Algunos países de África celebraron en 2010 el 50 aniversario de su independencia, y otros se preparaban para hacerlo en breve. A pesar de las celebraciones, siguen sin cumplirse las esperanzas y las aspiraciones de muchas personas en África, porque sus derechos humanos no son respetados ni protegidos. La devastación causada puede observarse en las privaciones, la represión y la violencia que soportan tantas personas en todo el continente, por ejemplo las
En América se han reconocido muchos derechos humanos en la ley –aunque no siempre en la práctica– en los últimos 50 años. Está claro que los abusos persisten, sobre todo contra grupos vulnerables, pero es innegable que, aunque parciales y lentos, se han hecho progresos en la región. Los gobiernos pueden atribuirse con razón parte del mérito de estos cambios. Sin embargo, el auténtico motor de los avances han sido las comunidades más afectadas por los abusos contra los derechos humanos. Son ellas las que han denunciado la situación y han hecho campaña por el cambio, a menudo con grandes riesgos personales. Han sido su determinación y persistencia las que han inspirado a millones de personas y han hecho que a los Estados cada vez les sea más difícil ignorar el creciente clamor por un cambio fundamental e irreversible.
La líder birmana en favor de la democracia Daw Aung San Suu Kyi se dirige a sus simpatizantes tras el levantamiento de su arresto domiciliario, Yangón (Myanmar), 13 de noviembre de 2010.
En una región que se extiende por una tercera parte del planeta y está habitada por casi dos tercios de la población mundial, defensores y defensoras concretos de los derechos humanos, como Binayak Sen, continuaron acaparando titulares e influyendo en acontecimientos nacionales y geopolíticos gracias a su coraje para decir la verdad a quienes estaban en el poder. Los sucesos de 2010 pusieron de relieve el papel decisivo que desempeñan las personas valientes a la hora de exigir mayor dignidad y respeto, pero también el alto precio que pagan estos defensores y defensoras de los derechos humanos y la continua necesidad de que el mundo se solidarice con ellos.
El derecho a la verdad y la justicia, y la determinación de las víctimas y sus familiares a obtenerlas, por larga y difícil que fuera la lucha, siguieron siendo a lo largo del año un elemento fundamental del panorama de los derechos humanos en toda la región de Europa y Asia Central.
El año 2010 se inició con Yemen ocupando de manera inusitada el centro de la atención internacional debido a un presunto incidente terrorista y se despidió con todos los ojos puestos en el incipiente poder del pueblo tunecino y en la reacción en cadena que estaba provocando en otras partes de la región. Ambos hechos –un presunto intento de atentado suicida contra un avión de pasajeros y la autoinmolación de un joven desesperado por la falta de trabajo y oportunidades y cansado de la represión política– se desarrollaron bajo el signo del suicidio.