltas en Siria, hemos hablado sobre la situación del conflicto con Cilina Nasser, investigadora de Amnistía Internacional, y con Donatella Rovera, asesora general sobre situaciones de crisis.

Entusiasmados por la caída de los gobiernos represivos de Túnez y Egipto, los activistas de la oposición siria llevaron a cabo sus primeras actividades a principios de 2011. A estas revueltas le salieron alas —en los medios de comunicación sociales y en las calles— y en marzo de ese año se crearon los Comités Locales de Coordinación, que organizaron protestas locales y compartieron información con otros activistas y medios de comunicación, a nivel nacional y en el extranjero. 

Derribar muros

Apenas unos meses antes hubiera sido imposible llevar a cabo ese tipo de actividades en el país. "Toda persona que hiciese algo, incluso a pequeña escala, corría el riesgo de desaparecer", señala Cilina Nasser, investigadora de Amnistía Internacional sobre Siria.

Las filas de los activistas partidarios de la reforma continuaron aumentando, y empezaron a aflorar las protestas públicas conocidas como "Días de ira". Muchos de los manifestantes ni siquiera se conocían entre sí, habían establecido contacto a través de las redes sociales y se citaban en mezquitas, los únicos lugares en los que podían reunirse en grupos.

El 18 de marzo de 2011, unas 30 personas se congregaron en una mezquita de Homs, ciudad ubicada 150 kilómetros al norte de la capital, Damasco. Cuando terminaron las oraciones del viernes y los fieles comenzaban a marcharse, lo hicieron clamando por "Alá, por Siria y la libertad". 

Las personas que había por el lugar quedaron sorprendidas y estupefactas. Muchas de ellas jamás habían visto una protesta, ni mucho menos habían participado en una. Otras consiguieron hacer retroceder a las fuerzas de seguridad, lo que permitió a los manifestantes huir antes de ser aprehendidos. 

Pintadas en las paredes

El 17 de abril de 2011 —Día de la Independencia de Siria— otra sentada de protesta en Homs atrajo a una multitud aún mayor. Los manifestantes estaban desarmados, pero su actitud era más desafiante, y comenzaron a clamar por la "caída del régimen" del presidente Bachar al Asad. 

Esa tarde, según informes, las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra quienes se manifestaban en Homs, y mataron a nueve personas. 

Esta empezó a ser la pauta. Una de las consignas de los manifestantes de Homs fue la solidaridad con los habitantes de Deraa, en el sur, cuyas revueltas empezaron porque las fuerzas de seguridad, según informes, habían detenido y torturado a niños por escribir en las paredes consignas contra el gobierno.

Hacer llegar el mensaje

Escenas como estas se repitieron en toda Siria a mediados de 2011. El país todavía estaba prácticamente cerrado a los periodistas extranjeros y organizaciones internacionales de derechos humanos. 

"No tener acceso al país hacía muy difícil nuestra labor, porque no conocíamos los planes de los activistas con los que estábamos hablando", señala Cilina. 

Era preciso contrastar todos los indicios o información que recibía Amnistía Internacional, lo que constituía una tarea cada vez más difícil y laboriosa.

Cilina señala: "Estuve en el norte de Líbano en mayo y junio de 2011 para trabajar en un informe. Los relatos de testigos más creíbles se corroboraban entre sí, pero había también rumores e información inexacta. Teníamos que distinguir con cuidado entre lo que estaba sustentado por pruebas y lo que no."

Después de contrastar rigurosamente la información, Amnistía Internacional llegó a la conclusión de que en Siria se estaban cometiendo crímenes de lesa humanidad. Formulamos enérgicos llamamientos a la comunidad internacional para que tomase medidas que pusieran fin a los abusos.

Además, en repetidas ocasiones, solicitamos al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que remitiese la situación a la Corte Penal Internacional (CPI), para garantizar que se investigase y procesase a todos los responsables de crímenes de lesa humanidad y, si procediese, de crímenes de guerra. 

Conflicto a gran escala

Ante el creciente uso excesivo de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad sirias contra manifestantes que en su mayoría eran pacíficos, surgió una oposición armada. Desde finales de 2011, algunos opositores al gobierno empezaron, crecientemente, a vengar los homicidios y a llevar a cabo ataques armados contra las fuerzas gubernamentales. 

A medida que los grupos de la oposición se iban haciendo con el control de barrios de las grandes ciudades y de zonas rurales, sus ataques se volvían más osados. Las fuerzas gubernamentales respondieron con un grado de represión notablemente más amplio y violento, e incluso empezaron a utilizar armamento pesado y artillería en ataques a gran escala contra las zonas controladas por la oposición. 

En abril de 2012, la asesora general sobre situaciones de crisis, Donatella Rovera, logró entrar en Siria para investigar las violaciones de los derechos humanos que se estaban produciendo en el norte. Desde entonces, ha regresado en varias ocasiones. Según cuenta Donatella: "Las fuerzas gubernamentales todavía controlaban las ciudades y carreteras, mientras que los grupos armados de la oposición tenían el control de facto de muchos pueblos y carreteras secundarias".

"Las fuerzas gubernamentales tenían un poder de ataque abrumadoramente superior, pero no podían entrar al mismo tiempo en varias zonas dominadas por la oposición. Lanzaban ataques cortos, repetidos, muy intensos y atroces contra algunas localidades y luego se desplazaban para atacar otras zonas."

Los grupos armados de la oposición aprendieron rápidamente a "esquivar" a las fuerzas gubernamentales. Estas incursiones de castigo se prolongaron durante meses, con consecuencias devastadoras para la población civil. Cuando los soldados no encontraban a sus esquivos oponentes armados, castigaban a los habitantes del lugar. Eran generalizadas las ejecuciones extrajudiciales, las detenciones arbitrarias, las torturas y desapariciones. Los soldados también destruían deliberadamente viviendas y propiedades. 

Donatella precisa: "En todos y cada uno de los pueblos encontré casas y tiendas incendiadas por los soldados”. 

Conforme aumentaba la frecuencia de los enfrentamientos armados en muchas zonas, las protestas pacíficas continuaban en otros lugares. Según Donatella: "A finales de mayo de 2012, en Alepo, la ciudad más grande de Siria, veía todos los días a fuerzas gubernamentales y a milicias paramilitares de la Shabiha disparar con munición real a manifestantes pacíficos, matando e hiriendo por igual a manifestantes y transeúntes. A los activistas de la ciudad también se los detenía y torturaba, a veces hasta que morían, o se los hacía desaparecer."  

Muerte en el aire

El ejército sirio comenzó entonces, en agosto, una campaña de bombardeo aéreo implacable que todavía continúa. Ni siquiera están a salvo las zonas residenciales densamente pobladas. Calles, barrios enteros, han quedado arrasados.

Esta práctica ha aumentado drásticamente el número de civiles muertos, heridos y desplazados. "De repente quedaron vacías ciudades y pueblos donde las personas desplazadas habían buscado refugio", cuenta Donatella. Cientos de miles de personas huyeron a los campamentos de refugiados ya rebosantes de países vecinos como Líbano, Turquía y Jordania. Y son muchas más las desplazadas dentro de Siria.

Frecuentemente, los ataques aéreos se han lanzado contra grupos numerosos de civiles —especialmente las colas que se organizaban para conseguir pan, dada la escasez en el suministro de alimentos—, o contra personas congregadas cerca de hospitales. Según cuenta Donatella, el hospital de Shifa, en Alepo, fue bombardeado repetidamente hasta que quedó inutilizado.

La falta de acceso a la atención médica ha sido un problema grave a lo largo de todo el conflicto de Siria. Según el relato de Donatella, las fuerzas de seguridad detienen y con frecuencia torturan a toda persona que puede haber sido tratada por heridas de bala, acusándola de ser "terrorista". El régimen utiliza ese término indistintamente tanto para los manifestantes pacíficos como para la oposición armada. 

El miedo a esas represalias ha hecho que muchas personas recurran a hospitales de campaña improvisados o a unidades médicas móviles creadas por activistas de la oposición. El personal médico y de enfermería, y los estudiantes de medicina arriesgan la vidas para salvar a otras personas. Muchos han sido arrestados y torturados, y a algunos los han matado. 

Donatella también ha documentado en varias zonas el uso de bombas de racimo, que están prohibidas internacionalmente. Esta práctica aumentó drásticamente a finales de 2012 y ahora grandes extensiones de Siria están plagadas de artefactos sin detonar, lo que se convertirá en un legado mortal durante muchos años.  

Todos los bandos cometen abusos

Con la persistencia del conflicto en toda su ferocidad, las fuerzas gubernamentales y las milicias paramilitares de Siria (armadas por el Estado) han dejado de ejercer el monopolio absoluto de las violaciones de los derechos humanos. 

Los grupos armados de la oposición también han cometido graves abusos, como la ejecución sumaria y la tortura de miembros de las fuerzas de seguridad, de la milicia y de presuntos informantes capturados. Amnistía Internacional sigue documentando los posibles crímenes de guerra cometidos por todas las partes. 

"Los civiles son, sin duda, los que pagan el precio más alto. Pierden la vida, la familia, brazos, piernas, hogares, negocios y propiedades", señala Donatella. "No se alcanza a ver el fin de la violencia, y las tensiones sectarias, étnicas, ideológicas y religiosas se están arraigando aún más. En este ambiente, las violaciones de los derechos humanos son cada vez más frecuentes."

Las personas con las que Donatella ha hablado en Siria no dejan de mostrar su perplejidad por la falta de una actuación concertada de la comunidad internacional para frenar las violaciones, sobre todo en comparación con su rápida respuesta a otras situaciones similares. La situación de los derechos humanos en Libia se remitió a la CPI en un plazo de dos semanas desde que tuvieron lugar las primeras manifestaciones de protesta en febrero de 2011. Sin embargo, en Siria, después de dos años de homicidios diarios y un sinnúmero de otros abusos, la comunidad internacional todavía no ha decidido remitir la situación del país a la CPI. 

Amnistía Internacional sigue presionando en ese sentido y para que se ponga fin de inmediato a la pauta de violaciones de los derechos humanos que se cometen en todo el país.

"Por eso estamos ejerciendo presión sobre el gobierno sirio y pidiendo a los Estados influyentes que hagan lo mismo y se consiga que cesen esas terribles violaciones; por eso hacemos también llamamientos a quienes tienen influencia sobre los grupos armados y se acabe con los abusos", señala Cilina.

Mientras el conflicto continúa con ferocidad en Siria, la inacción de la comunidad internacional transmite el lamentable mensaje de que no es prioritaria la rendición de cuentas por la comisión de crímenes de guerra. Y este es un discurso muy peligroso. Amnistía Internacional continuará presionando para que se acometa una acción concreta a escala internacional encaminada a frenar esas violaciones sobre el terreno y a hacer que los responsables rindan cuentas.

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