Reflexiones de la secretaria general sobre la situación de los derechos humanos en 2023-2024

Jamás pensé que el estado de los derechos humanos me llevara a hacer referencia a la película de ciencia ficción Regreso al futuro (Back to the Future). Y sin embargo, así es. Un mundo que retrocede en el tiempo hasta antes de 1948 y su promesa de derechos humanos universales, mientras al mismo tiempo avanza cada vez más rápido hacia un futuro dominado por las grandes empresas tecnológicas y por una inteligencia artificial generativa (IA) totalmente desregulada.

Auge de las prácticas “autoritarias”

En 2023, el centro de investigación de ciencia política V-Dem concluyó que el número de personas que viven en democracias (definidas en términos generales como países en los que hay Estado de derecho, controles del poder legislativo y el judicial sobre el ejecutivo y respeto por las libertades civiles) había retrocedido a los niveles de 1985, es decir, a niveles anteriores a la caída del Muro de Berlín, la excarcelación de Nelson Mandela y el final de la Guerra Fría, acontecimientos estos que despertaron la esperanza de que estaba a punto de comenzar una nueva era para la Humanidad.

Pero la nueva era duró demasiado poco y hoy podemos darla por concluida. En 2023 aumentaron las señales que indicaban su final. En muchos gobiernos y sociedades se filtraron prácticas e ideas “autoritarias”. De norte a sur y de este a oeste, políticas autoritarias erosionaron la libertad de expresión y de asociación, atacaron la igualdad de género y menoscabaron los derechos sexuales y reproductivos.

El discurso público subyacente, basado en el odio y con sus raíces hundidas en el miedo, invadió el espacio de la sociedad civil y demonizó a las personas y los grupos marginados; la peor parte se la llevaron las personas refugiadas y migrantes y los grupos racializados.

La reacción contra los derechos de las mujeres y la igualdad de género se intensificó en 2023 y puso en peligro muchos de los avances de los 20 años anteriores.

En Afganistán, ser mujer o niña está penalizado de facto. En 2023, los talibanes promulgaron decenas de decretos oficiales con el objetivo de hacer desaparecer a las mujeres de la vida pública. Algo similar ocurrió en Irán, donde las autoridades continuaron con su brutal represión de las protestas “Mujer, Vida, Libertad” y emitieron comunicados oficiales llenos de odio en los que decían que las mujeres que no llevaban velo eran un “virus”, una “enfermedad social” y una “perturbación”.

En Estados Unidos, 15 estados aplicaron la prohibición total —o con excepciones sumamente limitadas— del aborto, lo cual afectó de forma desproporcionada a las personas negras y de otros grupos racializados. En Polonia, al menos una mujer murió al negarle la ley los servicios de aborto que precisaba. Uganda aprobó una dura ley contra las personas homosexuales, y en Estados Unidos dirigentes sociales y políticos promovieron también discursos, políticas y normativas contra las personas trans.

Aunque el mundo nunca ha sido tan rico como ahora, el Banco Mundial calificó 2023 como “el año de la desigualdad”. En escenarios tan diversos como Reino Unido, Hungría o India, las personas que defendían los derechos económicos y sociales figuraron entre las más atacadas de las que ejercían el activismo. Los activistas contra el cambio climático fueron calificados de “terroristas” por denunciar a los gobiernos que aumentaban la producción de combustibles fósiles y la inversión en ellos. Se silenció y se detuvo arbitrariamente a quienes criticaban la gestión de la economía por parte de los gobiernos en Oriente Medio y a los sindicatos en Asia y Oceanía, al igual que a quienes luchaban contra la corrupción en África Occidental.

¿Regreso a antes de 1948?

En 2023 nuestra metafórica máquina del tiempo también nos llevó a un momento muy anterior a 1985, en un descenso a los infiernos cuyas puertas habían sido cerradas a cal y canto en 1948. El mundo dijo entonces “nunca más” tras una guerra mundial en la que habían muerto 55 millones de civiles, cuando se enfrentó al atroz horror del Holocausto, en el que fueron exterminadas seis millones de personas judías y millones de otras más.

Sin embargo, las bases morales y jurídicas de ese “nunca más” se quebraron en mil pedazos en 2023. Tras los atroces crímenes perpetrados por Hamás el 7 de octubre, en los que murieron más de 1.000 personas —la mayoría civiles israelíes—, resultaron heridas miles más y unas 245 fueron tomadas como rehenes o cautivas, Israel inició una campaña de venganza que se convirtió en un castigo colectivo. Una campaña de bombardeos deliberados e indiscriminados contra la población civil e infraestructuras de carácter civil, de negación de ayuda humanitaria, y de hambruna programada.

Al acabar 2023, un total de 21.600 palestinos y palestinas, la mayoría civiles, habían muerto en el implacable bombardeo de Gaza, y miles más habían desaparecido y se creía que se hallaban bajo los escombros. La mayoría de la infraestructura civil de Gaza ha quedado destruida y casi 1,9 millones de palestinos y palestinas han tenido que desplazarse internamente y se han visto privados de acceso a alimentos, agua, refugio, saneamiento y asistencia médica adecuados.

Actualmente, ser una persona palestina en Gaza equivale a sumergirse en una versión mucho más violenta y destructiva de la Nakba (“catástrofe”) de 1948, cuando más de 750.000 personas palestinas fueron sometidas a desplazamiento forzoso.

Para millones de personas en todo el mundo, Gaza es ahora el símbolo del absoluto fracaso moral de muchos de los artífices del sistema posterior a la Segunda Guerra Mundial: su fracaso a la hora de mantener el compromiso absoluto con la universalidad, con nuestra humanidad común y con nuestro “nunca más”. Se ha faltado a los principios consagrados en la Carta de la ONU, los Convenios de Ginebra, la Convención sobre el Genocidio y el derecho internacional de los derechos humanos. En el caso de las autoridades israelíes, esto resulta meridianamente claro. Pero no es sólo Israel. También Estados Unidos ha desempeñado un papel destacado, al igual que algunas de las figuras que lideran Europa y las autoridades de la UE. Y lo mismo puede decirse de quienes continúan enviando armas a Israel, quienes no han denunciado sus constantes violaciones de derechos humanos y quienes han rechazado los llamamientos para un alto el fuego.

Su conducta es un ejemplo del doble rasero que Amnistía Internacional lleva tantos años denunciando. Pero esta vez esos poderosos agentes han ido más allá, han demostrado que están dispuestos a poner en peligro la totalidad del orden basado en normas de 1948, han desmontado los principios en los que se basan nuestra humanidad y universalidad comunes y, con ello, han desmantelado nuestra capacidad global de evitar lo peor.

Y todo ello se ha producido después de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, que constituye una violación de la Carta de las Naciones Unidas y menoscaba el Estado de derecho internacional. La agresión de Rusia ha seguido manifestándose en los ataques deliberados contra la población civil, la muerte de miles de personas y la destrucción generalizada de infraestructuras civiles, como los almacenes de grano de Ucrania y sus instalaciones de exportación.

También China, otro miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, ha vulnerado el derecho internacional al proteger al ejército de Myanmar y su ataques aéreos ilegítimos, al seguir ejerciendo sus prácticas de detención y tortura, y al ocultarse del escrutinio internacional por los crímenes contra la humanidad que sigue cometiendo, como contra la minoría uigur.

El futuro que no deseamos

En 2023, el lanzamiento —mucho antes de lo previsto— de ChatGPT-4 y otras herramientas de IA generativa nos propulsó aún más rápido hacia el futuro. A tenor de los abusos relacionados con la tecnología de los que hemos sido testigos en 2023, nuestras perspectivas de futuro son realmente escalofriantes.

La tecnología está facilitando una erosión generalizada de los derechos al perpetuar políticas racistas, permitir la difusión de desinformación y restringir la libertad de expresión. Las grandes empresas tecnológicas ignoraron o minimizaron esos peligros, incluso en contextos de conflicto armado como los de Etiopía, Israel y los Territorios Palestinos Ocupados, Myanmar y Sudán. Con el alarmante crecimiento de los contenidos online incitando a la violencia y demás contenidos nocivos contra las comunidades palestina y judía, en Europa y en Estados Unidos también hubo un notorio incremento de los crímenes de odio antimusulmanes y antisemitas.

En 2023, los Estados recurrieron cada vez más a las tecnologías de reconocimiento facial como apoyo a la labor policial en protestas públicas, en eventos deportivos y contra las comunidades marginadas en general y las personas migrantes y refugiadas en particular. Se recurrió a tecnologías abusivas para la gestión de la migración y la vigilancia de fronteras, como tecnologías de externalización de los controles de entrada al territorio, software de análisis de datos, tecnología biométrica y sistemas algorítmicos de toma de decisiones.

A pesar de que desde hace años hay pruebas de que permite la violación de los derechos humanos, el software espía sigue careciendo prácticamente de regulación. En 2023, Amnistía Internacional desveló que el software espía Pegasus se había utilizado contra periodistas y activistas de la sociedad civil en Armenia, India, República Dominicana y Serbia, mientras que empresas radicadas en la UE vendieron software espía a países de todo el mundo. La respuesta del Parlamento Europeo fue aprobar —en noviembre de 2023— una resolución en la que se criticaba la falta de medidas para frenar los abusos del sector.

Sin embargo, si dejamos deambular libremente a tecnodelincuentes con sus tecnologías fraudulentas por el salvaje oeste digital, es probable que este tipo de violaciones de derechos humanos aumenten en 2024, un año electoral histórico. Es el pronóstico de un futuro que ya nos ha alcanzado.

Solidaridad mundial

Los retrocesos en materia de derechos humanos en 2023 no pasaron desapercibidos. Al contrario. Personas de todo el mundo se enfrentaron a esta involución, demostrando una solidaridad mundial sin precedentes.

El conflicto Israel-Hamás desencadenó cientos de protestas en las que millones de personas en todo el mundo protestaron por las muertes de civiles, pidieron la liberación de rehenes y exigieron un alto el fuego.

El secretario general de las Naciones Unidas, responsables de organismos de la ONU y organizaciones humanitarias emprendieron iniciativas sin precedentes para denunciar los crímenes de guerra cometidos en el sur de Israel y Gaza y para pedir a Israel que respetara el derecho internacional.

Las últimas resoluciones de la Asamblea General de la ONU en 2023 que pedían un acuerdo de alto el fuego fueron aprobadas por una amplia mayoría, y Sudáfrica presentó ante la Corte Internacional de Justicia una solicitud denunciando que la actuación de Israel en Gaza violaba la Convención sobre el Genocidio de 1948 e insistiendo en la importancia fundamental del sistema internacional basado en normas que se creó tras la Segunda Guerra Mundial.

En 2023 cobró impulso la creación de un régimen global para conseguir una fiscalidad más justa, contribuir a evitar la evasión y la elusión fiscal y movilizar recursos para los países de bajos ingresos. En noviembre, en contra de los deseos de los países más ricos, la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución presentada por el Grupo de Estados de África por la que se creaba un comité internacional destinado a redactar un convenio de la ONU en materia fiscal antes de junio de 2025.

En 2023 fueron muchas las personas que se resistieron y pusieron obstáculos a las fuerzas que presionaban para que el mundo regresara a la situación de 1985 y de antes de 1948; personas que se manifestaron y protestaron contra las fuerzas que pretendían conducirnos hacia un futuro que no habíamos elegido. Contra todo pronóstico, estas personas también tuvieron una influencia decisiva en 2023.

Espero que en 2048 —o incluso en 3048—, cuando diplomáticos y activistas vuelvan la vista hacia 2023, vean que hubo muchísimas buenas personas en todo el mundo que hicieron todo lo que pudieron. Que se pusieron en pie y alzaron la voz. Por el bien de nuestra humanidad común.

Agnès Callamard

Secretaria general